Amor y Traición ミ Jinu x Baby saja

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Sinopsis

Jinu, un alfa, abandonó a su omega Baby y a su hijo Jiwon para irse a Estados Unidos, donde luego se casó con Rumi y tuvo un hijo llamado Rai. Aunque disfruta de la estabilidad que esta nueva familia le brinda, su corazón nunca ha podido olvidar a Baby, a quien considera su amor verdadero y alma gemela. Por su parte, Baby sufrió consecuencias devastadoras tras la partida de Jinu: quedó solo con su hijo, perdió a otro bebé después de nacer y fue objeto de maltrato físico y abusos que destruyeron su mundo anterior. Decidió transformarse por completo, usando su belleza y encanto innatos como herramientas para sobrevivir y ascender, convirtiéndose en una figura reconocida en las redes con una determinación fría. Finalmente se casó con un alfa poderoso y posesivo que lo ama intensamente y lo protege con ferocidad, llevando las cicatrices de su pasado como recordatorio de por qué tuvo que cambiar. ¿Podrá el amor roto entre ellos superar el daño y los años de cicatrices? ¿Será posible perdonar el pasado y encontrar la felicidad juntos, o las heridas son demasiado profundas para separalos ?

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Allure
Estado:
En proceso
Capítulos:
16
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1 𝙋𝖗𝖔𝖒𝖊𝖘𝖆 𝙍𝖔𝖙𝖆



Corea , Seúl .

El sol filtrándose por las cortinas despertó a Jinu; se movió con cuidado en la cama para no molestar a Baby, quien aún dormía acurrucado contra su pecho, su aroma de almendra y miel envolviéndolo como siempre. Se levantó sigilosamente, puso su ropa de trabajo y fue hacia la cocina, donde encontró ya listo su desayuno: café negro, pan tostado y los huevos revueltos que tanto le gustaban.

Baby entró detrás de él, aún con la mirada entrecortada por el sueño, y le ajustó la corbata con manos delicadas.

—Jinu… —empezó, pasando los dedos por el cuello de su camisa—. Hoy es domingo, ¿recuerdas? No tenías que ir tan temprano… Quería hablarte de algo antes de que te fueras.

Jinu cogió su maleta del respaldo de la silla, mirando el reloj con urgencia.

—Lo sé, mi Omega —dijo, besándolo rápidamente en la frente—, pero el jefe me llamó anoche. Hay un problema con el contrato principal, si no estoy ahí a tiempo, podemos perder todo lo que hemos conseguido en estos meses. No me queda más opción, tengo que llegar antes que nadie para arreglarlo.

Baby bajó la mirada un instante, acariciando inconscientemente su vientre aún plano bajo la camiseta.

—Bueno… ve, entonces —susurró, intentando sonreír—. Pero no te olvides de que hoy es el cumpleaños de Jiwon. Cumple seis años, Prometiste construir el castillo de madera que le compraste para su regalo.

En ese momento, Jiwon bajó las escaleras con su peluche de oso entre los brazos, su cabello castaño como el de Jinu aún desordenado por el sueño.

—Papá, papá —gritó, corriendo hacia él—. ¿Vas a enseñarme a ponerle las puertas al castillo hoy? Dije a mis amigos que papá es el mejor de todo el mundo para hacer cosas de madera.

Jinu se agachó para acariciarle el cabello y le dio un beso en la mejilla.

—Claro que sí, pequeño —dijo, aunque su voz sonaba un poco forzada—. Solo tengo que solucionar unas cosas en el trabajo y vuelvo antes de que empiece la fiesta. Te lo prometo.

Beso a Baby de nuevo, esta vez un poco más largo, y salió corriendo de la casa. Baby se quedó en la puerta mirándolo irse, mientras Romance ,su amigo de toda la vida, otro Omega que vivía en el apartamento de al lado— se acercó fumando un cigarrillo.

—Tal vez deberías seguirlo —murmuró Romance, soplando humo hacia el cielo—. He visto cómo se comporta últimamente: llega tarde, se queda callado horas y horas… No me fío mucho de lo que te dice sobre el trabajo.

Baby cerró la puerta suavemente y negó con la cabeza.

—Confío en él, Romance. Somos pareja desde que éramos adolescentes, pasamos por todo juntos. Cuando me case con él, sabía que sería para siempre. Él es mi Alfa, el padre de mi hijo… No tendría por qué mentirme.

Justo en ese momento, se oyó un golpe en la puerta principal. Al abrirla, se encontró con el señor Parck , el dueño de la casa, un hombre corpulento con la mirada seria.

—Baby —dijo, sin más preámbulos—. Ya son tres meses de retraso en la renta. Te he dado tiempo, pero ya no puedo más. Hoy o mañana mismo tienes que pagarme todo lo que debes, o tendré que llamar a la policía para que te retiren de aquí. también tengo gastos que cubrir.

Baby se quedó un poco helado, agarrándose del marco de la puerta para mantenerse en pie.

— Señor Park, por favor… —suplicó, con la voz temblorosa—. Mañana Jinu cobra su sueldo, le prometo que mañana por la tarde tendrás todo el dinero. Solo dame un día más, por favor. Mi hijo está de cumpleaños hoy, no quiero arruinarle el día.

El hombre frunció el ceño, dudando un instante.

—Mañana al atardecer, Baby —dijo finalmente—. Si a esa hora no tengo el dinero, no volveré a escuchar excusas. Ya te avisé.

Se fue dejándolos en silencio. Baby suspiró profundamente y entró a la casa, mientras Romance lo seguía.

—Oye… —comenzó Romance, apagando su cigarrillo en el cenicero de la entrada—. Sabes que tengo un trabajo en el que se gana bien. No es lo más lindo del mundo, pero los clientes pagan bien y nunca faltan. Se trata de un burdel en el centro, para Alfas con dinero que buscan compañía… Ya sabes de qué se trata: hay que estar dispuesto a compartir cama con ellos, pero cada encuentro paga más que un mes de trabajo en la fábrica donde tú intentas encontrar empleo. Yo mismo gano lo suficiente para pagar mi renta y sobrar para cosas de más.

Baby levantó la mirada, con los ojos un poco sollozos pero con firmeza en la voz.

—No puedo hacer eso, Romance —dijo, sacudiendo la cabeza—. Estoy casado con Jinu, lo amo más que nada en el mundo. Nunca podría hacer algo así, ni siquiera por dinero. Él me cuidó ... y mi familia me echó de casa cuando estuve embarazado...y nunca me faltó nada que pudiera darme. No voy a traicionarlo.

Romance suspiró y le puso una mano en el hombro.

—No deberías creer ciegamente en ese hombre, Baby —dijo con tristeza—. He visto cómo los Alfas cambian cuando las cosas se ponen difíciles. A veces olvidan todo lo que han prometido. Pero bueno, ya sé que no te haré cambiar de opinión. Te dejo, tengo que irme a trabajar. Dile a Jiwon que le mando un abrazo por su cumpleaños pero si pasa algo llámame.

Se despidió y se fue. Baby respiró profundo y se puso manos a la obra: tenía que preparar la fiesta de Jiwon. Colgó serpentinas de colores por todo el salón, infló globos de forma meticulosa, puso la mesa con los dulces que había hecho él mismo y la tarta con seis velas de colores que le había encargado a la panadería del barrio. Mientras trabajaba, su mente no dejaba de pensar en Jinu, en si llegaría a tiempo, en cómo explicarle el tema de la renta. Y sobre todo, en cómo contarle que estaba embarazado de nuevo: había descubierto la semana pasada, y quería hacerlo hoy, en el cumpleaños de Jiwon, para que fuera un día aún más especial.

—Mamá, mamá —gritó Jiwon, corriendo hacia él con los ojos brillantes—, ¿cuándo va a venir papá? Ya terminé de poner las serpentinas en la puerta.

Baby se detuvo al inflar un globo rojo y se inclinó para acariciarle el cabello suave. Su mirada se desvió hacia la ventana, donde la calle seguía vacía a pesar de que eran ya las tres de la tarde.

—Mi amor —comenzó, cogiendo las manos pequeñas de su hijo—, ya te lo dije, papá está en el trabajo. Estos últimos meses han sido difíciles para él, tiene mucho estrés porque el negocio no va como esperaban. Tiene que resolver algunas cosas muy importantes para poder venir. Tu cumpleaños es lo más importante del mundo para nosotros dos, él lo sabe perfectamente. Solo necesitas ser un poco más paciente, ¿vale?

Jiwon asintió, pero sus cejas se fruncieron un poco, como si tuviera dudas. Se abrazó a las piernas de Baby y habló con voz baja.

—Pero… ¿y si no viene nunca? —preguntó, con un nudo en la garganta—. En el colegio, mi amigo Diego dice que su papá se fue y nunca volvió. ¿Papá también se irá porque no podemos ayudarle ?

Baby se agachó hasta quedar a su altura y le dio un beso en la frente.

—Nunca te va a dejar, mi niño —dijo, con una sonrisa que intentaba ocultar su propia preocupación—. Papá nos ama mucho, a ti y a mí. Siempre ha estado ahí: cuando te esperaba mientras yo estaba embarazado y estábamos en ese pueblo lejano, sin nada de dinero; cuando perdió su primer trabajo y tuvimos que comer solo pan y agua durante una semana, pero nunca nos dejó pasar hambre; cuando te enseñaste a montar en bicicleta sin ruedas y te caíste diez veces, pero él nunca se rendió y siguió ayudándote hasta que lo conseguiste. Ese es tu papá: siempre presente, incluso cuando las cosas se ponen complicadas. Así que no te preocupes, va a llegar.

El niño sonrió un poco y brincó de alegría.

—¡Y cuando venga, le diremos juntos que voy a tener un hermanito o hermanita, ¿no? —gritó emocionado—, y le enseñaré a construir castillos de arena como me enseñaste a mí. También le dejaré jugar con mis coches, aunque sean mis favoritos.

Baby se quedó un instante en silencio, pasando una mano por su vientre sin darse cuenta. Luego sonrió con más fuerza, lleno de ternura.

—Sí, mi amor —dijo, acariciándole el cabello—. Cuando llegue papá, se lo diremos los dos. Sé que se pondrá muy feliz, más que nunca. Pero primero, terminemos de decorar para que cuando llegue, todo esté perfecto.

Los primeros invitados empezaron a llegar: vecinos, algunas amigas de Baby y el hijo de una compañera de la tienda donde había trabajado temporalmente el año pasado. La casa se llenó de risas y música suave, y Jiwon corría de un lado a otro, compartiendo sus dulces y mostrando con orgullo los adornos que habían hecho juntos. Pero cada vez que alguien preguntaba por Jinu, Baby se tensaba un poco y respondía con la misma frase: “Está en el trabajo, va a llegar en cualquier momento”.

Hacía media hora que la fiesta había comenzado cuando se oyó un golpe en la puerta. Al abrirla, se encontró con Minho, su mejor amigo desde la adolescencia —el único que sabía todo sobre su pasado, sobre cómo había escapado de su casa con Jinu cuando tenían apenas quince años, porque su familia quería casarlo con un Alfa mucho mayor y rico que no amaba—. Llevaba en las manos una caja de regalo grande y una botella de jugo de uva casero, ya que sabía que Baby no bebía alcohol desde que estaba embarazado de Jiwon.

—Perdón por llegar tarde, cariño —dijo Minho, con su sonrisa cálida que siempre le daba calma y con él apodo que le puso hace tiempo—. Tuve que quedarme más tiempo en la clínica, un paciente se descompensó y tuve que ayudar a estabilizarlo. Oye… ¿y dónde está Jinu? Pensé que estaría aquí desde temprano preparando todo.

Baby se encogió de hombros y miró hacia el salón, donde Jiwon jugaba con los demás niños alrededor de la mesa de dulces.

—Aún no llega —susurró, haciendo pasar a Minho—. Dijo que tenía un problema importante en el trabajo, pero ya son más de dos horas de lo que prometió. Jiwon lo espera cada cinco minutos, me pregunta si ya viene. Y yo… ya no sé qué decirle más. Me preocupa mucho, Minho. No es como él desaparecer así, sin ni siquiera enviar un mensaje.

Minho se acercó y le puso una mano en el hombro, apretándolo suavemente.

—Lo sé, Baby —dijo, con voz tierna—. Y sé que te está doliendo mucho tener que mentirle a Jiwon, aunque sea una mentira blanca. Pero déjame ayudarte: yo me encargo de mantenerlo entretenido, le enseñaré a jugar a la ruleta de premios que preparaste y le contaré historias de cuando tú y yo estábamos pequeños. Así tú puedes descansar un poco, ¿vale?

Baby miró a sus ojos, llenos de gratitud. Minho siempre había estado ahí: cuando estaba embarazado de Jiwon y se sentía solo en ese pueblo donde no conocían a nadie; cuando Jinu perdió su trabajo por primera vez y no tenían cómo pagar la comida; cuando se enfermó de neumonía el año pasado y tuvo que cuidar de Jiwon y de él al mismo tiempo. Siempre presente, siempre dispuesto a ayudar.

—Gracias, Minho —dijo, con la voz un poco temblorosa—. No sé qué haría sin ti. De verdad, eres el mejor amigo que alguien podría desear.

—Ya lo sabes, cariño —respondió Minho, y su mano se quedó un poco más tiempo en su hombro antes de bajarla—. Siempre estaré aquí para ti, para Jiwon… para toda tu familia.

En ese momento, Jiwon corrió hacia ellos, agitando una hoja de papel con dibujos de colores.

—¡Mamá! ¡Minho! Los demás niños quieren jugar a la ruleta que preparaste, y también quieren ver el dibujo que hice para papá —gritó, saltando de alegría—. Venid, ¡quiero que sea el primero en girar la ruleta!

Minho cogió la mano de Jiwon y sonrió.

—¡Vamos, campeón! Veremos quién se lleva el premio más chulo. Apuesto a que soy yo —dijo, haciendo una mueca graciosa que hizo reír al niño.

Mientras Minho se alejaba con Jiwon, Baby se quedó mirándolos, con un sentimiento confuso en el pecho. Por un lado, seguía esperando a Jinu con todas sus fuerzas, esperando que llegara y que todo volviera a ser como antes: sus noches juntos, los domingos en la playa, las risas en la mesa del comedor. Pero por otro lado, la calidez de la amistad de Minho, su forma de cuidarlos sin esperar nada a cambio, le hacía sentir cosas que no debería sentir por alguien que no fuera su Alfa.

La música siguió sonando, la gente siguió riéndose y Jiwon se divirtió como nunca: ganó tres premios en la ruleta, comió demasiado dulce y bailó hasta quedarse exhausto. Pero Baby no pudo dejar de mirar la puerta cada cinco minutos, esperando oír el paso de Jinu, mientras Minho se aseguraba de que comiera algo, de que bebiera agua, de que no se preocupara demasiado.

—Oye —dijo Minho cuando la fiesta empezó a terminar y los últimos invitados se fueron—. Jiwon se durmió en el sofá, todavía con el dibujo que hizo para papá en la mano. ¿Quieres que te ayude a llevarlo a la cama? No quiero que se resfríe ahí.

Baby asintió en silencio, y mientras iban juntos hacia el salón, Minho le cogió la mano suavemente.

—Baby —dijo, con voz seria pero tierna—. No sé qué está pasando con Jinu, y no voy a decirte lo que tienes que hacer… sé que lo amas y que crees en él con todo tu corazón. Pero quiero que sepas algo que he estado guardando dentro de mí desde hace mucho tiempo: te quiero mucho, más que como un amigo. No he dicho nada porque sé que eres pareja de Jinu, pero si alguna vez necesitas alguien que te cuide a ti, a Jiwon y a quien sea que venga después… alguien que te dé el amor y la seguridad que mereces… yo estaré ahí, sin preguntar nada.

Baby se quedó sin aliento, mirando los ojos de Minho, que estaban llenos de sinceridad y cariño. La puerta seguía cerrada, Jinu aún no había llegado. No supo qué decir, así que simplemente apretó la mano de Minho con gratitud y fue a recoger a Jiwon en sus brazos.

Llevaron al niño a su habitación con mucho cuidado; Jiwon seguía durmiendo profundamente, con una sonrisa en los labios a pesar de que su padre no había llegado. Baby le tapó con la manta de dinosaurios que tanto le gustaba, le dio un beso en la frente y cerró la puerta con mucho cuidado para no despertarlo.

Bajó las escaleras lentamente, el peso del silencio cayendo sobre él como una manta húmeda. Los globos ya empezaban a desinflarse, dejando caer pequeños trozos de papel brillante por el suelo; las servilletas de colores estaban esparcidas por la mesa, y la tarta con sus seis velas apagadas y sin encender aún reposaba en la nevera. Empezó a guardar las cosas con movimientos lentos y mecánicos, sus manos temblando un poco cada vez que tocaba un plato o un vaso. Mientras metía los últimos cubiertos en el armario, escuchó el vibrar del celular en la mesita de la sala – el tono que había puesto solo para Jinu.

Corrió hasta allí como si sus pies no tocaran el suelo, cogiendo el teléfono con ambas manos.

—Hola —susurró, la voz apenas audible, sintiendo cómo su corazón latía tan fuerte que le dolía el pecho, esperando que al otro lado escuchara la voz tranquila y segura de su Alfa.

—Baby… —comenzó Jinu por el otro extremo, y su voz sonaba rota, cansada, como si hubiera estado llorando o sin dormir durante días—. Perdóname por no llamar antes. Perdóname por no estar ahí para el cumpleaños de Jiwon.

Baby se sentó en el sofá, agarrándose del cojín como si fuera un lastre que lo mantuviera en tierra.

—Jinu, dónde estás? —preguntó, intentando que su voz no temblara—. Dijiste que vendrías, Jiwon te esperó todo el día. El dueño de la casa vino por la renta, te prometí que mañana tendríamos el dinero… ¿dónde estás?

Hubo un silencio largo del otro lado, roto solo por el sonido de la lluvia y lo que parecía ser el ruido de un coche pasando por una calle mojada.

—No puedo volver, Baby —dijo Jinu finalmente, y en su voz se notaba una profunda tristeza—. Los problemas en el trabajo no son solo unos contratos: me metí en un lío, traté de arreglarlo por mi cuenta y ahora está peor. Perdí el empleo hace una semana, y no tengo cómo pagarle al dueño de la casa, ni cómo mantenerlos a ti y a Jiwon. He estado dando vueltas por la ciudad todo el día, pensando en cómo decirte esto… pero no puedo seguir siendo un peso para ustedes. Soy un Alfa que no puede proteger ni mantener a su familia. Ustedes merecen mejor que eso. Merecen alguien que les dé seguridad, que esté ahí cuando lo necesiten, que no los deje esperando como hoy.

Baby cerró los ojos, sintiendo cómo las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas, pero se mordió el labio para no hacer ruido y despertar a Jiwon.

—No digas eso, Jinu —suplicó, presionando el teléfono contra su oreja como si así pudiera llegar hasta él—. Nosotros somos una familia, ¿recuerdas? Pasamos por cosas peores cuando nos fuimos de casa, cuando estábamos esperando a Jiwon y no teníamos nada. Siempre hemos encontrado la manera de salir adelante juntos. No importa si no tienes trabajo, podemos buscarlo los dos, podemos pedir ayuda a los vecinos, a Minho… no tienes que irte. Te necesitamos, Jiwon te necesita. Yo te necesito.

—No, Baby —dijo Jinu, y ahora sí se escuchaban las lágrimas en su voz—. No puedo hacerles más daño. Ya tomé la decisión: me voy a ir a la otra ciudad, a buscar trabajo allí, a empezar de nuevo. Cuando tenga algo establecido, tal vez pueda enviarlos algo de dinero… pero no esperen por mí. Ustedes tienen que seguir adelante, vivir sus vidas. Jiwon necesita un padre que pueda estar ahí para él, no uno que desaparece cuando las cosas se ponen difíciles.

Baby se puso de pie, temblando de pies a cabeza, mirando hacia la puerta como si Jinu pudiera aparecer en cualquier momento.

—Por favor, Jinu… vuelve a casa, podemos hablarlo todo cara a cara —rogó, sentándose de nuevo cuando se sintió mareado—. Hay algo que te quería decir, algo importante… pero primero tienes que volver. Nosotros te amamos, no importa lo que pase..., eres la cabeza de nuestra familia.

Hubo otro silencio largo, y Baby sintió cómo el mundo se desmoronaba a su alrededor.

—Lo siento mucho, Baby —dijo Jinu por último, con voz firme ahora, como si hubiera cerrado su corazón para siempre—. Ya es demasiado tarde. No busquesme, no llames más. Cuídale mucho a Jiwon, hazle saber que su papá lo ama más que cualquier cosa en el mundo. Pero ya no puedo estar con ustedes. Perdóname.

Baby oyó el clic de la llamada que se cortaba, y luego solo el sonido de la señal ocupada. Se quedó así durante mucho rato, con el teléfono en la mano y las lágrimas cayendo sin cesar por sus mejillas.

Nunca le dijo a Jinu que estaba embarazado que otro pequeño estaría con él ,Lo guardó en su pecho, junto con el dolor de la despedida y la promesa Rota

El silencio de la casa era ahora más profundo que nunca.y la lluvia golpeando la ventana. El silencio de la casa era ahora insoportable, y el sintió cómo todo su mundo se desmoronaba a sus pies. No le había dicho a Jinu sobre el bebé. Nunca tuvo la oportunidad. Y ahora, tal vez nunca lo tendría.

.....

Ocho años Después.

El sol de la mañana se filtraba por las cortinas de la casa de Estado Unidos, y Jinu despertó con el sonido de risas infantiles venidas del salón. Se sentó en la cama, se frotó los ojos y recordó dónde estaba: con Rumi, su esposa, y con Rai, su hijo de cuatro años. Había cambiado mucho desde aquella noche en la que cortó el llamado a Baby —se había mudado a Japón, había conseguido un trabajo estable en una empresa de diseño, se había casado—. Había tratado de olvidar su pasado, creyendo que era lo mejor para todos: para Baby, para Jiwon, para él mismo. Pero aunque quería mucho a Rai y hacía todo lo posible por ser un buen padre y esposo, nunca había sentido por Rumi lo que había sentido por Baby. Ese vacío en su pecho nunca se había cerrado.

Bajó a la cocina y encontró a Rai sentado en la barra, comiendo pan con mantequilla, mientras Rumi le contaba un cuento con voz juguetona. Cuando vio a Jinu, la mujer le sonrió con su belleza tranquila.

—Buenos días, amor —dijo ella, acercándose para darle un beso en la mejilla—. Ya despertaste? Rai estaba preguntando por ti, quería que le ayudaras a armar su nuevo tren.

Jinu se acercó a su hijo y le acarició el cabello.

—Claro, campeón —dijo, con una sonrisa sincera—. Pero primero, quiero hablar contigo de algo, Rumi.

Se sentaron en la mesa, y Rai siguió comiendo, distraído con su pan.

—Oye —empezó Jinu—, hace poco estuvimos hablando de si valía la pena volver a Corea,? pero... la verdad es que aquí estamos bien. Tengo el trabajo estable, Rai va a un buen colegio, la vida es tranquila. Creo que deberíamos quedarnos aquí, no te parece?

Rumi bajó la mirada, con una expresión de culpa en el rostro.

—Lo siento mucho, amor —dijo ella, con voz suave—. Sé que te gustaría quedarte, y yo también me siento bien aquí. Pero... no tengo elección. Mi madre me llamó ayer por la noche: quiere que nos quedemos unos meses con ellos en Seoul. Además, mi hermano mayor va a volver —su voz se llenó de emoción—. Hace años que no lo veo, Jinu. Desde que se fue a estudiar al extranjero, casi diez años. Pero hay un problema... Mi hermano Abby está muy molesto con su regreso.

—¿Por qué? —preguntó Jinu, curioso.

—Porque Abby trabaja en una agencia de modelos en Seoul, y ha luchado mucho para llegar a ser el modelo principal —explicó Rumi—. Y cree que mi hermano mayor le va a quitar ese puesto. Dice que él tiene más experiencia, que la agencia lo querrá más, y tiene miedo de perderlo todo por culpa de él y Mi Madre está También emocionada y preocupada por qué Mi Hermano le dijo Que va traer a su Omega ,Lo siento mucho, Jinu. Sé que te molesta tener que mudarte, incluso por unos meses, pero necesito estar con mi familia en este momento. Por favor, lo entiendes?

Jinu se quedó en silencio por un rato, mirando por la ventana hacia el jardín mojado por la lluvia de la noche anterior. Volver a Corea... el lugar donde vivió con Baby, donde Jiwon nació, donde todo empezó y terminó....El pasado que había tratado de olvidar volvía a buscarlo, y esta vez no podía huir.

—Claro, Rumi —dijo finalmente, con una respiración profunda—. Lo entiendo. Si necesitas estar con tu familia, vamos. Unos meses no son nada. Rai va a conocer a sus abuelos y a sus tíos, va a jugar en el jardín de sus abuelos, va a probar comida coreana nueva —miró a Rai, que ahora estaba escuchando atento—. Tal vez sea bueno para todos cambiar de aire un rato, conocer nuevos lugares, hacer nuevos amigos.

Rumi le sonrió con gratitud y le cogió la mano sobre la mesa.

—Gracias, amor —dijo ella—. Te lo agradezco mucho. Sé que no es fácil para ti, y te prometo que haremos todo lo posible para que te sientas cómodo allá.

Mientras tanto, Rai se levantó de su silla y corrió hacia Jinu, saltando para que lo cogiera.

—¿Vamos a viajar en avión, papá? —preguntó, con los ojos brillantes como estrellas—. ¿Veremos nubes? ¿Podré tocar una nube? Mamá me dijo que las nubes son como algodón, pero yo creo que son como pastelito de vainilla. ¿Podremos probar una?

Jinu le cogió en brazos y le dio un beso en la mejilla, ensuciándose también de glaseado.

—Sí, campeón —dijo él, riendo—. Vamos a viajar en avión, veremos nubes, y aunque no podamos probarlas, te comprare el pastelito de vainilla más grande del mundo cuando lleguemos.

Mientras sonreía a su hijo y veía a Rumi preparar más café, en su mente pasaban imágenes de Baby y Jiwon., Volver a Corea era un riesgo, pero Aunque no se atrevía a admitirlo, sentía que el destino estaba juntando los hilos de nuevo .

mientras tanto, el desayuno seguía siendo divertido, normal, lleno de risas y glaseado, como si nada importante estuviera a punto de cambiar.

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