Parte única
La noche había caído, y en las calles de Seúl, un edificio se iluminaba por la celebración aniversario de la empresa BangStyleSeuol.
La gente entraba con tenidas elegantes, listas para lucir sofisticadas y disfrutar con comodidad, siendo acompañados de sus parejas. Excepto Hwang HyunJin, que, a pesar de atraer todas las miradas, llegó sin compañía.
Era el rostro de la corporación, y su paso elegante hacia el interior dejaba claro el por qué había ocupado aquel puesto durante tantos años. A pesar de recibir declaraciones de amor a diario, su corazón permanecía inaccesible. Como de costumbre, saludó a todos sus conocidos, admirando la decoración de aquel año.
—Se lucieron esta vez ¿No?
—Totalmente —respondió, mientras recibía una copa de vino.
Se esforzó por seguir la conversación de sus amigos, quienes dicutían ideas para la próxima portada de la revista, pero se perdió cuando una pareja llamativa cruzó la entrada.
Ahí estaba la persona que había buscado desde que llegó, fingiendo interés en la decoración: Christopher Bang, el hijo del gerente, junto a su novio Yang JeongIn, que caminaba irradiando una belleza que parecía imposible de existir.
Le robó un supiro apenas sonrío para saludar a los demás. Y es que, para HyunJin, hasta su nombre era dulce de pronunciar. Desde el primer momento, le llamó la atención: gestos dulces, sonrisa radiante, ojos pequeños que brillaban con luz propia, y esa aura angelical lo derretían por completo. Cómo envidiaba a Bang, pero fue el afortunado que había conquistado su corazón.
Por un bereve instante, JeongIn lo miró de reojo, y HyunJin aprovechó para alzar la copa en un saludo, al que el otro respondió con una sutil reverencia.
Después de un rato fingiendo atención, se dirigió solo a la barra en busca de un trago que calmara la punzada su pecho. Desde ahí siguió cada movimiento de JeongIn a través del reflejo en la ventana, como si observarlo fuera un acto de devoción. El hombre era impresionante de pies a cabeza, le parecía irreal. Si el propósito era enamorarlo, sin duda lo había logrado.
De pronto, JeongIn se soltó del brazo de su pareja y caminó hacia él. Admiró su figura esbelta, aquella cintura delicada, la piel impecable, el cabello oscuro, y esa mirada traviesa.Simplemente irreal.
Dio un trago de vino y esperó su llegada, tratando de calmar su corazón desbocado.
—¿Cómo estás? —saludó JeongIn, con esa voz que podía desarmarlo por completo.
Sus miradas se encontraron y el tiempo dejó de existir. Deseó con el alma alejarlo de los brazos de Bang, aunque sabía que aquello podría llevarlo a la ruina.
—No tan bien acompañado como Chris —respondió, intentando sonar despreocupado.
JeongIn sonrió, y un calor suave recorrió el pecho de HyunJin.
—Es un hombre increíble —añadió.
—Tiene mucha suerte... Debe portarse como tal.
El sonrojo del otro fue un encanto más que admirar.
—Me halagas —dijo, mientras intentaba abrir la botella para llenar su copa.
—Déjame ayudarte —se adelantó HyunJin.
Tomó la botella y por un instante sus dedos rozaron los de JeongIn. Un roce eléctrico, breve suficiente para incendiar la piel y los sentidos.
—Eres todo un caballero, ¿no?
—Si no lo fuera... te aseguro que podría robarte ahora mismo —respondió, sin el valor de mirarlo de frente.
JeongIn sonrió, divertido y encantador.
—Gracias —dijo, al ver su copa llena y amenazando con retirarse—. Iré a tomar aire.
—¡Espera! —pero HyunJin no estaba dispuesto a redirse—. Lo siento, es que... eres muy lindo.
El más bajo no dijo nada, solo sonrió y se encaminó hacia afuera dejando un ratro de deseo imposible de ignorar.
HyunJin tomó el resto del contenido en su copa, como si aquella valentía líquida le diera el impulso necesario. No esperó más y fue tras él entre los cuerpo que conversaban, reían, bebian y bailaba.
Se acercó con pasos torpes y cautelosos hasta JeongIn. Afuera, el frío era evidente, pero su interior ardía de adrenalina.
—Tu también eres muy guapo —confesó el más joven, al verlo de pie a su lado.
—El problema es que tú no solo eres lindo... —HyunJin se atrevió a avanzar.
—Deberías estar avergonzado por hablarme así con mi novio presente.
—No siento culpa.
—¿Entonces qué te detiene?
La pregunta golpeó su corazón. Nada podía impedirle confesar lo que sentía desde la primera vez.
—Aprovecharé el efecto del alcohol y seré honesto... —inhaló profundamente y continuó—. Él se ganó tu corazón de forma justa. Respeto eso. De lo contrario, habría intentado robarte hace mucho. Porque desde la primera vez que te vi... con ese conjunto en blaco y celeste, esa sonrisa capaz de iluminar cualquier lugar, quedé completamente hechizado por ti, y lo envidio tanto...
—¿Recuerdas eso?
—Recuerdo cada detalle de cada día.
JeongIn sonrió y, nervioso, mordió su labio inferior, provocando que HyunJin sintiera el mundo temblar bajo sus pies.
—Está fiesta está aburrida... ¿Quieres ir a otro lugar?
—Ya sabes que te seguiría a donde sea —respondió sin pensarlo. Su corazón había tomado el control.
Se alejaron, embriagados por la adrenalina de ser descubiertos. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, JeongIn atrapó su cuello. Por reflejo HyunJin lo tomó por la cintura, y se miraron tan intensamente que parecía leían el alma del otro.
Sus rostros se acercaron como imanes inevitables, hasta casi rozar sus labios, que ardían por probar cada rincón del otro. Sus miradas gritaban emociones que no podían comprender con palabras. Estaban consumidos por un deseo que no tenía límites.
—Hoy perdamos el respeto por todo... —susurró JeongIn.
—No tienes idea cómo me encantas.
JeongIn sonrió sobre sus labios. HyunJin cerró los ojos, completamente entregado. De pronto, se encontró de regreso en la barra, con el resto del vino que creyó haber tomado, intacto.
La fantasía había terminado.
—¡HyunJin!
—Perdon... —tragó con dificultad—. ¿Qué decías?
El otro soltó una carcajada suave al verlo tan perdido. HyunJin se reacomodó en el asiento, con la amargura de aquel sueño hecho pedazos.
—Te pregunté cómo estás.
Miró al dueño legítimo del corazón de JeongIn hablar con sus amigos. Suspiró profundo y contestó.
—Estoy bien —mintió—. Algo cansado... ¿Y tú?
—Puedo notarlo. Si sueñas despierto —se burló JeongIn, abriendo una botella con facilidad—. Yo estoy bien, tú me preocupas. Deberías ir a descansar.
HyunJin observó sus manos perfectas, y asintió, resignado.
—Sí... Creo que ya cumplí con presentarme un rato.
—Tranquilo. Yo le explico porqué te vas.
¿Le dirás que me voy porque me duele verte en brazos que no sean los míos?, pensó HyunJin.
—Gracias...
Se levantó, y por última vez, miró aquellos ojos brillantes y hechizantes, esos que seguían siendo su mayor ilusión.
—Ve... y sueña bonito —dijo JeongIn, como un un último acto de lástima. Pero el mejor sueño de HyunJin, fue haber imaginado que su amor era correspondido. Y aunque eso estaba muy lejos de la realidad, lo atesoraría siempre.
—Adiós, JeongIn... —susurró, más para sí mismo que para el otro.
Le dió la espalda y se marchó, sin mirar atrás, llevando consigo un corazón ardiente y la dulce tortura de un deseo imposible.








