Mi Mayor Obsesión por Maye en Inkitt
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Mi mayor Obsesión

Sinopsis

Maye Bravo, una joven de 24 años, estaba acostumbrada a sobrevivir sola. Con una vida rota, deudas encima y un pasado que todavía la perseguía, jamás imaginó que una simple caminata nocturna cambiaría su destino para siempre. Todo ocurrió demasiado rápido. Un disparo. Un cuerpo cayendo al suelo. Y unos ojos rojos observándola desde la oscuridad. Mephiles DeLuca, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad, acababa de cometer un crimen... y Maye se había convertido en la única testigo. Nadie escapaba de Mephiles. Nadie hablaba de lo que veía. Por eso la tomó. La arrastró a su mundo de lujos peligrosos, amenazas y hombres capaces de matar sin remordimiento. Encerrada bajo las reglas de un hombre cruel, dominante y obsesivo, Maye se convierte prácticamente en su propiedad, obligada a vivir bajo su vigilancia constante. Pero Maye no era tan frágil como aparentaba. Y mientras ella lucha por conservar su libertad, Mephiles comienza a perder algo que jamás creyó posible: el control. Porque cuanto más intenta dominarla... más termina obsesionándose con ella. En un mundo donde la traición se paga con sangre y el amor es una debilidad mortal, Mephiles DeLuca descubrirá que la única mujer que no debía tocar... terminará convirtiéndose en su mayor obsesión. Esta historia tiene contenido 🔞 abuso, toxicidad, violencia. Si esto te incomoda no lo leas porfavor

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Maye
Estado:
En proceso
Capítulos:
17
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Perdi mi Libertad

Este capitulo sera fuerte, tema de abuso sexual y violencia, si esto te incomoda no lo leas.

____________________________________

- Infinite: ¡Lárgate de aquí, Maye!

La voz del chacal retumbó por todo el apartamento.

Infinite estaba furioso, caminando de un lado a otro mientras tiraba cosas al suelo sin importarle nada.

Maye una eriza color marrón lo miraba con los ojos húmedos, intentando mantener la calma.

- Maye: ¿Estás loco? ¡Este también es mi apartamento!

Infinite soltó una risa amarga.

- Infinite: Ya no. Estoy cansado de mantenerte.

- Maye: ¡Yo trabajo!

- Infinite: No es suficiente.

Las palabras le atravesaron el pecho de la joven eriza.

Maye apretó los puños.

- Maye: Después de todo lo que hice por ti… ¿así me pagas?

El chacal rodó los ojos y abrió la puerta del apartamento de golpe.

- Infinite: Hazme un favor y desaparece.

- Maye: No pienso irme.

Pero él perdió completamente la paciencia.

La sujetó bruscamente del brazo y la arrastró hacia afuera mientras ella forcejeaba.

- Maye: ¡Infinite, suéltame!

La lanzó al pasillo junto con su bolso. Maye cayó al suelo de rodillas mientras escuchaba la puerta cerrarse violentamente frente a ella.

Silencio.

Un silencio horrible.

Maye tragó saliva intentando no llorar. Sentía rabia… humillación… tristeza.

Se levantó lentamente y tomó su bolso.

- Maye: Solo necesito caminar…

Y eso hizo...

Salió del edificio sin rumbo fijo mientras la fría noche envolvía la ciudad.

Las luces de neón iluminaban las calles húmedas y el sonido lejano de los autos apenas llenaba el vacío en su cabeza.

No sabía cuánto tiempo llevaba caminando.

Solo avanzaba.

Intentando olvidar.

Hasta que escuchó un grito. Maye se detuvo de golpe.

Un grito masculino. Doloroso.

Su corazón comenzó a latir rápido.

Miró hacia un callejón oscuro y, llevada por la curiosidad y el miedo, se acercó lentamente.

Entonces lo vio....

Un hombre estaba tirado en el suelo.

Había sangre por todas partes.

Charcos oscuros cubrían el pavimento mientras el cuerpo apenas se movía.

Maye abrió los ojos horrorizada.

Frente al hombre había dos sujetos vestidos de negro… ambos armados.

Uno de ellos levantó la mirada.

Y la vio.

El corazón de Maye casi se detuvo.

"Mierda…"

Susurró uno de los hombres, la eriza reaccionó al instante.

Corrió.

Sus pasos resonaban desesperados contra el pavimento mientras las lágrimas comenzaban a bajar por sus mejillas.

"¡Atrápenla!"

Escuchó pasos detrás de ella.

Cada vez más cerca.

Intentó doblar una esquina… pero unas manos fuertes la sujetaron brutalmente.

- Maye: ¡Suéltenme! ¡Por favor!

La empujaron contra una pared.

Uno de los hombres sacó su arma.

Maye comenzó a temblar.

- Maye: ¡Yo no vi nada! ¡Se los juro! ¡No voy a decir nada!

"Sí vio demasiado"

Gruñó uno de ellos. El arma se levantó lentamente hacia ella.

Entonces…

"No la toquen."

La voz grave y fría hizo que todo quedara en silencio.

Los hombres se apartaron inmediatamente.

La eriza levantó la mirada lentamente… y sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Un azabache alto salió de la oscuridad. Sus púas negras brillaban bajo las luces de la calle, con betas verdes atravesando parte de ellas. Sus ojos verdes eran intensos… peligrosos… imposibles de leer.

Vestía un elegante traje negro perfectamente ajustado, guantes oscuros y una expresión tan fría que daba miedo mirarlo demasiado tiempo.

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Mephiles DeLuca.

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.

El mafioso más temido de toda la ciudad.

Maye sintió que las piernas le temblaban.

Había escuchado historias sobre él toda su vida.

Que controlaba la ciudad desde las sombras.

Que la policía no podía tocarlo.

Que la gente desaparecía después de traicionarlo.

Y ahora estaba frente a ella.

La eriza negó rápidamente, desesperada.

- Maye: P-por favor… yo no voy a hablar… se lo juro… no vi nada…

Uno de los hombres miró a

Mephiles.

- "La chica sí vio el cuerpo, jefe".

Mephiles no respondió enseguida.

Solo observó a Maye fijamente.

Tan fijamente que ella sintió escalofríos recorriéndole la espalda.

Luego caminó hacia ella lentamente.

Cada paso aumentaba el terror de la eriza.

Cuando estuvo frente a ella, el azabache inclinó apenas la cabeza, examinándola como si intentara decidir algo.

Después, sin decir una sola palabra, la sujetó con fuerza del brazo.

- Maye: ¡Ah…!

Maye intentó soltarse, pero fue inútil.

Mephiles abrió la puerta de una enorme limosina blindada estacionada junto a la calle, y la empujó dentro.

La puerta se cerró de golpe detrás de ella. Encerrándola completamente con el hombre más peligroso de la ciudad.

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La puerta de la limosina blindada se cerró con seguro automático.

Maye respiraba agitadamente mientras retrocedía hasta quedar pegada contra el asiento de cuero negro. Sus manos temblaban.

Frente a ella, Mephiles DeLuca permanecía completamente tranquilo.

Demasiado tranquilo.

El mafioso apoyó un brazo sobre el asiento mientras encendía lentamente un cigarro.

El fuego iluminó por un instante sus ojos verdes intensos.

La eriza tragó saliva. El humo llenó el interior de la limosina.

- Maye: P-por favor…

Susurró ella

- Maye: Yo no diré nada… déjeme ir…

Mephiles no respondió. Solo fumó lentamente mientras la observaba fijamente.

Como un depredador estudiando a su presa.

El silencio comenzó a volverse insoportable.

Entonces él habló.....

- Mephiles: ¿Cómo te llamas?

Maye bajó la mirada y no respondió.

El miedo la estaba paralizando.

Los ojos del azabache se endurecieron.

En un movimiento rápido, la sujetó bruscamente del rostro obligándola a mirarlo.

- Mephiles: ¡Te hice una pregunta!

Maye soltó un pequeño quejido por la fuerza de su agarre.

- Maye: M-Maye… Maye Bravo…

Mephiles la observó unos segundos más antes de soltarla lentamente.

- Mephiles: Maye Bravo…

Repitió con calma el mafioso.

Luego sonrió apenas.

Una sonrisa fría.

Peligrosa.

- Mephiles: Creo que ya sabes quién soy, ¿no?

Maye asintió rápidamente.

¿Cómo no saberlo?

Todo el mundo conocía ese nombre.

El hombre más peligroso de la ciudad.

El mafioso al que nadie se atrevía a mirar directamente.

- Maye: Usted es Mephiles DeLuca.

Él inclinó ligeramente la cabeza.

- Mephiles: Exacto.

Tomó otra calada de su cigarro y después dijo con absoluta

tranquilidad....

- Mephiles: Tu nuevo dueño.

El corazón de Maye se detuvo.

- Maye: ¿Q-qué…?

El azabache no explicó nada más.

Simplemente siguió fumando mientras la limosina avanzaba por las calles oscuras de la ciudad.

La eriza sintió ganas de llorar.

Esto no podía estar pasando.

Quería abrir la puerta y escapar… pero sabía perfectamente que no tendría oportunidad.

Finalmente, después de varios minutos eternos, la limosina se detuvo.

Maye miró por la ventana… y quedó helada.

Una enorme mansión se alzaba frente a ella.

Gigantesca.

Oscura.

Intimidante.

Las enormes rejas negras se abrieron lentamente mientras varios guardias armados vigilaban el lugar.

La puerta de la limosina fue abierta desde afuera.

Maye negó rápidamente.

- Maye: No… no voy a bajar…

Intentó alejarse… pero Mephiles la tomó del brazo con fuerza.

- Maye: ¡Suélteme!

La arrastró fuera del vehículo sin el menor esfuerzo.

Maye forcejeaba desesperadamente mientras era llevada hacia la entrada principal.

Las enormes puertas de la mansión se abrieron.

Y varias sirvientas ya estaban esperando alineadas.

La eriza observó el lujo del lugar, enormes lámparas de cristal, pisos de mármol negro y una atmósfera pesada que daba escalofríos.

El azabache soltó finalmente el brazo de Maye.

Ella retrocedió inmediatamente.

- Maye: Por favor… yo no quiero estar aquí…

Mephiles ni siquiera la miró.

- Mephiles: Llévense a la nueva mascota.

Maye abrió los ojos horrorizada.

- Maye: ¿Mascota…?

Mephiles continuó hablando con total frialdad.

- Mephiles: La habitación junto a la mía. Prepárenla.

Cuatro sirvientas se acercaron lentamente.

Maye comenzó a retroceder aterrada.

- Maye: ¡No! ¡No, por favor!

Su respiración se volvió inestable.

- Maye: ¡Yo no hice nada!

Mephiles perdió la paciencia.

En un movimiento rápido, sacó una pistola negra y la apuntó directamente a la cabeza de la eriza.

Todo quedó en silencio, Maye dejó de respirar, los ojos verdes de Mephiles se clavaron en los suyos.

- Mephiles: Obedece.

Su voz fue baja.

Fría.

Mortal.

Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Maye mientras asentía temblando.

Una de las sirvientas, una eriza rosa de expresión suave, se acercó lentamente y tomó a Maye del brazo con cuidado.

- Amy: Ven conmigo…

Susurró despacio la sirvienta.

Maye miró una última vez a Mephiles.

Él seguía observándola con la misma expresión oscura y dominante.

Como si ya le perteneciera.

Y entonces la sirvienta se la llevó escaleras arriba.

.

.

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.

Las enormes puertas del ascensor privado se abrieron lentamente.

Maye seguía temblando mientras las cuatro sirvientas la guiaban por los largos pasillos de la mansión DeLuca.

Todo era exageradamente lujoso, paredes negras con detalles dorados, enormes cuadros antiguos y luces tenues que hacían el lugar aún más intimidante.

Sentía que estaba entrando a una prisión.

La eriza rosa caminaba a su lado en silencio, mientras la gata morada iba detrás observándola con una expresión fría.

Finalmente llegaron frente a una enorme puerta negra.

Una de las sirvientas la abrió.

Maye quedó helada. La habitación era gigantesca, había una enorme cama elegante en el centro, ventanales inmensos cubiertos por cortinas oscuras, muebles caros y una vista completa de la ciudad iluminada.

Parecía una habitación de reina.

Pero para ella seguía siendo una jaula.

- Blaze: Vamos

Dijo la gata morada sin darle tiempo a reaccionar, la llevaron directamente al baño privado.

Era incluso más grande que su antiguo apartamento.

Mientras dos sirvientas arreglaban la cama y preparaban la habitación, la eriza rosa y la gata morada comenzaron a llenar la enorme bañera.

Maye negó rápidamente.

- Maye: No… no necesito esto…

- Blaze: El jefe dio órdenes

Respondió la gata morada con sequedad.

Minutos después, Maye ya estaba dentro del agua tibia mientras ambas sirvientas comenzaban a lavarle el cabello y el cuerpo cuidadosamente.

La joven eriza sintió ganas de llorar otra vez.

- Maye: Por favor… Ayúdenme a salir de aquí…

La eriza rosa bajó la mirada unos segundos. Parecía sentir algo de pena por ella.

- Amy: Si obedeces… todo estará bien.

Maye la miró desesperada.

- Maye: ¿Bien? ¡Me secuestraron!

La gata morada soltó un suspiro molesto.

- Blaze: Es mejor que te quedes callada.

El silencio volvió a llenar el baño.

Y ahí Maye entendió algo horrible.

Estaba completamente sola.

Nadie iba a ayudarla.

Nadie iba a enfrentar a Mephiles DeLuca por ella.

Cuando terminaron de bañarla, las sirvientas le colocaron una delicada lencería negra de seda que apenas cubría su cuerpo.

Maye sintió humillación inmediata.

- Maye: No voy a usar esto…

- Blaze: Sí vas a usarlo

Dijo la gata morada acomodándole la tela.

- Blaze: El jefe eligió personalmente la ropa.

El corazón de Maye comenzó a latir más rápido.

La llevaron hasta la enorme cama y después ambas sirvientas retrocedieron.

- Amy: Descansa

Susurró la eriza rosa antes de salir.

La puerta se cerró, y el sonido de la cerradura automática hizo que

Maye entrara en pánico, se levantó enseguida.

Corrió hacia la puerta, intentó abrirla.

Nada.....

- Maye: ¡No…!

Probó otra vez, seguía cerrada.

Maye corrió hacia las ventanas… pero también estaban bloqueadas.

No había salida. Su respiración comenzó a acelerarse.

- Maye: No… no…

Entonces la puerta se abrió lentamente.

Maye se giró de golpe.

Y él entró......

Mephiles DeLuca.

Vestía aún su elegante traje negro, aunque ahora llevaba algunos botones de la camisa abiertos. Sus ojos verdes se clavaron inmediatamente sobre ella.

Y por un momento…

Se quedó completamente en silencio.

Porque Maye era hermosa.

Demasiado hermosa.

El cabello rojizo cayendo sobre sus hombros, las curvas marcadas por la lencería negra, sus ojos brillando por el miedo y la rabia…

Mephiles sintió algo extraño revolverse dentro de él.

Su cuerpo reaccionó inmediatamente.

Una peligrosa obsesión comenzando a nacer.

La joven eriza retrocedió incómoda al notar cómo él la observaba.

El azabache cerró la puerta detrás de él lentamente.

- Mephiles: Te queda bien, muy bien.

Maye lo miró con odio.

- Maye: Déjeme ir.

Él caminó despacio por la habitación.

Mephiles: Vas a quedarte aquí hasta que yo lo decida.

Maye apretó los puños.

- Maye: ¡No soy una mascota!

La mandíbula de Mephiles se tensó apenas.

- Mephiles: Ahora lo eres.

- Maye: ¡No soy un objeto!

Gritó ella con fuerza

- Maye: ¡Tengo una vida! ¡Tengo un hogar!

Entonces Mephiles soltó una pequeña risa grave.

Oscura.

Cruel.

- Mephiles: ¿Hogar?

Maye se quedó quieta.

- Mephiles: Mis hombres ya investigaron todo sobre ti.

El corazón de Maye comenzó a hundirse lentamente.

- Mephiles: Tu novio te echó de casa hace horas.

El azabache siguió acercándose.

- Mephiles: No tienes a nadie, No tienes dónde ir. Estás sola, Maye Bravo.

Ella sintió un nudo en la garganta.

Porque odiaba admitirlo…

Pero era verdad.

Mephiles se quitó lentamente la chaqueta negra del traje y la dejó sobre una silla sin apartar los ojos de ella.

Luego avanzó directamente hacia Maye....

.

.

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.

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.

- Mephiles: Eres mía, me perteneces ahora.

Luego se quitó la camisa negra, revelando un torso increíblemente musculoso, marcado y definido, con ese bello blanco en forma de estrella en el pecho que contrastaba con su pelaje negro azabache.

Sus brazos y abdominales se tensaban con cada movimiento. Se quitó los pantalones y la ropa interior, quedando completamente desnudo.

Su miembro ya estaba completamente erecto, grueso, largo y venoso, palpitando con anticipación.

Maye tembló violentamente al verlo.

- Maye: No… por favor… ¡no!

La eriza intentó correr hacia la puerta, pero Mephiles la atrapó en un segundo.

La sujetó con fuerza brutal por la cintura y la lanzó sobre la cama.

Con un tirón salvaje, rasgó la lencería negra, dejando su cuerpo completamente expuesto.

Sus grandes pechos, cintura estrecha, caderas anchas y muslos gruesos quedaron al descubierto, sus curvas exuberantes, piel suave y pelaje rojizo brillante.

- Mephiles: Carajo … qué cuerpo tan perfecto.

Gruñó el azabache, pasando sus manos ásperas por sus pechos, apretándolos con fuerza

- Mephiles: Eres una puta diosa.

Maye lloraba y forcejeaba, pero él era mucho más fuerte.

La sujetó por las muñecas con una mano y le abrió las piernas con las rodillas.

Mephiles se colocó encima de ella, alineó su enorme miembro contra su entrada seca y empujó con fuerza salvaje.

Maye gritó de dolor cuando él la penetró de un solo golpe brutal, rompiendo su interior.

Sangre tibia empezó a brotar alrededor de su grosor,

manchando las sábanas.

- Maye: ¡Aaaahhh! ¡Duele! ¡Por favor, sácalo! ¡Me estás rompiendo!

Sollozaba ella, arañando su pecho.

Mephiles no se detuvo. Empezó a embestir con golpes profundos y violentos, haciendo que sus pesados testículos golpearan contra ella.

Sus pechos rebotaban con cada impacto mientras él gruñía de placer.

La volteó bruscamente poniéndola en cuatro. Agarró su larga melena rojiza como riendas y tiró con fuerza hacia atrás mientras volvía a penetrarla de un golpe seco.

La sangre facilitaba el movimiento, pero el dolor era insoportable.

Mephiles follaba como un animal, golpeando su cadera contra su culo redondo con fuerza brutal, dejando marcas rojas en su piel.

- Maye: ¡Nooo! ¡Por favor, Mephiles! ¡Me duele mucho!

lloraba la joven eriza, con la cara hundida en las sábanas, el cuerpo temblando.

Él solo respondía con embestidas más fuertes, azotando su culo con la mano libre.

Mephiles se acostó de espaldas y la levantó como si no pesara nada, sentándola encima de él.

Agarró sus caderas con ambas manos y la bajó con fuerza sobre su miembro, empalándola hasta el fondo.

La obligó a moverse arriba y abajo, controlando completamente el ritmo.

Cada vez que bajaba, su miembro golpeaba contra su cuello uterino, haciendo que más sangre goteara por sus muslos.

- Mephiles: Muévete, puta. Quiero verte rebotar en mi verga

Gruñó él mientras Maye sollozaba incontrolablemente, las lágrimas cayendo sobre el pecho de él mientras su cuerpo era usado sin piedad.

El azabache la levantó en el aire, presionándola contra la pared fría. Con sus fuertes brazos bajo sus muslos, la penetró de nuevo mientras la sostenía en el aire.

Sus embestidas eran tan violentas que la espalda de Maye golpeaba contra la pared con cada empuje.

Sus pechos saltaban contra su cara mientras él mordía uno de sus pezones con fuerza.

- Maye: ¡Me vas a matar! ¡Por favor… ya no más!

Suplicaba ella entre gritos ahogados.

La sangre seguía corriendo por sus piernas, pero Mephiles solo gemía de placer, follándola más duro.

Luego el mafioso la tiró sobre la cama, levantó sus piernas hasta que sus pies quedaron cerca de su cabeza, doblándola completamente.

Desde arriba, la penetró con toda su fuerza y peso, martilleando hacia abajo como un pistón.

Esta posición era la más profunda y dolorosa. Maye gritaba sin parar, su cuerpo convulsionando de dolor mientras él la destrozaba.

- Mephiles: Eres mía, Maye Bravo. Tu coño me pertenece ahora

Rugió el azabache, acelerando el ritmo.

Después de varios minutos brutales, Mephiles soltó un gruñido animal y se corrió violentamente dentro de ella, llenándola con chorros calientes y espesos.

Se quedó enterrado hasta el fondo varios segundos, disfrutando de su calor y de los sollozos de la eriza.

Maye yacía debajo de él, destrozada, sangrando, temblando y llorando en silencio. Su cuerpo estaba cubierto de moretones y marcas de manos.

Mephiles se inclinó, lamió una lágrima de su mejilla y susurró con voz ronca.

- Mephiles: Esto apenas es el comienzo, mi nueva mascota. Bienvenida a tu nueva vida.

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El dia siguiente....

Maye despertó lentamente.

Un dolor insoportable recorrió todo su cuerpo apenas intentó moverse.

Soltó un pequeño quejido.

Las sábanas negras estaban manchadas.

Sangre.

Semen.

Su respiración comenzó a agitarse.

Y entonces recordó.....

La noche anterior, las manos de Mephiles sujetándola con fuerza.

Sus órdenes.

Sus mordidas.

El dolor.

Las lágrimas que él ignoró completamente.

Maye cerró los ojos con fuerza mientras el pánico la consumía.

Lo último que recordaba era la voz grave de Mephiles junto a su oído.

- Mephiles: Bienvenida a tu nueva vida.

Una lágrima cayó por su mejilla.

No podía creerlo, en una sola noche lo había perdido todo.

Su hogar.

Su libertad.

Su cuerpo.

Maye se abrazó a sí misma temblando.

Quería despertar, quería que todo fuera una pesadilla.

Pero el dolor entre sus piernas le recordaba que era real.

La puerta de la habitación se abrió.

La joven eriza se sobresaltó inmediatamente.

Las cuatro sirvientas entraron en silencio.

Amy, la eriza rosa, fue la primera en acercarse.

Su expresión cambió apenas vio el estado de Maye.

Blaze también la observó en silencio.

Había moretones oscuros en sus piernas y caderas.

Marcas de mordidas en su cuello y hombros. Sangre seca aún sobre su piel.

La eriza rosa tragó saliva.

- Amy: Vinimos a limpiarte…

Maye bajó la mirada avergonzada mientras las lágrimas seguían cayendo.

Las otras dos sirvientas comenzaron a cambiar las sábanas rápidamente mientras Amy y Blaze ayudaban a Maye a levantarse.

Cada movimiento le dolía. La llevaron lentamente hacia el enorme baño privado.

Cuando Maye vio su reflejo en el espejo… sintió ganas de vomitar.

No se reconocía.

Parecía rota.

Amy y Blaze la ayudaron a entrar en la enorme tina de agua tibia.

El agua inmediatamente comenzó a teñirse ligeramente de rojo.

Maye apartó la mirada.

Amy tomó una esponja con cuidado.

- Amy: Por cierto mi nombre es Amy…

La eriza rosa hablaba suavemente, casi como si intentara no asustarla más.

La gata morada suspiró.

- Blaze: Y yo soy Blaze.

Maye permaneció en silencio.

Amy la miró con tristeza.

- Amy: No te preocupes, sabemos que te llamas Maye.

Las manos de Amy comenzaron a limpiar cuidadosamente los moretones de sus brazos mientras Blaze limpiaba la sangre seca de sus piernas.

Maye apretó los labios intentando no llorar.

Pero no pudo soportarlo más.

Se quebró.

Las lágrimas comenzaron a caer sin control.

- Maye: Quiero irme…

Susurró la joven eriza, su voz salio completamente rota.

- Maye: Por favor… Ayúdenme

Amy cerró los ojos unos segundos.

Blaze fue quien habló primero.

Blaze: El jefe suele aburrirse rápido.

Maye levantó lentamente la mirada.

- Blaze: Al quinto día… a veces antes.

El corazón de Maye dio un pequeño salto de esperanza.

Pero Amy habló enseguida.

- Amy: Aunque… algunas veces las mata.

El silencio cayó pesadamente sobre la habitación.

Maye sintió que algo dentro de ella terminaba de romperse.

Miró el agua de la tina, luego murmuró con la voz completamente vacía.

- Maye: Entonces quiero morir.

La eriza rosa abrió los ojos sorprendida.

Blaze bajó la mirada.

Por un momento ninguna supo qué decir.

Y quizás por primera vez en mucho tiempo… ambas sintieron pena real por alguien dentro de esa mansión.

Amy fue la primera en abrazarla.

Blaze dudó unos segundos antes de hacer lo mismo.

Maye comenzó a llorar contra ellas mientras su cuerpo seguía temblando.

Pero incluso entre esos brazos cálidos…

Ella ya lo sabía.....

Aquella mansión no era un hogar.

Era una sentencia de muerte.

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Bien este es el primer capítulo de este fanfic, ¿que tal? Esto es solo el comienzo... les aviso esta historia sera fuerte.

Bien, gracias por leer y darle una oportunidad a esta historia, no es Shadonic pero ellos estarán en la historia como pareja, juntos con mas personajes.

Perdón por algun error ortografico, recuerden que tengo canal de WhatsApp y cuenta de tik tok .

Nos vemos ♥️❤️💖

¡Cuéntale a Maye lo que piensas sobre este capítulo!
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