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REINADO DE LAS SOMBRAS

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Sinopsis

Reinado de las Sombras Kaeren no busca salvar el mundo; el mundo ya está perdido. Tras abandonar una hermandad que se pudría desde adentro, se convirtió en el blanco de los mismos hombres a los que una vez llamó hermanos. Marcado por una pérdida irreparable tras el ataque de aquellos que lo perseguían, el último Acechador vaga por un reino sumergido en tinieblas.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Michel G.N
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Parte 1: Respuestas

Donde la luz del Sol apenas llega, donde el cantar de las aves no tiene melodía, un hombre camina por las sombrías llanuras de un reino sumergido en las tinieblas.

No busca salvar el mundo, ya que el mundo no tiene salvación; busca... ¡VENGANZA!

Su esposa fue abusada y degollada como cordero, arrebatando la vida así a su único hijo, que apenas llevaba un mes dentro del vientre de su madre.

Kaeren es un Acechador Exiliado. Conoce bien cómo hacer su trabajo; es capaz de acabar con cualquier enemigo que se le ponga enfrente...

—¡Snif, snif! ¿A dónde creés que vas, humano inmundo? —dice una criatura prepotente, interfiriendo el camino de Kaeren.

—¡Argh! Sal de mi camino, apestoso sátiro con olor a mierda, o te corto la cabeza con mi hoja —dice Kaeren con fastidio y enojo en su voz.

Sin perder tiempo, Kaeren desenvaina una de sus dos espadas y avanza hacia el sátiro a una gran velocidad, cortándole limpiamente la cabeza en el acto. No hubo queja de dolor, no hubo sangre. Su espada, imbuida en una ardiente llama, había cauterizado la herida en el momento. Kaeren enfunda su espada y prosigue su camino.

Después de una larga caminata, Kaeren llega a un pueblo buscando algo que beber y comer; en él habitaban enanos.

Los enanos son personas un poco distintas a los humanos normales. Tienen sus normas, leyes y reglas que cumplir, pero también trabajan, se emborrachan y golpean a su mujer en casa, como todo buen hombre enano.

Caminando, Kaeren veía de reojo cómo todos los enanos que pasaban a su lado se le quedaban viendo, como si no vieran a un humano ordinario, sino a algo más. Kaeren llega a la puerta de una taberna, cruza la entrada y se dirige a una mesa; pidiendo una cerveza negra al tabernero, se sienta en solitario.

—¡Eeh, tú! ¡Acechador! Creés que no sé lo que eres, lo veo en tus ojos, buscás algo... Oo, ¡glup!... ¡hic! A alguien —dice acercándose un enano borracho con aliento rancio en la boca.

—Aléjate, enano ebrio, no me hagas perder la paciencia —gruñe Kaeren.

—¡Oooh, vamos! De lejos se ve que precisás un poco de compañía, ¡podría ayudarte en lo que sea que sea tu búsqueda! ¡Hic!

—¿Cómo un borracho como tú podría ayudarme? No estás en tus sentidos, enano.

—Bueno... Sé quién degolló a tu querida Salda...

Kaeren, enfurecido, se levanta del asiento agarrando del cuello al enano, levantándolo y mirándolo a los ojos, gruñendo:

—¿¡Qué acabas de decir, sucia rata!?

El enano, con pocas fuerzas para hablar, le advierte a Kaeren:

—Tranquilízate... No querrás... armar una batalla campal de enanos... Mira alrededor...

Kaeren calma su ira y baja al enano, soltándolo del cuello, haciendo que este se cayera.

—Bueno... ya puedes respirar bien. Habla, maldito, ¿cómo sabes el nombre de mi esposa?

—Bueno, ¡cof, cof!, puedo... ¡cof!... leer mentes... literalmente. No lo digo con sarcasmo; por los Dioses, ¡sí que aprietas fuerte!

—¿¡Crees que soy estúpido, maldito!? ¿¡Cómo un enano va a leer mentes!?

—Aunque no lo creas, nací con este don... o maldición, mejor dicho. Bueno, la cosa es que sé de alguien que está en otro pueblo a kilómetros de aquí, que se dedica a hacer trabajos, se podría decir, sucios. Bueno, ese tipo tuvo que ver con lo de tu esposa; que cómo lo sé, te estás preguntando: bueno, le leí la mente, ya que anduvo por aquí hace un tiempo.

—No digas más, llévame a hacia esa persona. No veo razones para desconfiar de ti, enano, pero si llega a ser mentira lo que dijiste, te arrancaré la lengua y te la haré tragar garganta abajo.

—Entendido, nada de mentiras.

Kaeren, junto al enano que acababa de conocer, caminan hacia Mirra, otro pueblo en donde habitan perros sarnosos, ladrones y prostitutas.

Luego de tres horas de viaje, Kaeren y el Enano llegaron a Mirra. El lugar lucía lúgubre, con casas arruinadas; a lo lejos se escuchaban los aullidos de agonía de algunos perros sarnosos.

—Bueno, aquí estamos; llegamos a Mirra.

—De prisa, Enano, no perdamos más tiempo. Guíame hacia ese tipo que conoces, ¿dónde se ubica?

—El tipo está a unas cuadras, sígueme.

Kaeren y el Enano caminaban por las calles de Mirra. Mientras avanzaban, el lugar se ponía cada vez más tenso; una neblina densa reducía la visibilidad y, a lo lejos, se podía distinguir una silueta oscura.

En un parpadeo, la silueta que se veía a lo lejos desapareció. Kaeren y el Enano pararon de golpe y miraron a su alrededor, pero no veían nada. De pronto, Kaeren logró sentir un susurro detrás de su oreja; desenvainó una de sus espadas y dio un tajo hacia atrás, pero la silueta se desvaneció otra vez.

—Nalusa.

—¿Qué mierda dijiste?

—Es un Nalusa, Acechador; un ser oscuro que se alimenta con almas de personas cuyos pensamientos son malos.

—¡Agh, mierda! No esperaba que un Nalusa apareciese en nuestro camino. Tendré que encargarme de él.

—Su punto débil es estar con la mente en calma... y la luz o fuego, por supuesto.

—¡Cállate, Enano!

El Nalusa vuelve a aparecer, esta vez frente a Kaeren. Él cae arrodillado mientras se agarra la cabeza; recuerdos y voces empiezan a atormentarlo. Su mente está siendo invadida.

—¡Oh, mierda! Acechador, ¿me escuchas? No dejes que te atormente, tienes que luchar, calma tu mente...

—¿Kaeren? ¿Kaeren? ¿Dónde estás?

—¡Ya voy, mamá! ¿Qué pasa, ma? Aquí estoy.

—Es hora de cenar. Ven adentro, que se está poniendo frío para ti.

—Agh, está bien...

Kaeren se encuentra sumido en un sueño cálido y hogareño, pero era solo eso: un sueño. Mientras tanto, Kaeren observa cómo su pequeño «yo» entra a la casa; sin pensarlo, lo sigue dentro.

—Siéntate, Kaeren, ya te sirvo la cena —dice su madre.

El pequeño Kaeren se acerca a la mesa, toma la silla y se sienta. Su madre, por otro lado, le sirve un plato de sopa caliente con verduras y un poco de carne de ciervo.

—Maldición, tengo que despertar. Debe de haber alguna manera de hacerlo.

Kaeren no pierde tiempo viendo falsas ilusiones y empieza a buscar formas de salir del sueño. Intento tras intento, no encuentra cómo escapar; podría jurar que pasaron no uno, sino cientos de años atrapado dentro, hasta que, en uno de sus intentos:

—¡Maldición! ¡Raaa! —Kaeren pega un grito de frustración—. ¡No aguanto más! ¿Qué hago? ¡Mierda, mierda, mierda! Maldito Nalusa... ¿Acaso es esta mi muerte? Perdóname, Salda... No lo logré, lo intenté, pero no pude.

—Aún hay salida, hijo mío —dice la madre de Kaeren con una voz calmada y tranquilizadora.

—Madre... ¿Qué debo hacer?

—Solo hay una salida para todo este sufrimiento. ¿Recuerdas que hice yo?

—Cómo no recordarlo: me abandonaste. Me dejaste solo y muriéndome de hambre luego de que mi padre murió.

—No... Tu padre me abandonó. Me dejó sola con un niño insoportable al que tenía que cuidar todo el tiempo, sin descanso, día y noche llorando.

—Ya cállate, maldita perra. Sé muy bien que no eres mi madre, solo eres un producto de mi mente atormentada.

—Mierda, y pensé que iba a funcionar.

La figura de la madre se desfigura, volviéndose una silueta oscura.

—Tendré que hacerlo por mi cuenta.

El Nalusa avanza hacia Kaeren. Él esquiva el ataque rodando hacia el costado; una vez desenvainada, su espada se imbuye de una ardiente llama.

—Llegó la hora de que mueras, engendro del mal —dice Kaeren con confianza en su voz.

Kaeren lanza un rápido tajo hacia el Nalusa; al ser oscuro no le da tiempo y Kaeren le corta un brazo.

—Así que tienes más de un punto débil, ¿eh? Tu cuerpo se vuelve tangible al entrar a la mente de una persona... Qué mal por ti —dice Kaeren con un tono burlón.

Kaeren embiste con tajos rápidos. Al Nalusa no le da tiempo de reaccionar y apenas puede esquivar los ataques. Kaeren le corta el otro brazo, da un tajo giratorio y le corta la cabeza.

El Nalusa se desintegra frente a Kaeren y una luz brillante lo ciega y lo obliga a tapar su visión. Cuando abre los ojos, se encuentra arrodillado.

—Acechador, estás despierto. ¿Mataste al Nalusa? __ ¿Cómo lo hiciste?.

__ Fue sencillo, solo tuve que fingir todo el tiempo, caer a propósito en la ilusión del Nalusa y actuar como la presa, cuando en realidad era el cazador.

__ Si que eres Masoquista.

Sin perder ni un minuto más, ambos se dirigen hacia su verdadero objetivo: llegar con el tipo que tiene las respuestas que Kaeren anda buscando.

Mientras iban caminando, se encontraban con diferentes escenarios: vagabundos sucios por sus propios desechos y prostitutas en las esquinas, buscando algo de dinero de ladrones que se encontraban de paso por Mirra.

Una vez llegado a su destino, Kaeren miraba la choza en la que se refugiaba su objetivo con una rabia interna, deseando que allí se encontrase para tener respuestas, aunque tuviera que darle una paliza de muerte.

—Bueno, acechador, ¿vas a entrar a las patadas rompiendo la puerta o te la abro yo?

—Silencio, enano —dijo Kaelen con un tono algo irritado.

Kaeren pateó la puerta de forma brusca y, al cruzar, vio la nada misma: ni rastro de alguna persona, exceptuando una nota que el acechador vio apenas entrar. Tomó el papel y la leyó.

—Hermanos, no aguanto más. Esta culpa y el remordimiento me carcomen la mente; han pasado varias semanas en las que mis ojos no descansan bien. No desde lo que hicimos, ese "trabajo" importante que nos encomendaron los altos rangos. No puedo creer que le hiciéramos esto a un viejo camarada, a un hermano de armas. Tengo el mal presentimiento de que una tormenta se acerca, una capaz de destruir todo a su paso. No quiero tener que vivir eso; por eso he optado por una decisión que nosotros, los acechadores, no podemos tomar según nuestros votos. Pero me está costando demasiado seguir manteniendo este secreto. Kaeren, si por casualidad del destino llegas a leer esto, ¿serías capaz de perdonarme?

Kaeren soltó el papel, apretando los puños hasta que sus nudillos crujieron. Su voz salió como un susurro cargado de furia:

—Malditos traidores, hijos de puta.

—¡Tú, maldito enano! Eres capaz de leer mentes. Sabías desde un principio de quiénes se trataba; podías haberme dicho para no hacerme perder tiempo en distracciones. Podría estar en este momento desmembrando a cada uno de estos traidores.

—Bueno, sí, sabía desde el principio, pero recuerda que tú fuiste el primero en traicionarlos. Tú te exiliaste, abandonaste a tus "hermanos" cuando viste que empezaban a manifestarse problemas y cambios en tu hermandad.

—Decidiste alejarte junto a tu mujer, Salda, a un lugar apartado. Pero tú, en el fondo, sabías que una consecuencia tenía que haber. Al final, pasó lo que pasó y yo lo lamento mucho, Kaeren, pero cada acción tiene su reacción. Y tú ahora tienes las respuestas que buscabas... No olvides ver el sótano.

Kaeren, en silencio y sin decir una palabra, mantiene su mano sobre la empuñadura de su espada, pero la suelta lentamente.

—Te cortaría la cabeza en este momento, enano, pero tengo mejores cosas que hacer.

Kaeren bajaba las escaleras hacia el sótano. Un olor nauseabundo le penetró la nariz y, al llegar al final, se encontró con el cuerpo de un viejo camarada que había sido devorado lentamente por las ratas tras romperse la soga de la que estaba colgado.

Kaeren se detuvo ante el cadáver.

—Grut... Reconocería ese olor a kilómetros.

Kaeren miró con extrañeza el cadáver de lo que alguna vez fue un gran Acechador; un hombre que, por culpa de una hermandad corrupta que cambió sus valores y principios, se vio obligado y amenazado a seguir órdenes que le repugnaban. Kaeren, en ese momento, no sintió absolutamente nada.

Sin decir una palabra ni dedicarle una mirada al enano, Kaeren subió las escaleras y atravesó la choza hasta salir a la calle. Dejó el sótano atrás, perdiéndose en la neblina de Mirra mientras sus botas resonaban contra el suelo. En este momento, se encuentra procesando todo lo ocurrido con su esposa, el enano que lee mentes y, sobre todo, lo de Grut. La silueta de Kaeren se desvanece en el horizonte.

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