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Seducido Por Un Vampiro (hyunsaeng)

Sinopsis

Heo young saeng es un chico algo tímido, el jamás pensó en conocer a un vampiro y peor caer en la redes de este. ♧ este one-shot está hecho a imaginación mía. ♧ no copia ni adaptación.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Seducido por un vampiro

Pov Young Saeng

Era una noche fría, de esas en las que el viento se cuela entre la ropa y eriza la piel. Caminaba por el sendero oscuro que lleva hasta mi casa, con la única compañía del sonido de mis propios pasos y la luz tenue de la luna. De pronto, a lo lejos, distinguí una silueta inmóvil. Al instante, sentí que esa figura se percató de mi presencia; aunque estaba lejos, tuve la extraña sensación de que sus ojos estaban fijos en mí.

El pánico se apoderó de mí y aceleré el paso, casi corriendo hasta llegar a la puerta de mi hogar. Antes de entrar, reuní valor y miré hacia atrás una última vez. Lo vi ahí parado, y lo que me heló la sangre no fue su presencia, sino el brillo intenso y carmesí de sus ojos, que resaltaban en la oscuridad. Entré de golpe, cerré con seguro y me dejé caer en el sofá, respirando agitadamente. ¿Quién era? ¿Qué quería? La imagen de esa mirada roja no se borraba de mi mente.

~ Al día siguiente ~

Ya me disponía a salir para ir a la escuela, cuando de repente, una mano fuerte me sujetó de la muñeca con firmeza y me arrastró de nuevo al interior de la casa, cerrando la puerta detrás de nosotros. El miedo me paralizó; mi corazón latía tan fuerte que temí que se me saliera del pecho.

— Hola — dijo una voz suave, acompañada de una sonrisa que, por algún motivo, me puso aún más nervioso.

— ¡T-tú...! ¿Quién eres? ¿Qué haces dentro de mi casa? — tartamudeé, retrocediendo instintivamente.

— ¿No te acuerdas de mí...? Soy el chico que viste anoche en el camino... Y bueno... te seguí hasta aquí — respondió con total naturalidad, como si lo que decía fuera lo más normal del mundo.

«No puede ser», pensé, sintiendo cómo el miedo crecía dentro de mí. ¿Me había seguido? ¿Todo este tiempo había estado acechándome? Di un paso atrás, luego otro, hasta que mi espalda chocó contra la puerta de madera. ¿Era un acosador? ¿Qué quería de mí?

— ¿Qué pasa?... No me digas que tienes miedo — susurró, acercándose lentamente. En ese momento, bajo la luz del pasillo, vi cómo sus labios se separaban levemente, dejando al descubierto unos colmillos afilados y brillantes.

Mis piernas me fallaron y caí sentado al suelo, impactado por la realidad. No era un simple acosador... ¡Tenía a un vampiro, un ser de leyenda, justo frente a mí, dentro de mi propia casa!

— P-por favor... no me hagas daño... Te prometo que te daré lo que sea, lo que quieras... solo no me lastimes — supliqué con la voz rota por el temor.

— No tenía intención de hacerte daño... Por cierto, me llamo Kim Hyun Joong... Y tú, precioso, ¿cómo te llamas? — preguntó, mirándome con una intensidad que me hizo estremecer.

— M-me llamo... H-Heo Young Saeng... — respondí bajando la mirada, incapaz de sostenerle la vista.

— Eres tan lindo — murmuró, acercando su mano para acariciarme la mejilla con una ternura que contrastaba con lo que era.

Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, impulsadas por el miedo y la confusión. Él solo sonreía, disfrutando de mi reacción.

— Tengo sed — dijo de pronto, separándose un poco de mí, aunque sin perderme de vista.

— ¿Q-quieres agua...? — ofrecí tímidamente, mientras me esforzaba por ponerme de pie, temblando por todo el cuerpo.

— No... No quiero agua... Lo que quiero es sangre — respondió lentamente, saboreando cada palabra.

— N-no... yo no tengo... — balbuceé, retrocediendo nuevamente.

— Está bien... por ahora — dijo, y comenzó a caminar despacio por la habitación, observando todo con curiosidad, hasta que se detuvo y me miró con seriedad — ¿A dónde ibas con tanta prisa?

— A... a la escuela — contesté con voz apagada.

— ¿Ah, sí? ¿Eres menor de edad? — una sonrisa juguetona volvió a iluminar su rostro — ¿Cuántos años tienes?

Me acorraló contra la pared, reduciendo el espacio entre nosotros hasta que apenas nos separaba unos centímetros. Su presencia era abrumadora.

— Tengo 18 años... — dije, bajando la cabeza — ¿Y t-tú... cuántos tienes?

— Eres aún más lindo cuando te pones así — levantó mi mentón con dos dedos, obligándome a mirarlo a los ojos — Yo tengo 27 años.

Sus ojos eran hipnóticos; me sentía atrapado en esa mirada profunda y oscura. De repente, sentí algo húmedo y suave sobre mis labios: me estaba besando. Al principio me quedé rígido, pero extrañamente, la sensación no era desagradable. Al contrario, una calidez extraña recorrió mi cuerpo. Abrí lentamente la boca y él aprovechó para introducir su lengua, explorándome con avidez. Ahogué un gemido contra sus labios, perdido en esa sensación nueva e intensa.

Su mano comenzó a deslizarse bajo mi suéter, recorriendo mi piel, y dondequiera que sus dedos tocaban, dejaban una sensación de calor que me quemaba la sangre.

— ¿Te gusta lo que sientes? — susurró contra mi oído, con una voz ronca y cargada de deseo.

— S-sí... — respondí, sin saber muy bien lo que decía, arrastrado por la sensación.

— ¿Quieres sentirte mucho mejor...? — sonrió, y esta vez su sonrisa tenía un matiz perverso y tentador.

— S-si... — fue lo único que logré articular.

Sin esfuerzo alguno, me tomó en brazos y me llevó hasta mi habitación. Al abrir la puerta, me depositó suavemente al borde de la cama y comenzó a quitarme la ropa con movimientos ágiles y decididos. Él hizo lo mismo con la suya, dejando al descubierto un cuerpo esculpido, fuerte y perfecto. Pero lo que realmente me devolvió a la realidad fue ver la inmensa erección que tenía. Era evidente que me tomaría por completo, y me pregunté aterrado si lograría resistirlo.

Él notó mi inquietud y sonrió con malicia.

— ¿Tienes miedo? — susurró mientras se inclinaba sobre mí — Te ves aún más hermoso cuando estás asustado... Tengo ganas de tocarte por completo, cada rincón de tu cuerpo.

— E-esto no está bien... Somos hombres... — intenté razonar, aunque mi voz sonaba débil.

— ¿Y quién dijo que los hombres no podemos hacer el amor? Además, debes saber algo: no eres el primero con el que he estado — respondió con total seguridad.

— No... No quiero... Aléjate de mí — traté de retroceder, pero mis movimientos me hicieron caer sobre el colchón, quedando a su merced.

— Nunca antes había sentido este deseo tan intenso por nadie... y mucho menos por un simple humano — confesó, mirándome con una pasión desbordante.

— Por favor... no me lastimes... repetí, sintiéndome pequeño e indefenso.

Se posicionó encima de mí, sujetándome para que no pudiera escapar, y acercó sus labios a mi cuello, lamiendo la piel con deleite.

— Seré muy bueno contigo... te lo prometo.

— Nhg... — gemí sin querer, cerrando los ojos.

Cada toque suyo me hacía estremecer; solo con sentir su aliento caliente en mi piel, mi cuerpo reaccionaba por sí mismo. Comenzó a jugar con mis pezones, haciéndolos sensibles, provocando que mis gemidos fueran más frecuentes y altos. Al mismo tiempo, rozaba su miembro contra el mío a través de la ropa interior, enviando descargas de placer por todo mi ser.

— Ah... un... — no podía hablar, solo podía dejarme llevar.

— Ya no puedo esperar más... Te voy a enseñar lo que es el verdadero placer, te llevaré al cielo — dijo con voz profunda.

— E-eh?!... — abrí los ojos, confundido por la intensidad de sus palabras.

— Chupa esto — ordenó, poniendo dos dedos largos frente a mi boca — Hazlo bien.

Obedecí, abrí los labios y lamí sus dedos, introduciéndolos en mi boca y humedeciéndolos como me pedía. Cuando estuvo satisfecho, los retiró lentamente.

Pov Hyun Joong

Nunca en mi larga existencia me había sentido así. Desde el momento en que lo vi caminando esa noche, solitario y frágil, sentí que algo dentro de mí se rompía: un deseo salvaje, la necesidad absoluta de poseerlo. Lo seguí hasta su casa, memoricé cada detalle del lugar y me marché solo para planear cómo volvería a verlo.

Salí a cazar para saciar mi sed, pero mi mente no dejaba de pensar en él. Al amanecer, regresé y lo vi a través de la ventana, durmiendo plácidamente. Me quedé ahí afuera, esperando pacientemente, como un depredador esperando a su presa. Cuando por fin salió, aproveché el momento para entrar en su vida tal como quería. De cerca, era mucho más lindo de lo que imaginaba: dulce, inocente, asustado... y todo eso me volvía loco.

Sentía que podría morir si no lo hacía mío en ese instante. Quería estar dentro de él, quería que solo sintiera mi calor. Cuando vi cómo lamía mis dedos con esa inocencia, casi pierdo el control por completo.

Bajé mi mano hasta su entrada y, sin previo aviso, introduje los dos dedos húmedos en su interior.

— ¡Ahh! ¡D-duele...! — se quejó, arqueando la espalda por el dolor repentino.

Ignoré sus quejas; el dolor era necesario para prepararlo para mí. Comencé a mover los dedos dentro de él, buscando el punto que lo hiciera gemir de gusto, estirando suavemente para que se acostumbrara a la sensación. Cuando sentí que ya estaba lo suficientemente relajado y húmedo, retiré mi mano y acerqué mi miembro palpitante hasta su entrada.

Él tenía los ojos cerrados con fuerza, y sus manos se aferraban a mi espalda con desesperación. Rozé la punta contra su abertura y, con un movimiento lento y firme, me introduje hasta el fondo. Vi cómo una lágrima resbalaba por su mejilla al sentir la penetración completa.

— D-duele... mucho... por favor... sácalo... — suplicó con voz entrecortada.

En lugar de detenerme, comencé a embestirlo con más fuerza y velocidad, perdiéndome en la sensación de estar llenándolo por completo. Él me arañaba la espalda, dejando marcas que no me importaban en absoluto; al contrario, me gustaba saber que me dejaba su huella. Sin salir de él, me senté en la cama y lo acomodé sobre mis piernas, de modo que ahora él estaba arriba y yo podía controlar el ritmo desde esa posición.

Lo embestí con más fuerza aún, haciéndolo saltar sobre mí, mientras él me sujetaba del cuello para mantenerse en pie.

— Nngh.... Ah!... H-Hyun... por favor... — gemía al ritmo de mis movimientos.

— Di mi nombre... Dilo todo para mí... — le ordené al oído, con la garganta seca de deseo.

— H-Hyun J-Joong.... — susurró con voz ronca y llena de placer.

Me encantaba cómo sonaba su voz, especialmente cuando decía mi nombre entre gemidos. No podía parar, lo deseaba con cada célula de mi cuerpo. Quería que sus ojos solo me vieran a mí, que su mente solo pensara en mí.

— H-Hyun... ya... me vengo... — avisó, temblando por todo su cuerpo.

Se vino entre los dos, derramando su placer sobre nuestros vientres, y segundos después yo también me vine dentro de él, llenándolo por completo. Pero ni siquiera después de terminar pude detenerme. A pesar de que él estaba sin aliento, con la respiración agitada y el cuerpo cansado, yo necesitaba más, mucho más de él.

— H-Hyun... ya no... no puedo más... — dijo con voz débil, casi inaudible.

Su cuerpo se derrumbó contra mi pecho y lo recosté suavemente sobre las sábanas. Se veía tan frágil, tan hermoso...

Antes de él, mi vida era siempre igual: cuando me acostaba con otros humanos, fueran hombres o mujeres, en cuanto terminaba, los mataba y dejaba sus cuerpos tirados en la calle como si fueran basura. Nunca me importó nadie, ni me detuve a pensar en ellos.

Pero con Young Saeng todo era diferente. No quería hacerle daño, al contrario... quería protegerlo con mi vida. Necesitaba asegurarme de que jamás se alejara de mi lado. Me levanté, fui al baño a limpiarme y regresé con una toalla húmeda para limpiar su cuerpo con mucho cuidado y ternura. Lo vestí nuevamente y le di un beso suave en los labios.

Salí de casa; ya era de noche y habíamos pasado todo el día encerrados. Era obvio que él se desmayaría de agotamiento y necesitaría cosas cuando despertara. Mientras caminaba hacia la farmacia, vi a un hombre golpeando brutalmente a un perro atado con una correa. Al ver eso, algo se encendió en mí.

Me acerqué con paso firme y él me miró con arrogancia.

— ¡Suéltalo ahora mismo! — le ordené con frialdad.

— ¿Tú quién te crees, mocoso... para hablarme así? — me gritó, amenazante.

— Hay algo que no soporto en este mundo, y es que maltraten a los animales... — dije acercándome lentamente, ocultando mis intenciones.

El hombre se echó a reír y levantó la mano para golpear de nuevo al animal, pero yo fui más rápido. Detuve su brazo con fuerza y sonreí de una forma que helaría la sangre a cualquiera.

Lo atraje hacia mí y, sin dudarlo, le clavé los colmillos en el cuello. Él intentó defenderse, pero no tenía ninguna oportunidad contra mí. Poco a poco, su pulso se fue debilitando mientras yo absorbía cada gota de su sangre hasta quedar completamente satisfecho.

Dejé su cuerpo inerte en el suelo, tomé al perro en mis brazos y lo llevé hasta la entrada de la farmacia, asegurándome de que estuviera cómodo con su correa. Compré la medicina que necesitaría Young Saeng para los dolores de cuerpo, y después pasé por una tienda de comida para llevarle lo que más le gustaba.

Al llegar a casa, dejé al perro en la sala y puse la comida sobre la mesa de la cocina.

— ¿H-Hyun? — escuché su voz débil desde el pasillo.

— ¿Qué haces de pie? — fruncí el ceño, acercándome rápidamente a él.

— Aush... — se quejó, perdiendo el equilibrio y cayendo al suelo.

Lo levanté en brazos y lo llevé hasta el sofá. Saqué la medicina y él me miró con ojos confundidos y soñolientos.

— Tómate esto... si no quieres que tu cintura te duela por tres días seguidos — le dije con suavidad.

— Está bien... — aceptó obedientemente.

Le acerqué un vaso con agua y se tomó el medicamento sin quejarse. Entonces, su mirada se desvió hacia el animal que estaba a su lado y sus ojos brillaron de ternura.

— Qué lindo... — murmuró, acariciando la cabeza del perro.

— Es tuyo... — dije yo, como si fuera algo insignificante.

— ¿EH? ¿Mío? — abrió los ojos sorprendido.

— Lo vi en el camino y pensé que te gustaría tenerlo. También traje comida, está ahí en la mesa.

No le conté la verdadera historia ni cómo me deshice de su antiguo dueño; si le decía que salvé al perro matando a a su amo, dañaría la imagen que quería que tuviera de mí. O tal vez simplemente quería guardarme esa parte oscura solo para mí.

— Gracias... por todo... por el perro, por la medicina, por la comida... — dijo bajando la mirada, tímido — Pensé que te irías en cuanto terminaras...

— Yo... jamás te dejaré — respondí con total firmeza, tomando su rostro entre mis manos.

— No te entiendo... ¿Por qué haces todo esto?

— Porque ahora me perteneces — sonreí, disfrutando de ver cómo se sonrojaba.

— Eso dices ahora... pero cuando te aburras, me dejarás como a los demás... — susurró con tristeza.

— Escúchame bien: yo no te dejaré nunca. Y si tú alguna vez piensas en dejarme o alejarte de mi lado... te buscaré por cielo, mar y tierra, hasta encontrarte. Porque eres solo mío, y de nadie más.

— Hyun... — sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez, pero esta vez eran distintas.

— A partir de ahora, eres mi novio... — declaré, como si fuera la ley más importante del universo.

— ¿T-tu novio? — repitió, confundido pero con una sonrisa asomando en sus labios.

— Sí, mi novio. ¿Hay algún problema?

— No... está bien... — respondió, mirando hacia otro lado para ocultar lo mucho que se estaba sonrojando.

— Escucha esto también... Si alguien intenta tocarte, acercarse demasiado a ti o pretende tener algo contigo... lo mataré — le dije, mirándolo fijamente para que entendiera que hablaba en serio — Sin importar quién sea.

— E-está bien... te entiendo... — asintió asustado, pero a la vez tranquilo con mi protección.

— Ven aquí, a mis brazos... — le pedí, abriéndole los míos.

Se acercó con pasos tímidos y me abrazó con fuerza. Lo levanté y lo senté sobre mis rodílla, besándolo con todo el amor y el deseo que sentía.

Mi corazón, que creía muerto y frío hace siglos, había sido cautivado completamente por un simple humano. Me di cuenta en ese momento de que lo amaba, y que haría cualquier cosa con tal de que él solo me viera a mí, solo me amara a mí, y fuera solo mío para siempre.

*Fin*

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