1: Mensaje.
Ben Tennyson acababa de salir del partido de fútbol con los muchachos y, la verdad, estaba completamente destruido. No solo por el esfuerzo físico, aunque sus músculos también protestaban con fuerza. Lo que realmente lo tenía jodido era el ánimo. Porque pocas cosas le pegan tan duro a un fifas que se toma el fútbol en serio como perder un partido que, en teoría, solo era una juntada con los compas.
Pero en su cabeza se había sentido como si estuviera jugando la final del maldito mundial. Y todo eso había pasado en una cancha de mierda en medio de un parque cualquiera: arcos torcidos, pasto que era más tierra pelada que otra cosa, y líneas medio borradas por el uso y la falta de mantenimiento.
Acababa de cumplir dieciocho en diciembre, pero en ese momento parecía un hombre mucho más cansado de la vida que un adolescente. La camiseta se le pegaba al torso por el sudor ya seco, la piel le picaba por todas partes, las piernas le pesaban como si llevara cadenas, y la garganta le ardía de tanto gritar, insultar y soltar puteadas durante los noventa minutos. No era solo el cansancio muscular; era esa mezcla asquerosa de frustración y bronca que te deja el humor metido en el ojete.
En plena reunión con los compas se había terminado peleando con Cash y JT, esos dos idiotas que venían tocándole las pelotas desde el jardín de infantes. Se suponía que era un partido amistoso, pero cuando se trata de demostrar quién la tiene más grande (en sentido figurado, claro), el espíritu deportivo se va a la mierda más rápido que el respeto.
Ben se alejó de allí con la adrenalina todavía latiéndole fuerte en el pecho, como si el partido no hubiera terminado nunca. Sentía el calor del enojo recorriéndole el cuerpo entero, una tensión que no se le quitaba ni caminando ni murmurando insultos por lo bajo. Necesitaba descargarse de alguna manera urgente. Y en su mente la solución era clara, simple y directa: algo rápido, sucio y efectivo. La clásica “mano amiga” para quitar el estrés.
En resumen, hacerse una paja, para decirlo con más elegancia.
Sin pensarlo dos veces, decidió dirigirse a la zona de caravanas donde su abuelo Max tenía estacionado el viejo Rust Bucket. Sabía exactamente lo que andaba buscando: esa famosa caja llena de revistas porno que el viejo guardaba como si fueran tesoros sagrados. Eran revistas antiguas, algunas parecían sacadas de los años setenta u ochenta, con páginas amarillentas y chicas con peinados que ya nadie usaba. Pero Ben también sabía que cada tanto el abuelo conseguía material más “actualizado”, más para los chavos de hoy en día.
A pesar de que era 2014, con internet en todas partes y celulares que te abrían un mundo infinito de porno gratis en la palma de la mano, Ben seguía prefiriendo esas revistas viejas. No tenía mucho sentido lógico ese tipo de preferencia, pero tampoco le importaba. Había algo especial en esas revistas.
Una vez que vio la vieja carcasa de su abuelo, directamente fue a darle tres toques a la puerta, pero nadie contestó.
“Abuelo, soy yo, sé que la otra vez te dije en broma que te tenía que llevar a un asilo, pero no lo decía en serio... bueno, tal vez un poco sí... Pero no me guardes rencor por eso, viejo.”
Dijo Ben al otro lado de la puerta. Realmente esperaba que Max no le guardara rencor o algo, si quería pedirle prestada ESA caja con las dichosas revistas. Pero, aun así, no había respuestas en el interior del camper. Al final, el castaño probó con meter los dedos en la manija y, con un solo tirón, la puerta se abrió. Al parecer, el vehículo no estaba asegurado con llave.
“Claro... ni cerraste con llave. Viejo senil.”
Adentro lo recibió la oscuridad. Encendió la luz y lo que vio lo hizo detenerse en seco: el lugar estaba hecho un desastre. Cajones abiertos, alacenas revueltas, ropa y sábanas tiradas por el piso, como si alguien hubiera buscado algo con desesperación. Todo estaba patas arriba, pero curiosamente... nada parecía faltar. Los electrodomésticos seguían en su sitio. Nada roto. Nada claramente robado.
“¿Qué pasó aquí...?” Murmuró.
En el suelo vio la billetera de Max. La levantó, la abrió y comprobó que el dinero seguía intacto. Sin pensarlo demasiado, sacó todos los billetes y se los metió en el bolsillo del pantalón corto. Después tiró la billetera a un lado como si fuera basura.
Después de todo, sus prioridades estaban claras.
Ben siguió explorando el desorden. Le importaba una mierda si algún ladrón se había llevado cosas de su abuelo; a él solo le interesaba encontrar esa caja con las revistas. Había algo muy especial en esas páginas y las quería para él como un pajero codicioso. Además, si alguien preguntaba, podía decir que los ladrones se las habían llevado también.
“Vamos, viejo, ¿Dónde las guardas?”
Se agachó frente al gabinete bajo el fregadero y metió la cabeza adentro. Al fondo, casi oculto, vio algo que no encajaba: un pequeño botón disimulado.
“Ajá... con que tenías un escondite.”
Lo presionó sin dudar. Un panel en la pared, justo encima del fregadero, se deslizó con un suave sonido mecánico. Ben levantó una ceja, sorprendido. No entendía cómo algo tan plano como esa pared podía ocultar una caja entera, pero estaba dispuesto a revisar todo.
Su decepción fue enorme cuando vio que en ese compartimento secreto solo había un pequeño disco metálico. Lo tomó y presionó el botón central. De inmediato, desde el centro del disco se proyectó un holograma nítido del propio Max.
“Hola. Si alguien está viendo esto, y estoy seguro de que eres tú, Ben, déjame decirte una cosa: ¡Aléjate de mis revistas!”
Y con eso, el holograma se apagó.
“Genial, el abuelo sabía que yo vendría.” Dijo el castaño.
Ni siquiera se detuvo a cuestionar la tecnología futurista que tenía en las manos. Su cerebro estaba demasiado concentrado en su objetivo. Estaba frustrado porque Max había anticipado todo. Pero entonces el disco volvió a encenderse y apareció un segundo holograma.
“Bien, ahora sí está grabando. Ben, sé que eres tú. Olvida el mensaje anterior, lo hice hace casi dos años y no me dio tiempo de borrarlo. El mensaje que quería dejarte es otro, especialmente para ti.”
El holograma se cortó otra vez y volvió a prenderse después de un segundo.
“Mierda, presioné el botón de cortar y me toca repetir todo... Estuve casi cuarenta minutos hablando con la grabación apagada. En fin, en resumen, si estás viendo esto es porque ya estoy muy lejos. Tal vez no me vuelvas a ver... Así que voy a dejarte la caja con mis revistas.”
Ben sintió una oleada de felicidad y sonrió como un idiota. Su abuelo, su modelo, su guía, su viejo mentor, le estaba dejando su mayor tesoro a él, su querido nieto. Ni siquiera se detuvo a pensar demasiado en eso de “estar muy lejos y que tal vez no lo volvería a ver”. Esa parte no era prioridad. El holograma siguió:
“Pero no te lo voy a dar tan fácil. Lo escondí en otro lugar y vas a tener que buscarlo tú mismo. Esto te servirá de lección para que no toques mis cosas. Ponte a trabajar y ensúciate las uñas por una vez.”
El tono de Max sonaba claramente irritado ahora.
“En fin, te marqué la ubicación en el mapa que dejé en la guantera. Ya tienes licencia de conducir, así que agarra un auto y ve para allá. Y ya que estamos, tienes edad suficiente para dejar la casa de tus padres. Hazles un favor a todos: consigue un trabajo y múdate de una vez. Mis revistas ahora son tuyas; tendrás mucho tiempo libre para desestresarte... siempre y cuando el trabajo no te quite demasiado tiempo. Como sea, esto es un castigo por haber tomado una de mis revistas hace dos años y haberla dejado caer en el fregadero. ¿Creías que no me había dado cuenta de que fuiste tú? Eso es todo. Max, fuera.”
“¡PUTA MADRE ABUELO!”
Toda la admiración que había sentido un segundo antes se evaporó por completo. Ahora solo veía a un viejo rencoroso con demasiado tiempo libre y ganas de joderle la vida, obligándolo a viajar quién sabe cuántos kilómetros solo para conseguir unas revistas porno viejas en plena era de internet.
Pero a Ben eso le daba exactamente igual. Las revistas seguían siendo útiles cuando se le iba la conexión o quería algo más... tangible.
Al final, decidió tomarse una pequeña revancha. No sabía dónde se había ido su abuelo, pero el viejo había dejado las llaves del Rust Bucket puestas.
“El testamento holograma no decía nada de dejarme el Rust Bucket, pero supongo que ahora es mío.”
Sin más, primero revisó el mapa en la guantera. Claro, estaba marcado a dónde tenía que ir, pero sería un viaje de casi un día. Ahora, con esto, confirmó que el viejo chupaba del agua de las cañerías estancadas cuando hacía trabajos de plomería.
Ahora solo quedaba pedir permiso a sus padres para hacer ese viaje. Esperaba no perderse por el camino y que no le hicieran demasiadas preguntas incómodas. Además, tendría que inventar una buena excusa para explicarles por qué el Rust Bucket ahora estaba a su nombre.
Pero eso ya lo pensaría después. Por ahora, lo único que tenía claro era que iba a recuperar esas revistas, aunque tuviera que cruzar medio país para conseguirlas. Y cuando las tuviera entre las manos... se iba a desquitar de toda la frustración del día de la mejor manera posible.










@BlueWolfArtista niño, acabas de comparar una orientacion con un fetiche?
Mira, no necesito que me digas lo que me gusta o dejo de gustar. Asumir que alguien tiene un "gusto no resuelto" solo porque critica algo es algo conocido como falacia . Se llama proyección: atribuirle a otros lo que uno mismo siente. Así que, si te arde que critique el NTR, quizás el que tiene el conflicto interno ahí eres tú.
Segundo, decir que soy "ardido" o "llorón" por comentar es contradictorio. Si el NTR te gusta tanto, ¿por qué te molesta mi comentario? La reacción emocional más fuerte aquí no es la mía.
Y lo de usar Twitter para "esperarme" y seguir el drama suena a que necesitas validación externa para algo que no se, según tú, debería gustarte sin problema. Si realmente estuvieras seguro de tu gusto por el NTR, no necesitarías buscar pelea con quien no lo comparte.
Al final, el que parece tener un conflicto entre lo que disfruta y lo que defiende eres tú.
hubieras estado mas tranquilo si te decia que estaba culera.
eres triste niño todo esto se trata de defender tu fetiche y gusto:
Insistes criticar el NTR lo hace porque le gusta en secreto, pero eso es una generalización bastante tonta. Puedo encontrar algo desagradable y expresarlo sin que eso signifique que me atrae. Eso se llama tener una opinión.
Dices que si realmente me desagradara, lo ignoraría. Pero también se puede comentar algo que no gusta sin que haya "gusto no resuelto" de por medio, ejemplo niño: alguien puede opinar sobre una película que no le gustó sin querer secretamente protagonizarla.
Sobre "no debiste abrir la historia": si el contenido está etiquetado, cualquiera puede abrirlo y opinar. El tag no es una puerta que diga "solo para fans". Asumir que quien abre contenido NTR necesariamente tiene un conflicto interno es exactamente eso: una suposición tuya, no un hecho.
Y lo de esperarme en Twitter para seguir el drama solo refuerza mi punto: si tanto te molesta que critique el NTR, el que no puede ignorarlo eres tu, que vas hacer,buscar para responder y hablar mas?
Al final, yo opino y sigo. todo lo que has estado haciendo es intentando convencerme de que en realidad me gusta lo que critico. Eso dice más de tu necesidad de validación que de mi supuesto "conflicto interno".
Sigues asumiendo que repudiar algo automáticamente significa reprimirlo, pero eso no es un hecho, es tu interpretación. Puedo encontrar algo incómodo o mal escrito y decirlo sin que eso signifique que lo estoy "descubriendo en secreto".
No todo el que señala algo incómodo está en una fase de negación; a veces solo está señalando algo incómodo.
Llamar "lloradera" a una crítica es una forma de no tener argumentos. Si mi comentario te pareció una queja sin bases, se refuta con argumentos, no etiquetando la emoción del otro.
Sobre "si no te gusta, lo ignorarías": esa lógica asume que el único propósito de ver algo es consumirlo con el cerebro apagado.
También se abre para entender, para criticar o simplemente para opinar. No hace falta que algo me guste para tener algo que decir al respecto, igual que no hace falta ser chef para saber que una sopa está salada.
Insistes en que tengo "conflictos internos", pero lo único que ves son mis comentarios.
Con esa misma lógica, tú respondiste a mi crítica y la seguiste, lo que según tu propio razonamiento también indicaría que algo te incomoda de mi opinión., posiblemente no te gusta porque ya te lo hecho y solo agachaste la cabeza y lo aceptaste como un gusto personal.Pero seguramente dirás que no es lo mismo.
Al final, dibujas y escribes NTR, y está bien. Yo opino que es un bodrio, tremendo desperdicio de facultades. Ambos hacemos lo que nos gusta. La diferencia es que a ti parece molestarte que no me guste lo tuyo, y a mí me da exactamente igual que a ti te guste.