Prólogo
2040
Tal vez era la última broma que querían jugarle antes de no volverla a ver jamás en la vida. O probablemente de verdad quieran escucharla. Jossette sí quería escucharla.
—Vamos, Alex —insistió su mejor amiga.
—¿Estás loca, Jo? No pienso hacerlo. Seguramente solo quieren dejarme en ridículo.
—Pues demuéstrales que no lo lograrán. Enséñales la hermosa voz que tienes.
—¿Segura que no me arrepentiré de esto?
—Yo estoy seguro de que no. —El chico del que había estado enamorada por los últimos tres años había aparecido.
Un chico igual a su mejor amiga.
Joss Hamilton.
—¿Qué haces aquí, Joss?
—Es también mi graduación, hermanita. —Miró a la morena—. ¿Por qué no lo haces? Me gusta escuchar como cantas —le dio su mejor sonrisa.
—Yo…
—Mírame a los ojos —tomó su mentón para hacerla que lo mirara a sus ojos azules.
Azul y marrón.
Él siempre hacía eso para poder convencerla.
La más pequeña quedó completamente cautivada y terminó aceptando la petición del chico. La mayor simplemente agachó su cabeza y tomó todas las emociones de ese momento para guardarlas en el fondo de su corazón mientras seguía a su mejor amiga para preparar todo.
—Creí que ya no harías lo que mi hermano te pida.
—Tú también quieres.
—Lo estás haciendo por mi hermano.
—Es la última vez que lo veré. Quería hacer algo por él.
—¿Cómo que la última vez que lo verás?
La morena tomó las manos de su amiga provocando que ella se pusiera nerviosa y se le acelerara el corazón. La miró fijamente.
—Me iré de Estados Unidos esta noche —confesó—. De verdad espero volver a verte, pero no creo que sea posible. Es por eso… que quiero que seas feliz y que cuides muy bien de Joss. —La chica de ojos verde azulado comenzó a llorar—. ¿Me lo prometes?
Asintió.
—Te lo prometo.
La morena sonrió y pidió al animador su micrófono antes de decirle qué canción quería que pusiera. Era el último día que vería al amor de su vida. Al chico que, aunque jamás pudo confesarle sus sentimientos, él sabía perfectamente lo que ella sentía y se acercó a ella sin la intención de nada serio, siendo solo su “amigo especial”. Ella lo aceptó.
Jamás se besaron.
Pero se tomaban de la mano y pasaban tiempo juntos.
Él le pedía que le invitara de su comida y ella lo hacía. Él le pedía que le pasara la tarea y ella lo hacía. Él le pedía que le pasara algún trabajo y ella lo hacía. Él le pedía que le pasara las respuestas de los exámenes y ella lo hacía.
Ella no podía decirle que no y él lo sabía.
Todos sabían los sentimientos de ella, hasta él.
Todos sabían que él se aprovechaba de eso, hasta ella.
Ella lo quería.
Él quien sabe.
La canción comenzó y, tal vez sea porque era el último día, pero se sentía más valiente. Comenzó a cantar “Maldita timidez” directamente a Joss Hamilton enfrente de todos.
Extrañamente no le importaba ser el centro de atención, solamente le importaba tener la atención del chico de ojos azules frente a ella.
Cuando terminó recibió los aplausos de todos, regresó el micrófono al animador de la fiesta y fue en ese justo momento cuando recibió la llamada que había estado esperando toda la noche.
—Esa eras tú cantando, ¿verdad? —habló la voz de un chico por el otro lado.
Sonrió.
—Es hora, ¿verdad?
—Quería darte un poco más de tiempo, pero si salía un minuto después nuestro брат iba a venir.
—Gracias por no permitir que viniera. Hubiese sabido lo que le oculté por tres años.
—Despídete bien.
—¿Hasta de Joss?
El chico bufó.
—Me cae mal, pero sé lo especial que es para ti, así que hazlo también de él.
Rio.
—Gracias, я.
En otro lado del salón de fiestas la familia Hamilton permanecía en silencio. Anna quería decir algo respecto a lo que acababa de pasar, pero sabía cómo solía reaccionar su hermano cuando hablaban sobre Alexandra Oort.
No le gustaba hablar de ella.
—Ve con ella. —Su melliza fue la que terminó hablando.
Joss no contestó, simplemente se limitó a comer un bocado más de su pastel.
Ella suspiró.
—No la volverás a ver, se irá de Estados Unidos. —El chico levantó la vista hacia su hermana—. Me lo dijo antes de cantar. Todos sabemos lo que ella siente por ti y lo que tú hiciste con eso. Al menos haz una cosa bien con ella, no la lastimes más de lo que ya lo hiciste.
Miró a sus padres y a su otra hermana. Joss Hamilton era como su padre cuando él solía ser un desastre. Se levantó de golpe y la buscó con la mirada. No la encontró.
—Ya tuvo que haberse ido —murmuró Anna.
Se dirigió a la puerta corriendo lo más rápido que podía. Cuando salió sintió el aire fresco en su piel y vio a la chica que buscaba alejarse del lugar, yendo en dirección a un auto negro con las ventanas polarizadas, pero la luz que lo alumbraba le ayudaba ver la silueta del piloto y de alguien más en la parte de atrás.
—¡Alex! —La chica se detuvo al escuchar su nombre y giró lentamente sobre su eje. Joss ya estaba frente a ella— ¿Planeabas irte sin despedirte de mí?
—Yo…
—Adiós, Alex. Espero que encuentres y te enamores de alguien que sí te merezca. —La miró a los ojos—. Anda, te están esperando.
Ella asintió. Sin decirle nada, con un nudo en la garganta por lo que le había dicho, volvió a girar para irse. Unos cuantos pasos dio cuando se detuvo. Joss aún no se había ido. Y el impulso de hacer lo que siempre quiso apareció dentro de ella más fuerte que nunca. Volvió a girar para verlo.
—Si lo hago —habló bajo— me arrepentiré, pero si no lo hago —se acercó a él— me arrepentiré mucho más. —Tomó su rostro con sus dos manos y lo acercó a ella hasta juntar sus labios.
Él no tardó en reaccionar. Lo mejor de su “relación” sería la última cosa que ellos harían.
O eso creían.
Se separaron y lo último lo dijo ella: «Adiós, Joss». Se fue corriendo al auto, donde estaba su hermano esperándola, mientras lloraba. Subió en éste y dio la orden de irse. El chófer comenzó a avanzar.
Joss se quedó mirando el auto hasta que desapareció.
Ella lo quería.
Él no la quería lastimar.








