Prólogo
Querido Diario:
Antes de que digas algo, no.
No estoy enamorada. Eso primero. Lo anoto aquí antes de que mi subconsciente quiera hacerse de ideas raras y equivocadas.
No. Estoy. Enamorada.
Solo es un pequeño problema al que no pienso nombrar ahora; es mi subconsciente dándome una mala pasada.
Ahora bien. Como soy una persona responsable, organizada y completamente dueña de sus emociones— pues no pienso darle poder a mi subconsciente— y no es porque las necesite, hice una lista.
Sé lo que estás pensando y te pido que te guardes ese comentario. Las listas son herramientas muy válidas. La gente hace listas para el supermercado, para los pendientes del trabajo, para las series que quiere ver. Yo hago una lista para gestionar una situación hipotética que de todas formas no existe y NO va a existir. No veo el problema.
El caso es que las tengo. Las diez reglas. Y pienso seguirlas al pie de la letra porque, repito, no le daré poder a mi subconsciente.
¿Que por qué escribí las reglas si no es nada?
Por si acaso.
¿Que por qué necesito diez reglas para un “por si acaso”?
Porque soy muy precavida.
¿Que por qué estoy escribiendo esto a las dos de la mañana cuando tengo examen a primera hora de matemáticas?
Prioridades.
Bueno, al punto: son buenas reglas, incluso me atrevo a decir que TODOS que estén pasando por esta hipotética situación deberían de hacerme caso.
Va a funcionar.
— Amy.
PD. NO estoy enamorada.
PD. 2 Buenas noches (bueno, madrugadas).








