PRÓLOGO
Lotte
Sábado, 16 de julio de 2019
Odio el verano.
Es esa época del año en la que no paras de sudar.
En la que buscas desesperadamente cualquier sombra para no derretirte.
Y en la que te obligan a llevar ropa corta.
Mis padres, mi hermano y yo solemos visitar cada verano el campamento De Blauwe Haan. Un lugar donde creen que voy a socializar más con otros niños, aunque yo solo voy para esconderme en el parque, dentro de un viejo barco de madera roto.
Desde allí puedo ver cómo los niños se tiran por el tobogán y se bañan en el pequeño río.
Pero desde hace dos años hay un niño que siempre se adelanta para esconderse allí.
— ¡Lotte, recuerda no estar demasiado tiempo bajo el sol! —gritó mi madre.
Miré brevemente hacia atrás mientras corría. Me hacía pequeños gestos con la mano.
— Tengo que llegar antes... —susurré, entrecortada—. Ese sitio es mío...
Varios niños ya estaban jugando en el agua.
Seguí corriendo hasta que clavé la mirada en el barco de madera.
No había nadie a su alrededor.
— Le he ganado... —sonreí.
Reduje la velocidad hasta que apoyé una mano sobre el barco y miré hacia el interior.
— Llegas tarde —dijo Izan.
— No vale —protesté—. Tu cabaña está más cerca.
Entré haciendo un puchero.
Oí su risa mientras se movía ligeramente hacia un lado para dejarme sitio.
— He traído galletas.
Me senté a su lado. Cuando lo miré, ya me estaba ofreciendo una bolsa llena de ellas.
— ¿Has pensado en un nombre para la banda? —pregunté, cogiendo una galleta.
— Los Grandiosos —respondió, haciendo una pose de fuerza.
Solté una carcajada y me tapé la cara con las manos.
— ¿La Cantante y el Guitarrista? —preguntó, frunciendo el ceño.
Negué lentamente con la cabeza.
— Tiene que ser algo que impacte —me rasqué la barbilla, pensativa—. Tenemos que impresionar a la gente —lo señalé—. Como cuando aparece un rayo.
— ¿Destellos?
Abrí los ojos como platos.
— ¡Sí! —le sujeté de los hombros y lo zarandeé suavemente.
— ¿Pero no suena muy infantil?
— Pues lo pasamos al inglés —respondí con energía—. Flashbeats.
— Fash... be... —intentó pronunciarlo.
Frunció el ceño.
— Jope, Harty, yo no sé inglés —se quejó.
— Seremos la mejor banda de música del país —dije, extendiendo la mano hacia el centro.
Miré a Izan, esperando que hiciera lo mismo.
— ¡Sí! —gritó.
Puso su mano sobre la mía.
Y en cuestión de segundos, las alzamos rápidamente.








