mi hermana mi obsesión
(Contexto: El padre de Amane está casado con la madre de Nene y el señor Yugi es alguien muy importante. Nene y Amane tienen relaciones en secreto. Eso es todo :D)
El sonido de la tarjeta magnética al abrir la puerta fue el único aviso antes de que el silencio del pasillo quedara atrás. La habitación del hotel era amplia, con una vista impresionante de la ciudad, pero ninguno de los dos miraba hacia afuera.
Amane cerró la puerta con llave y se sentó en el borde de la cama matrimonial, quitándose la chaqueta con un movimiento lento que dejaba ver la tensión en sus hombros. Nene no esperó. Se acercó a él, todavía nerviosa por la adrenalina de haber escapado de la cena familiar, y se sentó a horcajadas sobre su regazo.
—Nene... —gruñó Amane, sintiendo cómo el peso de ella encajaba perfectamente contra él.
Sus manos, grandes y firmes, bajaron instintivamente hasta los glúteos de Nene, apretando la carne a través de la fina tela de su vestido. La fuerza con la que la sujetaba era un reclamo silencioso: ya no tenían que fingir que eran “familia”.
—¿Te gusta esto, profesor? —susurró Nene, rodeando el cuello de Amane con sus brazos, frotando su intimidad contra la erección de él, que ya pulsaba con fuerza bajo el pantalón de vestir.
—Me vuelve loco, y lo sabes —respondió Amane, hundiendo los dedos en sus glúteos, atrayéndola aún más hacia él hasta que no quedó ni un milímetro de aire entre sus cuerpos—. En casa tengo que contenerme, tengo que tratarte con respeto frente a tu madre... pero aquí, en esta habitación, eres simplemente mía.
Amane subió una de sus manos por la espalda de Nene, desabrochando el cierre del vestido con una destreza que la hizo estremecer. El vestido cayó, revelando que ella no llevaba nada debajo del encaje negro de su lencería.
—Viniste preparada —observó Amane con una sonrisa oscura, antes de morderle el lóbulo de la oreja—. Parece que mi pequeña hermanastra ha estado aprendiendo muy rápido.
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La tensión en la habitación alcanzó su punto de ruptura. El sonido de la lluvia contra el ventanal del hotel era el único testigo de la traición familiar que estaba a punto de consumarse sobre las sábanas de seda.
Amane no perdió más tiempo en juegos de palabras. Se deshizo de sus pantalones con movimientos frenéticos y, sin previo aviso, la penetró de una sola estocada profunda mientras ella seguía sentada sobre él. Nene echó la cabeza hacia atrás, clavando las uñas en los hombros anchos de Amane, sintiendo cómo él la llenaba por completo. El ritmo era rudo, posesivo, una descarga de toda la frustración acumulada de las cenas familiares y los silencios en el pasillo.
—¡Ah! ¡Amane, así! —jadeó ella, moviéndose al compás de las embestidas de él, que la sujetaba de las caderas con una firmeza absoluta.
Estaban en la cima del placer, con el sonido de sus cuerpos chocando rítmicamente, cuando el silencio de la habitación fue destrozado por un sonido estridente.
¡RIIIIING! ¡RIIIIING!
El teléfono de la mesita de noche comenzó a sonar con una insistencia agresiva. Ambos se congelaron. Amane se detuvo en seco, con el corazón martilleando contra el pecho de Nene, que temblaba bajo él.
—No contestes... —susurró Nene, con los ojos nublados por la lujuria y el miedo.
Amane miró el identificador de llamadas. El nombre en la pantalla hizo que su sangre se helara:“PAPÁ”.
—Maldición... —siseó Amane. Sabía que si no contestaba, su padre, siendo tan controlador e importante como era, enviaría a alguien a revisar el hotel o llamaría a la recepción.
Con un movimiento ágil, Amane estiró el brazo y tomó el auricular sin salir de adentro de Nene. Ella ahogó un gemido, moliéndose el labio inferior para no emitir ningún sonido.
—¿Hola? ¿Papá? —dijo Amane con una voz increíblemente calmada, aunque sus músculos estaban tensos como cuerdas de violín.
—Amane, hijo. Solo llamaba para confirmar que llegaste bien a tu hotel. Tu madre está preocupada porque Nene no responde su celular. ¿Sabes algo de ella? —la voz del señor Yugi sonaba autoritaria al otro lado de la línea.
Amane miró a Nene a los ojos. Ella estaba roja, con el sudor perlado en su frente, sintiendo cómo Amane daba un pequeño empujón involuntario dentro de ella. Nene tuvo que enterrar la cara en la almohada para no gritar.
—Está bien, papá. Hablé con ella hace un momento, dijo que estaba cansada y que apagaría el teléfono para dormir temprano. No te preocupes —respondió Amane, apretando la mandíbula mientras Nene comenzaba a juguetear con sus caderas, provocándolo en pleno silencio.
—Bien. No olvides que mañana tenemos el desayuno de negocios. No llegues tarde. Buenas noches.
—Buenas noches, papá.
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Amane colgó el teléfono y lo lanzó lejos. El silencio que siguió fue casi eléctrico. Miró a Nene, que aún temblaba bajo él, con una mezcla de furia y adoración.
—¿Te divierte jugar con fuego, Nene? —susurró Amane, su voz era una vibración peligrosa—. Casi haces que nos descubran. Ahora vas a aprender lo que pasa cuando interrumpes al “profesor” en medio de una lección importante. Eso fue peligroso, rabanito... Ahora vas a tener que compensarme por el susto. Y esta vez, no voy a ser nada gentil.
Sin previo aviso, Amane la giró, obligándola a ponerse de espaldas contra el colchón y elevando sus caderas. Sus manos se hundieron en sus glúteos, dejando marcas rojas que contrastaban con la palidez de su piel. El castigo fue inmediato: embestidas rápidas, profundas y rítmicas que hicieron que Nene tuviera que morder las sábanas para no gritar el nombre de su hermanastro y alertar a las habitaciones contiguas.
—¡Amane... mmgh! —gemía ella, con los ojos en blanco mientras sentía el sudor de él goteando sobre su espalda.
—Shhh... silencio, pequeña —le ordenó él al oído, mordiéndole el lóbulo—. Si mi padre sospecha algo, enviará a alguien en diez minutos. Tenemos que irnos de aquí... pero no antes de que te dejes marcar por mí.
Amane llegó al límite con una última estocada que dejó a Nene sin aliento, vaciándose en ella con una posesividad que reclamaba cada fibra de su ser. Nene sonrió de forma pervertida, envolviendo sus piernas alrededor de la cintura de su hermanastro. El riesgo solo había servido como combustible para el fuego.
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Diez minutos después, el pánico residual de la llamada los obligó a moverse. Se vistieron a toda prisa, con el corazón todavía acelerado. Nene se acomodó el vestido de seda y Amane se puso la chaqueta, ocultando las marcas de uñas en sus hombros. Bajaron por las escaleras de servicio, evitando el lobby principal donde los hombres de Yugi solían vigilar.
Llegaron al auto negro de Amane, estacionado en un callejón oscuro detrás del hotel. La lluvia seguía cayendo con fuerza, creando una cortina de privacidad natural. Amane arrancó el motor, pero antes de salir a la avenida principal, miró a Nene. Ella estaba despeinada, con los labios hinchados y esa mirada que solo él conocía.
—No puedo esperar hasta llegar a casa, Nene —dijo Amane, apagando las luces del auto pero dejando el motor encendido.
—Entonces no esperes... —respondió ella, pasándose al asiento del conductor y sentándose nuevamente sobre su regazo, apartando su ropa interior con impaciencia.
En la oscuridad del callejón, protegidos por los cristales empañados y el ruido de la tormenta, volvieron a fundirse. El espacio era reducido, lo que obligaba a una cercanía asfixiante. Amane la sujetaba de la cintura mientras el auto se mecía levemente, ocultos a plena vista de la ciudad que dormía, ignorando que la hija de su madrastra y el hijo del gran empresario estaban cometiendo el pecado más dulce de sus vidas.
Cuando finalmente se separaron, Amane le limpió una lágrima de placer con el pulgar.
—Esto nos va a destruir un día, ¿lo sabes?
—Entonces que nos destruya juntos, Amane —susurró Nene, recostando su cabeza en su hombro mientras él, ahora sí, ponía el auto en marcha hacia la mansión donde debían volver a fingir que eran solo “familia”.
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ₓ˚. ୭ Nota de la autora ୧ .˚ₓ
holii soy nueva en inkitt pero ya llevo tiempo escribiendo espero que les guste los one-shorts📀 💿 📀 ~