Entre garras y veneno
La tarde se desvanecía y el bosque comenzaba a llenarse de sombras. Eveling e Ithan caminaban apresurados, sabiendo que pronto caería la noche.
—No puedo creer que nos mandaran a esto —dijo Eveling, ajustándose la capa mientras miraba las estrechas sendas—. Sofía está enferma y, aun así, nos pidieron traer estas vallas... ¿Y sabes qué es lo peor? Sabíamos que sería horrible.
Ithan sonrió débilmente.
—Si no fuera porque estás viva, diría que nos hemos equivocado.
—JAJAJA.
Eveling rodó los ojos, pero una sensación de alarma les recorrió la espalda justo cuando algo se movió entre los árboles. Una sombra se deslizó rápida y con fuerza: una criatura del bosque que solo existía en pesadillas.
Corrían a toda prisa, pero una de sus garras rozó a Ithan y le dejó una herida en la pierna. Eveling lo sostuvo, ayudándolo a mantenerse en pie.
—¿Cómo es que tú no tienes ni un rasguño? —jadeó Ithan, sorprendido.
—Eso no importa ahora —respondió Eveling con firmeza, arrastrándolo hacia un claro donde podían ocultarse.
Finalmente llegaron a una pequeña aldea, pero su alivio duró poco. La criatura apareció entre las casas y, aprovechando el descuido de los aldeanos, atacó y mató a una persona. Eveling e Ithan no tuvieron otra opción: escaparon, corriendo hasta volver a casa.
La mujer que los acogía los esperaba. Sin perder tiempo, trató las heridas de Ithan. Al ver las vallas en sus manos, se alteró:
—¡No toquen eso! Son muy venenosas —les advirtió, con los ojos llenos de preocupación—. Eveling, ¿cómo sigues viva después de comer una?
—No lo sé —respondió Eveling, encogiéndose de hombros, mientras el dolor de Sofía seguía creciendo.
La mujer suspiró y tomó una decisión: iría personalmente a comprar nuevas vallas.
—Eveling, cuida de Ithan y de Sofía. Y tú, Ithan... protege a Eveling sin importar qué ocurra. Si los efectos de las moras comienzan, dependerá de ti.
Eveling apretó los dientes e Ithan asintió con resolución. La noche caía y, con ella, la responsabilidad de sus acciones y de su mundo.
Eveling estaba desesperada. No sabía en qué momento haría efecto el veneno ni cómo seguiría Sofía. No sabía qué hacer. Tantos pensamientos transcurrían por su mente cuando, de repente, sintió una mano en su hombro. Era Ithan, quien murmuró:
—Todo va a estar bien.
Ese comentario tranquilizó un poco a Eveling, pero en el fondo seguía preocupada. A Ithan se le había hecho una hemorragia; la sangre no paraba de salir de su cuerpo mientras teñía las vendas de un rojo carmesí. Eveling sollozaba.
—¿Cómo puedes decir eso después de todo lo que está pasando? Voy a buscar otra venda. Ahora vuelvo.
Mientras caminaba, pensaba:
«Él no puede morir... no puedo perderlo, no ahora. Pero la sangre no para... ¿qué puedo hacer?»
Mientras Eveling iba a buscar otra venda, Ithan la miraba preocupado. No sabía qué iba a pasar.
Cuando Eveling volvió con una venda en la mano, Ithan le preguntó:
—Me pregunto si estarán bien... Es un momento muy tenso, ¿no crees?
—Sí... pero al menos estamos juntos, ¿no? ¿Qué hubiera pasado si esa criatura te hubiera hecho algo peor? Jamás me lo perdonaría...
—No digas eso. Sabes bien que no podíamos hacer nada en esa situación. Ya es mucho que lográramos salir vivos de allí. Así que no te reproches tanto. Todo va a estar bien.
—Creo que tienes razón, después de todo.
Eveling, después de eso, se sintió un poco más tranquila, pero aun así no sabía qué iba a suceder.
Se hizo de mañana. El sol recién estaba asomándose cuando, de repente, algo tocó la puerta. Eveling e Ithan se relajaron un poco mientras pensaban: «Al fin llegó». Pero al abrir la puerta se encontraron con una de esas cosas. Estaban aterrados y no sabían qué hacer.
Entonces Eveling murmuró:
—¿Cómo? Se supone que no aparecen de día.
—Recuerda que todavía no ha amanecido del todo.
Esa cosa se acercaba cada vez más a ellos. Eveling estaba cansada de tantas cosas que estaban sucediendo. Su expresión pasó del miedo a una calma inquietante. Agarró un pequeño cuchillo de cocina y dio unos pasos lentos.
Ithan le dijo:
—¿Qué estás haciendo? ¡Vuelve! Te va a matar.
En ese momento, Eveling hizo un movimiento rápido, casi invisible, acompañado de un pequeño grito:
—¡ESTOY HARTA! ¿POR QUÉ ESTA NOCHE TIENE QUE SER TAN HORRIBLE?
La cabeza de esa cosa cayó al suelo.
Ithan se quedó viéndola, asombrado y a la vez horrorizado. No esperaba que Eveling hiciera eso, y mucho menos que consiguiera matar a aquella criatura.
Eveling se tiró al piso y quedó sentada sobre sus piernas. El sonido metálico del cuchillo inundó el lugar. Entonces comenzó a llorar. Era un llanto silencioso, casi imperceptible.
Al verla así, Ithan se preocupó. Apenas podía caminar porque la herida de su pierna no se lo permitía, pero aun así fue y se sentó a su lado.
—¿Está todo bien?
—No lo sé. No sé por qué lloro. Solo es que esta situación es tan estresante... No sé qué sentir exactamente.
Mientras tanto, la mente de Eveling no dejaba de pensar:
«Estoy bien... ¿o no? ¿Por qué lloro si la salvé?»
«No sé si Ithan esté bien conmigo...»
Eveling lloraba en silencio, casi imperceptiblemente.
Una mano tocó suavemente su hombro.
Se sobresaltó un poco y levantó la mirada.
Ithan la observaba con cuidado.
—Todo está bien.
Le dijo con una mirada tranquila.
Ese comentario tranquilizó un poco a Eveling, pero duró poco. En ese momento apareció una mujer alta con una expresión cansada, como si hubiera corrido durante mucho tiempo.
—¿Están bien? Esa criatura se dirigía hacia...
No terminó su oración antes de quedar horrorizada y, a la vez, sorprendida por la escena.
¿Cómo una simple niña podía matar a una criatura que muchas veces un adulto no podía vencer?
En ese momento, Eveling intentó explicar la situación entre murmullos.
—Yo... yo solo...
Pero eso no parecía importarle a la mujer, que se dio la vuelta y apresuró el paso, casi como si estuviera huyendo de algo.
Eveling se quedó en silencio, casi pasmada. No sabía qué pasaría; temía lo que pudiera suceder.
Pasaron las horas hasta que...
Se escuchó que alguien tocaba la puerta.
Al abrir...








