Un amor puerta a puerta

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Summary

Las coincidencias no existen, no para ellas. El destino ha planeado este encuentro desde hace demasiado tiempo y justo ahora no va a echarse atrás, ellas deben estar juntas. El mismo día que Juliana deja a su novio, a Pauline la deja su novio de la manera más cobarde posible, dejando a ella y a su hija en la calle. Ambas coinciden en el mismo supermercado y ese encuentro será el primero que les cambiará la vida. Definitivamente cuando están juntas las cosas les salen mejor. Se convertirán en el amuleto de la suerte de la otra, se acercaran de manera progresiva y antes de que siquiera lo noten, o quieran reconocerlo, el amor nacerá en los corazones de cada una y sabrán que lo único que no pueden dejar de hacer es pensarse, verse y quererse.

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1 Dos relaciones

Dos relaciones están terminando hoy, bueno quizás más de dos, no nos vamos a poner exclusivas, pero la diferencia o coincidencia de estás dos entre las otras miles, es solo una esquina de diferencia en la misma manzana. Juliana cansada de su novio le armaba las maletas para sacarlo de su apartamento, si algo había aprendido de su mamá Tricia, es a poner límites y no permitir que nadie los trasgreda y Jacob, llevaba un tiempo cruzando la línea


—Juli por favor déjame explicarte.


—¿Qué? Lo mensajes que te encontré, los besos que te ví dándote con Laura —una mujer pasa descalza corriendo hacía la puerta— ¿Al menos te acuerdas cómo se llama esa chica? Se acabó —dictaminó seria— ¡yo ya estoy harta de aguantar tus infidelidades!


—Por favor no puedes hacerme esto, mi padre murió.


—¿Tú estabas enterrando la pena en otro hueco, para hacer el duelo?


—No tengo a dónde ir.


—Eres un niño grande lo resolverás —sigue metiendo su ropa en una bolsa y par de sus cosas en una caja. Él intenta tomarla por la fuerza para que no siga empacando— suéltame y vístete que te se ha encogido, y te aseguro que eso no es por el frío, miserable.


—¡Basta Juliana, escúchame! —ella lo mira y mete su ropa interior en la caja— esto no es mi culpa.


—Claro, que tu gusanito sea inquieto y tu poca contención hormonal, es mi culpa —él comenzó a vestirse, ella tomó su llavero y sacó la llave del apartamento— toma —le dio la caja en cuánto la terminó de llenar— lo que quede te lo mando a dónde te acomodes —le da una palmada en la mejilla.


—Este también es mi apartamento, nos lo regalaron a ambos...


—Ella frena indignada y el traga despacio— Me lo regalaron mis tías Julia y Victoria a mí, es mío y aquí eras un miserable huésped, que ahora he desalojado —saluda atrás de él a alguien—. Hola hermanito, gracias por venir, tengo problemas con la plaga —ve ahora a su ex frente a ella— ¿Me das una mano?


—Claro Juli —le pone una mano con fuerza en el hombro a su excuñado— sacándolo afuera y recuerda Jacob, que si se te ocurre hacerle algo a mi hermanita, no querrás que yo o nuestras tías se enteren, menos aún mi madre —un escalofrío recorre su espalda al nombrar a su suegra, Tricia es una fiera con sus hijos.


El chico toma su caja con una mano para subirla a la motoneta destartalada, y la caja se la abre dejando caer todas sus cosas a la vereda. Los hermanos se meten al apartamento.


—Al fin te deshaces se la plaga —le dice Luke— Julia y Vicky van a estar felices, ni te digo mamá.


—Lo sé, no puedo creer que habiendo tenido un modelo como papá de hombre, elija tan mal.


—Quizás el amor no está en la vereda de enfrente —ella sube una ceja—. Vamos Juliana que no es tan malo mira nuestras tías.


Ella se acerca a mirar por la ventana, apoyada en el marco mientras sonríe al ver a Jacob sufrir llevándose sus cosas. Toma la foto pegada en la nevera, salen ellos cuatro un 4 de Julio, el último antes de que su padre falleciera.


—También lo extraño. Hace mucho que no hablas con mamá, ella me vive preguntando por ti ¿Cuánto tiempo más van a seguir distanciadas?


—Nunca me ha sido fácil hablar con ella, pero desde lo de papá, hace 5 años que llevarnos bien, simplemente es imposible. Aunque no lo creas me gustaría tener otro tipo de relación con mamá, una más cercana.


—Nunca es tarde.


—Sí, bueno ¿Quién tiene hambre? Porque yo sí. Vamos por algo de comer.


En la otra esquina de la misma manzana, una mujer también está pasando por una ruptura en su relación, aunque claro no lo sabía con seguridad hasta que llegó al departamento. La suerte nunca había sido su mejor aliada, de hecho pensó que el destino y sobre todo Dios, la odiaba. Intentó entrar a su apartamento pero la llave no giraba, intenta nuevamente, porque la cerradura tiene una mañana y al tercer intento se rinde y le llama a su novio.


—Hola Pauline —le responde él frío y distante.


—Cole no puedo entrar al departamento ¿Estás cerca? Olivia se hace pis.


—Emm... ah sí, sobre eso... en realidad me estoy yendo Pauline, necesitaba el dinero para viajar y tuve que dejar de pagar la renta, metí lo que pude en tu auto. Mi avión está por despegar, me voy Australia. Mándale mis besos a Olivia, no voy a extrañar a esa mocosa caprichosa.


Antes de darle tiempo para que ella pueda decirle algo, él cuelga y la bloquea. Camina a su auto y lo ve lleno de ropa, algunos electrodomésticos, y nada más, todos sus muebles incluidos los de su hija están en el departamento, le pide a una vecina que le preste el baño y se quede con la niña de dos años y medios mientras ella va a hablar con el casero.


—Lo siento Pauline pero Cole no pagaba el alquiler hace tres meses, me dijo que me conseguiría todo el dinero hoy, sino podría quedarme con los muebles.


—Ricardo son mis muebles, ese desgraciado se ha largado a Australia —sus ojos se le llenan de lágrimas— por favor te pagaré, solo déjame entrar.


Ella se había quedado sin trabajo hacía 3 semanas y pese a buscar no conseguía nada estable, había notado que algunas de sus cosas habían desaparecido, pero su ahora ex novio le había dicho que las había prestado, ahora sabía que en realidad lo había vendido para darle algo de dinero al casero y que él no abriera la boca con ella.


—Solo déjame sacar su peluche favorito y sus zapatillas. Por favor, la ropa no te va a servir de nada.


—El hombre duda pero accede— Tienes media hora para sacar lo que tengas que sacar, pero nada de muebles.


Le pide bolsas grandes a su vecina Elsa, la viuda del piso de abajo dónde está Olivia, y vuelve a sacar las cosas con el hombre esperándola afuera, entra y toma todo lo que puede, papeles importantes, fotos, ropa, ropa interior, zapatos y zapatillas de ambas, almohadas, juego de sábanas, acolchado y por último saca temblando de un escondite la caja con ahorros de la cual su ex no sabía nada, entre lágrimas mete todo en cuatro bolsas, su vida y la de hija cabe en el auto y en cuatro bolsas. Mira por última vez el apartamento todas las cosas que tanto le costó conseguir, con tanto esfuerzo trabajo y ahora acaba de perder en un parpadeo.


—¿Todo bien Pauline? —pregunta la mujer mirándola con pena.


La castaña la mira negando con la cabeza, y se seca rápido las lágrimas, tratando de contener el nudo que tiene en la garganta, tragándose como puede el dolor.


—Lamento pedirte esto, pero ¿puedo dejarte las bolsas y a mi hija un momento? Tengo que ir a comprarle...


—Sí, ve Pauline.


—Mami quiero ir.


Ella traga grueso, iba a negarse, pero sabe que su hija es reticente y bastante tímida con los extraños y aunque siempre han visto a Elsa, la niña es demasiado retraída y no le gusta relacionarse, por eso también le cuesta hacer amigos.


—Está bien.


Entran al mismo supermercado que Juliana con su hermano, toma una canasta y la niña camina a su lado de la mano en silencio, ella nunca pide nada, ni siquiera cosas dulces que a todo niño le gustan. Se para frente a los lácteos y mira el precio de la leche, su presupuesto es ajustado y tiene que ajustarse en los gastos para no tener que llamarle pidiendo a su padre, eso sería aceptar la derrota y darle la razón con respecto a Cole.


—Mami —su hija tira de su mano— ¿Puedo llevar un gogur?


Ella baja la mirada a verla y mira la góndola, está aún en shock, su cabeza no para de hacer cuentas y las lágrimas caen, se coloca unos anteojos de sol para disimular sus ojos rojos pero su nariz y boca inflamada y colorada la delatan. Ellas no saben que alguien las observa.


—Oli —quiere negarse, su presupuesto es ajustado, pero ve sus ojitos brillosos— claro hija, solo uno.


Lo toma y va a la estantería de pañales, toma un paquete del más económico, un tarro de leche, comida enlatada y aunque su estómago gruñe, lo ignora, mira a su hija y suspira, solo llevará lo necesario para ella.


«Ojalá te hubiera tocado una madre que te pudiera ayudar o dar mucho más de lo que yo te doy hija».


Ella había tenido a Olivia con apenas 19 años, y le puso así por sus ojos verde oliva que combinan con su cabello castaño, es una mini versión de ella. El padre de la niña desapareció apenas supo del embarazo, no iba a dejar que un bebé se interpusiera en su futuro prometedor.


Se acerca con la canasta más vacía que llena a la caja. Detrás de ella se coloca Luke y en otra caja está su hermana Juliana, Pauline ignora que estás personas van a cambiar su vida, sobre todo Juliana, ella le dará un giro de 180°.


—Hijo $30.85.


Dice la cajera, ella mira el dinero arrugado en sus manos y juntado las monedas llega apenas a $25.90, la mira y mira a su hija, está a punto de dejar algunas cosas cuando el extraño —Luke— detrás de ella le extiende $5.00 la cajera.


—Está bien —dice él— ya te alcanza.


—Gracias —responde ella avergonzada y su hija lo mira con una sonrisa que él le devuelve.


Juliana espera a su hermano llena de bolsas revisando su celular aparentemente ajena a la situación de la castaña frente a ella. La chica con la niña se marcha y Juliana las alcanza afuera.


—Disculpa —ella voltea a verla, justo cuando se saca los anteojos— se te cayó... —comparten contacto visual y Juliana se queda callada.


¿Es por el trayecto de la luz del sol? ¿Es por qué madre e hija comparten el mismo color de ojos? ¿Es porque el verde oliva acaba de convertirse en su color favorito?


—¿Estás bien?


—Sí —la voz, la saca de su ensimismamiento- se te quedaron estás bolsas adentro -se la extiende y ella duda— solo abrelas y verás de que hablo.


Las bolsas están llenas de pañales, mercadería entre otras cosas y hasta tiene un peluche para la niña.


—No puedo aceptarlo.


—Yo no tengo hijos —sentencia la chica frente a ella que parece tener su misma edad—. Disculpa si me tomé el atrevimiento —Luke se acerca cargando el carrito—, te vimos con mi hermano y sobre todo vimos a esta cosita hermosa —se agacha frente a Olivia que no se escondió como suele hacer, sino más bien le regaló una sonrisa— pensamos que podría ser de ayuda —ellas se miran por un momento más—. Hay algo en esta bolsa —se acerca y saca el peluche de osito marrón—, es para esta belleza, toma —se lo extiende y la niña lo abraza fuerte—, pórtate bien.


—¿Cómo te llamas? —dice la pequeña con voz infantil.


—Juliana y tú.


—Olivia.


—Eres hermosa Olivia —le pellizca un cachete y la niña se ríe, Pauline observa la escena extrañada, su hija jamás es abierta con extraños.


—Eres linda Juli.


—Buenos nos vemos —se para y la niña le abraza las piernas soltando la mano de su madre.


—Gracias.


Se despiden y se alejan, Pauline camina en silencio, no fue capaz de emitir sonido, se quedó pensando en la chica, en como algo profundo instintivo y quizás primitivo reaccionó a ella, a su voz. Jamás le había pasado de sentir familiaridad con un desconocido ¿Quizás el shock de lo que acaba de vivir con el imbécil de su ex? ¿O es algo más?


Caminando de la mano de su hija, llega llena de bolsas a la casa de Elsa, entra y se sienta callada, le dice comenta que una chica le regaló esta mercadería y se queda extrañada ante el acto de generosidad de una extraña, pero más le extraña aún que Elsa la conoce, sabe de Juliana, es más le comenta que vive a la vuelta en la misma manzana y ayuda en el centro comunitario.


Quizás por eso sintió la familiaridad, tal vez se habían cruzado antes y jamás lo notaron hasta hoy.