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El motor del Mustang ronroneaba en el mirador, la ciudad brillaba abajo como un montón de luces. Jungkook metió el freno y puso el parking para después recostarse en el asiento. Jimin iba en el copiloto con una faldita blanca corta y un top morado con encaje blanco que apenas tapaba sus tetas.
—¿Siempre traes a tus citas aquí?—preguntó Jimin mirando el paisaje.
—Solo a las que me importan.
Jimin se rió y negó con la cabeza. Jungkook sacó un blunt del bolsillo de su chaqueta de cuero y lo encendió dando una calada larga y se lo pasó.
Jimin inhaló, el humo llenándole los pulmones mientras sus ojos se perdían en las luces de abajo.
El humo llenó el carro.
—Esto está fuerte.—dijo Jimin tosiendo un poco y moviendo su mano para quitar el humo.
—Como tú.
Jungkook le puso una mano en el muslo, solo la dejó ahí, caliente y pesada. Jimin no la quitó. Jungkook avanzó los dedos por la piel suave hacia arriba subiendo la falda.
—Estás tan mojada.—dijo sintiendo la tela del encaje húmedo.
—Cállate y bésame.
Jungkook lo agarró del cuello y lo besó con lengua y humo todavía en la boca, fue un beso sucio, mordía sus labios. Jimin gimió.
Jungkook reclinó el asiento de Jimin hacia atrás de un tirón y se puso encima de él.
—Aquí no.—dijo Jimin entre besos.
—Aquí sí, nadie viene.
Jungkook le quitó el top y sus tetas saltaron libres, grandes y suaves. Jungkook bajó y metió un pezón en su boca mientras pellizcaba el otro.
Jimin jadeó agarrándole el pelo. El cinturón de seguridad todavía colgaba suelto.
—Me encantan tus tetas, putita.—dijo Jungkook babeándolas.
El pelinegro bajó más, quitando la braga de encaje de un tirón, la falda quedó arrugada en la cintura. Jimin estaba completamente expuesto en el asiento del copiloto.
Las ventanas empezaban a empañarse.
—Abre bien.—ordenó Jungkook.
Jimin puso una pierna sobre el tablero y la otra sobre el asiento del conductor. Jungkook metió la cara directo al coño, pasando la lengua sobre los gorditos labios vaginales, Jimin arqueó la espalda contra la puerta.
El carro se movió un poco.
—Sabe a fruta.—dijo Jungkook.
—Fresa.
—Por eso eres mi fresita.
Jungkook la devoró, metió la lengua y chupó el clítoris como un loco, sus dedos entraban y salían creando un sonido obsceno dentro del carro cerrado.
Jimin gemía sin control. El vapor cubría los vidrios.
—Te voy a follar.—dijo Jungkook incorporándose.
Se bajó el pantalón junto con los bóxers. Su erección golpeó contra su abdomen marcado. Jimin se relamió los labios mirándola.
Jungkook lo agarró de las caderas y lo giró, dejando a Jimin en cuatro sobre los dos asientos delanteros, la falda subida y el culo expuesto.
Jungkook escupió en su mano y lubricó la entrada, metió su verga de una sola embestida haciendo que Jimin gritara.
Jungkook empezó a follarlo fuerte y rápido contra el asiento mientras el carro se balanceaba.
—Te gusta que te coja un narquillo, ¿verdad?—dijo Jungkook pegándole una nalgada.
—Sí, papi.
Jungkook le agarró el pelo y tiró de su cabeza hacia atrás. Jimin arqueó la espalda, sus tetas rebotaban con cada empujón. Jungkook entraba y salia viendo cómo su entrada se tragaba todo.
—Te voy a llenar.—dijo Jungkook.
—Adentro, por favor.
Jungkook agarró sus caderas y se vació dentro con un gemido gutural. Jimin sintió el líquido caliente llenarlo y se corrió también sobre la verga de Jungkook con las piernas temblorosas.
Jungkook se dejó caer sobre el asiento del conductor.
Jimin se quedó tirado en el copiloto con el semen escurriendo por sus muslos, la falda arrugada, las tetas fuera y el pelo revuelto.
El carro olía a mota y a sexo.
Jungkook buscó otro blunt y lo encendió. Le dio una calada y se lo pasó a Jimin.
—Te dije que eras mi fresita.—dijo Jungkook.
Jimin sonrió cansado y dio una calada. Las luces de la ciudad seguían brillando abajo.
El Mustang siguió empañado un buen rato más.








