Prólogo
Le llaman el Don.
Pronuncian su nombre en habitaciones que se quedan en silencio nada más abrirse la puerta. Hombres que se ganan la vida enterrando cadáveres todavía cuidan el tono al hablar frente a él.
A ella no le tienen el mismo miedo.
Le tienen un miedo mucho peor.
Porque Alessio Santoro construyó un imperio basado en el control: calculado, frío y absoluto.
Reina Montoya no controla nada.
Ella simplemente no se detiene.
Te sonreirá mientras te rompe los dedos. Te entregará las cenizas de tu padre en una bolsa de plástico y dirá que así cierras el ciclo. Entrará en una habitación llena de hombres que la duplican en tamaño, edad y armamento, y saldrá siendo la única que sigue en pie, chupando una paleta como si nada hubiera pasado.
Luchadora clandestina. Huérfana. Viuda negra.
Ahora: su esposa.
Que Dios se apiade de quien se olvide de eso.
Este libro muerde.
Sexo explícito. Violencia gráfica. Un lenguaje que haría que tu abuela se escandalizara.
Si esto no es lo tuyo, cierra el libro ahora mismo.
Si lo es, bienvenido. Te vas a divertir mucho.
Solo para lectores mayores de 18 años.








