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Entre Sueños Difusos

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Sinopsis

El último metro en la Ciudad pasaba a las doce en punto, la desgracia de que llegara minutos después lo dejó sin regreso a casa. Pero ese día, otro tren apareció, Nico jamás se imaginó lo que viviría dentro. Vintage, lo podría llamar, si veía un tren con pisos de terciopelo y candelabros, ¿era parte de la remodelación actual? Entre disparos, gritos y un hombre que se hizo llamar Avi, detective privado, misterios comenzaron a develarse ante sus ojos y él tuvo que ayudar a resolverlos. ¿A qué mundo se ha metido? Detective amáteur, crímenes de otra vida, un tren infinito que no tiene ni pies ni lógica, sin contar el jefe criminal que ahora buscaba sus cabezas. Tal vez conociendo un poco más de lo que hay fuera de su vida monótona u deudas, o del misterioso detective privado podría averiguar algo que se esconde en el metro a las doce pasadas, sin saber si es posible descubrir lo que es ese nuevo mundo al que puede subir cada noche. 🎨 Portada hecha por @maggie_pa0 (ig), ¡muchísimas gracias por tan bonito arte!

Genero:
Mystery
Autor/a:
M. P. Martín
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

El sonar de sus pasos se escuchaba por todos los pasillos como eco. Nico rechinaba sus apenas lustrosos zapatos sobre las baldosas del metro sucio. Con su tarjeta prepagada pasó como pudo hasta llegar al final de las escaleras, y entre el poco bullicio que se perdía de la gente...

—¡Detengan las puertas, por favor! —nadie le hizo caso a su suplicio. Cuando se paró frente a las obvias puertas del metro cerradas, Nico quedó como estúpido, agitado y con la respiración entrecortada al ver cómo el último vagón salía—. ¡Chinga...!

Tiró mil y un improperios al aire. Aunque gente lo pudiera ver y oír, poco le preocupó gritar y lanzar su chamarra del trabajo al suelo. En realidad, no había nadie en el andén, ese metro había sido el último de la noche. Eran las putas doce en punto, y tan preciso como era el metro aun bajo el caótico mundo impuntual de la Ciudad de México, Nico no hizo más que maldecir otra vez por haber salido tarde.

No había sido su culpa. Él no tenía en absoluto la culpa de que su maldita jefa, Quetzal, decidiera ponerlo a revisar todas las estúpidas cámaras de vigilancia, porque la señorita Fernández del local de joyería había dicho que alguien entraba en la noche a la tienda sin robar. Nico no tenía ni puta idea de cómo era posible que alguien entrase a una tienda reforzada con cortina eléctrica y cuatro candados junto a una alarma de movimiento sin que fuera advertido, y que, aparte, entrara sin robar. ¿Para qué demonios lo hacían? ¿Y cómo se habían dado cuenta?

Pues, ahí lo tuvieron toda la tarde, mientras revisaba cada puta grabación, minuto a minuto, desde que cerraba el centro comercial a eso de las once hasta que abría a las siete de la mañana, sin encontrar evidencias, gritoneado por no hacer bien su trabajo. ¡¿Qué tenía que hacer Nico para que esas mujeres entendieran que él no era responsable de lo que ya no pasaba en su hora de trabajo?! Nada. Luego de estar buscando por horas alguna evidencia de lo que pasaba en la joyería del segundo piso en el Centro Comercial LILAC, finalmente había descubierto que la persona que entraba a la joyería era la misma señorita Fernández en pijama (un extraño caso de sonambulismo).

Tantita vergüenza tuvo Fernández después de decírselo. Con muchas disculpas y miradas incómodas, Nico había tomado sus cosas y fuga. El metro podía no estar muy lejos del LILAC, como a dos cuadras, el problema eran los filtros de su trabajo; aparte de sellar su salida, recogía sus cosas en los casilleros del subterráneo, subía de nuevo, salía por la única puerta abierta al frente del edificio—peleado en juntas anteriores porque Nico exigía que dejaran abierta la puerta de atrás al quedar tan lejos—, y dejar que le hicieran un cacheo por si acaso se pasaba de listo y se llevaba algo. No importó cuán rápido fuera, aun así, llegó un minuto más tarde de las doce y se le fue el metro. Su último recurso para volver a casa partió.

Con un suspiro y la cabeza agachada, solo vio su pobre chamarra del uniforme negro tirada en el piso. Iba a tener que lavarla en casa; no creía hacerlo ahora cuando ni siquiera sabía cómo iba a llegar.

—Puta madre. Por favor, deja que traiga suficiente dinero para un taxi, deja que lo traiga... — apurado y molesto, revisó su cartera. Sin importar lo bien que se veía su pantalón negro y camisa de corbata, cuando checó su cartera de Spiderman, todo eso no lo ayudó en nada. Su uniforme era pura pantalla si había más telarañas que pesos en ella—. No...

Ya no iban a pasar camiones a esa hora, dejaban de transitar mucho más temprano. No le quedó más que llorar, o al menos se lo dijo, acuclillado y rendido al querer tomar su chamarra del suelo. Ahí recargó sus brazos cruzados en sus piernas y escondió su rostro lleno de molestia. Solo Nicolás Ponce podía tener esa suerte tan mala.

—¿Hay posibilidad de que me vaya en Uber? —siguió, sin querer rendirse pronto, y aun en esa posición, sacó su celular de su mariconera. La aplicación le dio la bienvenida. No obtuvo la mejor de las respuestas—. ¡¿Qué?! ¿Cómo que saldo insuficiente? Pero si pagué ayer mis tarjetas. No es posible que haya... oh, esta ya expiró.

Miró de nuevo su cartera. Tenía tres tarjetas de crédito y dos de débito; las de débito no las tocaba, solo eran para ahorros de vida, lo que estaba en ceros hasta ahora. Todo lo que ganaba se iba en gastos de las tarjetas de crédito, y aparentemente tenía una ya expirada, mientras las otras dos estaban en pagos mínimos y adeudos.

—Carajo... —no había dinero ni tarjetas. Genial, sus únicas opciones se le habían desmoronado. Bien pensó llamar a su único amigo con transporte que quisiera recogerlo, pero—: Dani ya debió entrar al trabajo. —no era muy popular, decir que hubiese una larga lista de contactos que lo fueran a buscar, pues no. Se quedó sin ideas, la última alternativa era caminar hasta su casa: imposible en la Ciudad de México—. Putas cinco horas caminando. Y para cómo vengo, me asaltan. Tan bello mi Ecatepec seguro.

Suspiró, se sentía derrotado. Sin poder sostenerse mucho sobre sus puntas, Nico se dejó caer al suelo de cemento, recargado en la pared de anuncios. Sobre una exhalación, se repasó la cara para quitar su malestar, y aunque no funcionó, dejar sus ojos cerrados por unos minutos de frente arriba le dio segundos de paz para organizar sus ideas. No había muchas, si caminar era la única alternativa, debía considerar dormir en la estación de metro. ¿Para qué iba a caminar cinco horas si iban a robarle el sueño y tenía que regresarse casi al mismo tiempo que llegara a su casa otra vez al trabajo? Como que recordaba que había un nochebús, trabajaba desde las doce hasta las cinco de la mañana, si podía localizar la estación más cercana que lo llevara hasta su casa—y rogar porque no estuviera en un lugar muy austero—, quizá había modo de regresar, pero...

No esperó que entre su creer y cerrar de ojos, escuchase un silbato. Los reabrió, y puestos en el techo, no vio nada más que el gris de abajo. Sus oídos captaron otra vez ese sonido. Definitivamente se oía un silbato, uno que parecía indicar la llegada de ¿un tren?

—¿Eh? —cuestionador, se paró. No era posible que hubiese escuchado eso. Los metros ya no hacían ese ruido, tal vez rechinaban y había alarmas, mas los silbatos, ¿qué no eran cosa de antes? Entonces, ¿qué era esa luz que se acercaba del túnel?—. No puede ser cierto...

Poco a poco, frente a él, se paró un tren nuevo. Sus ojos incrédulos no encontraron cómo explicar la imagen misma. Sin duda era un tren, con todo y locomotora, pintura morada por fuera y sin ninguna palabra para indicarle de qué era eso. Si acaso era una farsa o algún tren promocional con el que el gobierno buscaba patrocinar nuevos recorridos en la ciudad a horas tardías por la remodelación a lo María Antonieta de una de las líneas, él no conocía. Era hasta ridículo. ¿Quién demonios quería un recorrido en tren a eso de la medianoche? La ciudad arriba seguía viva, mas, aquí abajo...

Curioso, miró su celular para revisar la hora. 12:12. El último metro pasaba a las 12:00 en punto, ¿en serio sería posible que existiera otro nuevo que desconociese y pasara a otras horas? ¿Podía ser que el horario extendido del Mundial se quedó al final? Cuando el tren se paró en medio de chirridos de rieles y bufidos de un motor que exhalaba humo invisible con un constante traqueteo de locomotora, Nico no supo cómo tomárselo.

Frente a él se abrió una puerta en automático, y Nico se preguntó si ese iría a la Línea B de su casa. Tampoco tenía opción, era subirse al tren misterioso o seguir llorando en el piso, rodeado de chicles ennegrecidos, posibles ratas y un mal olor que no deseaba descubrir de dónde venía (esa botella no era Coca de piña). Sus pies fueron al frente. Subidos los dos primeros escalones enfundados en alfombra roja, se abrió paso en medio de un pasillo con la misma. El interior se veía impecable. Con esas paredes tapizadas en tela de gamuza beige, las ventanas rectangulares con marcos dorados, los techos altos con luces a sus laterales. Los vagones se dividían por pequeñas puertitas que daban espacio a asientos individuales. Era como un tren de lujo, nada parecido al feo y apestoso metro. Ese tren parecía mágico.

«¿Es real?», se preguntó, más en su cabeza.

—Tiene temática vintage —continuó para sí mismo, por detrás se le cerró la puerta. Si acababa de cerrarse como se había abierto, también era moderno pese a su estilo. Nada le dijo adónde iba a parar. En cualquier otro caso, un mapa de las líneas del metro debería estar dispuesto en alguna parte. ¿Dónde podía encontrarlo?—. Eh... ¿hola?

No sabía por qué llamaba por alguien cuando no había nadie en la estación. Podía haber alguien que se hubiera subido en otra, pero había algo extraño en ese tren; si debió bajarse antes de comenzar a moverse, no lo hizo. Lo hipnotizó la belleza al verse en el reflejo de una de las puertas. Él no coordinaba con su alrededor, al menos el uniforme del LILAC le daba un porte arreglado a su figura menuda; con el sudor de la corrida, su pelo oscuro se le pegó a su piel morena llena de pecas hasta sus grandes orejas. No creaba el prototipo de persona que subiría a ese tipo de transporte.

—¿Alguien lo estará conduciendo o será un tren especial que pueda...? —al hablarse en voz alta, Nico jamás esperó oír disparos.

En cuanto fue interrumpido, buscó regresar, dar la vuelta y salir de ese tren donde los disparos siguieron. Ya había estado en situaciones así, verse aterrado en medio de una balacera, «sí, no, gracias». Nico salió o quiso, el tren se movió y le hizo difícil la huida. El jalón lo tomó desprevenido, había sentido toda la fuerza de inercia y ella lo llevó a caer de lado. Los disparos le pasaron por encima. Nico gritó asustado, sin preocuparse por lo agudo. Se agachó con manos sobre la cabeza en todo lo que se pegó al suelo apenas preocupado por el dolor de la caída. Ahora estaba más aterrado POR SU VIDA.

—¡¿Qué demonios está pasando?! —no sabía de dónde venían los disparos. Lo más lógico era que no hablara. Ser identificado en medio de un fuego podía ser fatal, uno nunca pensaba en esos casos. Frente a él no se veía nadie, y hacía solo unos segundos, detrás tampoco. En esos momentos no era lo mismo, si escuchaba disparos, alguien había entrado como él. No surgían personas a matar de la nada—. Oh, Dios, esto es un sueño. Esto es un sueño, tiene que ser un sueño. No puedo creerlo, ¡voy a morir!

Y aunque no fuera practicante, Nico le rezó a cualquier ente poderoso que de su madre aprendió y pudiera verlo. Con ojos lagrimosos, gritó todos sus temores sin creer que, tan solo más tarde, su salvación había aparecido. Alguien lo jaló, más como que lo cargaron por las axilas. Nico fue sorprendido, no tuvo tiempo para oponerse; cuando quienquiera que lo sostenía, se metió junto a él a una cabina y cerró la puerta corrediza, quedó atrás el mayor peligro. Había sido despachado tan fácil (rudo) sobre un sillón separado de otro por una mesa. Cuando observó al hombre que podía ser su salvador, enmudeció solo al verlo. El hombre frente a él se pegó a la ventana, y asomado por ella, lo distrajo de pensar correctamente sobre lo que ocurría.

—¡Maldición! —fue diferente para el otro. Perjuró, y en esa boca floreada, Nico se fijó un poco. El hombre se veía apuesto. Por no decir guapo, tal vez Nico se dejaba llevar mucho en lugar de describirlo.

«Bueno», era alto, mucho más alto que él en su 1.72. Debajo del cabello corto, lacio, oscuro con patilla, vio ojos amplios, una nariz ancha y labios pequeños. Sus orejas eran grandes, se despegaban de su rostro, pero por la composición de su cara, lo hacían ver bastante bien. Delgado, no escuálido. Bajo el traje café de pequeñas rayas y corbata roja se mostraba moldeado. Sus brazos flexionados no mentían, había un cuerpo ejercitado por el volumen de sus bíceps, los que alzaban con sus manos una pistola que HASTA AHORA SE HABÍA DADO CUENTA QUE TENÍA.

«Oh, Dios, no otra vez». ¿Acaso ese era el hombre que había iniciado los disparos? ¿Nico se dejó llevar demasiado por la cara bonita e iba a morir a manos de un hombre guapo? Le gustaba que lo maltrataran, no de esa forma. ¡Tampoco era como si hubiese tenido voto! Él no pidió ir ahí, su posible-sexy-asesino lo había arrastrado sin dejarlo hablar. Tal vez era momento de que dijera algo.

—¿Q-Qué está pasando? ¿Quién eres tú? ¿D-Dónde se supone que e-estamos? —no salió tan bien como deseó. Para su situación, a nadie le saldría mejor. Dos ojos fijos y un ceño de cejas bien depiladas se posaron sobre él. Nico se preguntó si acaso haber hablado antes de que se lo pidieran le había hecho firmar su sentencia de muerte. Lo dijo, en esas situaciones, hablar se traducía a muerte. Esperaba que no hoy, de menos quería saber en dónde se había hecho ese depilado aquel hombre, porque le quedaba genial. Él podía no tener mucha ceja, pero una que otra vez le crecía un poco dispareja bajo sus pequeños ojos.

El hombre no contestó ni hizo nada contra él. Al dirigirse afuera, los disparos volvieron a escucharse, él se encogió bajo su camisa hecha jirones. Entonces, los disparos venían de dos partes. Saberlo no lo tranquilizó, temía entender qué le traería si la otra dirección estaba JUSTO FRENTE A ÉL EN ESOS MOMENTOS. Quizá debía calmarse un poquito, en su mente había mucho uso de mayúsculas.

—¡Oye! —cuando el hombre estuvo a punto de volver a abrir la puerta corrediza, Nico se armó de valor para salir de su rinconcito en el sillón de la cabina. No podía quedarse ahí como si nada. Él no se había metido solito, entrar al tren fue su error, lo demás había venido de la parte del extraño guapo. Necesitaba respuestas—. ¿Vas a hacerme caso a lo que te pregunté?

—Espera —el hombre le respondió con una voz muy grave y baja para sus anchas orejas, casi como oír el rugido de un león, fuerte y rudo. Su nariz boluda se arrugó. No era que el tono le desagradara a Nico, era muy distinta a su voz de pito. Lo tomó desprevenido, más cuando le tocó un hombro con ese revólver cerca de su rostro—. Ahora no, tan solo aguarda.

—P-Pero ¿aguardar qué...?

—Ese maldito jefe Geb. —sus preguntas siguieron sin tener importancia. Cuando el hombre volvió a dejarlo con cero respuestas, recargó su revólver en tan solo unos movimientos. Nico suspiró de alivio, al menos el arma se la habían alejado. Aunque no estuviese cargada antes, no lo sabía. En aquellos segundos, era diferente: ya la había cargado. Con ella arriba, otra vez Nico se alejó, temeroso de que él fuera el siguiente en la línea. La persona que había pronunciado como Keb, apenas se le pasó por la cabeza cuando le dirigió ojos pasivos—. Quédate aquí, ahora vuelvo.

Nico aceptó, no porque quisiera, no tuvo opción. Por el arma apuntada, aceptar por las buenas era lo único que podía hacer. Al final, el extraño salió de la cabina y en un segundo, se escucharon disparos de nuevo. Nico se agachó detrás de la puerta. Sus manos fueron hasta sus oídos e intentó cubrir el terrible sonido de cada uno. No había gritos, golpes o llantos para comprender lo que ocurría afuera. ¿Por qué demonios vivía eso? ¿Acaso era una pesadilla?

—Debe serlo, no hay otra explicación, yo debí quedarme dormido en el metro, debí quedarme súper dormido, agüitado en la estación del metro después de que el último me dejara. Y-Y si esto es un sueño, eso quiere decir que...

Nico alzó la cabeza. De repente la claridad llegó a sus ojos. Quedó más que sorprendido por haberlo pensado solo hasta entonces. «¡Todo es tan obvio!».

—... nada va a pasarme. Solo despertaré si me siento en peligro. ¿No?

Se giró a la manija de la puerta. Okay, algo similar ya le había pasado en otras pesadillas. Él solo necesitaba sentirse demasiado aterrado para que una parte de su mente reaccionara y actuase bajo sus propias normas. Medio consciente, modificaba el sueño sin necesidad de alterarlo para dejar de ser tan aterrador y tener un final feliz donde sentirse tranquilo o que despertara. Tenía que darle un pequeño giro, tal vez ese era su momento. Si abría la puerta, podía hacer el sueño más aceptable para él, sin temores ni muertes.

Convencido, Nico se paró. No se preocupó de ajustar su uniforme, con seguridad caminó esos pocos pasos que lo dividían de la puerta, y al abrirla se dio mayor valor de hacerlo. O eso pensó hasta que un grito a su izquierda lo interrumpió. Asustado de que algo peor fuera a ocurrir, ya se había encogido, volteó los ojos donde el grito provino y encontró que había apachurrado la mano de un sujeto trajeado y calvo. No parecía mexicano, mas, poco le importó cuando, con su mano apachurrada, tiró su arma al suelo. El extraño que lo "salvó" la pateó lejos, y al verse fuera de su camino, ese hombre puso su propio revólver sobre la nuca del extranjero para amenazarlo. No había salido como esperaba. ¿Acaso lo había empeorado?

—¡Alto! No hagas ni un solo movimiento más, sabandija. Podré tener una sola bala, pero tú mejor que nadie debe saber lo bien que me puedo manejar con eso —el extraño le advirtió al hombre junto a él. El extranjero alzó las manos, rendido, y en su obvio acto, el desconocido suspiró al verlo. Nico no halló más qué hacer ante su ceño fruncido, también alzó sus manos, asustado de que la advertencia fuera para él como lo fue para el extranjero.

—¡Yo no hice nada! —al menos podía excusarse si le creía.

Al hombre ni siquiera le preocupó. Dejó de verlo para dirigirse al calvo de ojo azul en traje verde, mismo del que lo tomó para levantarlo, y todavía amenazado por su arma, le pidió que lo siguiera. Nico no recibió el mismo trato, sin saber adónde iban y qué debía hacer ya que lo habían sacado de plano, quedó inmóvil. Aún con manos arriba, se preguntó si se veía como un estúpido. «Qué importa», debía encontrar su salida. Ese era el momento en el que escapaba de aquella pesadilla, ¿dónde había quedado la puerta por la que entró?

—Me ayudaste a capturar al impostor del cristal. —no llegó muy lejos cuando esa voz de león vino detrás de él. Detenido en sus pasos, Nico volteó la cabeza y vio al mismo extraño de antes, con las manos cruzadas y su revólver fuera. Si acaso tenía algún cinturón especial atravesado bajo el saco, no quiso averiguarlo. Ya que se le acercaba, Nico fingió estar de su parte para no acabar muerto. Podía no entender de qué le hablaba, no obstante, muchas cosas en los sueños no eran comprensibles, y si no quería alterarse cuando tomaba buen rumbo la antigua pesadilla, no sacudió mucho el asunto—. Podrías ayudarme en futuros trabajos.

—¿Yo? Pff, no, no lo creo. ¿Quién sería yo para ayudarte? Eso es absurdo. —incluso jugó al hablarle. Con risita incluida y movimiento de manos en negación, Nico puso todo de sí para acabar eso. ¿En qué momento se despertaba y se decía lo estúpido que había sido por caer ante tal sueño? Bueno, no se quejaba mucho si seguía viendo a semejante hombre frente a él, era un buen taco de ojo.

—¿Cuál es tu nombre? —«oh», parecía que su consciencia le jugaba de nuevo. Conocedora de sus intereses, le dio un empujoncito en lo que le podía gustar. No sonaba bien que él cediera con tanta facilidad, ¿cierto?

—¿Por qué debería dártelo?

—Astuto. Un buen detective nunca da su nombre real a cualquier extraño. Siempre hay que quedar en el anonimato para evitar conflictos. Soy Avi. —Nico frunció el ceño. Ese nombre tampoco sonaba mexicano, aunque estaba muy seguro de que el hombre lo era. Tal vez. Su español no era de extranjero, podía ser blanco, pero Avi no se oía a nombre anglosajón o... Si unía los cabos con lo que le dijo, ¿el hombre le estaba dando un nombre clave?—. Detective privado.

En seguida, le entregó una tarjeta. En color dorado y solo con algunas palabras resaltadas, Nico no se fijó mucho en lo que recibió, lo guardó en automático. Más miró al hombre ante él, como todo un enigma, y al hacerlo, su boca dijo sus propias preguntas.

—¿Detective privado? ¿Eso realmente existe?

—Lamento no poder contestar tus preguntas, me parece que la siguiente es tu parada, —«¿Mi parada?», ¿de qué estaba hablando? Aun cuando Nico quisiera saber, nada en ese tren tuvo lógica. El hombre solo lo condujo a la puerta más cerca. La abrió y sobre el viento frío y la oscuridad de la noche, Nico todavía lo miró a él con esa sonrisa chulesca—: Ven mañana a la misma hora para iniciar tu trabajo. Quiero escuchar pronto el nombre que tienes.

—¿De qué estás...?

—Hasta entonces. —Avi no lo dejó expresar más. Con un empujón a su espalda, Nico fue tirado fuera del tren, y en medio de su grito, cayó a la oscuridad misma.






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¡Hola! Les doy la bienvenida a otra de mis historias. Ustedes no saben lo mucho que yo ya quería traer esta, porque desde hace tiempo trabajé en ella. Fue un pequeño proyecto en secreto, pero tal vez era parte de la idea si toda esta historia va a tener misterio 👀

Sepan que la historia ya está escrita, así que la iré publicando de a poco por aquí para que estén al pendiente de lo que venga (si han llegado cuando la historia ya está completa, espero que igual puedan disfrutarla) 🫶🏻

¿Qué les ha parecido el principio hasta ahora? ¿Tienen comentarios, teorías sobre lo que se ha visto? 🫣

Hay mucho que develar aún sobre estos personajes, mundos y lo que en el tren se vivirá, por eso, ojalá se preparen, que el viaje está por iniciar. ¡Nos estaremos leyendo en las siguientes partes de esta historia! 💙

Pd. Si has llegado aquí desde mi otro perfil de fics y conoces la historia, por favor, no vayas a revelar lo que pase. Que se mantenga el misterio hasta el final. ¡Gracias igual por apoyar! 🙏🏻


¡Cuéntale a M. P. Martín lo que piensas sobre este capítulo!
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