Chapter 1
El disparo resonó antes de que alguien diera la orden.
A más de mil metros de distancia, el blanco cayó.
Un silencio breve se extendió por el campo de entrenamiento.
— Impacto confirmado.
Nadie pareció sorprendido.
—Lo hizo otra vez...
Algunos soldados bajaron lentamente sus binoculares. Otros simplemente suspiraron. Ya nadie apostaba contra él.
Desde la torre de tiro, Kael retiró el ojo de la mira telescópica. Con la misma calma con la que otros respirarían, retiró el cargador, revisó el cerrojo y comenzó a limpiar el rifle.
No sonreía.
Nunca lo hacía.
El instructor observó la pantalla donde aparecían los resultados del ejercicio.
—Mil ciento cuarenta y ocho metros... viento lateral de veintidós kilómetros por hora... objetivo en movimiento.
Negó con la cabeza.
—Perfecto.
Uno de los reclutas tragó saliva.
—¿Cómo demonios lo hace?
El instructor soltó una risa seca.
—Porque él no dispara cuando cree que va a acertar.
Hizo una pausa antes de añadir:
—Dispara cuando ya sabe que acertó.
...
A sus veintitrés años, Kael era el comandante más joven del Escuadrón 0, la unidad táctica de operaciones especiales considerada la más peligrosa del país.
Muchos lo conocían por su rango.
Otros por su historial impecable.
Pero dentro del ejército existía un nombre que pesaba más que cualquiera de los dos.
Águila.
El francotirador capaz de encontrar un objetivo donde nadie más podía verlo.
El hombre que jamás había fallado un disparo.
Y, según los rumores, el único omega que había derrotado en combate cuerpo a cuerpo a más de un comandante alfa.
Kael nunca confirmó ninguno de esos rumores.
Tampoco los negó.
Simplemente seguía entrenando.
Como todos los días.
Como si aún tuviera algo que demostrar.
...
—Sabía que te encontraría aquí.
Kael no levantó la vista.
Reconocía esa voz, ni siquiera tenia que voltear para saber quien era.
Raffa.
El enorme alfa dejó caer una botella de agua sobre la mesa metálica.
—¿Has dormido siquiera?
Kael terminó de ensamblar el rifle.
—Sí.
—¿Cuántas horas?
—Las suficientes.
Raffa soltó una carcajada.
—Eso significa que no.
Antes de que pudiera seguir molestándolo, una beta de cabello corto apareció detrás de él.
—Felicidades, comandante.
Leah le ofreció un saludo militar.
—El ascenso fue oficial esta mañana.
Kael devolvió el saludo.
—Gracias.
Silencio.
Leah esperaba alguna reacción.
No llegó.
—¿Eso es todo?
—¿Qué más debería decir?
Raffa negó con la cabeza.
—Algún día voy a convencerme de que este hombre nació sin emociones.
Kael simplemente volvió a limpiar su rifle.
...
El sonido de un automóvil interrumpió la tranquilidad del campo.
Negro.
Blindado.
Sin insignias.
Sin ningun indentificador para saber quienes iban dentro.
Kael levantó apenas la mirada.
No necesitó ver la matrícula.
Ya sabía quiénes eran.
Su padre descendió primero.
Su madre lo siguió unos segundos después.
Ambos vestían con la misma perfección que exigían de su hijo.
Ni abrazos.
Ni sonrisas.
Ni preguntas.
Solo pasos firmes.
Raffa y Leah se hicieron a un lado de inmediato.
—Comandante.
El padre de Kael habló como si estuviera dando un informe.
—Tenemos un asunto familiar que requiere tu atención.
Kael permaneció firme.
—Los escucho.
Su madre sacó un sobre negro con detalles dorados de su volso.
Lo colocó en sus manos.
—La ceremonia será dentro de una semana, espero que seas puntual como siempre.
Kael abrió el sobre.
No cambió de expresión.
No frunció el ceño.
No preguntó por qué.
Leyó cada palabra como si revisara un expediente militar.
Finalmente cerró el sobre.
—Entendido.
Su padre asintió, satisfecho.
—Sabíamos que comprenderías, perfecto como siempre Kael.
Los dos regresaron al automóvil.
En menos de un minuto habían desaparecido.
Raffa permaneció varios segundos en silencio.
—...¿Puedo preguntar?
Kael guardó el sobre dentro de su uniforme.
—Es mi compromiso.
Los ojos del alfa casi se salieron de las órbitas.
—¿¡Tu qué!?
—Mi compromiso.
—¿Y eso es todo?
Kael lo miró con absoluta serenidad.
—Es una orden familiar.
Raffa abrió la boca para decir algo.
No encontró palabras.
Leah observó a Kael durante unos segundos.
—¿No te molesta?
Él tardó apenas un instante en responder.
—Los soldados no elegimos todas nuestras misiones.
Se dio media vuelta.
—Esta tampoco será la excepción.
...
Horas después...
La base estaba casi vacía.
Solo se escuchaba el sonido metálico de un rifle siendo desmontado pieza por pieza.
Kael se encontraba solo en la armería.
Terminó de limpiar el arma.
La guardó.
Abrió su casillero.
Dentro había varias condecoraciones perfectamente ordenadas.
Ni una sola estaba exhibida.
Las colocó dentro de una caja de madera y volvió a cerrar el compartimento.
Como si nunca hubieran existido.
Entonces recordó el sobre.
Lo abrió una vez más.
Esta vez leyó con más atención.
Sus ojos recorrieron lentamente la hoja.
Hasta detenerse.
Por primera vez en todo el día...
Parpadeó.
Abajo del documento, donde antes solo había leído la palabra Prometido, aparecía una lista de nombres.
Primer prometido.
Segundo prometido.
Tercer prometido.
Tres alfas.
El silencio se volvió absoluto.
Kael cerró el sobre.
Su expresión permanecía tan tranquila como siempre.
Pero, por primera vez en muchos años...
No supo cuál era la misión que le esperaba.
Y eso era mucho más peligroso que cualquier campo de batalla.









primera en comentar :3 y me esta gustando la verdad ya me intereso de que el omega fuera serio, muy bien y que sea diferente a los mismos estereotipos de siempre de delicadoz y sumisos y todos eso, va muy bien y espero que siga asi jsjs