Caminata Nocturna
Me aburría en el sillón... Desde la semana pasada, el noticiero no paraba de hablar sobre la muerte de un chico. Dicen que apenas salió del aula, y lo apuñalaron diez veces. Nadie lo ayudó. "¿Ahora podemos hablar de cosa?" Comenzaba a molestarme que sea el mismo reportero. La primera vez si me sorprendió. Si no fuese por papá, le habría bajado el volumen desde hace rato, hasta la medianoche. A esa hora daban el reality que nos gustaba. El del gordo. Así le decíamos al comediante.
Papá en un sillón alejado al mío, tomaba su té, y unos shots de tequila. Estaba siempre al tanto de estos casos. Aún así... Llevamos más de una semana escuchando que el niño vivía con su madre.
—Viejo...
—¿Qué? ¿Pasó algo? —Tosio repetidamente
—De casualidad ¿Estoy libre para mañana?
—¿Libre? ¿A qué te refieres?
—Libre... Si no tengo nada importante para mañana.
—¿Para las clases, verdad?
—Si.
—¿No, tenías qué llevar algo? Eso me habías dicho, apenas llegaste de clases.
—Viejo... ¿Por qué no me avisaste? Ya van a ser las nueve.
—No sé. Tuviste todo el día. —Papá dio una fumada, y aplastó el cigarro con los dedos.
—Viejo. Voy a salir ahora. —Tome mi sudadera. Enseguida fui a la salida, pero me devolví. —Oye ¿Qué tenía qué llevar?
Papá se volteó junto con su sillón. La expresión que tenía cambio a la típica de enojo, aunque dijera lo contrario. —¿No te dieron un papel? También revisa el celular. Ahí puede que te hayan mandado esa cosa.
—No me dieron nada, y mi celular está sin batería.
—Entonces ¿Qué vas a hacer? Es de noche...
—Voy así. Quizás me acuerde en el camino.
—Solo, ten cuidado. Eso te diré. Te enojas mucho si te lo repiten.
Ya... ¿Me prestas un poco de ya sabes? Puede que salga caro. —Recibi el cambio de papá, y después ya me encontraba fuera de casa. Corría viento, sumado a la humedad dejo a la lluvia, hacía mucho frío.
Papá tenía razón, no debería estar a estas horas en la calle, buscando algo que no recordaba. Daba igual. No me avisó, y es mi responsabilidad. Avancé. Veía a una gran parte de las personas dentro de sus casas, o patios. Uno me miró por la ventana. Yo no le preste atención. Con la capucha fácilmente me confundirían con ese tipo de chicos, que veo drogarse por ahí. Incluso era posible que el hombre de la ventana me venga a perseguir.
Cerca del primer negocio, al lado de un portón negro, encontré a un hombre tirado, con montones de botellas partidas. Una le estaba atravesando la mano. Me fui de ahí. Llegue al negocio. Acá el vendedor era bien simpático, y de ves en cuando me preguntaba si rendía o no en las clases. Siempre le respondía de forma positiva.
Entre, y el vendedor se parecía demasiado a mi padre. Viendo las noticias mientras daba unas fumadas. —Buenas noches. —Dije, casi levantando la mano.
—Eh... Tu... ¡Alejate! ¡¡Bastardo Alejate!! —Exclamo el vendedor. Del delantal saco una escopeta. —¡¡Basura de mierda!! —Dio click al gatillo, y me voló la cabeza... Esa fue una de las situaciónes que me acabo de imaginar.
—Buenas noches.
—Disculpa. Ya cerramos.
Sin despedirme, fui hacia el siguiente negocio. Que alivio que me acabarán echando. Aún ni me lograba acordar de esa cosa. Lo que imaginé del vendedor, debe ser por esa película que vimos en clases. Trataba de un tipo que se metía a las casas, con una escopeta, y tiraba discursos de justiciero. Al final terminó yendo al manicomio. Incluso el profesor comentó que esta basado en hechos reales. Fue hace meses.
Debería dejar de pensar en esto.
Mejor me concentro en eso otro. Probablemente sea para un trabajo, una presentación, o quizás vamos a comer. Ojalá sea para comer. Así solamente llevo unas galletas o un jugo. Cualquier cosa servía. Menos mal, aún iluminaban los postes. Alumbraban mi camino, y podía saber si se hacía tarde. Hasta mi sombra tomaba la delantera.
La calle se hizo estrecha. Los árboles miniatura se acercaban a mi. La luz se iba. Había si o si una chance de que apareciera un borracho entre los árboles, y que rompa una botella en mi cabeza. Así dejándome tirado en medio de la calle. O quizás me terminen atropellando. Justo ahora.
Una bocina retumbó mis oídos. Acabo de atinarle. Apareció un auto. Una furgoneta blanca. Eso sí, no me atropello. Encendió las luces delanteras, y no paraba de tocar la bocina. Nadie bajaba. Cedi el pasó. Hubo una breve pausa en que el conductor no hizo nada, pero la furgoneta siguió de largo. "¿Solo fue eso?" Vaya. Pudo haber sucedido otra cosa... Cómo ese caso de la chica secuestrada. Estaré preparado para la siguiente.
Llegue al final de la calle, adentrándome en un parque gigantesco de arena y barro. A veces iban a columpiarse un grupo de adultos, mientras tomaban cerveza. Dependía del día eso sí. También destacaba los incontables negocios de los
alrededores. Acá encontrare lo que estoy buscando.
Escuché el metal. Aceleré el paso. Intente alzarle la voz a uno de los dueños. Era demasiado enano, y daba saltos para alcanzar la cortina. No pude, y cerró. Una moto arrancó, en la misma dirección que se veían dos niñas correr de un encapuchado. El hombre atrapó a ambas. Las empezó a besar. Las niñas solo reían, y gritaban Papá.
Iba a tardar mucho si buscaba de esta manera. Mejor entrare en unos cuantos. Si sigo sin acordarme, volveré a casa. Espero que papá no se enoje por no llevar nada. Recordar es
complicado, aunque me repitiesen que no lo es.
Saque los pies del barro, y pise el tapete de la pareja de viejos. Aca atendían con esa amabilidad que ni se les notaba en las caras. Eran buena onda. Por suerte estaba vacío, o si no me hubiese ido, y me habrían asaltado a la vuelta de la esquina... Hablaré con el anciano.
—Buenas noches.
—¿Si? ¿Que va llevar? —Dijo el anciano, apoyando su mano en el cristal.
—Deme un momento... ¿Usted no tendrá galletas?
—Eso lo tenemos siempre. ¿De cuál?
—¿Y si mejor me da un jugo?
—¿Jugo de qué?
—Piña.
El anciano abrió la heladera. Antes de que sacarán el jugo, me arrepentí. Pedí uno de manzana. Sacó el de manzana, y volví a arrepentirme. Quería unos snacks. No me hizo caso. Colocó el jugo en el mostrador, y puso frente a mi esa cara llena de
arrugas.
—¿Estás así? ¿Por esa noticia? ¿Por ese pobre chico?
—¿Que? Claro que no... Nunca me ha aterrado ese tipo de cosas.
—Igual. Cuídate. Son más de las once, y hace media hora que tuve que haber cerrado. —El anciano agarro el jugo. —¿Te lo llevas?
No sabía que responder. Pensándolo mejor... "¿Y si papá se equivocó? ¿Y si yo me equivoqué?" Probablemente ninguno se acordaba de ello. Ya es muy tarde para decidirme.
—Por si acaso. Hay más gente haciendo fila. Apresúrate. —Dijo el anciano.
Y era verdad. Detrás mío apareció un gran grupo, incluyendo al hombre de la capucha con sus hijas. Estaban cagadas de risa.
—Sabe. Se me olvidó. No sé porque vine. Buenas noches. —Abandone el lugar.
Ahora en todo negocio se veía una cortina metálica. Mi sombra acaba de desaparecer. Agradecía que mi calle no tuviese un portón. Así no tengo que pedirle al vecino que abra. Corte camino por la arena, cerca de esos juegos. Supongo que hoy nadie vino...
—¡Oye! ¡Oye, niño! —Salio de mis espaldas.
"¿Quien me está hablando?" A esta hora ninguno de los borrachos se juntaba en el parque. "¿Por qué me habla a mi?" No sé oía como ninguno de los vendedores. "¿Quién mierda sera...?" Puede ser papá, y que me haya venido a buscar. Espero no haber reconocido su voz.
—¡Ayúdame niño! ¡Estoy sangrando!
Voltee a mirar... Encima de la roca, sentado, no me esperaba que fuera el. Vino a buscarme. Me estuvo siguiendo y acá estaba. Arrastraba una mochila de acampar, haciendo sonar unos cristales con cada movimiento. Olía fuerte al alcohol.
—¿Qué necesita? ¿Señor? ¿Algún problema? ¿Cómo lo ayudó?
No contestó. Camino rápidamente hacia mi... Y se tiró en la arena. Comenzó a reír, manchando su ropa con la mano ensangrentada. —¿Me ayudas? Quiero levantarme.
—Si, seguro. Te ayudaré. —Extendí la mano, buscando no tocar las partes con sangre.
El hombre también extendió la mano. De hecho fueron ambas... Deje la mano estirada, mientras que el hombre se esforzaba para agarrarse de mi mano, pero se echaba para atrás, y lo volvió a repetir. Tiraba pequeñas carcajadas. Estuve apunto de tomarlo de la ropa. Antes de hacerlo... El lo hizo primero. Me tiró, y caí de rodillas.
El hombre se paró. Inmediatamente retrocedió, y golpeó la roca con su mochila. Reventó unos cristales. Algunos fragmentos salieron disparados. ¡Necesito ayuda! ¡Ayudame niño! —Volvio a tirarse, abrazando la mochila. Cayó encima de
ella, y termino gritando.
Mi rodilla quedo raspada. Quizás la tenía sangrando. Mire por última vez al hombre. Seguía contento. Luego de levantarme, me fui rápido a casa. —¡Gracias! ¡Nos vemos! —Escuche del hombre, antes de que me viera desaparecer.
Deben ser mucho más de las once. Más bien las doce. "¿Que le diré a papá?" Tenía que inventar alguna excusa. Normalmente no demoraba en ir a comprar. Sobre el Colegio. Ya me las arreglaré.
Cerré la puerta, esperando que gritaran Luciano, y que discutieramos durante toda la noche... Solo para enterarme que el viejo se quedó dormido. Parecía menos preocupado que antes.
Busqué el control. A los lados de papá y en los sillones. Lo encontré en el piso, sobre las colillas de cigarro. Me recosté en el sillón. Terminaron las noticias, y me dió tiempo para ver el inicio del reality del gordo, mientras el hacía reír al público con sus chistes de negros.
Esto es lo único bueno de la noche. De esta noche... Ya no estoy aburrido.








