Chapter
El lugar era una casa de citas de lujo, de esas que no tienen nombre en la fachada y que solo se conocen por referencias.
Jimin había llegado con Jungkook después de una cena donde habían hablado de todo y de nada, pero donde el tema principal había sido el deseo.
Jungkook le había contado que había oído hablar de este sitio, de un lugar donde los deseos más oscuros se cumplían sin preguntas.
Y Jimin, que siempre había tenido curiosidad por lo prohibido, había aceptado.
La entrada era discreta, una puerta negra en una callejuela sin nombre. Un hombre con traje y auricular los recibió y los guió por un pasillo largo y alfombrado.
Las luces eran tenues y el silencio era absoluto.
Llegaron a una habitación amplia, con paredes de un gris oscuro y una iluminación tenue que creaba sombras en las esquinas.
En el centro, una cama grande cubierta con sábanas negras. En una mesa, una botella de champán y dos copas.
Y en una de las paredes, un espejo enorme que ocupaba casi todo el espacio.
Jimin se detuvo frente al espejo y se miró. Llevaba un vestido rojo corto, con el cabello rubio suelto y los labios pintados de un rojo oscuro.
Se veía hermoso, pero no era eso lo que lo excitaba.
Lo que lo excitaba era lo que Jungkook le había dicho antes de entrar:
—Del otro lado de ese espejo, hay personas viéndonos. No sabemos quiénes son. Ellos no saben quiénes somos nosotros. Pero nos ven.
—¿Y qué están viendo? —había preguntado Jimin.
—Lo que tú quieras que vean.
Jimin sintió que el deseo se apoderaba de el. La idea de ser observado por desconocidos, de ser visto en su momento más íntimo sin saber quiénes eran, lo excitaba más de lo que quería admitir.
Se acercó al espejo y tocó el vidrio con la punta de los dedos. Estaba frío. Del otro lado, alguien debía estar tocando el mismo vidrio.
—¿Estás listo? —preguntó Jungkook, acercándose a el por detrás. Su voz era baja y grave, su aliento caliente rozó su nuca.
—Sí —respondió Jimin con la voz temblorosa.
—¿Quieres que empecemos?
—Sí.
Jungkook lo besó en el cuello, sus manos viajando por sus caderas.
Jimin cerró los ojos y sintió el calor de su cuerpo contra el suyo.
Pero no podía dejar de pensar en el espejo, en los ojos que estaban al otro lado.
Abrió los ojos y se miró en el reflejo. Jungkook estaba detrás de el, sus manos deslizándose por su vientre, bajando hasta el borde de su vestido.
Su respiración se volvió más pesada.
—Mírate —dijo Jungkook, guiándolo hacia el espejo. —Mírate mientras te toco.
Jimin obedeció.
Vio sus mejillas sonrosadas, sus ojos brillantes, sus labios entreabiertos.
Jungkook deslizó su mano por su muslo y subió hasta su ropa interior. Él sintió el roce de sus dedos contra la tela de encaje negro, sintió cómo presionaban suavemente, haciendo que un gemido se escapara de sus labios.
—Estás tan hermoso —dijo Jungkook, su voz ronca. —Y sabes que te están viendo, ¿verdad?
—Sí.
—¿Te gusta?
—Sí.
Jungkook subió su vestido lentamente, dejando sus piernas completamente expuestas.
Jimin sintió el aire frío en su piel y supo que del otro lado, los desconocidos estaban viendo cada centímetro de el.
Vio su reflejo en el espejo, vio sus piernas desnudas, el borde de su ropa interior negra.
—Mírate —repitió Jungkook. —Mira cómo te pones cuando te toco.
Jungkook deslizó su mano por su muslo y subió hasta su ropa interior. Sus dedos encontraron su coño a través de la tela y comenzaron a acariciarlo lentamente.
Jimin gimió y apoyó las manos en el espejo. El vidrio era frío bajo sus palmas.
—¿Qué quieres que haga? —preguntó Jungkook, su voz un susurro caliente contra su oído.
—Quiero que me folles.
—¿Aquí? ¿Frente al espejo?
—Sí.
Jungkook sonrió y lo giró bruscamente, presionando sus pechos contra el vidrio frío. Jimin sintió el frío en su piel, en sus pezones que se endurecieron al contacto. Y supo que, del otro lado, los ojos lo estaban viendo.
Vio su reflejo en el espejo, su cuerpo pegado al vidrio, su vestido subido hasta la cintura.
—Mírate —dijo Jungkook. —Mira cómo te follo.
Deslizó su ropa interior hacia abajo y lo penetró desde atrás. Jimin gimió y apoyó las manos en el espejo. El vidrio era frío bajo sus palmas, pero el cuerpo de Jungkook era cálido detrás de el. Sintió cómo lo llenaba, cómo se movía dentro con un ritmo constante y profundo.
—¿Te gusta? —preguntó Jungkook, moviéndose dentro de el.
—Sí.
—¿Te gusta que te folle aquí, donde todos pueden verte?
—Sí, papi.
Jungkook aceleró el ritmo, sus manos apretando sus caderas.
Jimin veía su reflejo en el espejo, veía el cuerpo de Jungkook moviéndose detrás de el, veía sus propios pechos aplastados contra el vidrio.
Cada embestida lo empujaba contra el espejo, y el sentía el frío del vidrio en sus pezones.
—Mira —dijo Jungkook. —Mira cómo te follo. Mira cómo te ven.
Jimin no podía apartar la vista del espejo. Sabía que había personas al otro lado, personas que lo estaban viendo, que estaban viendo cómo Jungkook lo penetraba, cómo se movía, cómo gimió. Vio su propia cara en el reflejo, sus ojos entrecerrados, sus labios abiertos dejando escapar gemidos.
—¿Ves cómo te miran? —dijo Jungkook, su voz ronca y entrecortada. —¿Ves cómo desean ser yo?
Jimin sintió que el orgasmo se acercaba. Jungkook metió su mano por debajo y encontró su clítoris, frotándolo al ritmo de sus embestidas.
—Voy a venirme —dijo.
Jimin se vino con un grito, su cuerpo temblando contra el espejo.
Sintió cómo Jungkook se enterraba en el, cómo se venía dentro.
El espejo se empañó con su aliento.
Después, Jungkook lo giró y lo besó. Fue un beso profundo, con lengua y dientes.
Jimin sintió el sabor de su propia piel en los labios de él.
—¿Te gustó? —preguntó.
—Sí.
—¿Quieres más?
—Sí.
Jungkook lo llevó a la cama y lo recostó. Se colocó sobre el y lo miró a los ojos. Sus manos viajaron por su cuerpo, desabrochando su vestido y dejándolo caer al suelo.
—Ahora quiero que te sientes en mi cara.
—¿Aquí?
—Aquí, donde todos puedan verte.
Jimin se sentó sobre su rostro.
Su coño presionó contra sus labios y sintió su lengua entrando. Gimió y agarró sus piernas. Sabía que los desconocidos estaban viéndolo, viendo cómo Jungkook lo lamía, viendo cómo su cuerpo se movía sobre él.
Vio su reflejo en el espejo, su cabello rubio cayendo sobre sus hombros, sus tetas balanceándose con cada movimiento.
—No pares —dijo.
—No voy a parar.
Jungkook lo comió con hambre.
Su lengua se movía dentro de el, entrando y saliendo, mientras sus dedos apretaban sus muslos.
Jimin sintió que el orgasmo se acercaba de nuevo.
—Voy a venirme —dijo de nuevo.
Y se vino en su boca.
Después, Jimin se sentó en la cama y miró al espejo. Vio su reflejo, su cabello despeinado, su piel sudorosa.
Y supo que había personas al otro lado que lo habían visto entero. Vio su propio cuerpo desnudo, sus pechos aún rojos por los mordiscos de Jungkook, su coño brillante por los orgasmos.
—¿Quieres ver quiénes son? —preguntó Jungkook.
—¿Se puede?
—Se puede.
Jungkook se levantó y caminó hacia el espejo. Presionó un botón en el marco y el vidrio se volvió transparente.
Al otro lado, había una sala similar, con un grupo de personas sentadas en butacas, mirándolos.
Hombres y mujeres con ropa elegante, con copas de champán en la mano.
Todos lo miraban a el.
Todos lo habían visto.
Algunos tenían sonrisas cómplices. Otros tenían los ojos fijos en su cuerpo.
Una mujer se mordía el labio.
Un hombre se ajustaba el pantalón.
Jimin sintió una mezcla de vergüenza y excitación. Sonrió.
—Gracias —dijo, con voz firme.
—Gracias a ti —respondió uno de ellos, un hombre de traje gris que lo miraba con intensidad.
Jungkook cerró el espejo y volvió a la cama.
—¿Y ahora? —preguntó Jimin.
—Ahora podemos irnos.
—¿No quieres quedarte un poco más?
—¿Y hacer qué?
—Lo mismo. Pero esta vez, con ellos mirando.
—¿Cómo?
—Quiero que me folles contra el espejo. Quiero que me pongas en cuatro y me folles mientras ellos ven. Quiero que me hagan sentir que soy suyo.
Jungkook sonrió y lo besó.
—Eres un loco.
—Loco por ti.
Jungkook lo llevó de vuelta al espejo.
Lo puso en cuatro frente al vidrio y se colocó detrás de el. Jimin sintió su pene presionando contra su entrada.
—¿Listo? —preguntó.
—Sí.
Jungkook lo penetró lentamente.
Jimin gimió y apoyó la frente en el espejo. Vio su reflejo, su cuerpo arqueado, sus tetas colgando.
Vio a Jungkook detrás de el moviéndose dentro y supo que, del otro lado, las miradas estaban clavadas en ellos.
—Mira como te follo. —dijo Jungkook.
Jimin no podía apartar la vista.
Vio cómo Jungkook lo penetraba, cómo entraba y salía. Vio cómo sus manos apretaban sus caderas. Vio cómo su propio cuerpo respondía a cada embestida.
—¿Te gusta que te vean? —preguntó Jungkook.
—Sí.
—¿Te gusta que te vean mientras te follo?
—Sí, papi.
Jungkook aceleró el ritmo.
Sus dedos fueron a su clítoris y lo frotaron al mismo tiempo.
Jimin no aguantó mas y se vino con un grito, su cuerpo temblando contra el espejo.
Jungkook se vino de nuevo dentro, enterrándose hasta el fondo.
Después, Jimin se giró y lo besó.
—Eres perfecto —dijo.
—Tú eres perfecto.
Jimin miró al espejo y sonrió.
—¿Crees que les gustó?
—Les encantó.
—Entonces volveremos.
—Sí —dijo Jungkook. —Volveremos.
Y esa noche, en la habitación con el espejo de dos caras, Jimin y Jungkook se amaron una vez más, sabiendo que había ojos al otro lado.
Sabiendo que estaban siendo vistos.
Sabiendo que eso los excitaba más que cualquier otra cosa.
Cuando finalmente salieron, Jimin se sintió diferente.
No era el mismo.
Algo había cambiado en el, algo que no podía nombrar.
Pero le gustaba.
Se sentía vivo.
Se sentía deseado.
Se sentía libre.
—¿Volveremos? —preguntó.
—Cuando quieras.
—Entonces volveremos.
Y Jungkook supo que había encontrado a el chico perfecto para él. Uno que no tenía miedo de ser visto, de ser deseado, de ser poseído.
Un chico que disfrutaba el riesgo y el anonimato, que lo hacía sentir completo.
Y mientras caminaban de la mano hacia la salida, Jimin sintió que el mundo era más grande que antes.
Que había más posibilidades, más placeres, más deseos. Y que estaba listo para explorarlos todos.
Con él.