Capítulo 1
Y sucedió que, durante el reinado del gran reino de Ayutthaya, bajo el mandato del Emperador del Sol Jun, el noble señor Pingmuang Win ordenó que una caravana que portaba un regalo de gran valor emprendiera el peligroso viaje a la corte del general Keng Harit Buayoi, gobernador de las provincias de Chang Mai y Chang Rai, porque estaba ansioso por ganar el favor del emperador y ocupar un puesto de importancia a su lado. —Si se sintió complacido o decepcionado porque los cortesanos y los soldados designados para tal empresa lograron llegar a la fortaleza, generosamente intentan venderme sus enviados —añadió. —ró la cortina, dejando a la vista unas pesadas puertas de madera con goznes de hierro. El soldado abrió la puerta sir ruido y Harit entró en la sala seguido por su amigo y consejero. Desde detrás de unas suntuosas cortinas de damasco, apareció en una tarima que se alzaba sobre el resplandeciente suelo enlosado y se quedó de pie delante de los enviados. Pero curtido por el tiempo pasado en el campo de batalla, permanecía impasible. Mientras esperaba a que la rodillara y se inclinara reverencialmente ante su formidable presencia, su mirada permaneció fría. La expresión pasó por ella sin reflejar ni un ápice de interés. Se sentó en su robusto trono y apoyó las manos en las rodillas. Rió para añadir un insulto a los representantes con advertencias como aquellas. Al parecer, aquel cortesano era uno de ellos, porque pareció encogerse y se apresuró a corregir su discurso. Un millón de ofensores. Mi lamentable ignorancia ha hecho que me dirigiera a su excelencia, el general, incorrectamente. Os ruego que no busquéis venganza en mi clemente señor por mi terrible infamia. Harit se dio cuenta de que los cuatro soldados fornidos que rodeaban a la muchacha permanecían agrupados a su alrededor, como si se tratara de una persona de importancia. Por tanto, tuviera que ser protegida constantemente. Ojalá os sintierais generoso y le concedierais alguna pequeña muestra de vuestro favor… Pero es muy consciente de que merece menos que nada. No, hemos venido a presentaros un regalo de Pingmuang Win a vuestra excelencia, el Protector del Norte, y al Hijo del Cielo, el emperador Jun, y… —El general Keng aprecia su generoso gesto, pero es un hombre importante. Tiene inmensas responsabilidades por estar al servicio del emperador —interrumpió Tle Matimun con suavidad—. Cualquier regalo de Pingmuang Win será enormemente valorado.
El cortesano pareció darse cuenta de que estaba siendo apremiado, aunque sin duda habría estado encantado de escuchar su propia elocuencia durante muchas horas. Alzó una mano.
Tle Matimun asintió. —Concedido. Hasta ahí y no más allá —se señaló una línea de piedra negra que había en el suelo a unos pasos de Harit.
El cortesano levantó el meñique y un sirviente se acercó al trono de rodillas sosteniendo un cofrecillo. Lo abrió para revelar el brillo de los muchos taeles de plata que estaban amontonados en su interior. —Una pequeña ofrenda de monedas —tó el anular de la mano que aún sostenía en alto. Un segundo sirviente se arrastró hacia delante con otro pequeño ctras del más panzó y desenrolló una pieza de seda reluciente de Phitsanulok. Notad la sutil belleza de las orquídeas incorporadas en el diseño.
Harit bostezó sin disimulo en su trono para indicar el aburrimiento que le producían aquellos regalos. El cortesano pareció conmocionado. —Estos regalos no son nada, no son dignos de la grandeza del gobernador. Aunque Pingmuang Win ha tenido que hacer gala de una gran austeridad para obtenerlos, estos detalles son demasiado insignificantes para poseer importancia al lado de vuestra gran fortuna y categoría. No, el tesoro que Pingmuang Win desea entregaros no es ninguno de los que hasta ahora os he presentado. Está aún por venir un colibrí en vuelo y se levantó con elegancia, manteniendo la mirada apropiadamente baja y velada por sus pestañas. Los soldados, como si la estuvieran protegiendo de un ataque inminente. El chut thai azul que llevaba estaba bordado con nagas y lotos dorados. El color oscuro hacía que surgiera la pregunta: ¿Aceptará la devolución del regalo si se descubre que no está intacto? —p —Transmitirás mi agradecimiento, obse —Pero… la princesa… Su guardia… ¡No debe quedar desprotegida! —balbuceó el cortesano—. Sus guardias deben acompañarte. Pueden irse contigo mientras puedan —dijo Tle Matimun con firmeza, implicando que no aceptaría ninguna discusión. —Entonces su sirviente. Por lo menos permitid que la acompañe mientras establece aquí su nuevo hogar…
Por primera vez, Tle Matimun estudió al criado bajo y delgado que les acompañaba; tenía un rostro de aspecto suave y ligeramente femenino.
El sirviente se sonrojó y asintió sin levantar la vista, pero dio un diminuto paso hacia la princesa. El bello rostro de la princesa no mostraba frustración, pero parecía asustada. Vio desaparecer a la princesa. ¿Qué espera Pingmuang Win obtener con semejante alarde?
Harit tensó los labios en una adusta sonrisa sin dejar de avanzar por el corredor. ¿De tal cantidad de perlas incomparables?
Tle Matimun se quedó anonadado. Tuvo que acelerar el paso para mantenerse al lado de su amigo. No veo cómo lo puede conseguir vendiendo a su hermana. O cuenta de que una más sería demasiado. —Se dice que el emperador tiene un harén con cientos de concubinas. —El emperador es el emperador y no necesita marchar a la guerra ni aplastar rebeliones de provincias advenedizas —saltó Harit—. Un hombre sencillo como yo no necesita una mujer diferente cada noche para calentar su lecho.
—Hablando de incomparables —dijo Tle Matimun, cambiando con mucho tacto de tema—, nunca he visto una muchacha tan hermosa como la princesa. —No me he dado cuenta —mintió Harit. —Por supuesto que no, pero cuando tengas tiempo, échale un vistazo a su cara. —Tle Matimun suspiró lleno de admiración—. Tiene una forma perfecta. Su cutis es tan fino como esas perlas que la han acompañado. Tiene unos ojos almendrados tan profundos como el cielo nocturno y la curva de la boca es como… —¿Como una serpiente que sufre la agonía de la muerte? ¡Inas! —rió Harit—. Ten cuidado de que no seas tú quien caiga bajo su hechizo. Cortejar a la concubina de otro hombre se castiga con la pena capital. —¿Entonces vas a quedártela? —Todavía no lo he decidido —contestó Harit con frialdad. —Pero no vas a enviarla de vuelta…
Harit abrió la puerta de su aposento privado. —Entra.
Tle Matimun le siguió y cerró la puerta. —¿A qué juegas? No hace falta que disimules conmigo. —¿Qué dice en el documento?
Tle Matimun lo desenrolló. —Si no me equivoco al leer entre líneas, espera evitar que invadas su provincia y que respetes las fronteras comunes. Eso quiere decir que está haciendo algo que no quiere que sepas, ¿pero que justifica? ¿Que su belleza te mantenga ocupado hasta el punto de poder pasar sin problemas por tu lado en su camino hacia el mar? A veces los dioses se divierten quitando con una mano y teniendo que catalogar todo lo que han traído y que lo lleven a la cámara del tesoro. La excepción de la princesa Namping —bromeó Tle Matimun. —Averigua todo lo que puedas sobre su familia —dijo Harit de repente—. Solo un hombre sin corazón enviaría a su propia hermana a sufrir el destino de una concubina sin importancia en un hogar ya establecido. Yo no podría hacerlo, ni siquiera si el emperador me lo ordenara. Hay algo muy raro detrás de todo esto. Me ocuparé de que la princesa se instale en la séptima casa con su sirviente, pero de momento no dejaré que se sienta demasiado cómoda. ¿Y qué Khem se presente con ella?
Lentamente, una sonrisa cruzó los labios de Harit. —Ya sabía yo que había una razón por la que conservaba un bufón en mi corte. —¡Bufón! ¡No soy un bufón! —protestó Tle Matimun con fingida indignación—. Saldrías perdiendo si me tomara en serio el insulto y convirtiera al humor en el principal objetivo de mi servicio. —No insultaría a nadie más que a mi mejor amigo, Tle Matimun. —Harit se levantó y colocó la mano sobre el hombro de su consejero—. Nos ocuparemos de esto los dos juntos, como hemos hecho siempre, pase lo que pase. —Lo haremos —convino Tle Matimun.
¿Hay algún otro pasaje o aspecto de esta narración en el que te gustaría que profundizara o sobre el cual necesites más ayuda?








