Chapter
El SUV avanzaba por la carretera oscura, tragándose kilómetros de asfalto iluminado solo por sus faros. Dentro, el silencio era pesado.
—No entiendo por qué te molesta tanto —dijo Jungkook con la mirada clavada en la carretera. Sus manos apretaban el volante con fuerza.
Jimin, en el asiento del pasajero, miró por la ventana. Su reflejo en el cristal mostraba una mueca de fastidio.
—No me molesta, me da igual —mintió, su voz tensa.
—Claro que no, llevas media hora sin hablar.
—¡Porque no tengo nada que decir! —giró la cabeza hacia él, la voz subiendo de volumen. —¿O necesitas que te aplauda por haber invitado a tu ex a tomar algo “como amigos”?
—Ya te dije que fue cosa de un momento. Ella estaba en la ciudad y…
—¡Y tú no sabes decir que no! —lo cortó Jimin. —Siempre es lo mismo. Eres demasiado bueno con todo el mundo, menos conmigo.
—Eso no es justo —dijo Jungkook, y se oyó el leve crujido del cuero del volante bajo sus dedos.
—¿Qué es justo entonces? ¿Que yo me quede en casa planeando nuestro viaje mientras tú tomas cocktails con la mujer que te partió el corazón?
—Fue un café, y fue hace cuatro años, Jimin.
—¡Da igual!
La discusión subió de tono.
Palabras hirientes, acusaciones viejas, tonos cada vez más altos.
El aire acondicionado no podía con el calor que generaban.
Jimin sentía la rabia subiéndole por el pecho, pero debajo de la rabia, otra cosa se movía. Algo familiar y retorcido.
Cada vez que discutían así, al final terminaba pasando.
Miró a Jungkook.
La luz de los paneles del auto le iluminaba la mandíbula apretada, los ojos fijos en la carretera con una intensidad que le daba voltaje al aire.
Él también estaba excitado. Lo sabía.
Sin pensarlo, desabrochó su cinturón de seguridad. El clic sonó fuerte.
—¿Qué haces? —preguntó Jungkook, sin apartar la vista del camino.
Jimin no respondió.
Se deslizó hacia el centro, sobre la consola grande que separaba los asientos.
Con movimientos bruscos, todavía enfadado, bajó la cremallera de sus jeans.
—Jimin, para. Estoy conduciendo.
—¿Y qué? —dijo el, su voz un desafío.
Metió la mano dentro de su ropa interior. Encontró ya medio duro su pene. Siempre pasaba. La pelea los calentaba a los dos.
Jungkook inspiró hondo cuando Jimin agarró su verga con fuerza.
—Esto es una locura —murmuró, pero no lo detuvo.
—Cállate y conduce —susurró Jimin, y bajó la cabeza.
La primera vez que su boca tocó la punta de su pene, Jungkook pisó el acelerador por error. El SUV rugió y aceleró brevemente antes de que él controlara el impulso.
—Mierda —jadeó.
Jimin no se detuvo. Se lo metió en la boca entero, tomándolo hasta la garganta.
El sabor a él, a algodón limpio y a piel, lo enfureció y lo excitó más.
Empezó a mover la cabeza rápido y duro, como si el acto fuera una extensión de la discusión.
Cada gemido ahogado que salía de Jungkook era una pequeña victoria.
Él tenía las dos manos en el volante y los nudillos blancos. Miraba la carretera desierta que se enrollaba frente a ellos, pero su respiración era cada vez más irregular.
—Más lento… no puedo… —intentó decir, pero Jimin le dio un succionón fuerte que le cortó la frase.
Jimin se sentía poderoso. Ahi, en ese espacio pequeño, con el auto a ciento veinte por hora en la oscuridad, el tenía el control.
Jungkook no podía hacer nada más que aguantar y manejar. Le lamía la punta, le chupaba los huevos con una mano y volvía a metérsela toda. Sentía cómo se ponía más duro, más grande en su boca.
—Voy a… Jimin, para… —la voz de Jungkook se escuchaba ronca.
El no paró. Al contrario, apretó los labios y aumentó el ritmo. Sabía que estaba a punto de correrse.
Con un gruñido largo, Jungkook se vino. Jimin lo sintió palpitando en su lengua, caliente y salado. Tragó todo, sin dejar de chupar hasta que él tembló.
Se separó, limpiándose la boca con el dorso de la mano.
Volvió a su asiento, los dos jadeaban.
El auto siguió avanzando en silencio, pero la energía había cambiado. La rabia pura se había convertido en algo eléctrico y peligroso.
Cinco kilómetros después, una señal indicó un área de descanso. Jungkook salió de la carretera sin avisar, las llantas crujiendo sobre la grava del carril de acceso.
El área estaba vacía. Solo un par de farolas apagadas y basureros.
El SUV se detuvo bruscamente en un espacio alejado.
Jungkook apagó el motor. La oscuridad los envolvió, solo rota por las luces del auto.
Ni una palabra.
El pelinegro salió, dio la vuelta al vehículo y abrió la puerta del pasajero.
Agarró a Jimin del brazo y lo sacó.
—¿Qué…?
No lo dejó terminar. Lo giró y lo empujó contra el capó frío del SUV.
La espalda de Jimin chocó contra el metal.
Él le bajó los leggings y la ropa interior de un tirón, hasta los tobillos. El aire de la noche le dio en la piel desnuda, erizándole los pelos.
—Esto es lo que querías, ¿no? —preguntó Jungkook, su voz grave justo detrás de su oído. —Calentarme en el auto.
—Yo no…
Él le dio una nalgada fuerte, seca.
El sonido resonó en el área vacía.
—Mientes —dijo.
Jimin sintió que él se bajaba los jeans y la ropa interior solo lo necesario. Luego, la punta de su pene, ya duro de nuevo, le rozó la entrada.
No hubo preparación. No había cariño aquí, solo la tensión de la pelea convertida en esto. Jungkook lo penetró de un solo empujón.
Jimin gritó, agarrándose al borde del capó. Él estaba seco y Jimin no estaba listo, pero el dolor agudo se mezcló con el placer de inmediato, como siempre pasaba cuando estaban así.
Él empezó a cogerlo, duro y rápido, agarrándolo de las caderas para clavar cada embestida.
El auto se mecía ligeramente con su fuerza.
Jimin apoyó la cara en el capó frío, jadeando, cada golpe empujándolo contra el metal.
—¿Te gusta? —gruñó Jungkook, dándole otra nalgada. — ¿Te gusta provocarme hasta que pierdo el control?
—Sí —gritó Jimin, sin pensarlo.
—¿Sí, qué?
—¡Sí, me gusta!
Él lo agarró del pelo y tiró hacia atrás, arqueando su espalda. Cambió el ángulo, y de pronto estuvo más profundo.
Jimin vio las estrellas arriba, brillantes, mientras su cuerpo se calentaba a punto de estallar.
—Ahora te vas a venir —ordenó Jungkook, su ritmo volviéndose irregular, salvaje. —Te vas a venir en mi verga, aquí mismo, como la puta que eres.
Las palabras crudas, la posición, la adrenalina de antes fue demasiado.
Jimin gritó cuando el orgasmo lo sacudió, cegándolo por un segundo.
Su coño se apretó alrededor de él, asfixiandolo.
Eso fue lo que Jungkook necesitó. Con un gruñido ronco, se vino dentro de el profundamente, temblando.
Se quedaron así un momento, pegados, jadeando contra el capó del auto.
Poco a poco, Jungkook se separó. Jimin se enderezó, tembloroso, subiéndose los leggings.
Jungkook se arregló la ropa.
Sin mirarse, volvieron a entrar al auto.
Jungkook encendió el motor y puso la calefacción.
En la carretera de nuevo, el silencio era diferente, ya no había rabia. Solo cansancio y un vacío extraño.
Diez minutos después, Jimin habló, mirando por la ventana.
—En la próxima gasolinera, para. Necesito un café.
—Esta bien. —dijo Jungkook.
Y siguieron conduciendo, la carretera desierta adelante, el desastre de siempre dejado atrás en el capó frío de un SUV, por ahora.







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