장군님⠀⠀﮾ ﮽⠀⠀𝗇𝖺͜͡𝗆𝗃𝗂𝗇 por l๑͏tth en Inkitt
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장군님⠀⠀﮾ ﮽⠀⠀𝗇𝖺͜͡𝗆𝗃𝗂𝗇

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Sinopsis

𝗻𝗮𝗺𝗷𝗼𝗼𝗻⠀finalizó su servicio dentro del ejército; su lindo esposo,⠀𝗸𝗶𝗺 𝘀𝗲𝗼𝗸𝗷𝗶𝗻,⠀planificó un premio perfecto por servir a su país.⠀⠀one shot nsfw⠀|⠀alt. universe.⠀⠀nam!top ༝ jin!bottom.⠀⠀feminización,⠀estereotipos de género,⠀romance,⠀roleplay,⠀boypussy,⠀smut,⠀sexo irreal / sin protección.⠀⠀original story.⠀⠀si no es de tu agrado te invito⠀ 𝗮𝗺𝗮𝗯𝗹𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲⠀a⠀ 𝗿𝗲𝘁𝗶𝗿𝗮𝗿𝘁𝗲.⠀⠀abstenerse de⠀𝗥𝗘𝗣𝗢𝗥𝗧𝗔𝗥⠀la historia.⠀⠀2O26⠀©⠀namjincidio.

Genero:
Erotica
Autor/a:
l๑͏tth
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

⠀♡ྀ.⠀⠀⠀섹스⠀;⠀𝗎𝗇𝗂𝑞𝗎𝖾

경고.ᐟ.ᐟ⠀⠀contenido vulgar & sexual,⠀Nam!top x Jin!bottom,⠀intento de dirty talk,⠀roleplay,⠀boypussy,⠀more in bio.



⋅.˳˳.⋅ॱ˙ ˙ॱ⋅.˳⠀⠀❤︎⠀⠀˳˳.⋅ॱ˙ ˙ॱ⋅.˳˳.⋅









⠀⠀⠀⠀Seúl vibraba bajo un velo de lluvia nocturna que transformaba las luces de neón en reflejos difusos sobre el asfalto mojado. A lo lejos, el ritmo constante de los neumáticos cortando los charcos se fundía con el eco de la vida nocturna de Gangnam. Sin embargo, en lo alto, muy por encima de las calles iluminadas, la atmósfera solo era interrumpida por una tensión eléctrica.

⠀⠀⠀⠀Finalmente había llegado el día. El General Kim Namjoon, el líder más joven de la 15.ª División de Infantería, subía en el ascensor privado con una postura que resaltaba sus años de disciplina. Los números en el panel marcaban los últimos segundos de una condena autoimpuesta por el gobierno. Dieciocho meses de disciplina, barro y decisiones gélidas en la base de Nonsan, donde su temple fue el pilar de miles de soldados.

⠀⠀⠀⠀El ascensor desaceleró con un suave zumbido. Namjoon estaba a punto de cruzar el umbral hacia su único refugio real.Su hogar.

⠀⠀⠀⠀Ding.

⠀⠀⠀⠀Las puertas se abrieron con un susurro. El pasillo privado estaba tenuemente iluminado y el panel de seguridad reconoció su huella con un clic metálico. La pesada puerta principal cedió y el moreno dio un paso hacia dentro; el golpeteo —pesado y autoritario— de sus botas militares sobre la madera pulida le pareció ensordecedor en medio de aquel silencio sepulcral.

⠀⠀⠀⠀Se detuvo un segundo y cerró los ojos para inhalar profundamente. El aroma lo golpeó con la fuerza de un impacto: vainilla, lino limpio, y ese inconfundible perfume de peonías y ámbar que siempre acompañaba su esposo. Un nudo doloroso y caliente se instaló en la base de su garganta.

⠀⠀⠀⠀Dios, cómo echó de menos estar en casa.

⠀⠀⠀⠀Tratando de no hacer ruido, se arrodilló con los músculos tensos bajo el uniforme para desatar los cordones de sus botas. No quería despertar a ese precioso tesoro que —muy probablemente— lo había esperado desde la madrugada, confiando en que el alto mando lo liberaría mucho antes.

⠀⠀⠀⠀Namjoon se mantuvo agachado en el pasillo, bajo la penumbra dorada de las lámparas de cortesía. Sus hombros, anchos y cargados de condecoraciones sobre la chaqueta verde oliva, casi eclipsaban la entrada. Estaba exhausto, su cuerpo tenso era un mapa de tensión acumulada, cuando la pesada bolsa de lona que sostenía se le resbaló de los dedos.

⠀⠀⠀⠀El equipo golpeó el suelo con un estruendo sordo que rompió el silencio.

⠀⠀⠀⠀Maldijo por lo bajo, un siseo ronco que se perdió en la amplitud del recibidor. Se quedó inmóvil, conteniendo el aliento mientras esperaba escuchar el crujir de las sábanas o la voz adormilada de su esposo desde la habitación principal.

⠀⠀⠀⠀Nada. Solo silencio. Fue una falsa alarma.

⠀⠀⠀⠀Por precaución, decidió dejar la bolsa donde cayó; era como abandonar el último rastro de su rango antes de entrar de lleno en su propio universo.

⠀⠀⠀⠀Aquel año de disciplina rígida y ascensos metódicos había dejado huella en su cuerpo: la mandíbula afilada, la postura impecable e inamovible y una mirada capaz de doblegar a cualquiera. Era un hombre imponente, peligrosamente atractivo, pero en la quietud de su hogar, esa fachada vibraba con una añoranza desesperada.

⠀⠀⠀⠀Porque bajo las insignias, la tela y el latón, el hombre de piel dorada sentía un hambre que ningún régimen militar podría saciar. Comenzó a caminar descalzo, moviéndose con agilidad sobre la madera fría. No buscaba dar una sorpresa, sino que seguía el instinto primario de encontrar a su esposo y besarlo hasta dejarlo sin aliento.

⠀⠀⠀⠀Namjoon había echado tanto de menos a su esposo; las noches en las barracas fueron un tormento de insomnio, plagadas de recuerdos de su piel suave, risas cristalinas y el calor de aquel cuerpo moviéndose sobre el suyo.

⠀⠀⠀⠀Al cruzar el umbral que separaba el pasillo del centro de la inmensa sala de estar, el aire se le escapó de los pulmones como si hubiera recibido un golpe. Allí estaba él, el único que lo ayudó a mantener la cordura en aquel infierno: Kim Seokjin.

⠀⠀⠀⠀El rubio aparecía bajo el tenue y fantasmal resplandor azul amoratado que se filtraba por las cortinas del balcón. No estaba dormido, como Namjoon supuso, sino que lo esperaba de pie junto al sofá de diseño. Vestía una camisa de seda blanca —evidentemente suya— que resbalaba de su hombro revelando la curva pálida y perfecta de su clavícula. Con los pies hundidos en la alfombra y su cabello caído sobre la frente. Muy bien arreglado.

⠀⠀⠀⠀Namjoon retuvo el aliento mientras su corazón golpeaba contra sus costillas con la fuerza de un tambor de guerra. Su esposo era tan malditamente hermoso e íntimamente doméstico que le resultaba abrumador tenerlo allí, de carne y hueso, tras meses conformándose con fotos y recuerdos. Seokjin se veía angelical y suave; una aparición de porcelana entre las sombras de la casa.

⠀⠀⠀⠀Sus ojos se encontraron con los de Namjoon. No hubo un jadeo de sorpresa, ni un salto emocional descontrolado. En la mirada del mayor había un brillo acuoso, profundo. Un mar de devoción que el moreno de inmediato reconoció una chispa de picardía que lo dejó sin palabras.

⠀⠀⠀⠀— Mi general... —suspiró Seokjin. Su voz, un murmullo aterciopelado, cortó la distancia entre ambos con la suavidad de una fina navaja caliente.

⠀⠀⠀⠀Con una gracia que encendió la sangre de Namjoon, Jin levantó la mano derecha llevándola a la altura de su pecho, presionando el puño contra su corazón. Era un saludo militar improvisado, un juramento de lealtad susurrado en la intimidad.

⠀⠀⠀⠀— Le eché mucho de menos.

⠀⠀⠀⠀El menor no pudo responder. Sus labios apenas se separaron, tenía la garganta completamente seca y las palabras se negaban a salir. Se mantuvo rígido junto a la entrada, luchando contra el instinto de abalanzarse sobre él. Sus manos se cerraron en puños ocultos a los costados de su cuerpo, con los nudillos blancos por el esfuerzo. Intentaba, con cada onza de su entrenamiento, contener el hambre insaciable y perversa que acababa de florecer en su interior.

⠀⠀⠀⠀Namjoon bajó la mirada por una fracción de segundos, recorriendo la longitud del cuello de su esposo y la forma en que la camisa de seda se ceñía a sus muslos, antes de volver a anclarse en sus pestañas oscuras. Sabía bien el poder Jin ostentaba sobre él; era su ángel, su debilidad.

⠀⠀⠀⠀Lejos de romper la tensión con el típico llanto o mimos desesperados, el de piel nívea se mantuvo en su lugar, balanceándose apenas y usando su inmenso atractivo como un arma para desarmar por completo al imponente hombre que tenía frente a él. Era una trampa, tan hermosa y seductora que Namjoon no quería escapar de ella.

⠀⠀⠀⠀El pecho del General se agitó y su respiración se volvió errática al contemplar la escena. El instinto finalmente fracturó su raciocinio y Namjoon dio un paso pesado hacia adelante, buscando el calor de su esposo. Siempre había sido así: él como un cachorro atraído por el afecto de Seokjin, una dinámica grabada en sus acciones desde que se conocieron.

⠀⠀⠀⠀Él cazaba, Jin se dejaba adorar.

⠀⠀⠀⠀No obstante, en cuanto éste acortó la distancia, la atmósfera cambió. Con un solo paso calculado y una mano levantada en señal de alto, el rubio lo dejó paralizado. La precisión con la que caminaba era la de quien sabe exactamente cómo torturar a su marido. Seokjin se detuvo a escasos centímetros de él. Tan cerca que el olor del perfume y la calidez de su cuerpo contrastaron contra el frío uniforme militar.

⠀⠀⠀⠀— Ojos al frente, general. —dijo. Su voz ya no era un susurro anhelante, sino un mandato suave y firme, cargado de una autoridad que no nacía de rangos o estrellas, sino de la devoción absoluta que Namjoon le entregó.

⠀⠀⠀⠀Al hablar, Seokjin inclinó la cabeza hacia arriba. Sus suaves y abultados labios rozaron la piel áspera y bronceada de la garganta contraria. No fue un beso, sino el fantasma de uno; una caricia eléctrica, una señal inconfundible que exigía obediencia y amenazaba con destruir la poca cordura que le quedaba al General.

⠀⠀⠀⠀— No le di permiso para distraerse —musita contra su cuello, sintiendo cómo éste tragaba saliva con dificultad. El aliento cálido de Jin envió un escalofrío furioso por la espalda del moreno—. Déjeme ayudarlo.

⠀⠀⠀⠀Su cambio fue instantáneo, como un interruptor activándose en su mente. La mandíbula del pelinegro se tensó hasta doler y, cumpliendo la orden, apartó la vista del rostro de Seokjin para fijarla rígidamente en la pared grisácea. Su figura adoptó una postura de atención impecable y estricta: hombros hacia atrás, pecho erguido y mentón en alto.

⠀⠀⠀⠀En la formación bajo la lluvia helada, Namjoon había aprendido que la supervivencia dependía de la disciplina y el respeto a la jerarquía. Pero aquí, en la intimidad de su hogar, esa obediencia se transformaba en algo devoto, libidinoso y profundamente vulnerable.

⠀⠀⠀⠀Ver a un comandante de alto rango estar subyugado y temblando ante su esposo —quien lo dominaba vistiendo únicamente una camisa de dormir— era asombroso. Una muestra dulce y patética, según palabras de ciertos conocidos que tenían en común.

⠀⠀⠀⠀— Solicito... —la voz del General salió ronca, un áspero sonido rompiendo el silencio de la sala.

⠀⠀⠀⠀Anhelaba pedir permiso, para tocarlo, para rodear con sus manos la estrecha cintura de Seokjin y hundir su rostro en ese cuello lechoso y devorarlo hasta recuperar cada segundo perdido.

⠀⠀⠀⠀Disfrutaba esto. Tener el control absoluto sobre la bestia.

⠀⠀⠀⠀— Denegado, general. —farfulló el más bajito, cortando la petición de raíz.

⠀⠀⠀⠀Una pequeña e imperceptible sonrisa asomó en la comisura de sus labios. Disfrutaba esto. Tener el control absoluto sobre su hombre. Con malicia exasperante, las suaves manos de Seokjin se posaron sobre el pecho de tapado. El contraste le hizo perder la cabeza: los dedos fríos y delicados de su esposo contra el metal rígido de los botones de su uniforme.

⠀⠀⠀⠀— Joon. —llamó mientras comenzaba a desabrochar los botones con una lentitud meticulosa. Uno por uno, rozaba intencionalmente sus nudillos contra el pecho del pelinegro, incluso a través de la gruesa tela, lo torturaba de forma calculada.

⠀⠀⠀⠀Clic. El botón superior se soltó.

⠀⠀⠀⠀La respiración de Namjoon se volvió más audible, un sonido rasposo en el silencio de la habitación.

⠀⠀⠀⠀Clic. El segundo botón cedió.

⠀⠀⠀⠀Seokjin no lo miraba a la cara; mantenía los ojos fijos en su tarea, concentrado en la tela verde oliva y el metal frío. Namjoon, obligado a mirar al frente, solo podía sentir: el calor de su esposo, su aroma embriagador y la dulce agonía de esas manos desarmando —pieza por pieza— su armadura militar.

⠀⠀⠀⠀El rubio, quien era mucho más esbelto y delicado en comparación al cuerpo colosal de Namjoon, irradiaba una dominación pura, psicológica y sensual. No necesitaba levantar la voz, ni usar la fuerza física; su poder residía en saber exactamente cuánto lo deseaba su esposo.

⠀⠀⠀⠀Namjoon no protestó; era imposible. Estaba completamente a merced de las manos de su ángel, dejando que despojara capa por capa, la rudeza de su apariencia. La chaqueta militar, símbolo de su autoridad en el mundo exterior, ahora no era más que un estorbo que Jin retiraba con una paciencia casi sádica.

⠀⠀⠀⠀Maldito torturador.

⠀⠀⠀⠀— Respira, mi amor. —murmuró de pronto, dejando que su faceta de esposo se filtrara por un momento. La dualidad fue un latigazo. Los pulgares del pálido acariciaron las solapas abiertas de la chaqueta, deslizándose hacia los hombros del General.

⠀⠀⠀⠀— Es difícil —confiesa Namjoon, su voz vibra en su pecho. Sus ojos permanecían fijos al frente, aunque cada fibra de su ser le suplicaba que rompiera la formación—. Es difícil cuando me tocas así.

⠀⠀⠀⠀El contrario sonrió, recuperando su aire autoritario—. Esa es la idea, general.

⠀⠀⠀⠀Con un movimiento fluido, empujó la chaqueta fuera de los hombros ajenos. La pesada prenda cayó al suelo, amontonándose sobre la alfombra junto a sus pies descalzos.

⠀⠀⠀⠀Namjoon quedó solo en la camisa color arena, perfectamente fajada en sus pantalones, y la corbata negra aún anudada al cuello. Se sentía expuesto, vulnerable, como si Seokjin estuviera desnudando su alma junto con su uniforme. Las manos del rubio sujetaron la corbata y tiraron suavemente del nudo, obligando a que el moreno se acerque un milímetro más.

⠀⠀⠀⠀La seda de la camisa de Jin rozó el algodón de la de Namjoon. Calor. Fricción.

⠀⠀⠀⠀— Has estado tenso —le regañó en un susurro mientras deshacía el nudo de la corbata con cuidado—. Tus hombros parecen piedras. Has pasado por mucho allí dentro, ¿cierto, Namjoon-nim?

⠀⠀⠀⠀El uso de su nombre fue el detonante. Un estremecimiento involuntario recorrió el enorme cuerpo del General. Era verdad; el peso del mando, las vidas bajo su responsabilidad y la constante necesidad de ser el pilar de apoyo. Todo comenzaba a desmoronarse bajo el toque suave de su esposo.

⠀⠀⠀⠀Con la corbata a un lado, Seokjin pasó las manos alrededor del cuello de la camisa, repitiendo la acción de desabrochar los botones con una lentitud tortuosa. Uno tras otro, fue revelando la piel bronceada de las clavículas del pelinegro y el inicio de su pecho esculpido.

⠀⠀⠀⠀Se detuvo ahí. Sus manos descansaron sobre la piel descubierta, sintiendo el latido desbocado bajo las palmas. Jin levantó al fin la mirada, encontrándose con los ojos ardientes y contenidos de Namjoon. La obediencia del General estaba en su límite absoluto; los músculos de su mandíbula se tensaban y sus ojos oscuros gritaban necesidad.

⠀⠀⠀⠀— Míreme a los ojos general —ordenó suavemente. El mencionado bajó la cabeza y, al conectar sus ojos, el aire en la habitación pareció encenderse—. Dime qué quieres —insiste, acariciando con el pulgar la línea del cuello de su esposo, justo sobre su pulso frenético—. Dimequéha deseado el gran Kim Namjoon durante estos dieciocho malditos meses.

⠀⠀⠀⠀Su respiración se entrecortó. La barrera militar colapsó por completo, destrozada por el peso del deseo y el amor erótico acumulados.

⠀⠀⠀⠀— A ti —gruñó el de piel canela, su voz fue profunda y gutural, despojada de toda civilidad—. Te quiero a ti. Todo de ti. Ya no aguanto más, Seokjin.

⠀⠀⠀⠀El pelinegro sonrió, una mueca húmeda, gloriosa y depredadora. La inocencia de su ángel se desvaneció, dando paso al esposo devoto que conocía con plenitud cómo llevar a su hombre a la locura.

⠀⠀⠀⠀— Permiso concedido, general.

⠀⠀⠀⠀Fue todo lo que Namjoon necesitó. El autocontrol se esfumó y sus manos —antes rígidas— se dispararon hacia adelante. Una se enredó en las delgadas hebras de la nuca de Seokjin, inclinando su cabeza atrás para exponer su cuello, mientras la otra mano atrapaba su cintura con una fuerza posesiva y desesperada, levantándolo ligeramente del suelo.

⠀⠀⠀⠀Jin gimió ante el impacto repentino, sus manos se aferraron a los hombros de su esposo con desesperación. Sus bocas chocaron con una urgencia feroz; no hubo nada suave en el beso, solo una colisión, una reclamación hambrienta tras meses de hambre. Namjoon devoró los labios rosados, saboreando la saliva, el calor, el gemido gráfico de rendición que el pálido soltó contra su boca. Sus lenguas se encontraron de forma desesperada y caótica, reconociendo el territorio que tanto extrañaron.

⠀⠀⠀⠀El General avanzó, empujando ciegamente a Seokjin, quien se dejó llevar por la fuerza imparable. Chocaron contra el borde del pesado sofá de la sala, el rubio cayó de espaldas, pero no alcanzó los cojines, su cuerpo terminó recostado sobre la alfombra que pisó segundos antes.

⠀⠀⠀⠀Namjoon lo siguió de inmediato, cerniéndose sobre él como una sombra protectora e imponente. La camisa de seda blanca de Jin se deslizó por completo de sus hombros, dejando su pecho lechoso al descubierto bajo la luz que entraba por el balcón. El General recorrió cada centímetro con una mirada de adoración antes de bajar la cabeza para presionar sus labios calientes contra la curvatura de su cuello.

⠀⠀⠀⠀— Mía —murmuró el moreno contra su piel, rozando con los dientes el tendón palpitante antes de morderlo suavemente—. Mi vida.

⠀⠀⠀⠀Seokjin arqueó la espalda, dejando escapar un suspiro tembloroso por sus labios hinchados. Sus manos buscaron desesperadamente el pecho de Namjoon, terminando de abrir la camisa con tirones torpes y urgentes. Quería piel contra piel. Quería sentir el fuego abrasador del hombre que tanto amaba.⠀⠀⠀⠀

⠀⠀⠀⠀Y con el cuál quizá, se estuvo masturbando más de trece veces en la última semana.

⠀⠀⠀⠀— Estás más grande... —jadeó alzando las cejas.

⠀⠀⠀⠀Enreda los dedos en el cabello corto y puntiagudo de Namjoon, tirando de él para unir sus labios una vez más en la penumbra de la sala.

⠀⠀⠀⠀— Eso que solo has visto mi pecho, preciosa —musita el pelinegro, separándose apenas unos milímetros para recuperar el aliento—. Sé buena y abre las piernas.

⠀⠀⠀⠀Namjoon comenzó a ejercer presión con su cadera contra los muslos rellenitos de su esposo. La prenda comenzaba a ser una molestia física; sus dedos aflojaron la hebilla del cinturón y, con cierta desesperación, deslizó el cierre del pantalón. El plástico de su boxer pasaba inadvertido, pero desde dentro, el moreno sentía la insoportable viscosidad que albergaba en su entrepierna.

⠀⠀⠀⠀—Nam —llamó, sintiendo la presión de las manos de su marido acariciar sobre sus muslos—.Yeobo*, detente. Hay que hablar.

⠀⠀⠀⠀— ¿Hablar sobre qué muñeca? —le pregunta con voz profunda mientras acomoda el cojín más cercano del sofá tras la nuca de Jin.

⠀⠀⠀⠀— No hagas eso —él le susurró, con una diminuta sonrisa llena de vergüenza formándose en sus labios—. Lo haces a propósito.

⠀⠀⠀⠀El de piel bronceada se abstuvo de responder de inmediato. En su lugar, trazó un camino de besos desde el pecho hasta la parte inferior del abdomen de Seokjin. El sonido húmedo de sus labios contra la piel tersa y sin vello era el mejor premio que podía recibir tras tantos meses de abstinencia.

⠀⠀⠀⠀— Tan bonita... —admite, succionando y rodeando de manera juguetona uno de los pezones de su rubiecito; mordiendo aquel botón rosita—. Tan dispuesta para tu general.

⠀⠀⠀⠀— Uh. —gimió aliviado ante el estímulo, flexionando su pierna. Con un movimiento ágil, su tobillo izquierdo se enroscó en la cintura de su marido, dando un pequeño golpe que Namjoon no supo interpretar como una orden o una protesta.

⠀⠀⠀⠀— Eso me dolió, angelito. —dijo antes de cambiar al otro pezón, humedeciendo la piel sin ninguna vergüenza. El sabor salado del sudor de Seokjin era excitante; parecía un aderezo tan propio y perfecto que su cuerpo generaba al ser tocado en los lugares correctos.

⠀⠀⠀⠀Namjoon no quiso perder tiempo. Tomó la corva derecha de su esposo y la apoyó sobre su hombro. El mayor —voluntariamente— sujetó su otro pie para mantenerlo firme contra la nuca de este.

⠀⠀⠀⠀— Qué preciosa. —el pelinegro se aleja un poco para admirar la curiosa posición que habían creado.

⠀⠀⠀⠀— ¿En serio? —siseó Jin ladeando la cabeza, con el cabello completamente revuelto contra el cojín.

⠀⠀⠀⠀El moreno irguió una ceja antes de bajar la vista. Con la mano desocupada, frotó dos dedos sobre la tela, notándola húmeda y viscosa. Los ojos de Seokjin se abrieron con demasía antes de que un temblor involuntario lo sacudiera con fuerza.

⠀⠀⠀⠀— ¿Esa es nueva? —preguntó. Él otro asintió, intentando mover la mano del General de su pantorilla adormecida—. Te queda muy bonita, Jinnie. Es blanca, como tú, como tu piel. Me gusta.

⠀⠀⠀⠀Para enfatizar sus palabras, Namjoon enganchó el índice en el borde de aquella braga, apartándola hacia un costado. Se excitó al ver la nivea entrada sonrosada y humedecida. Seokjin sintió cómo se le escapaban más gotitas de su propio lubricante. Su esposo era increíble con él sin haber entrado todavía.

⠀⠀⠀⠀El General contuvo el aliento antes de estirar el índice por los labios brillosos y rositas de su esposo. Se sentía tan pegajoso que —inconscientemente— eso endureció más su falo. Por acto inherente, deslizó el meñique en su interior; el calor abrasador le arrancó un suspiro pesado, mientras Jin —abrumado por revivir esa deliciosa adrenalina— dejó salir más de su blanquecino y acuoso gush.

⠀⠀⠀⠀Namjoon curvó el dedo con maestría, sin perder la ternura. Claro que deseaba satisfacerse con el cuerpo delgado y cuidado de su esposo, pero sobre todo quería hacerlo sentir bien a él. No había nada más importante en el mundo que ser el responsable de darle placer a su ángel.

⠀⠀⠀⠀— ¿Lo estoy haciendo bien? —pregunta ladino, antes de presionar la parte trasera de la rodilla del rubio.

⠀⠀⠀⠀— Mhm, sí... sí... —jadeó Seokjin, sintiendo el aire hacer cosquillas a su delicada entradita.

⠀⠀⠀⠀El dedo de Namjoon se curvaba con tanta naturalidad que parecía que el tiempo no hubiera pasado desde la última vez que tuvieron sexo.

⠀⠀⠀⠀— Namu... —lo llamó el mayor con voz rasgada, sumergido terriblemente en el placer—. Namu.

⠀⠀⠀⠀— General. Soy tu General, muñeca. —corrigió, aunque sin rastro de fastidio.

⠀⠀⠀⠀Namjoon notó como los ojos de su esposo parecían desubicarse de la realidad. Ensimismado por la reacción, bajó su ropa interior poco a poco, revelando su falo moreno, con su bálano goteante y listo.

⠀⠀⠀⠀— Gen... —articuló Seokjin, casi deshecho. Alzó unos centímetros la cabeza, percatándose del tamaño del miembro que el pelinegro acababa de posicionar entre ambos—.Oh.

⠀⠀⠀⠀— ¿”Oh" qué, Jinnie? —el rubio no le dio respuesta; simplemente se quedó en silencio, observándolo con los ojitos tan brillosos que Namjoon juró tener un flashback del Jin de hace doce años, sorprendido al descubrir su virilidad por primera vez.

⠀⠀⠀⠀Seokjin estiró la palma de la mano, hipnotizado por lo que veía; la envergadura del moreno lo dejó boquiabierto. Tras observarlo un momento, desvió la mirada hacia su apuesto General. Relamió sus labios y acunó el miembro con una mano, iniciando un vaivén suave que trataba de iniciar en la base hasta culminar la punta.

⠀⠀⠀⠀Ahora fue el turno de Namjoon para quebrarse. Con el dedo aún dentro de su esposo, dejó caer su cuerpo sobre el pecho lechoso de Seokjin, incapaz de contener los gemidos de placer ante la acción. De pronto, un gemido ronco y entrecortado escapó de los labios del moreno al notar cómo una hilera blanca y espesa yacía disparada sobre el abdomen del rubio, llegando casi hasta sus pezones.

⠀⠀⠀⠀— Te eché tanto de menos, cariño.

⠀⠀⠀⠀— Uh-mhm.

⠀⠀⠀⠀— Dios, creo que nunca valoré lo suficiente lo hermoso que eres de cuerpo completo.

⠀⠀⠀⠀Seokjin separó más sus piernas, ignorando si sus tendones no podían soportar el adormecimiento. Estaba devotamente entregado a su General, y sabía con mucha certeza que el de piel acanaleda también sentía lo mismo por él.

⠀⠀⠀⠀— Métalo... mgh, métalo. —Insiste con voz entrecortada, guiando la hinchada y viscosa cabeza hasta que quedó alineada a la perfección en su vagina.

⠀⠀⠀⠀Namjoon se detuvo, dejando que fuera el mayor quien jugara con su propia desesperación por ser penetrado. Y así fue: Seokjin movía su longitud de arriba hacia abajo, gimiendo en un tono casi inaudible, muy enfocado en su trabajo.

⠀⠀⠀⠀—Tan desesperada.

⠀⠀⠀⠀Interrumpió, antes de tomar su falo con una mano e introducirlo de un solo empuje en la cavidad cálida que había estado dilatando. Seokjin arqueó la espalda ante el movimiento imprevisto, sintió cómo escapaba aún más gush de su interior. Dios, se sentía ridículamente virgen al no poder contener las reacciones de su propio cuerpo.

⠀⠀⠀⠀— Muy bien... eso, Jinnie. Mójate, mójate por tenerme tan dentro.

⠀⠀⠀⠀El rostro de su esposo se contrajo en una mezcla de sorpresa y placer; no cabía duda de que el año y medio de Namjoon en el ejército había dado sus resultados. Juraría sentir el latido de su polla sufriendo por la calidez de sus paredes. Ni hablar del tamaño, se sentía distinto, mucho más grueso que la última vez.

⠀⠀⠀⠀Las manos del menor tomaron la posición inicial: una de las piernas de Seokjin se flexionó a la altura de su hombro, mientras este sujetaba la otra cerca de la nuca de Namjoon. Su esposo le sostuvo la cadera con firmeza para evitar que se deslizara sobre la alfombra y apoyó su frente contra la del rubio, quien gemía de la forma más bonita y pornográfica que el General pudiera imaginar.

⠀⠀⠀⠀— Mi vida... te amo demasiado, amor. —le susurró entre jadeos rasposos.

⠀⠀⠀⠀Jin esbozó una sonrisa embobada, satisfecha, plantando un besito casto en los labios cálidos y carnosos del moreno.

⠀⠀⠀⠀— Ah... ugh, Namjoonie —gimió con sus lágrimas deslizándose por sus sienes—. Te amo, te amo más.

⠀⠀⠀⠀El moreno no detuvo sus embestidas a pesar del tierno intercambio de palabras; siguió adentrándose, chocando su piel sudorosa y caliente contra la de su esposo. Sin embargo, Namjoon no dejó de apreciarlo en ningún momento. Para él era divino, cada pulgada del cuerpo de Seokjin merecía horas para ser venerada. Los besos en los labios, algunos cuantos dispersos por su cuello y las caricias sobre sus clavículas no parecían suficientes, pero en ese momento, no necesitaban nada más que estar así.

⠀⠀⠀⠀No cuando las lágrimas contenidas y su lujuria añejada por más de un año los sometían a adorarse sin descanso.

⠀⠀⠀⠀— Eres lo más precioso que he tenido en toda esta última década, cielo —pausó, mostrando esa faceta de vulnerabilidad pasional que sólo Jin conocía—. Eres mi tesoro desde que tengo dieciocho años.

⠀⠀⠀⠀— Namjoon... —llamó el más bajito con los labios temblantes.

⠀⠀⠀⠀Los ojos oscuros y febriles del General se alzaban constantemente, asegurándose de que todo estuviera bien entre ellos.

⠀⠀⠀⠀— Te desesperas tanto que me calientas, muñeca —continúa Namjoon—, pero una vez me entierro dentro me haces sentir como si fuera la primera vez que te estoy follando.

⠀⠀⠀⠀Sus ojos escaneaban las pupilas dilatadas de su esposo, buscando respuestas en medio del silencio. El rubio sollozó, mezclando su placer con el sentimentalismo de la confesión, cada vez más entregado a su bobo y robusto moreno.

⠀⠀⠀⠀— Eres mi mundo entero, ¿vale? Lo eres, maldición... —gime Namjoon, extasiado al sentir cómo el calor a su alrededor comenzaba a apresarlo—.Te amo.

⠀⠀⠀⠀Lo dijo justo antes de correrse dentro de su ángel, sintiendo cómo el espesor cremoso de su orgasmo se fundía con el gush salado de Seokjin. Los charquitos húmedos —producto de su unión— los empapaban mientras intentaban recuperar el aliento. Namjoon observó a su esposo a los ojos, un inevitable suspiro sonriente expuso esos lindos hoyuelos que Jin tanto amaba besar.

⠀⠀⠀⠀—También te amo.










⠀⠀⠀Namjin"fluff"sex. La verdad que no tengo idea de cómo pueden tomar este OS, no me odien si da vergüenza o incluso asco, literalmente es la primera vez en la que escriboboypussyycoitocon detalles— en una historia. (;)

⠀⠀⠀Me inspiré mucho en ”Seoul City“, recomiendo escucharla en bucle para entrar en onda. Además que traía ganitas de publicar algo de esta índole con unNamjoon after MS. No sé si dedicarme a subir más de estos OS.

⠀⠀⠀No se olviden de dejar su reacción y comentarios. ¡Gracias por leer! (ˆつ⩊⊂ˆ)੭


⠀⠀⠀𝗶.⠀Yeobo (여보): Término coreano cariñoso que se reserva para marido y mujer, lo que marca su vínculo matrimonial. El significado literal es «mira aquí», solo se usa entre esposos para mostrar intimidad y familiaridad.


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