Chapter
El vestidor olía a perfume caro y a expectación.
Jimin se miraba al espejo por décima vez, alisando el vestido azul pastel sobre sus caderas.
Taehyung estaba tirado en la cama como un gatito perezoso con un conjunto de encaje negro que transparentaba sus pezones duros y un vibrador pequeño girando entre sus dedos como si fuera un juguete cualquiera.
—Mi amor, llevas tres citas este mes y las tres han sido un fracaso sexual —dijo Taehyung sin levantar la vista del vibrador. —El primero no se le paró, el segundo se vino en dos minutos, y el tercero ni siquiera te tocó.
—¡Tae!
—¿Qué? Es la verdad. Necesitas un menú. Varios chicos, cada uno con una especialidad. Uno que te folle duro, otro que te haga el amor, otro que te coma el coño hasta que no puedas caminar.
Jimin se sonrojó pero no dijo que no.
Dos días después, Taehyung llegó con tres fichas.
—Candidato uno: Min Yoongi. Productor musical. Tiene manos de pianista y fama de que usa los dedos como si tocara un concierto. Candidato dos: Jung Hoseok. Bailarín. Energía sexual por las nubes. Dicen que aguanta horas sin venirse. Y candidato tres: Jeon Jungkook. Atleta, tatuajes, veintidós años. La ex dijo que no pudo caminar al día siguiente.
—¿Y qué hago?
—Probarlos. Uno por uno. Y luego decides.
El café estaba vacío a esas horas. Yoongi lo esperaba en una mesa del fondo, con su café negro y su expresión seria. Vestía de negro, las mangas remangadas dejando ver sus antebrazos y sus manos. Dios, sus manos.
—Tae me dijo que eres bueno conversando —dijo él, sin preámbulos. —Pero también me dijo otra cosa.
—¿Qué cosa?
—Que querías probar. Que estabas cansado de tipos que no saben tocar a un chico como tú.
Jimin sintió un escalofrío. Directo. Sin filtros.
—¿Y tú sabes?
—Ven y compruébalo.
Se levantó y lo llevó al baño del café. Era un baño individual, limpio, con seguro. La puerta se cerró y Yoongi lo empujó contra la pared.
—No voy a follarte aquí —dijo, con esa voz grave. —Eso sería muy vulgar para una primera cita. Pero te voy a enseñar lo que sé hacer.
La mano derecha de Yoongi subió por el muslo de Jimin, metiéndose bajo su falda. Sus dedos encontraron el borde de sus bragas y lo apartaron. Eran dedos largos, fríos al principio, que se calentaron al contacto con su humedad.
—Ya estás mojado —observó él.
—Es que...
—No te disculpes.
Sus dedos empezaron a moverse. No entraron directamente. Jugaron alrededor del clítoris, haciendo círculos lentos, apenas rozándolo. Jimin jadeó contra su boca. Yoongi lo miraba fijamente, estudiando cada reacción.
—Cuando produzco una canción, sé exactamente qué tecla tocar para que suene bien —dijo. —Con los chicos y las mujeres es igual.
Y entonces metió dos dedos dentro de el.
Jimin gimió fuerte, tapándose la boca con la mano. Los dedos de Yoongi se curvaron dentro de el, buscando. Cuando encontraron ese punto rugoso, empezaron a presionar rítmicamente.
—Aquí, ¿verdad?
—Sí... sí...
—No te tapes la boca. Quiero oírte.
Jimin dejó caer la mano y gimió abiertamente mientras los dedos de Yoongi lo penetraban con precisión, entrando y saliendo, presionando, rozando el clítoris con el pulgar al mismo tiempo.
El orgasmo le llegó en menos de cinco minutos, una explosión que lo dejó temblando contra la pared, manchando los dedos de él.
Yoongi se los llevó a la boca y los chupó.
—Sabes bien. Llámame para la segunda cita.
Y se fue, dejándolo con las bragas mojadas y las piernas temblorosas.
Hoseok lo recogió en su moto.
Jimin iba con un vestido corto y sin bragas, siguiendo el consejo de Taehyung. "Con el bailarín no vas a necesitarlas".
Lo llevó a su estudio de baile, vacío a esas horas. Espejos por todas partes, luces tenues, música sonando bajito.
—¿Quieres bailar? —preguntó él, con esa sonrisa que era puro sol.
—No sé bailar tu estilo.
—Yo te enseño.
Empezaron a bailar. Los cuerpos pegados. Las manos de Hoseok guiando sus caderas, marcando el ritmo. Jimin sentía su erección apretándose contra su trasero, enorme.
—¿Siempre bailas así de caliente? —preguntó Jimin.
—Siempre. Pero contigo más.
Lo giró y lo besó. Fue un beso juguetón, con sonrisas entre medio. Pero sus manos no eran juguetonas. Eran expertas. Le bajó el vestido por los hombros y le chupó las tetas allí mismo, de pie, frente al espejo.
—Mírate —le dijo, girándolo hacia el reflejo. —Mira lo hermoso que eres.
Jimin se vio: medio desnudo, las tetas al aire, Hoseok detrás de el con la bragueta abierta y la polla fuera, rozándole el culo.
—Quiero que me la chupes —dijo él, pero con esa sonrisa que hacía que sonara a un favor, no a una orden.
Jimin se arrodilló en el suelo de madera del estudio. La polla de Hoseok era larga, ligeramente curvada hacia arriba, con una cabeza prominente. Jimin la tomó con las dos manos y empezó a lamerla de abajo arriba.
Hoseok gemía sin vergüenza, dándole instrucciones: "Más lengua ahí... sí... ahora la punta...".
—Qué bien chupas, joder.
El lo tomó entero en la boca, hasta la garganta. Hoseok le agarró el cabello pero no empujó. Lo dejó hacer. Lo dejó marcar el ritmo.
—Si sigues así me voy a venir.
—Pues vente —dijo Jimin, sacándosela un momento. —Pero después quiero que me folles.
—Eso es lo que quiero oír.
Se tumbaron en el suelo del estudio. Hoseok se puso un condón y se colocó sobre el. Lo penetró despacio, saboreando cada centímetro. Jimin arqueó la espalda. La polla de Hoseok lo llenaba por completo, tocando ese punto exacto.
—¿Te gusta así?
—Más rápido —pidió Jimin.
Y Hoseok aceleró. Sus caderas se movían con el ritmo de un bailarín profesional: preciso, constante, incansable. Lo folló durante veinte minutos seguidos sin perder el ritmo. Jimin se corrió dos veces antes de que él se permitiera llegar al orgasmo.
—No quería terminar sin asegurarme de que disfrutaras —dijo él después, sudoroso y sonriente.
—Eres un maldito maratón.
—Me lo dicen mucho.
Esa noche, Jimin volvió a casa con las piernas temblando y una sonrisa idiota en la cara.
La tercera cita fue en el departamento de él.
Jungkook cocinó. Llevaba una camiseta de tirantes que marcaba sus brazos tatuados y sus hombros anchos.
Cada vez que se movía en la cocina, los músculos se le tensaban de una forma que hacía que Jimin apretara los muslos por debajo de la mesa.
—Tae me dijo que ya probaste a los otros dos —dijo él mientras servía la cena.
—¿Te molesta?
—No. Me gusta la competencia.
—¿Y qué te diferencia de ellos?
Jungkook dejó los platos y se acercó a el. Lo tomó de la barbilla y lo obligó a mirarlo.
—Que ellos te trataron como una princesa. Yo no voy a hacerlo.
Se lo llevó a la cama sin terminar la cena.
Lo primero que hizo fue quitarle la ropa y ponerlo boca abajo. Le abrió las nalgas y le pasó la lengua por todo el coño, desde el clítoris hasta el ano. Jimin gimió contra la almohada.
—Qué limpio estás —dijo él. —¿Te preparaste para mí?
—Sí...
—Buen chico.
Le comió el coño durante diez minutos sin parar, metiéndole los dedos, chupándole el clítoris, mordiendo suavemente los labios. Jimin se corrió en su boca, gritando, empapándole la cara.
—Eso es solo el aperitivo.
Lo puso en cuatro. Se puso un condón y lo penetró sin avisar, de un solo movimiento. Jimin sintió que se partía en dos. Era más grueso que los otros, más grande.
—Demasiado... —jadeó Jimin.
—Aguanta. Te va a gustar.
Empezó a moverse. Primero lento, luego más rápido. Sus manos agarraban las caderas de Jimin con fuerza, dejando marcas. Sus embestidas eran brutales, profundas, haciendo que la cabecera de la cama golpeara la pared.
—¿Te gusta así, putita?
—Sí...
—Dilo más fuerte.
—¡Sí, me gusta!
Lo giró y lo puso de lado, levantándole una pierna. Desde ese ángulo llegaba aún más profundo. Jimin tenía los ojos en blanco, la baba escurriéndole por la comisura de los labios. Jungkook le tapó la boca con una mano.
—No grites tanto que los vecinos van a llamar a la policía.
Jimin le mordió la palma. Él se rio y lo folló más duro.
Lo hizo venirse otra vez, y otra, y cuando finalmente él llegó al orgasmo con un rugido, Jimin ya no podía ni moverse.
Se quedó tirado en la cama, sudoroso, las piernas abiertas, el coño hinchado y palpitante.
—Mañana no vas a poder caminar —dijo Jungkook, besándole la frente con una ternura que contrastaba con lo que acababa de hacerle.
—Lo sé.
—Bien. Esa era la idea.
El sábado a las diez de la noche, el departamento de Jimin estaba iluminado con velas.
No por romanticismo, sino porque la luz tenue favorecía lo que estaba a punto de pasar.
Taehyung estaba sentado en un sillón individual, con una copa de vino blanco y un vestido de encaje negro que transparentaba sus pezones. No era parte del menú, era el maestro de ceremonias. El que había planeado todo.
—¿Estás seguro de esto? —le preguntó a Jimin mientras acomodaba los cojines.
—Nunca he estado más seguro de algo en mi vida.
El timbre sonó. Jimin fue a abrir.
Los tres estaban en el pasillo, uno al lado del otro, como si hubieran llegado al mismo tiempo sin ponerse de acuerdo.
Min Yoongi, con su expresión seria y la mandíbula apretada. Vestía de negro, las manos en los bolsillos, el cabello cayéndole sobre los ojos.
Jung Hoseok, con una sonrisa radiante pero nerviosa, una camisa de seda suelta y el primer botón abierto.
Y Jeon Jungkook, el más intenso de los tres, con una camiseta ajustada que marcaba cada puto músculo y tatuajes asomando por las mangas y el cuello.
—Pasen —dijo Jimin, y su voz sonó más segura de lo que esperaba.
Los sentó en el sofá grande. Los tres, uno al lado del otro. Jimin se quedó de pie frente a ellos, con Taehyung a su lado.
—Los invité porque tengo algo que decir —empezó Jimin. —Ya salí con cada uno. Ya los besé. Ya sé cómo besan, cómo tocan, cómo me miran. Y no pienso elegir.
Silencio.
—Ninguno de ustedes es mi novio —continuó. —Pero esta noche quiero probarlos. A los tres. Al mismo tiempo.
Yoongi alzó una ceja.
Hoseok soltó una risa nerviosa.
Jungkook simplemente se humedeció los labios.
—¿Y el? —preguntó Jungkook, señalando a Taehyung con la barbilla.
—El mira. Y si quiere, participa. Es mi condición.
Taehyung sonrió, levantando su copa como si brindara.
—Alguna objeción —dijo Jimin, aunque sonaba más a orden que a pregunta.
Ninguno habló.
—Perfecto. Entonces empecemos.
Jimin se quitó la bata de seda que llevaba. Debajo había un conjunto de lencería blanco, casi virginal, que contrastaba con la situación. Encaje transparente, bragas mínimas, los pezones visibles a través de la tela fina.
Hoseok soltó un "joder" por lo bajo.
Yoongi se mordió el labio inferior.
Jungkook apretó los puños sobre sus muslos.
—El primero —dijo Jimin, señalando a Yoongi. —Tú. Ven aquí.
Yoongi se levantó con una calma estudiada. Caminó hacia el y lo tomó de la cintura.
—Bésame —le ordenó Jimin.
Él lo obedeció. Su beso era lento, controlado, profundo. Sus manos recorrieron la espalda desnuda de Jimin hasta las nalgas, apretando con fuerza. El gimió dentro de su boca.
—Así me gusta —murmuró contra sus labios. —Ahora quítame el brasier.
Los dedos de Yoongi, acostumbrados, fueron precisos. Desabrochó el cierre y dejó caer la prenda. Las tetas de Jimin quedaron al descubierto, redondas y firmes, los pezones duros por la excitación y el aire frío.
—Chúpalos.
Yoongi bajó la boca a su pecho. Su lengua caliente rodeó el pezón antes de succionarlo con fuerza.
Jimin echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido. Sus dedos se enredaron en el cabello oscuro de él.
Desde el sofá, Hoseok y Jungkook observaban en silencio. Hoseok se había llevado una mano a la entrepierna, apretándose por encima del pantalón. Jungkook respiraba más rápido.
—Basta —dijo Jimin, separándose de Yoongi. —Siéntate.
Él obedeció, frustrado pero expectante.
—Ahora tú —señaló a Hoseok.
Hoseok se levantó con una sonrisa pícara.
Taehyung, desde su sillón, puso música: algo lento pero con un ritmo sensual que vibraba en las paredes. Un R&B denso, sucio.
Hoseok pegó su cuerpo al de Jimin, las manos de él bajaron por su cintura, sus caderas, sus muslos. Le agarró el trasero y lo apretó contra su erección, que ya era evidente bajo el pantalón de vestir.
—Me encanta cómo te mueves —susurró él en su oído, con esa voz alegre y caliente.
—Pues sigue moviéndome.
Hoseok giró a Jimin y lo puso de espaldas contra su pecho. Sus caderas empezaron a moverse en círculos, restregándose contra el. Sus manos subieron a sus tetas desnudas y las amasó, pellizcando los pezones mientras seguía el ritmo.
Jimin gimió, dejándose llevar. Sentía la polla de Hoseok contra su trasero, dura, enorme. Bajó una mano y la apretó por encima de la tela.
—Más tarde —le dijo al oído, con voz ronca. —Siéntate.
Hoseok lo soltó, jadeando, y volvió al sofá. Sus ojos estaban vidriosos. Su erección marcaba una tienda en su pantalón.
—El último —dijo Jimin, mirando a Jungkook.
Jungkook no esperó a que lo llamara. Se puso de pie y caminó hacia el con una determinación que hizo temblar a Jimin.
Lo agarró de la nuca y lo besó. Pero no fue un beso lento como el de Yoongi. Fue un beso hambriento, salvaje, con lengua y dientes. La mano libre bajó directamente a sus bragas y las apartó. Sus dedos encontraron su entrada mojada, resbaladiza.
—Ya estás listo —dijo él, separándose un centímetro. —¿Ves? Sabía que era yo el que te ponía así.
—Eres un engreído —jadeó.
—Y tú una zorrita.
Jungkook metió dos dedos dentro de el sin previo aviso. Jimin gritó. Sus paredes se apretaron alrededor de los dedos de él, que entraban y salían con un sonido obsceno.
—Mírenlo —dijo Jungkook, girándose hacia los otros dos. —Así de mojado está. Y apenas empecé.
—Déjanos ver —pidió Hoseok, con la voz ronca.
Jungkook giró a Jimin y lo inclinó sobre la mesa de centro, justo frente al sofá. Le bajó las bragas hasta los tobillos y las apartó con el pie. Desde atrás, abrió sus nalgas y mostró su coño empapado a los otros dos hombres.
—Miren. Esto es lo que se van a comer esta noche.
Yoongi soltó un jadeo y Hoseok se pasó la lengua por los labios.
—Quiero que me la chupes —dijo Jimin, girándose hacia Hoseok. —Y tú —señaló a Yoongi—, quiero tu boca en mis tetas. Jungkook, tú ya sabes qué hacer.
La mesa de centro se convirtió en un altar.
Jimin se tendió boca arriba, desnudo por completo excepto por los tobilleros que le había regalado Taehyung. La mesa era lo bastante grande para sostenerlo.
Hoseok se arrodilló junto a su cabeza y se bajó el pantalón. Su polla saltó libre, larga y gruesa, la punta ya mojada. Jimin la tomó con una mano y la guió hacia su boca. Empezó a chupar la cabeza mientras sus ojos miraban hacia arriba, hacia él.
Yoongi se colocó a un costado, inclinándose sobre su torso. Su boca se cerró sobre un pezón y empezó a succionar con ganas. Sus dedos pellizcaban el otro, alternando entre los dos, arrancando gemidos de Jimin que vibraban alrededor de la polla de Hoseok.
—Joder, qué boca tienes —gruñó Hoseok, agarrando su cabello y empezando a bombear suavemente.
Y Jungkook se situó entre sus piernas. Se arrodilló frente a su coño mojado y pasó la lengua de arriba abajo, desde el clítoris hasta la entrada. Jimin arqueó la espalda y casi se atraganta con Hoseok.
—Tranquilo, nene —dijo Jungkook desde abajo. —Apenas empecé.
Su lengua encontró el clítoris y lo lamió con movimientos circulares, precisos, malditos. Sus dedos entraron en el otra vez, tres esta vez, estirándolo. Jimin gemía con la boca llena, vibrando, y eso hacía que Hoseok maldijera en voz alta.
—Me voy a correr si sigues así —advirtió él.
—Quítate entonces —ordenó Jimin. —Quiero que me folle. Jungkook. Ahora.
Jungkook se puso de pie y se bajó los pantalones. Su erección era imponente: gruesa, venosa, la punta roja y brillante.
Jimin casi saliva al verla.
—Ponte un condón —dijo Jimin.
—Obvio.
Se lo puso en un segundo, sin dejar de mirarlo. Luego lo agarró por las caderas y, de un solo movimiento, lo penetró hasta el fondo.
Jimin gritó.
El grito se ahogó en la polla de Hoseok, que había vuelto a colocarse junto a su boca. Yoongi seguía en sus pechos, mordiendo y chupando. Jungkook lo embestía con un ritmo brutal, haciendo que sus tetas rebotaran contra la boca de Yoongi y que todo su cuerpo se sacudiera.
—Qué rico... —gemía Jimin entre embestida y embestida, sacándose a Hoseok de la boca para hablar. —No pares...
—No voy a parar —dijo Jungkook, sudoroso. —Pero ahora quiero ver cómo te monta él.
Señaló a Yoongi.
Se intercambiaron.
Jungkook ocupó el lugar en los pechos de Jimin, pero en vez de chuparlos, lo agarró por la mandíbula y lo besó mientras Yoongi se colocaba entre sus piernas. El productor era más lento, más pausado, pero igual de intenso. Entró en el con un gemido y empezó a moverse en círculos, tocando ese punto exacto que hizo que Jimin viera estrellas.
—Ahí... justo ahí...
—¿Te gusta así, precioso?
—Sí... más...
Hoseok, mientras tanto, se había movido a un lado y se masturbaba viendo la escena. Su mano subía y bajaba por su polla mojada, sus ojos fijos en cómo Yoongi se hundía una y otra vez en Jimin.
—No te dejes fuera —le dijo Taehyung desde su sillón. Llevaba un rato en silencio, pero ahora sus dedos estaban dentro de su propio body negro, masturbándose lentamente mientras los observaba.
—¿Quieres participar? —le preguntó Jimin, con la voz entrecortada por las embestidas de Yoongi.
—Solo quiero ver. Y tal vez ayudar.
Se levantó del sillón y caminó hacia Hoseok. Se puso detrás de él, pegando su cuerpo a su espalda desnuda. Sus manos rodearon su torso y bajaron hasta su erección.
—Déjame a mí —susurró en su oído, apartando la mano de él y sustituyéndola por la suya.
Empezó a masturbar a Hoseok mientras ambos miraban el espectáculo: Yoongi follando a Jimin, Jungkook besándolo, los tres envueltos en gemidos, piel y sudor.
Pasaron horas así.
Intercambiándose.
Probándose.
Hubo un momento en que Jimin se puso en cuatro sobre la alfombra y los tres hombres se turnaron para cogerlo por detrás.
Primero Jungkook, que lo hizo venirse con un orgasmo tan fuerte que sus piernas temblaron.
Luego Hoseok, que lo cogió con dulzura, diciéndole lo hermoso que era, lo bien que lo hacía.
Luego Yoongi, que fue el más silencioso pero también el más intenso, agarrándolo de las caderas y embistiéndolo sin piedad mientras el gemía contra la alfombra.
Hubo un momento en que Hoseok y Jungkook se encontraron frente a frente, con Jimin entre ellos. Jimin chupaba a Hoseok mientras Jungkook lo penetraba por detrás.
Los dos hombres se miraron, las respiraciones entrecortadas, las pollas duras, y en esa mirada hubo algo. Algo no dicho. Una tensión.
—Atrévete —les dijo Taehyung, que seguía masturbándose desde el sillón, ahora con las bragas hechas a un lado y los dedos completamente mojados. —Nadie los juzga.
Jungkook alargó una mano y tocó el pecho de Hoseok. Hoseok dejó escapar un gemido sorprendido. Sus dedos se rozaron sobre la espalda de Jimin, que seguía entre ellos, ajeno o complacido.
El final llegó con los tres hombres agotados, tirados en el sofá y en la alfombra.
Jimin, sudoroso y satisfecho, se recostó sobre el pecho de Jungkook.
—¿Y bien? —preguntó Taehyung, todavía con el body de encaje, los muslos brillantes de su propia humedad. —¿Alguna queja?
Ninguno habló.
—Entonces creo que el menú fue un éxito.
Jimin sonrió, con los ojos cerrados.
—La mejor idea que has tenido.
Tres días después de la noche del menú, Jimin seguía sintiendo las piernas flojas.
No era solo el recuerdo de lo que había pasado con los tres hombres.
Era también la conciencia de que Taehyung lo había orquestado todo. Taehyung, su mejor amigo, el que lo había empujado a probar, el que se había quedado en el sillón masturbándose mientras veía cómo se lo cogían entre tres. El que nunca se había unido del todo. El que siempre miraba.
Y eso, por alguna razón, era lo que más excitaba a Jimin ahora.
Esa tarde, Taehyung llegó al departamento con una botella de vino blanco y un vestido de satén negro sin sostén, obviamente. Sus pezones marcaban la tela.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, sirviendo dos copas.
—Como si me hubieran partido en dos. En el buen sentido.
—Eso me gusta oír.
Se sentaron en el sofá. Taehyung se quitó los tacones y apoyó los pies descalzos sobre la mesita. Jimin lo miraba de reojo. Había algo distinto en el aire. Algo que no se habían dicho.
—Nunca te uniste —dijo Jimin de repente.
Taehyung giró la cabeza, sorprendido.
—¿Qué?
—La otra noche. Con los chicos. Te quedaste en tu sillón, mirando, tocándote. Pero nunca te uniste. ¿Por qué?
Taehyung bebió un sorbo de vino. Mojó sus labios. —Porque no eran ellos los que me interesaban.
Silencio.
—Eras tú —dijo Taehyung, girándose hacia el. —Siempre has sido tú.
Jimin sintió que el aire se espesaba.
Taehyung lo miraba de esa forma, esa forma que había visto mil veces pero que nunca había querido interpretar. Hambre. Deseo.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Porque tú estabas ocupado descubriendo lo que te gustaba. No quería presionarte.
—¿Y ahora?
Taehyung dejó la copa en la mesa y se acercó. Su mano encontró la rodilla de Jimin.
—Ahora ya probaste de todo. Hombres. Tríos. De todo menos... —sus dedos subieron por el muslo—... esto.
Jimin no se apartó.
—¿Y qué es "esto"?
—Un chico con coño.
Los dedos de Taehyung llegaron al borde del short de Jimin. Se detuvieron ahí.
—¿Quieres?
Jimin respondió besándolo.
Fue un beso seguro, con lengua, con dientes, con dos años de tensión acumulada explotando de golpe.
Taehyung gimió dentro de su boca y le agarró el cabello, apretando. Sus cuerpos se pegaron en el sofá.
—Llevo años esperando esto —murmuró Taehyung contra sus labios.
—Pues no esperes más.
Se quitaron la ropa ahí mismo, en el sofá. El vestido de satén de Taehyung se deslizó, debajo no llevaba nada. Sus tetas quedaron al descubierto, redondas y firmes, los pezones duros. Su coño estaba depilado por completo, los labios visibles entre sus muslos.
Jimin se quitó el short y la camiseta. Su cuerpo todavía tenía marcas de la otra noche: un chupetón en el cuello que le había hecho Jungkook, pequeñas marcas de dedos en las caderas.
Taehyung las tocó con reverencia.
—Te marcaron —dijo, pasando un dedo por los moretones. —Qué bonito.
—Ahora quiero que me marques tú.
Taehyung sonrió. Una sonrisa peligrosa.
—Con gusto.
Lo llevó a la cama. La suya. Porque Taehyung conocía el departamento de Jimin tan bien como el propio. Lo empujó suavemente sobre las sábanas y se quedó de pie, admirándolo.
—Eres precioso. ¿Lo sabías?
—Me lo dicen mucho.
—Pero yo lo digo en serio.
Se colocó sobre el, apoyando una rodilla a cada lado de sus caderas. Sus pechos rozaban los de Jimin. Sus bocas se encontraron otra vez. El beso fue más lento ahora, más saboreado. Las manos de Taehyung recorrían su cuerpo como si estuviera memorizándolo.
—¿Alguna vez has estado con un chico con coño o una mujer? —preguntó Taehyung entre besos.
—Una vez. En la universidad. Pero fue un juego, nada serio.
—Esto no es un juego.
Bajó la boca al cuello de Jimin. Lo besó. Lo lamió. Mordió justo donde Jungkook le había dejado el chupetón, como si quisiera reclamar el territorio.
Jimin gimió, arqueando la espalda.
La boca de Taehyung siguió bajando. Se detuvo en sus tetas. Primero lamió el pezón izquierdo con la punta de la lengua, haciéndolo doler de placer. Luego lo chupó, metiéndoselo entero en la boca mientras su mano pellizcaba el otro.
—Tienes unas tetas perfectas —dijo, soltándola con un sonido húmedo. —Llevo años queriendo hacer esto.
—Pues hazlo más.
Taehyung obedeció. Cambió de teta. Chupó, mordió, lamió. Jimin gemía con cada movimiento, sus caderas empezando a moverse solas, buscando fricción donde no había nada.
—Todavía no —dijo Taehyung, deteniéndolo con una mano en su cadera. —Primero quiero saborearte entero.
Bajó más. Su lengua trazó un camino desde las tetas hasta el ombligo, deteniéndose a jugar con el piercing diminuto que Jimin llevaba ahí. Metió la lengua en el ombligo y Jimin se retorció.
—Eres muy sensible.
—Contigo sí.
Taehyung siguió bajando. Sus labios recorrieron el vientre, los huesos de la cadera, el nacimiento de su coño. Jimin ya estaba mojado. Se notaba en el brillo de sus labios.
—Hueles delicioso —dijo Taehyung, inhalando profundamente. —Déjame probar.
Y bajó la boca.
El primer contacto de la lengua de Taehyung con su clítoris fue eléctrico.
Jimin soltó un grito y agarró las sábanas. Taehyung no era como los hombres. Su lengua era más suave, más precisa, más maldita. Sabía exactamente dónde colocarla, cuánta presión poner, cuándo acelerar y cuándo calmar.
—¿Te gusta?
—Sí... joder, sí...
—Qué vocabulario. Y eso que no he empezado.
Taehyung le abrió las piernas más, sujetándole los muslos con las manos. Su boca se pegó completamente a su sexo. Su lengua entró en el, saboreando su interior, bebiéndoselo. Salía y volvía a entrar. Lamía de abajo arriba, desde la entrada hasta el clítoris, deteniéndose a chuparlo.
Jimin estaba empapado. Sus jugos le corrían por los muslos y Taehyung los lamía como si fueran néctar. Metió dos dedos dentro de el, curvándolos hacia ese punto que lo hacía ver estrellas.
—Ahí... justo ahí...
—¿Aquí?
—¡Sí!
Los dedos de Taehyung empezaron a moverse más rápido, entrando y saliendo mientras su boca succionaba el clítoris. Jimin sentía que iba a explotar. Sus caderas se movían contra la cara de su amigo, su mejor amigo, que ahora lo estaba devorando como si fuera su última cena.
—Voy a... voy a...
—Vente. En mi boca. Quiero sentir cómo te corres.
Y Jimin se vino.
Fue un orgasmo que le recorrió el cuerpo entero, desde los dedos de los pies hasta el cuero cabelludo. Gritó. Literalmente gritó. Sus paredes se contrajeron alrededor de los dedos de Taehyung mientras un chorro de líquido caliente empapaba su boca y su barbilla.
—Así... así... —jadeó Jimin, con los ojos cerrados.
Taehyung se incorporó, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Estaba radiante. Sus labios brillaban con los jugos de Jimin.
—Eso fue hermoso. Ahora tú.
—¿Yo qué?
—Ahora me toca a mí.
Intercambiaron posiciones. Ahora Jimin estaba arriba y Taehyung abajo. Pero antes de empezar, Taehyung lo detuvo.
—No. Tijeras.
—¿Tijeras?
—Sí. Quiero que nuestros coños se toquen. Quiero frotarnos. ¿Lo has hecho?
—Nunca.
—Pues vas a alucinar.
Se colocaron en la cama. Taehyung se recostó de lado, levantando una pierna. Jimin imitó su postura, pero en el sentido contrario, de forma que sus coños quedaran alineados. Cuando sus cuerpos se unieron y sus vulvas entraron en contacto, ambos soltaron un gemido simultáneo.
Estaban mojadísimos. Calientes. Los labios se deslizaban unos contra otros, los clítoris se rozaban. Taehyung empezó a moverse, frotándose contra Jimin con un ritmo lento al principio, experimentando.
—¿Sientes eso?
—Sí... es... es increíble...
—Muévete conmigo.
Jimin empezó a moverse también. Encontraron un ritmo de caderas que hacía que sus clítoris chocaran una y otra vez. Los sonidos eran obscenos: la humedad, los gemidos, los jadeos entrecortados.
—Mírame —dijo Taehyung, con la voz quebrada por el placer. —Quiero verte cuando te corras.
Jimin lo miró. Taehyung tenía el cabello pegado a la frente, los labios entreabiertos, las tetas balanceándose con el movimiento. Era el chico más hermoso que había visto en su vida.
—Más rápido —pidió Jimin.
Aceleraron. Sus caderas se movían con furia, frotándose, chocando. La cama crujía. El sudor se mostraba en sus cuerpos. Taehyung pellizcó el clítoris de Jimin mientras se frotaban, y eso fue el detonante.
—¡Me vengo, me vengo...!
Jimin estalló por segunda vez. Su cuerpo se sacudió con espasmos violentos mientras Taehyung seguía frotándose contra el, buscando su propio orgasmo. Y lo encontró justo después, con un grito ronco y las uñas clavadas en el muslo de su amigo.
Los dos quedaron tendidos en la cama, uno frente al otro, con las piernas entrelazadas y los coños todavía pegados. Jadeando. Sudorosos. Brillantes.
Pasaron varios minutos en silencio.
—¿Por qué no hicimos esto antes? —preguntó Jimin.
—Porque no estabas listo.
—¿Y ahora?
Taehyung sonrió, pasando un dedo por los labios hinchados de Jimin.
—Ahora sí.
Se besaron. Fue un beso suave, post-orgasmo, lleno de ternura y de promesas. Un beso que sabía a sexo y a vino blanco y a años de amistad transformándose en algo más.
—Entonces —dijo Taehyung, recostándose en la almohada y encendiendo un cigarro imaginario. —¿Cuál fue el veredicto final?
Jimin se rio, reconociendo la frase.
—Los tres. Definitivamente los tres.
—¿Y yo?
—Tú eres el mejor. Siempre fuiste el mejor.
—Eso ya lo sabía.
Se rieron juntos, desnudos, entrelazados. Afuera anochecía. Adentro, las sábanas estaban empapadas y el aire olía a sexo y a jazmín.
Y por primera vez en semanas, Jimin no pensó en ningún pene portante.
Solo en el.