Falling Rivals por Zahara en Inkitt
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Falling Rivals

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Sinopsis

Noah Blake Morales siempre ha tenido claro su futuro: destacar en la universidad, llevar a Stanford a la victoria en el baloncesto y proteger a su familia por encima de todo. Con su carácter amable, su sonrisa irresistible y un corazón enorme, nunca imaginó que la única persona capaz de desafiarlo sería Megan. Megan parece la chica perfecta: popular, elegante y aparentemente inalcanzable. Todos creen que es fría y orgullosa, incluso Noah. Pero detrás de esa imagen se esconde una joven mucho más noble de lo que cualquiera imagina… atrapada en una relación que ya no la hace feliz. Mientras la rivalidad entre Noah y Alan, el capitán del equipo rival y novio de Megan, crece dentro y fuera de la cancha, los sentimientos comienzan a cambiar. Lo que empezó con discusiones, miradas desafiantes y malentendidos podría convertirse en una historia imposible de detener. Al mismo tiempo, Josh Parker descubre que ya no puede ver a Kiara Blake Morales solo como la hermana de su mejor amigo, mientras nuevas conexiones empiezan a surgir entre el resto de sus primos y amigos. En Stanford, algunos rivales nacen para enfrentarse. Otros… para enamorarse.

Genero:
Romance
Autor/a:
Zahara
Estado:
Completado
Capítulos:
18
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Entre mirada


El sol de la mañana iluminaba los edificios de piedra de Stanford mientras el campus volvía a llenarse de vida. Estudiantes caminaban entre jardines perfectamente cuidados, algunos cargando libros, otros con cafés en la mano y muchos reencontrándose después de unas largas vacaciones de verano.

Era el inicio de un nuevo semestre.

Y, aunque nadie lo sabía, también era el comienzo de una historia que cambiaría muchas vidas.

Noah Blake Morales caminaba con tranquilidad por el sendero principal de la universidad. Con su mochila colgada de un solo hombro y unos audífonos alrededor del cuello, saludaba con una sonrisa a cada persona que se cruzaba en su camino.

—¡Capitán! —gritó uno de los jugadores del equipo de baloncesto.

—Buenos días, Ryan.

—Este año el campeonato es nuestro.

Noah sonrió con confianza.

—Trabajemos para que así sea.

Su carácter amable hacía que todos lo respetaran. Nunca necesitaba levantar la voz para hacerse escuchar. Bastaba con su forma de tratar a las personas para ganarse su admiración.

A unos pasos detrás de él, una voz conocida rompió el momento.

—¡Noah! ¡Espérame!

Él sonrió antes incluso de girarse.

—Sabía que ibas a llegar tarde.

Kiara Blake Morales apareció corriendo con una pequeña risa. Su largo cabello crespo se movía con el viento mientras acomodaba la correa de su mochila sobre el hombro.

—No llegué tarde… simplemente decidí disfrutar el paisaje.

—Claro… ¿y ese paisaje tenía un café en la mano?

Kiara levantó el vaso.

—Era una emergencia.

Los dos comenzaron a reír.

Desde pequeños habían sido inseparables. Noah siempre caminaba a su lado, pendiente de que estuviera bien, escuchando cada una de sus ideas, incluso cuando hablaba durante veinte minutos seguidos sobre programación, videojuegos o robots.

—¿Sabes qué? —dijo Kiara emocionada—. Creo que por fin encontré la manera de mejorar la inteligencia artificial del videojuego que estoy creando.

—¿Ah, sí?

—Ahora los personajes aprenderán de las decisiones del jugador.

Noah arqueó una ceja.

—No entendí absolutamente nada…

Ella soltó una carcajada.

—Lo sabía.

Él le pasó un brazo por los hombros con cariño.

—Pero me encanta escucharte cuando hablas de lo que te hace feliz.

Kiara levantó la vista hacia su hermano y sonrió.

—Eres el mejor.

—Lo sé.

—Qué humilde.

—Muchísimo.

Ambos rieron otra vez mientras seguían caminando por el campus.

A lo lejos comenzaron a aparecer algunas caras conocidas.

—¡Noah! —gritó Josh Parker acercándose con una enorme sonrisa.

Era alto, atlético y llevaba una gorra hacia atrás.

Noah levantó la mano para saludarlo.

—Pensé que llegarías mañana.

—Quería sorprenderlos.

Josh chocó su puño con Noah antes de girarse hacia Kiara.

—Hola, Kiara.

Ella le regaló una sonrisa tan cálida que, por un instante, Josh olvidó lo que iba a decir.

—Hola, Josh. Me alegra verte otra vez.

—A mí también…

Noah los observó en silencio.

No sabía por qué…

Pero había algo en la manera en que Josh miraba a su hermana que le resultó diferente.

Muy diferente.

Antes de que pudiera decir algo, otra voz llamó su atención desde el estacionamiento principal.

Un automóvil negro acababa de detenerse frente a la entrada del campus.

De él descendió una joven alta, de cabello rubio y ondulado, vestida con una elegancia que hacía que más de una persona girara la cabeza para verla pasar.

Sus ojos azules recorrieron el lugar con seguridad.

Por un segundo…

Los ojos verde miel de Noah se encontraron con los de ella.

Solo fue un instante.

Un instante suficiente para que ambos desviaran la mirada casi al mismo tiempo.

—¿Quién es ella? —preguntó Noah, sin dejar de observarla.

Josh siguió la dirección de su mirada.

—¿La rubia?

—Sí.

—Megan.

Kiara hizo una pequeña mueca.

—No la conozco mucho… pero dicen que no es precisamente la persona más amable del campus.

Noah volvió a mirar hacia donde estaba la joven.

Ella ya caminaba hacia el edificio principal acompañada por un chico alto que llevaba una chaqueta con el escudo de la universidad rival.

Alan Brooks.

Capitán del equipo rival de baloncesto.

Y, según parecía…

Su novio.

Noah soltó una pequeña risa.

—Perfecto…

Justo lo que necesitaba para empezar el semestre.

Sin saberlo, aquella simple mirada acababa de marcar el inicio de una historia que ninguno de los dos olvidaría jamás.


—Perfecto… —murmuró Noah mientras observaba cómo la chica desaparecía entre la multitud—. Justo lo que necesitaba para empezar el semestre.

Josh siguió su mirada y soltó una risa.

—¿Te llamó la atención?

—Solo pregunté quién era.

—Ajá… claro.

—No empieces.

Kiara los miró divertida.

—Se llama Megan. Está en Marketing y Negocios Internacionales. Es muy popular.

—¿Y por qué dijiste que no era muy amable? —preguntó Noah.

Kiara se encogió de hombros.

—Porque nunca hemos hablado realmente. Pero siempre me mira raro, como si yo le hubiera hecho algo.

—Qué extraño…

—Ni idea. Yo ni siquiera la conozco.

Noah frunció ligeramente el ceño. Su instinto protector apareció de inmediato.

—Si vuelve a molestarte, me lo dices.

Kiara sonrió con ternura.

—Noah…

—Lo digo en serio.

—Lo sé. Pero puedo defenderme sola.

Él levantó las manos.

—Lo sé… pero igual.

Josh negó con la cabeza riéndose.

—Hermano, algún día tendrás que aceptar que Kiara ya no tiene diez años.

—Nunca.

—Tiene veinte.

—Sigue siendo mi hermanita.

Kiara rodó los ojos.

—Eres imposible.

Los cuatro comenzaron a caminar hacia el edificio principal mientras el campus se llenaba de estudiantes.

Al entrar, varios compañeros saludaron a Noah.

—¡Capitán!

—¡Nos vemos en el entrenamiento!

—¡Este año sí ganamos!

—Eso espero —respondió con una sonrisa.

Josh lo golpeó suavemente en el hombro.

—Toda la universidad te conoce.

—No exageres.

—No exagero. Entre el baloncesto y tus notas perfectas eres prácticamente famoso.

—Y tú eres igual.

—Pero yo no soy tan guapo.

Kiara soltó una carcajada.

—Al menos eres humilde.

—Muchísimo.

Los tres rieron.

De pronto, Dylan Sinclair apareció por el pasillo con un balón de fútbol americano bajo el brazo.

—¡Miren quiénes volvieron!

Abrazó primero a Noah y luego chocó la mano con Josh.

—Kiara.

Ella sonrió.

—Hola, Dylan.

—Te ves diferente.

—¿Para bien o para mal?

—Para muy bien.

—Gracias.

En ese momento apareció Luke Martínez con un café en una mano y el celular en la otra.

—¿Ya empezaron sin mí?

—Como siempre llegas tarde… —bromeó Noah.

—Los empresarios importantes nunca llegan temprano.

—Ni siquiera tienes una empresa todavía.

—Pero la tendré.

Todos rieron.

Unos pasos detrás llegó Mike Harrison, con las manos en los bolsillos.

—Buenos días.

—Mira quién decidió hablar —dijo Dylan.

Mike sonrió apenas.

—No quería interrumpir tu monólogo.

—Qué grosero.

—Realista.

Las risas volvieron a llenar el pasillo.

Kiara los observó con una sonrisa. Siempre le había gustado ese grupo. Eran como hermanos para ella.

Mientras hablaban, unas voces llamaron la atención de todos.

—¡Megan!

Varias estudiantes corrieron a saludar a la rubia que acababa de entrar al edificio.

Vestía un conjunto blanco impecable y caminaba con tanta elegancia que parecía acostumbrada a que todas las miradas se posaran sobre ella.

A su lado iba Alan Brooks.

El capitán del equipo rival.

Alan rodeó la cintura de Megan con un brazo mientras saludaba a algunos conocidos.

Noah desvió la mirada de inmediato.

—Vámonos.

Josh sonrió con picardía.

—¿Seguro que no te interesa?

—Claro que no.

—Ni un poquito.

—Josh…

—Está bien, ya entendí.

Pero, justo cuando Noah iba a seguir caminando, sintió otra vez esa sensación.

Como si alguien lo estuviera observando.

Levantó la vista.

Megan estaba al otro lado del pasillo.

Sus ojos azules se encontraron de nuevo con los ojos verde miel de Noah.

Esta vez ninguno apartó la mirada enseguida.

Fueron apenas unos segundos.

Silenciosos.

Intensos.

Hasta que Alan llamó a Megan y ella giró la cabeza.

Noah continuó su camino sin decir una palabra.

No entendía por qué aquella chica le provocaba tanta curiosidad.

Y Megan tampoco entendía por qué aquel jugador de baloncesto, con una sonrisa tan tranquila, había conseguido llamar su atención desde el primer día.

Sin saberlo…

Todo había comenzado con una simple mirada.


La campana que anunciaba el inicio de las clases sonó por todo el campus.

Los pasillos comenzaron a vaciarse mientras los estudiantes se dirigían a sus salones.

—Nos vemos en el almuerzo —dijo Dylan antes de entrar a su clase.

—No llegues tarde —respondió Noah.

—Nunca llego tarde.

Luke soltó una carcajada.

—Llegaste veinte minutos tarde hoy.

—Eso fue una entrada triunfal.

Todos rieron.

Kiara abrazó rápidamente a Noah.

—Nos vemos luego.

—Escríbeme cuando salgas.

—No soy una niña.

—Lo sé… pero igual.

Ella sonrió con ternura.

—Está bien, hermano.

Josh observó la escena con una pequeña sonrisa.

Siempre le había parecido admirable la relación que tenían.

Noah jamás dejaba sola a Kiara.

Y Kiara confiaba plenamente en él.

—¿Vienes, Josh? —preguntó Noah.

—Sí.

Los dos comenzaron a caminar hacia la Facultad de Arquitectura.

Mientras tanto, Kiara tomó el camino hacia Ingeniería.

No había avanzado ni unos metros cuando una voz la detuvo.

—Kiara.

Ella giró.

Frente a ella estaban Victoria y Elena.

Victoria llevaba un conjunto deportivo color blanco, su cabello rubio caía en ondas perfectas sobre sus hombros y sostenía un termo rosa en la mano.

—¡Por fin llegaste! —dijo abrazándola.

—Las extrañé muchísimo.

Elena sonrió con dulzura antes de abrazar también a su prima.

—Nosotras también.

—¿Cómo estuvo Suiza?

—Muy fría.

—Y muy aburrida sin ustedes —respondió Victoria.

Las tres comenzaron a caminar juntas.

—¿Ya conocieron a los nuevos estudiantes? —preguntó Kiara.

Victoria negó con la cabeza.

—Todavía no… aunque medio campus ya está hablando de la fiesta de bienvenida.

—¿Otra fiesta?

—Es Stanford.

Las tres rieron.

A unos metros de ellas apareció Dylan Sinclair conversando con algunos compañeros del equipo de fútbol americano.

Victoria levantó la vista por casualidad.

Dylan también.

Sus miradas se encontraron apenas un segundo.

Él sonrió.

Ella, sin darse cuenta, también.

—¿Qué pasó? —preguntó Kiara al notar que su prima se había quedado quieta.

Victoria reaccionó enseguida.

—Nada.

—Ajá…

Elena soltó una pequeña risa.

—Creo que alguien acaba de llamar tu atención.

Victoria negó rápidamente.

—Ni siquiera lo conozco.

—Pero sí lo miraste.

—Solo fue casualidad.

Kiara sonrió divertida.

—Como digas.

Mientras las tres seguían caminando, Dylan observó cómo se alejaban.

Luke apareció a su lado.

—¿Qué miras?

—Nada…

—Claro.

Dylan volvió a sonreír.

—Solo me pareció bonita una chica.

—¿La rubia?

—Sí.

—Buena suerte.

—¿Por qué?

—Porque dicen que es una princesa.

Los dos comenzaron a reír.

Mientras tanto…

En el edificio de Negocios, Megan entró al salón acompañada de Alan.

—¿Vendrás a mi partido el viernes? —preguntó él mientras dejaba su mochila sobre la silla.

—Claro.

Alan sonrió satisfecho.

—Quiero que veas cómo derrotamos a Stanford.

Megan respondió con una sonrisa discreta.

Pero, por alguna razón, la imagen del chico de ojos verde miel que había visto esa mañana volvió a cruzar por su mente.

No sabía su nombre.

Solo recordaba su sonrisa tranquila.

Sacudió ligeramente la cabeza.

—¿En qué piensas? —preguntó Alan.

—En nada.

Pero, en el fondo, sabía que no era cierto.

Aquella primera mirada había durado apenas unos segundos.

Y aun así…

Había sido imposible olvidarla.

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