Capítulo 1
LEVEL 01
Insert Coin
Verano de 1998
No la soportaba. No le gustaba su voz, su forma de vestir medio hippie, su cabello castaño que caía en hondas desordenadas hasta su cintura, sus ojos ámbar que la veían desafiante en los pasillos, ni como fingía ser un alma libre y calmada cuando realmente no era así. En resumen; Yuki Hoshino odiaba todo lo que Aiden Soler representaba.
No sabe exactamente cuándo empezó esa especie de rivalidad, solo sabe que desde que llegó a la escuela ninguna de las dos fue capaz de mantener una conversación que no terminara con comentarios pasivo-agresivo sobre la otra, o en enormes silencios incómodos que las hacían querer huir de la situación. Es de esas ocasiones en las que simplemente esa persona no te cae bien, como si juntas fueran dos extremos de un imán que se repelen con fuerza.
Para Yuki, la respuesta más fácil y obvia era que al no compartir nada en común difícilmente podrían llevarse bien.
Aiden, por otro lado, creía que Yuki Hoshino era insoportable, siempre con una mirada sería carente de expresividad que le ponía los pelos de punta, con sus ojos rasgados y frívolos junto a su cabello negro y largo, ¿Se creía acaso una versión moderna de Morticia Addams? No estaba segura, pero alguien tan insustancial como Yuki difícilmente podría ser amiga suya.
—¡Mierda! — Da un fuerte golpe a la máquina de arcade haciendo que sus amigos rieran al verla tan enfadada.
—Ya ríndete Aiden.
—Ni loca. — Busca en los bolsillos de su pantalón una ficha para ponerla en la máquina y así hacer que el juego volviera a empezar.
El salón ”8-bits”era bastante popular luego del éxito masivo de los juegos arcade, en aquel gran salón la mayoría de adolescentes llegaban pasar las tardes entre las diferentes máquinas de juegos, haciendo retos y gastando la mayor parte de su mesada, a sus padres no les hacía mucha gracia, pero para Hans, el dueño del salón, era maravilloso. Entre las luces neon, los juegos, comida y buena música, diferentes grupos de adolecentes habian hecho de 8-bits un sitio recurrente.
Sus amigos no eran la excepción, cada martes después de clases llegaban a aquel gran salón, Aiden tenía un compromiso desde hace aproximadamente 6 meses con “Ice”, no sabía quién era y tampoco podía explicar cómo empezó exactamente, pero cada que llegaba a 8-Bits “Ice” volvía a tener la puntuación más alta en la máquina de tetris, no importaba cuántas veces logrará rebasarlo, al siguiente martes, sin falta, volvía a encontrar con que el marcador había cambiado, y ella, tan terca, no podía abandonar el lugar sin dejar su nombre en el primer puesto, otra vez.
—¿Nunca vas a detenerte? — Pregunta uno de sus amigos, observando con atención como la castaña acomodaba minuciosamente y con precisión cada ficha que caía del Tetris. Nadie conocía quien era Ice, en las máquinas al ganar normalmente las personas usaban un apodo o sus iniciales para dejar constancia de su puntuación y se volvía casi adictivo intentar superar a esos desconocidos. Aiden no le respondió con palabras, solo movió la cabeza en negación, estaba tan concentrada en el juego como para no poder permitirse hablar.
—¡No de nuevo! — se lamenta en voz alta cuando sus bloques alcanzan el máximo permitido poniendo en grande un “game over” que le saco otro lamento de derrota, para su fortuna la música cambio y la pantalla volvió a iluminarse con luces intermitentes mostrando “nuevo récord” junto con la opción de escribir su nombre. Aiden estaba sonriendo celebrando su pequeña victoria, cuando jugaba no le prestaba atención a la puntación si no hasta finalizar, pues era de ese tipo de personas que no podía concentrarse en dos cosas a la vez.
Su batalla había terminado por el día de hoy.
—¡Por fin! — exclama alegre Hans desde el mostrador, el dueño del local conocía de primera mano las diferentes rivalidades que se habían formado en su salón de juegos, tantos años atendiendo a los chicos, los conocía prácticamente desde que eran niños. El grupo de Aiden aplaude en celebración mientras tanto la castaña escribe rápidamente el apodo de “Sun” dejando su récord bien en lo alto y a “Ice” en la segunda posición, Justo cómo debe ser.
—Ice estará un buen rato intentando superarte.
la chica sonriente solo se encoje de hombros, La música clásica de tetris sonando de fondo, con su apodo marcando el #1 en la pantalla. —Esa es la idea.
—¿Qué hay, Hans? —Saluda una pelinegra entrando a la tienda he inclinándose en la barra con unos cuantos billetes decidida a comprar fichas para jugar, era sábado en la mañana, lo suficientemente temprano como para que el salón este vacío y en consecuencia tuviera todas las máquinas para ella sola.
—Tan puntual como siempre, deberías abrir el local. — Bromea tomando los billetes y dándole la cantidad de fichas correspondiente a Yuki, la menor solo le sonríe. estaría encantada de trabajar en el local. — ¿Por qué no empiezas jugando Tetris? “Sun” te dejo una sorpresa.
Su cabeza se gira automáticamente a la maquina suspirando casi en frustración. —¡Oh! también te dejo esto. — Hans le pasa un post-it amarillo en donde estaba escrito, con una caligrafía que seguramente haría llorar a su madre, “Buena suerte Ice ;)“. Eso logro hacerla sonreír, Yuki no conocía a Sun, no sabía su edad ni su apariencia, y tampoco le interesaba saber quién era, todo lo que sabia es que juntos habían empezado a competir en esa vieja máquina de Tetris y que nunca jamás le dejaría llevarse la victoria. cada sábado escapaba de los encuentros juveniles de la iglesia para esconderse en el salón de Hans, era su lugar seguro, donde simplemente dejaba su aburrida rutina de siempre, dejaba los libros, trabajos, las reglas y se adentraba en el mundo digital, le encantaban los juegos y también le encantaba ganarle a Sun.








