Prologo
Ahora sé que hay casos que nunca deberían abrirse.No porque sean imposibles de resolver, sino porque algunas verdades, una vez descubiertas, se niegan a volver a ser enterradas.Pero tengo mucho más claro que hay pacientes que jamás debieron existir, como el que me acaban de entregar en las manos
Durante años creí conocer los rincones más oscuros de la mente humana. Pensé que podía distinguir entre un alma herida y un monstruo, entre la enfermedad y la maldad. Creí que bastaba con observar, analizar y escuchar para encontrar la verdad que alguien intentaba esconder.
Pero me equivoqué,Y no solo un poco.Me equivoqué más de lo que jamás imaginé.Porque la mente humana no es un libro abierto. Es un laberinto lleno de puertas cerradas, pasillos sin salida y secretos que esperan pacientemente a que alguien se atreva a entrar.
Yo creía conocer el camino.Hasta que conocí a Dante Moretti.La primera vez que escuché su nombre, ya había sido condenado por todos.
Para la prensa era un monstruo.Para la policía, un asesino.Para el país entero, un hombre que había usado su inteligencia y su prestigio como cirujano para ocultar crímenes imperdonables.Para mi era un psicópata y de los que más detestaba,de los que me hacían retractarme de mi profesión,pero yo no fui enviada a juzgarlo.Fui enviada a descubrir qué ocurría dentro de su mente.O al menos eso creía.
Recuerdo perfectamente el día en que el expediente llegó a mi oficina.Una carpeta vieja, pesada y marcada con una etiqueta que llamó mi atención desde el primer momento.EXPEDIENTE 13.No sabía por qué algunos documentos dentro de ella estaban incompletos. No sabía por qué varias páginas habían desaparecido. Tampoco sabía por qué los especialistas anteriores habían abandonado el caso sin dar explicaciones.Solo sabía una cosa Dante Moretti llevaba 113 días sin decir una sola palabra.Había ignorado a policías, abogados y expertos. Había rechazado cada pregunta, cada intento de conversación y cada oportunidad de explicar su versión de los hechos.Su silencio se había convertido en su única respuesta.Algunos decían que era una estrategia.Otros, que era la prueba definitiva de su culpabilidad.Pero yo había aprendido algo durante mis años como psiquiatra forense.A veces, el silencio no oculta la verdad.A veces, la protege.Tomé la carpeta entre mis manos y caminé hacia la sala de interrogatorios sin saber que estaba a punto de cruzar la puerta que cambiaría mi vida.Sin saber que aquel caso no me estaba esperando por casualidad.Sin saber que yo no había sido elegida para analizar a Dante Moretti.Había sido elegida porque él ya me conocía.La puerta de la sala se cerró detrás de mí con un sonido metálico.Dante estaba sentado al otro lado de la mesa, con las manos esposadas y la mirada perdida en algún punto de la habitación.Durante meses había ignorado a todos.Pero cuando me senté frente a él, levantó la vista.Y entonces ocurrió algo que nadie había conseguido en 113 días.Me miró.No fue una mirada vacía ni perdida. Sus ojos grisaceos recorrieron mi rostro con una calma inquietante, como si estuviera memorizando cada detalle de mí. Como si no fuera yo quien estaba allí para estudiarlo, sino él quien llevaba demasiado tiempo esperando para estudiarme a mí.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.No era amable.Era una sonrisa tranquila, casi burlona.La sonrisa de alguien que sabía algo que yo todavía no comprendía.Y por extraño que pareciera, me sentí casi afortunada.Porque después de 113 días de absoluto silencio, Dante Moretti decidió que sus primeras palabras serían para mí.
—Te tardaste en llegar, doctora.








