Capítulo 1
Un día, Wendy y su familia salieron de vacaciones a Foxhill, un pequeño pueblo muy lejos de la ciudad. Luego de tres horas de viaje, llegaron a su casa: una vivienda pequeña de dos pisos, ubicada a pocos metros de un lago. Al atardecer, el lugar quedaba completamente solitario. El único sonido que se escuchaba era el de la brisa moviendo las hojas de los árboles.
Su familia siempre iba de vacaciones al mismo lugar. Además, todos los años festejaban allí el cumpleaños de Wendy, quien esta vez cumplía trece años.
La primera tarde, mientras sus padres preparaban la cena y su hermano acomodaba las valijas, Wendy decidió salir a caminar. El cielo comenzaba a oscurecer y el lago estaba tan quieto que parecía un espejo.
Cuando llegó a la orilla, escuchó un levecrackdetrás de ella, como si alguien hubiera pisado una rama. Se dio vuelta de inmediato, pero no había nadie.
Pensó que solo había sido un animal y siguió caminando. Sin embargo, unos segundos después volvió a escucharlo.
Crack... crack...
Esta vez el ruido estaba mucho más cerca.
—¿Hola? —preguntó con la voz temblorosa.
Nadie respondió.
El viento dejó de soplar de repente y todo quedó en un silencio absoluto. Entonces comenzó a oír algo distinto.
Splash... splash...
Parecía que alguien caminaba dentro del agua.
Wendy miró el lago. La superficie seguía completamente inmóvil. No había olas. No había peces saltando. Aun así, el sonido seguía escuchándose.
Sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
De pronto, a unos metros de ella, algo oscuro apareció entre los árboles. No alcanzó a distinguir qué era, pero juraría que la estaba observando.
El miedo pudo más que la curiosidad.
Salió corriendo sin mirar atrás. Mientras corría hacia la casa, escuchaba pasos detrás de ella, como si alguien la siguiera a la misma velocidad.
Entró de golpe y cerró la puerta con llave.
—¿Qué pasó? —preguntó su mamá.
—Hay... hay alguien afuera.
Su padre miró por la ventana.
—No hay nadie.
Wendy respiró aliviada durante unos segundos... hasta que se escuchó un golpe en el piso de arriba.
¡Toc!
Todos levantaron la vista.
Después vino otro.
¡Toc!... ¡Toc!...
Era como si alguien caminara lentamente por el segundo piso.
Su hermano subió a revisar, pero regresó pálido.
—No hay nadie... pero la ventana de mi habitación está abierta.
Su padre fue a cerrarla. Cuando volvió, dijo que seguramente el viento la había abierto.
Intentaron seguir con la cena, aunque el ambiente ya no era el mismo.
Entonces las luces comenzaron a parpadear.
La casa quedó completamente a oscuras.
Y, desde el piso de arriba, se escuchó un susurro.
—Wendy...
Era una voz baja, casi un murmullo.
Toda la familia permaneció inmóvil.
La luz volvió de repente.
No había nadie.
O eso creían.
Esa noche, mientras todos intentaban dormir, Wendy abrió los ojos al escuchar el mismo sonido que había oído junto al lago.
Crack... crack...
Esta vez venía del pasillo.
Alguien... o algo... caminaba lentamente hacia la puerta de su habitación.








