Personalizar legibilidad
Aa

No me recibió como lo imaginé

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Llegué a Madrid creyendo que lo más difícil era despedirme de mi mamá. Me equivoqué. El mismo día que aterricé me robaron todo el dinero con el que iba a empezar mi nueva vida, el fruto del sacrificio de mi madre y del hombre que amo. Aun así, decidí quedarme. Esta es la historia real de una colombiana que dejó su país para perseguir un sueño, enfrentándose a la nostalgia, al rechazo, a los trabajos precarios y a la difícil realidad de empezar desde cero. Porque emigrar no es solo cambiar de país; es aprender a reconstruirte sin perder quién eres.

Genero:
Drama
Autor/a:
Gissella
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Siempre imaginé que mi llegada a Madrid sería el comienzo de la mejor etapa de mi vida.

Era febrero. El cielo tenía un azul distinto al de Colombia y el frío se metía hasta los huesos. Yo llevaba una maleta llena de ropa, de ilusiones y de sueños que no eran solo míos. Detrás de ese viaje había muchas horas de trabajo, de sacrificio y de amor.

Mi mamá trabajó durante mucho tiempo para ayudarme a cumplir este sueño. Mi chico también hizo sacrificios, trabajó duro y ahorró para que, por fin, pudiéramos dejar de vivir una relación a la distancia.

Todo el dinero que llevaba conmigo tenía una historia. No eran billetes. Eran madrugadas de trabajo, cansancio, llamadas llenas de esperanza y el esfuerzo de las dos personas que más creían en mí.

Pero Madrid me dio la bienvenida de una forma que jamás imaginé.

En el aeropuerto me robaron todo.

No una parte.

Todo.

En cuestión de minutos desapareció el dinero que mi mamá había conseguido con tanto sacrificio y el que mi pareja había reunido para que yo pudiera empezar una nueva vida junto a él.

Recuerdo la sensación de quedarme inmóvil. Sentía un nudo en la garganta y una culpa inmensa, como si hubiera fallado a las personas que tanto habían luchado por verme llegar hasta aquí. Quería llorar, devolver el tiempo y evitar que aquello ocurriera.

Pero ya no había nada que hacer.

Salí del aeropuerto con las manos vacías, pero con un abrazo esperándome al otro lado de la puerta. Ese abrazo fue lo único que nadie pudo quitarme.

Ese día entendí que emigrar no empieza cuando aterriza el avión. Empieza cuando la vida te obliga a decidir si vas a rendirte o si, aun cuando sientes que lo has perdido todo, vas a levantarte y seguir caminando. Porque, al final, ser inmigrante también es aprender a ser guerrera.

Mientras caminaba hacia la salida del aeropuerto, intentaba respirar hondo. Tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no quería que la primera imagen que mi pareja tuviera de mí fuera la de una mujer derrotada. Habíamos esperado demasiado por ese momento. Habíamos contado los días, imaginado el abrazo, hablado de cómo sería nuestra primera tarde juntos en Madrid. No quería que un ladrón se llevara también ese recuerdo.

Cuando por fin lo vi, corrí hacia él.

Su abrazo fue el único lugar donde sentí que todo seguía teniendo sentido. Durante unos segundos olvidé el miedo, el cansancio y el dolor. Había cruzado un océano para estar con él y, aunque mi corazón llegaba roto, también llegaba lleno de amor.


Aquella noche apenas pude dormir.


Mi mente viajaba constantemente entre dos países. Una parte de mí estaba en Madrid, abrazando al hombre que amaba. La otra seguía en Colombia, imaginando a mi mamá despertándose en una casa que ahora se sentía mucho más vacía.

Soy hija única.

Y creo que solo quien ha sido hijo único entiende el peso que tiene despedirse de la única persona que siempre ha estado ahí. Mi mamá no solo me dio la vida; también fue quien creyó en mis sueños incluso cuando eso significaba quedarse sin mí.


No fue fácil dejarla.


Todavía recuerdo su mirada antes de despedirnos. Era una mezcla de orgullo y tristeza. Ella quería verme crecer, aunque para hacerlo tuviera que verme partir.


Muchas veces me pregunté si había hecho lo correcto.


La culpa aparecía sin avisar.


Pensaba en ella sola mientras yo intentaba construir una nueva vida al otro lado del océano. Había días en los que quería comprar un billete de regreso solo para volver a abrazarla.

Pero entonces recordaba todo el esfuerzo que habíamos hecho para llegar hasta aquí.

Mi mamá había trabajado para ayudarme a cumplir este sueño. Mi pareja también. Los dos confiaron en mí. Los dos creyeron que yo podía construir un futuro diferente. No podía rendirme a la primera caída.

Había una frase que repetía en silencio cada vez que sentía que ya no podía más: "Si ellos creyeron en mí, yo también tengo que creer en mí."

Y así comenzaron mis primeros meses en Madrid.

Con tocado puertas en todos lado y una esperanza que cada día parecía hacerse un poco más pequeña.

Entraba a los grupos de facebook a preguntando si necesitaban personal, dejaba mis contactos y esperaba una llamada que casi nunca llegaba.

Una y otra vez escuchaba respuestas parecidas.

"Ya te llamaremos."


"Necesitamos a alguien que tenga papeles en reglas."


Al principio pensaba que la siguiente puerta sería la correcta.


Después entendí que ser inmigrante significaba tocar cien puertas para que, con suerte, una se abriera.

Cuando por fin encontré trabajo, imaginé que las cosas empezarían a mejorar. Pero tampoco fue así.

Trabajé muchas horas por muy poco dinero. Descubrí lo que era terminar una jornada agotada y sentir que el esfuerzo apenas alcanzaba para seguir adelante. A veces sentía que mi trabajo valía menos solo por haber nacido en otro país.

Y eso duele.

Duele porque uno no cruza un océano buscando que le regalen nada. Uno cruza un océano buscando una oportunidad.

Nunca quise que me trataran diferente.

Solo quería que me dejaran demostrar quién era.


Mientras tanto, mi pareja seguía siendo el pilar. Muchas veces fue él quien sostuvo los gastos cuando yo no podía hacerlo. Nunca me hizo sentir una carga, pero yo sí lo sentía dentro de mí.


Quería aportar.


Quería trabajar.


Quería devolverle todo el esfuerzo que había hecho para que yo estuviera a su lado.

Había noches en las que me preguntaba cuánto tiempo tardaría en sentir que Madrid también era mi hogar.


Porque emigrar no consiste solo en cambiar de dirección.


Es aprender a vivir con la nostalgia.


Es extrañar a tu mamá mientras sonríes para que nadie note que por dentro estás llorando.

Es descubrir que hasta el agua cambia tu cabello, que tu piel ya no se siente igual y que incluso el espejo comienza a mostrarte una versión distinta de ti.

Es entender que ya no perteneces del todo al lugar del que vienes, pero que todavía estás aprendiendo a pertenecer al lugar al que llegaste.

Y, aun así, cada mañana volvía a levantarme.

Porque detrás de cada "no" seguía existiendo una razón mucho más grande para continuar.

Mi mamá.

El hombre que amo.

Y la promesa que me hice el día que crucé la puerta del aeropuerto: algún día miraré hacia atrás y entenderé que todo este dolor solo era el primer capítulo de una historia que apenas estaba comenzando.

Pero en ese momento yo no podía ver el final de la historia. Solo veía el presente. Y mi presente estaba lleno de incertidumbre.

Cada mañana me despertaba con la esperanza de que ese sería el día en que encontraría un trabajo. Lo primero que hacía era coger el móvil y entrar a los grupos de Facebook. Había grupos para todo: cuidar niños, limpiar casas, pasear mascotas, ayudar a personas mayores. Leía cada publicación con la ilusión de que alguna fuera para mí.


Cuando aparecía una oferta de niñera o de cuidadora, escribía enseguida. A veces era la primera en responder; otras veces ya había decenas de comentarios de personas buscando exactamente la misma oportunidad.


Entonces empezaba la espera.


Miraba Messenger una y otra vez, esperando que alguien me contestara. Cada notificación hacía que el corazón me latiera más rápido. Pensaba: "Ojalá sea por el trabajo". Pero casi siempre era otra cosa.

Los días pasaban y las respuestas no llegaban.

Y cuando llegaban, muchas veces terminaban en un "ya encontramos a otra persona" o simplemente dejaban de responder.

Fue ahí cuando entendí que encontrar trabajo siendo inmigrante no dependía solo de las ganas de trabajar. También dependía de estar en el lugar adecuado, en el momento justo, y de que alguien decidiera darte una oportunidad.

Yo solo quería esa primera oportunidad.

La que me permitiera demostrar que podía cuidar a un niño con el mismo cariño con el que mi mamá me había cuidado a mí. La que me permitiera empezar a construir una vida con mi propio esfuerzo.

Pero esa oportunidad parecía esconderse cada vez que creía estar cerca de encontrarla.

Había algo que me costaba entender. Yo no había llegado a Madrid sin sueños ni sin preparación.

En Colombia había estudiado Licenciatura en Pedagogía Infantil. Había dedicado años a prepararme para trabajar con niños, convencida de que la educación era una de las formas más bonitas de transformar una vida.

Sin embargo, al llegar aquí, mi título parecía quedarse en pausa, como si hubiera cruzado el océano, pero todavía no pudiera cruzar la puerta de una oportunidad.

Por eso buscaba trabajo en lo que fuera. Cuidar niños, acompañar a personas mayores, limpiar una casa o cualquier empleo digno que me permitiera empezar. No buscaba el trabajo perfecto. Solo necesitaba una oportunidad para demostrar que tenía ganas de salir adelante.

A veces me preguntaba cuántas personas, como yo, habían llegado con una profesión, con estudios y con experiencia en su país, pero habían tenido que empezar de cero al llegar a otro.

Y entendí que emigrar también significa eso.

Aceptar que, durante un tiempo, nadie conoce todo lo que eres capaz de hacer.

Que antes de reconocer tu profesión, primero tienes que demostrar tu fortaleza.


"Gracias por leerme. Si esta historia te ha emocionado, déjame un comentario. Leerlos me anima a seguir compartiendo este viaje."

¡Cuéntale a Gissella lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

1

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

1

Emotivo

Profundo

1

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Merry Christmas - Adventskalender 2025

Aelyn Raven: Wieder eine tolle Geschichte. Leider bin ich erst jetzt dazu gekommen sie zu lesen, aber das tut der Geschichte keinen Abbruch *g* ich freue mich schon auf den nächsten Adventskalender

Leer ahora
Sweet Caroline

Doridoo: I really enjoyed this story and had trouble putting it down at 2:00 in the morning but couldn’t read more due to blurry eyes! I even reread the chapter I left on so I could relive it again. The story had me tear up and gasp in parts. I Look forward to more stories from this author. Now I need to ca...

Leer ahora
Bloodlines

Diana: Would recomend a good read, I like it's not to long

Leer ahora
Death's Shadow MC Book 1

dariwhon: Loved reading this book. Engaging plot, great characters and good writing.

Leer ahora
An Irish Match

jeannie2244: This is without a doubt one of the sweetest stories I've read in a very long time. It's a delightfully different story from the usual stuff out there. I couldn't put it down. I highly recommend giving this a read.

Leer ahora
Bear Roberts

ValJ Prime: Merci pour cette histoire qui m'a fait découvrir une famille unie qui se serre vraiment les coudes, des gens blessés qui n'abandonnent pas, des gestes qui sont des preuves bien plus parlantes que les mots.

Leer ahora
Broken Halos MC

Alex: Well written, balanced and lovely to read. A little bit of something for everyone and plenty of content to keep the pages turning. Id have liked to see the confrontation with Justin and his punishment to close off that part of her journey.

Leer ahora
Ruthless Lord

Rebeca: Excelente novela

Leer ahora