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Slow Motion || MYG&PJM OS.

Sinopsis

Regla #1 para actuar en el medio tiempo de un partido: Dar un espectáculo inolvidable frente a 80.000 personas. Regla #2: Si la transmisión en vivo te enfoca después del show, disimula que llevas diez años de matrimonio. Tras prender fuego al escenario en el España vs. Argentina, Yoongi solo quería quitarse el micrófono, respirar y concentrarse en el partido. Jimin, ya cambiado a ropa cómoda y adorable, solo buscaba acurrucarse al lado de su novio, revisar el celular y encontrar la mano de Yoongi por pura costumbre, como siempre. El trabajo pesado había terminado. Pero la cámara 4 tenía otros planes. La química entre ellos en el segundo tiempo resultó mucho más entretenida que el propio juego. El partido acabó en empate, pero internet ya había elegido a sus ganadores. Copyright © gukkiebttm__.

Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo único .ᐟ.ᐟ

El aire de Nueva Jersey era distinto. Más húmedo, más pesado, como si el verano se aferrara a la ciudad con uñas largas. El autobús negro con los cristales polarizados se detuvo frente al hotel de lujo que les habían asignado y, apenas se abrieron las puertas, el cansancio del vuelo se hizo más evidente. Siete horas y media desde París. Siete horas y media en las que habían dormido a ratos, comido a medias y mirado pantallas sin realmente ver nada. El cuerpo todavía creía que estaba a diez mil metros de altura.

Jimin bajó primero, tirando de una maleta enorme que parecía dispuesta a vencerlo. Dentro iban casi todas sus prendas de escenario, ropa de ensayo, zapatos, accesorios y esa cantidad absurda de productos de cuidado de piel que nunca viajaba sin ellos. Taehyung apareció detrás, cargando no solo su propia maleta, sino también la de Jin, que era igual de descomunal.

-Hyung, juro que esto pesa lo mismo que un piano -protestó Taehyung, ajustando la correa sobre el hombro-. ¿Qué trajiste? ¿Tu colección completa de pijamas de seda?

Jin, que bajaba con pasos más lentos y la gorra calada hasta las cejas, solo soltó un gruñido cansado.

-No te quejes. Yo te dejé el asiento de la ventana.

Namjoon ya estaba en el vestíbulo, hablando en voz baja con el manager. Los demás se agruparon a su alrededor mientras el personal del hotel se ocupaba de las maletas más pesadas. Hoseok se estiró de forma exagerada, haciendo crujir la espalda.

-Tengo un hambre que no es normal -anunció-. Si no como algo en los próximos veinte minutos, voy a empezar a morder a alguien.

El manager miró el reloj y luego a Namjoon.

-Tienen dos horas de descanso. Después de eso, práctica de Dynamite y prueba de sonido. El estadio está a menos de cuarenta minutos, pero no queremos apuros. Coman, duerman, hagan lo que necesiten. Solo estén listos a las nueve.

Hoseok no esperó más.

-Entonces vamos a comer. Namjoon-ah, Jungkookie, Tae... ¿vienen?

Jungkook, que todavía tenía los auriculares colgando del cuello, asintió de inmediato. Taehyung miró a Jimin, luego a la maleta de Jin que seguía en su mano, y soltó un suspiro teatral.

-Voy. Pero primero dejo esto en la habitación del hyung o me va a matar.

Jin levantó una mano.

-No me esperen. Voy a dormir. Si alguien me despierta antes de las ocho y media, lo mato yo mismo.

Y se fue arrastrando la maleta que Taehyung le había pasado, desapareciendo hacia los elevadores.

En cuestión de minutos el vestíbulo quedó casi vacío. Hoseok se llevó a Namjoon, Jungkook y Taehyung hacia el restaurante del hotel. Las puertas de cristal se cerraron detrás de ellos y el silencio que quedó fue suave, casi íntimo.

Solo quedaban Yoongi y Jimin.

Se miraron un segundo. Jimin todavía sujetaba el asa de su maleta enorme. Yoongi tenía la suya más pequeña a un lado, la gorra negra calada y la expresión de alguien que solo quería desaparecer entre sábanas limpias.

-¿Habitación? -preguntó Yoongi con voz ronca por el vuelo.

Jimin asintió.

Subieron juntos. El elevador era silencioso y olía a limpio. Ninguno habló. No hacía falta. Llevaban once años aprendiendo el lenguaje de los silencios del otro.

La habitación de Jimin estaba en el piso doce. Amplia, con una cama king, cortinas gruesas y una vista parcial de la ciudad. Dejó la maleta junto al armario, se quitó los zapatos y se quedó unos segundos de pie, simplemente respirando. El cuerpo le pesaba, pero la mente ya no estaba tan lejos. Habían llegado. Estaban en Nueva Jersey. En unas horas estarían en el estadio más grande que habían visto en su vida, preparándose para el medio tiempo de un partido de Mundial.

Desempaquetó con calma. Camisetas, pantalones de ensayo, el outfit del show todavía guardado en su funda especial. Colgó algunas prendas, dejó otras dobladas. Cuando terminó, miró el reloj del teléfono. Le quedaba casi una hora y media antes de tener que reunirse con el resto.

No dudó.

Tomó la llave de su habitación, se puso las pantuflas del hotel y salió al pasillo. La puerta de Yoongi estaba tres números más allá. Tocó dos veces con los nudillos y entró sin esperar respuesta. Ya sabía que estaba abierta.

Yoongi estaba sentado en el borde de la cama, todavía con la maleta cerrada a sus pies. El teléfono en la mano iluminaba su rostro. En la pantalla se veían fotos del Mundial: estadios llenos, banderas, jugadores celebrando. Jimin cerró la puerta con cuidado y se quedó un momento observándolo.

El cabello de Yoongi estaba un poco revuelto por el viaje. Llevaba una camiseta negra holgada y pantalones de chándal grises. Parecía más joven así, sin el maquillaje de escenario, sin la tensión de las cámaras. Solo Min Yoongi, el mismo que en 2015, con el cabello color menta y la voz baja, le había dicho "me gustas" en un camarín vacío mientras Jimin todavía tenía mechones naranjas y el corazón latiéndole demasiado fuerte.

Once años.

Once años de vivir en departamentos distintos para que nadie sospechara. Once años de visitarse casi todas las noches, de dormir en la cama del otro más que en la propia, de esconderse de cámaras y de fans y de managers demasiado curiosos. Once años en los que el servicio militar los había separado por meses, pero nunca de verdad. Cada día libre, cada permiso, cada fin de semana posible, se encontraban. Porque extrañarse tanto dolía más que el cansancio.

Jimin se acercó en silencio. Se subió a la cama y se recostó a su lado, apoyando la cabeza cerca del hombro de Yoongi. Dejó un beso suave en su mejilla.

-Hyung...

Yoongi bajó el teléfono casi de inmediato. La pantalla se apagó. Giró la cabeza y lo miró con esa expresión que solo reservaba para él: suave, un poco cansada, completamente abierta.

-Llegaste rápido.

-Tenía una hora y media. Preferí usarla contigo.

Jimin volvió a besar su mejilla, luego la comisura de los labios. Yoongi soltó el teléfono sobre la mesita y se giró hacia él. Una mano se deslizó por la cintura de Jimin, tirando de él con suavidad hasta que sus cuerpos quedaron más cerca. El otro brazo se apoyó en la cama para no aplastarlo del todo.

El primer beso fue lento. Cansado. Necesario.

Yoongi besó la boca de Jimin como quien regresa a casa después de mucho tiempo. Luego bajó a la mandíbula, al cuello. Dejó besos húmedos, abiertos, justo debajo de la oreja. Jimin soltó un suspiro pequeño y se arqueó apenas, buscando más contacto. Las manos de Yoongi bajaron por su costado, rozaron la tela del pantalón de chándal y se detuvieron en el muslo, apretando con cuidado, subiendo un poco, bajando otra vez. No había prisa. Solo hambre acumulada.

-Extrañé esto -murmuró Yoongi contra su piel-. Extrañé poder tocarte sin que alguien toque la puerta cada cinco minutos.

Jimin rio bajito, el sonido ahogado contra el hombro de su novio.

-El tour nos está matando. Siempre hay alguien cerca. Siempre hay ensayo, o vuelo, o entrevista...

-Lo sé.

Yoongi volvió a su boca. Esta vez el beso fue más profundo. Lenguas lentas, respiraciones compartidas. Jimin pasó una pierna por encima de la de Yoongi, acercándose más, y sintió cómo el cuerpo del mayor respondía. No llegaron más lejos. No podían. Ambos sabían que en menos de una hora tendrían que bajar, que el manager los estaría buscando, que el sonido y la coreografía de Dynamite no esperaban. Pero se permitieron esto: manos bajo la ropa, caricias en la piel caliente, besos que sabían a alivio.

Cuando se separaron, ambos respiraban un poco más agitado. Yoongi apoyó la frente contra la de Jimin y cerró los ojos.

-Ven aquí.

Lo atrajo contra su pecho. Jimin se acomodó como siempre lo hacía, la cabeza bajo la barbilla de Yoongi, una mano sobre su estómago, las piernas enredadas. Yoongi le besó la frente, luego la sien, y se quedó así, oliendo su cabello, sintiendo el peso familiar de su cuerpo.

-Estoy feliz -dijo de pronto, con voz baja-. De verdad. Presentar el medio tiempo de un Mundial... nunca pensé que llegaríamos a esto.

Jimin sonrió contra su camiseta.

-Lo sé. Eres el fanático más grande de todos nosotros.

-Siempre apoyé a Corea -admitió Yoongi-. Aunque este año no pasaron. Duele, pero... al menos pude conocer a algunos jugadores. Jude Bellingham es más alto de lo que parece en la tele. Haaland es un monstruo educado. Y ese chico de México, ¿Gilberto Mora?... es pequeño, pero tiene una mirada de locura. Me cae bien.

Jimin rio suavemente.

-¿Gilberto Mora? ¿El que corre como si tuviera fuego en los pies?

-Ese mismo.

Se quedaron en silencio un rato. Afuera, la ciudad seguía moviéndose. Dentro de la habitación solo se oía la respiración de los dos y el leve zumbido del aire acondicionado.

Jimin pasó el dedo por el pecho de Yoongi, dibujando círculos perezosos.

-Once años, hyung.

Yoongi apretó el brazo alrededor de su cintura.

-Once años. Y todavía me pones nervioso cuando entras a una habitación sin avisar.

-Mientes. Te encanta.

-Sí. Me encanta.

El cansancio del vuelo empezó a ganar. Los párpados de Jimin se volvieron pesados. Yoongi no lo soltó. Solo acomodó mejor la manta sobre ambos y dejó que el silencio los envolvieras. Hablaron un poco más, en voz muy baja: del show, de lo que sentían al pensar en ochenta mil personas, de lo raro que era estar tan cerca del Mundial y no poder gritar como aficionados normales. Pero las frases se fueron haciendo más cortas, más lentas.

Al final, las palabras se apagaron del todo.

Jimin se durmió primero, la mejilla pegada al pecho de Yoongi, una mano todavía enredada en la tela de su camiseta. Yoongi se quedó despierto un poco más, mirando el techo, sintiendo el peso cálido y familiar de su novio. Pensó en 2015. En el camarín. En el cabello menta y el cabello naranja. En todas las noches que habían tenido que separarse por miedo a que alguien los descubriera. En todas las mañanas en las que, a pesar de todo, seguían eligiendo quedarse.

Sonrió, apenas.

Luego cerró los ojos y se dejó llevar también.

Afuera, Nueva Jersey seguía respirando. Dentro de la habitación, Min Yoongi y Park Jimin dormían abrazados, con una hora todavía por delante y el mundo entero esperándolos en unas cuantas horas.

Pero por ahora, solo existían ellos dos.

[⚽⚽⚽]

El sol de Nueva Jersey caía directo sobre el césped del MetLife Stadium como si quisiera recordarles que el verano todavía no había terminado. El aire vibraba con ese calor seco que se pega a la piel y hace que la ropa se sienta más pesada de lo que realmente es. Los siete bajaron del van negro con ropa cómoda: pantalones de chándal, camisetas holgadas, gorras y zapatillas de ensayo. Nada de outfits de escenario todavía. Solo tela suave, respirable, pensada para moverse sin restricciones durante las pruebas de sonido y el ensayo de la coreografía.

Jimin se detuvo un segundo al bajar, parpadeando por la claridad. El estadio se veía enorme vacío, o casi vacío. Todavía faltaban horas para que se llenara del todo, pero ya se sentía la anticipación en el ambiente. Los técnicos corrían de un lado a otro, los cables se extendían como serpientes negras sobre el escenario montado en el centro del campo, y el olor a césped recién cortado se mezclaba con el de metal caliente y pintura fresca.

Sacó el bloqueador solar del bolsillo de su chaqueta ligera. El sol pegaba con fuerza y él sabía demasiado bien lo que le pasaba a su piel si no se protegía. Se aplicó un poco en el rostro, en el cuello, en los brazos descubiertos. Luego, sin pensarlo demasiado, se acercó a Yoongi, que estaba revisando el monitor de uno de los técnicos junto a Namjoon.

Jimin le extendió el tubo con una sonrisa pequeña, esa que Yoongi conocía desde hace once años y que todavía le hacía algo raro en el pecho.

-Hyung... el sol está fuerte.

Yoongi levantó la vista. Miró el bloqueador, luego a Jimin, y asintió con un gesto discreto, casi amistoso, como si solo estuvieran compartiendo protector solar entre compañeros. Pero sus dedos rozaron los de Jimin un segundo más de lo necesario al tomar el tubo.

-Gracias -murmuró, aplicando un poco en la nuca y en las orejas.

Jimin se quedó un instante más a su lado, fingiendo mirar el escenario, antes de alejarse hacia donde Hoseok ya estaba marcando los pasos de Dynamite con energía exagerada.

El ensayo empezó de verdad poco después. Dos horas completas bajo el sol. La coreografía de Dynamite, aunque la conocían de memoria, necesitaba ajustes por el tamaño del escenario y la acústica del estadio. El sonido rebotaba de forma distinta. Los pasos tenían que ser más amplios, más limpios, pensados para que se vieran desde las gradas más altas. Sudaron. Rieron cuando Hoseok se equivocó a propósito para aliviar la tensión. Namjoon corrigió ángulos. Jungkook perfeccionó cada detalle como si su vida dependiera de ello. Jin se quejó del calor entre canciones. Taehyung improvisó caras ridículas cada vez que la cámara de ensayo lo enfocaba.

Y mientras tanto, las gradas empezaban a llenarse.

Primero fueron pequeños grupos. Luego oleadas. Banderas de España y Argentina ondeaban ya en sectores enteros. El rojo y el amarillo se mezclaban con el celeste y el blanco. Gritos sueltos, cánticos que todavía no encontraban ritmo colectivo. Y entre esa marea de aficionados al fútbol, se distinguían claramente las ARMYs.

Algunas llevaban lightsticks. Otras tenían pancartas improvisadas con nombres de los miembros. Cuando los siete se acercaron un poco más al borde del escenario durante una pausa, las voces se alzaron con más fuerza.

-¡Yoongi! ¡Cásate conmigo!

-¡Suga oppa! ¡Te amo!

-¡Jimin! ¡Eres un dios!

Las burlas no se hicieron esperar. Hoseok se agachó de risa. Taehyung señaló a Yoongi con el dedo y gritó de vuelta, en inglés roto y exagerado:

-¡Sorry, girls! ¡He's taken... by music!

Jin se unió, cruzando los brazos y haciendo como si protegiera a Yoongi de las pretendientes imaginarias. Namjoon solo negó con la cabeza, sonriendo. Jungkook se tapó la cara, avergonzado por la atención general.

Jimin, en cambio, no rio del todo.

Sintió ese pellizco familiar en el pecho. Celos suaves, viejos, que ya no lo sorprendían pero que tampoco desaparecían del todo. Llevaban once años escondiéndose. Once años de miradas cuidadas, de no tocarse en público más de lo permitido, de escuchar cómo miles de personas le pedían matrimonio a su novio como si fuera un premio del sorteo. Sabía que era parte del trabajo. Sabía que Yoongi nunca respondía en serio. Pero aún así, cuando una chica gritó especialmente fuerte "¡Yoongi, soy tu esposa del futuro!", Jimin apretó la mandíbula un segundo y luego sonrió para las cámaras de ensayo, como si nada.

Yoongi, que lo conocía demasiado bien, le lanzó una mirada rápida desde el otro lado del escenario. Un destello de comprensión. Un pequeño movimiento de cejas que decía "ya sé" sin necesidad de palabras. Jimin respiró hondo y siguió bailando.

Cuando terminaron el ensayo, el sol ya estaba más alto y el estadio se sentía vivo. Eran cerca de las doce. El manager los reunió y los llevó hacia el túnel que conectaba con los camerinos exclusivos. El pasillo olía a aire acondicionado frío y a café. Las paredes estaban forradas de posters temporales del Mundial y de los logos de los patrocinadores.

El camerino de los siete era amplio, con espejos iluminados a lo largo de una pared, sillones cómodos, una mesa larga con comida ligera ya preparada y racks con la ropa de escenario perfectamente colgada. Las estilistas ya los esperaban, junto con el equipo de maquillaje. Aunque faltaba mucho para el medio tiempo, preferían empezar temprano: comer, hidratarse, dejar que el maquillaje se asentase, probar los micrófonos otra vez si era necesario.

Jimin se sentó en uno de los sillones a esperar su turno. Desde allí tenía una vista perfecta de Yoongi.

El mayor estaba en la silla de la estilista principal. Le estaban peinando el cabello pelinegro con cuidado, separando mechones, aplicando un poco de producto para que se mantuviera en su lugar bajo las luces. El maquillaje era ligero: solo lo necesario para que no se viera pálido bajo los reflectores, un toque de corrector, un poco de definición en las cejas. Yoongi tenía los ojos semi cerrados, relajado, pero había una energía distinta en él. Una emoción contenida que Jimin reconocía de inmediato.

Lionel Messi.

Yoongi siempre había hablado de él. Desde que eran trainees, desde las noches en que se quedaban despiertos viendo partidos viejos en la computadora del dormitorio. Messi era su ídolo futbolístico absoluto. Y ahora estaban a pocas horas de compartir el mismo estadio, tal vez incluso de cruzarse en algún pasillo o en el campo después del show. Yoongi no lo decía en voz alta delante de todos, pero Jimin lo veía en la forma en que sus dedos se movían inquietos sobre el reposabrazos, en la sonrisa pequeña que se le escapaba cada vez que alguien mencionaba a Argentina.

Jimin se levantó sin hacer ruido y se acercó. La estilista estaba de espaldas, buscando un spray. Aprovechó el momento. Con mucho cuidado, tomó un mechón rubio que se había escapado y lo acomodó detrás de la oreja de Yoongi. Sus dedos rozaron la piel cálida de la oreja. Yoongi abrió los ojos y lo miró a través del espejo. La sonrisa que le dedicó fue pequeña, privada, solo para él.

-Se te va a caer la baba, Jimin-ah.

La voz vino de la izquierda. Era una de las estilistas de confianza, la misma que los acompañaba desde los días del debut, cuando todavía compartían un camerino minúsculo y se peinaban unos a otros. La mujer tenía una ceja arqueada y una sonrisa cómplice que no dejaba lugar a dudas.

Jimin sintió el calor subirle a las mejillas de inmediato. Bajó la mirada, soltó el mechón como si se hubiera quemado y dio un paso atrás.

-No... solo... se le había salido -murmuró, avergonzado.

La estilista rio bajito y le guiñó un ojo antes de volver a su trabajo. Yoongi, en el espejo, tenía las orejas un poco rojas también, pero no dijo nada. Solo le sostuvo la mirada un segundo más, con esa expresión suave que Jimin conocía demasiado bien.

El resto del grupo no tardó en llenar el camerino de ruido. Jungkook estaba sentado en otra silla mientras le aplicaban un poco de base. Hoseok ya se había comido medio sándwich. Jin criticaba la textura de las toallitas desmaquillantes. Taehyung había encontrado la forma de subirse a un sillón con las piernas cruzadas como si estuviera en casa.

Fue Hoseok quien empezó.

-Oye, Jungkookie... ¿ya te preparaste emocionalmente?

Jungkook levantó una ceja, desconfiado.

-¿Para qué?

-Para conocer a tu ídolo -respondió Taehyung con una sonrisa maliciosa-. Justin Bieber. Está por aquí, ¿no? Alguien dijo que iba a estar en uno de los palcos.

Jin se unió de inmediato, adoptando una voz grave y dramática.

-Imagínate. Justin te ve en el escenario, se enamora de tu voz, te invita a grabar un feat... y tú te desmayas delante de ochenta mil personas.

Jimin, todavía un poco sonrojado, se acercó al grupo y se sumó con gusto. Era más fácil bromear que quedarse pensando en lo que la estilista había visto.

-No se desmaye, Jungkookie. Si te desmayas, Yoongi-hyung va a tener que cargarte y ya sabemos que se le cae la espalda.

-¡Yah! -protestó Yoongi desde la silla, pero sin verdadera molestia.

Jungkook hizo un puchero exagerado, exactamente el que usaba cuando quería hacerse el ofendido y al mismo tiempo divertirse.

-Ustedes son terribles. Justin ni siquiera sabe quién soy.

-Claro que sabe -insistió Hoseok-. Todo el mundo sabe quién es Jeon Jungkook. Hasta Messi va a saber quién eres después de hoy.

La mención de Messi hizo que Yoongi levantara la vista otra vez. Jimin lo notó. Y esta vez, en lugar de acercarse, solo le dedicó una sonrisa pequeña desde el otro lado del camerino. Una sonrisa que decía "te veo", "estoy aquí", "sé lo mucho que significa esto para ti".

Yoongi le devolvió el gesto con un leve asentimiento.

El camerino se llenó de risas, de olores a maquillaje y comida, de voces superpuestas. Afuera, el estadio seguía llenándose. Las banderas ondeaban cada vez más juntas. Los cánticos empezaban a tomar forma. Faltaban horas para el medio tiempo, pero la electricidad ya se sentía en el aire.

Jimin se sentó finalmente en su propia silla cuando la estilista lo llamó. Mientras le peinaban el cabello y le aplicaban el maquillaje ligero, no pudo evitar buscar a Yoongi una vez más en el espejo. El mayor estaba terminando. Se levantó, se estiró, y por un segundo sus miradas se encontraron de nuevo.

Once años.

Once años y todavía se miraban así, en medio del caos, en medio de las estilistas y los managers y los gritos lejanos de las fans que querían casarse con él.

Jimin sonrió para sí mismo, bajó la mirada otra vez, y dejó que le peinaran en silencio.

El show todavía no empezaba.

Pero algo, en el pecho, ya se sentía como si estuviera a punto de hacerlo.

[⚽⚽⚽]

El silbato del árbitro marcó el final del primer tiempo con el marcador todavía en 0-0. El estadio entero pareció contener la respiración un segundo antes de que el ruido explotara de nuevo: cánticos, silbidos, banderas ondeando con más fuerza. En el centro del campo, el escenario montado para el medio tiempo ya brillaba bajo las luces. Los técnicos hacían los últimos ajustes mientras el público se acomodaba, expectante.

Desde el túnel, los siete esperaban su momento. El corazón de Jimin latía rápido, no solo por el nerviosismo del show, sino por la magnitud de todo. Ochenta mil personas. Un partido del Mundial. Y ellos, a punto de ocupar el centro de ese universo por unos minutos.

Primero salió Madonna.

La reina del pop apareció envuelta en luces blancas y moradas, acompañada nada menos que de Ronaldinho y Ronaldo Nazário. El estadio enloqueció. Los dos mitos del fútbol brasileño levantaron los brazos y el público respondió con un rugido que hizo vibrar las gradas. Madonna saludó, sonrió, y el segmento inicial se llenó de energía nostálgica y espectáculo puro. Jimin, desde su posición en la penumbra del túnel, sintió cómo la adrenalina le subía por la espalda. Yoongi, a su lado, tenía los ojos fijos en el campo, la mandíbula apretada de concentración, pero también de pura emoción.

Luego les tocó a ellos.

La primera nota de Dynamite estalló como un disparo limpio. Las luces se volvieron doradas y los siete entraron corriendo al escenario con la precisión de siempre y la fuerza de quien sabe que este momento no se repetirá. El público -ARMYs mezcladas con aficionados de España y Argentina- gritó de una forma que Jimin sintió en el pecho. No era solo el volumen. Era la forma en que las voces se unían, cómo reconocían la canción desde el primer segundo y la cantaban con ellos.

Bailaron con todo.

Cada paso, cada sonrisa, cada mirada al público estaba cargada de esa energía que solo aparece cuando el escenario es más grande que cualquier ensayo. Hoseok brillaba como siempre. Jungkook ejecutaba cada movimiento con una potencia casi agresiva. Namjoon comandaba el centro con esa presencia que hacía que todo pareciera fácil. Jin y Taehyung llenaban los espacios con carisma. Yoongi, con el micrófono cerca de la boca y el cabello rubio brillando bajo las luces, se veía completamente en su elemento. Y Jimin... Jimin sentía el corazón a punto de salirse del pecho cada vez que sus miradas se cruzaban un segundo durante la coreografía.

El estadio cantaba con ellos. Las ARMYs españolas y argentinas se distinguían entre la marea de banderas, lightsticks improvisados y gritos que no necesitaban traducción. Cuando la canción terminó, el ruido fue ensordecedor. Aplausos, silbidos, gente de pie. Jimin se quedó un segundo más de lo necesario respirando ese sonido, grabándolo en la memoria.

El show continuó con más artistas invitados. Y entonces llegó el momento que hizo que Jungkook casi olvidara dónde estaba.

Justin Bieber fue presentado.

La reacción de Jungkook fue inmediata e imposible de contener. Desde una esquina del escenario donde las cámaras principales no lo enfocaban del todo, abrió la boca en un grito de pura emoción y empezó a aplaudir como el fan más entregado del estadio. Los ojos le brillaban. La sonrisa era de esas que no se pueden fingir. Taehyung, que estaba cerca, le dio un codazo suave y le susurró algo que solo hizo que Jungkook se tapara la boca con una mano, todavía riendo de la emoción.

El resto del medio tiempo pasó en una mezcla de presentaciones, saludos y energía colectiva. Todos los artistas invitados compartieron el escenario en el tramo final, creando una imagen que las cámaras no paraban de capturar. Cuando por fin terminó y el silbato volvió a sonar para reiniciar el partido, el marcador seguía 0-0 y el estadio parecía no haber bajado ni un decibel de intensidad.

Mientras regresaban hacia la zona reservada, Jungkook todavía tenía las mejillas sonrojadas de emoción. Fue entonces cuando se enteró.

-Taehyung... ¿hablaste con él? -preguntó, con un puchero que ya se estaba formando.

Taehyung levantó las manos, riendo.

-Solo lo saludé. Estaba pasando y...

-Le habló -completó Jin, con esa sonrisa de hermano mayor que disfruta demasiado-. Hasta se rieron de algo.

Jimin se unió de inmediato, poniéndose al lado de Jin.

-Mira nada más. El maknae casi se desmaya de la emoción y resulta que Tae ya está haciendo amigos internacionales.

Jungkook hizo un puchero todavía más pronunciado, cruzándose de brazos mientras caminaban.

-No es justo...

Taehyung le pasó un brazo por los hombros, todavía riendo.

-La próxima te presento, lo prometo. Aunque no sé si aguantes la emoción.

Las bromas continuaron mientras se dirigían a la zona VIP. El área estaba llena de artistas, influencers, jugadores retirados y gente de la organización. Cámaras discretas, seguridad, mesas con bebidas y el murmullo constante de conversaciones en varios idiomas. Empezaron a tomarse fotos, a saludar, a intercambiar algunas palabras animadas con quienes se acercaban.

Fue entonces cuando lo vieron.

IShowSpeed estaba allí, inconfundible, con esa energía que parecía no caber en su propio cuerpo. En cuanto los reconoció, su cara se iluminó de una forma casi infantil. Se acercó rápido, hablando a mil por hora, diciendo lo mucho que amaba sus canciones, lo increíble que había sido el show, cómo había gritado Dynamite desde su asiento. Saludó a cada uno con un abrazo fuerte, efusivo, de esos que no dejan espacio para la distancia.

Cuando le tocó a Jimin, el abrazo fue igual de intenso. Speed hablaba y reía al mismo tiempo, moviéndose demasiado cerca, demasiado emocionado. Jimin sonrió por educación, respondió con amabilidad, pero sintió esa pequeña inquietud familiar. La cercanía excesiva de alguien desconocido, la forma en que la atención se volvía demasiado física demasiado rápido. Prefería el control. Prefería saber exactamente cuánto espacio había entre él y las otras personas.

Disimuladamente, dio un paso atrás después del abrazo, manteniendo la sonrisa, creando distancia sin que se notara demasiado.

Yoongi lo vio.

No hizo nada obvio. No miró a Speed con molestia ni intervino en voz alta. Simplemente, mientras el grupo se acomodaba para la foto grupal con el youtuber, su mano encontró la de Jimin a un costado, fuera del ángulo principal de las cámaras. Sus dedos se entrelazaron un segundo, apretaron con suavidad, y luego se soltaron como si nada hubiera pasado.

Jimin sintió el calor de ese gesto recorrer su brazo entero. Respiró más hondo. La inquietud bajó un poco. Cuando sonrió para la foto, esta vez fue más genuina.

Se despidieron de Speed entre risas y más comentarios rápidos. Continuaron así con cada artista que se acercaba: fotos, saludos, pequeñas conversaciones. Madonna les dedicó unas palabras amables. Ronaldo y Ronaldinho posaron con ellos entre bromas sobre el fútbol. Justin Bieber terminó acercándose un momento y Jungkook tuvo que hacer un esfuerzo visible por no gritar otra vez, aunque esta vez Taehyung se aseguró de incluirlo en la conversación.

Poco a poco, el grupo fue moviéndose hacia los asientos que les habían reservado para ver el segundo tiempo. El estadio seguía rugiendo. El marcador todavía era 0-0. La noche apenas empezaba.

Jimin se sentó junto a Yoongi, como siempre. No se tocaron. No se miraron demasiado. Pero cuando las luces del estadio se enfocaron de nuevo en el campo y el partido se reanudó, la mano de Yoongi descansó un segundo sobre el reposabrazos, cerca de la de Jimin. Lo suficiente para que sus dedos se rozaran.

Jimin no apartó la mano.

El segundo tiempo acababa de empezar.

[⚽⚽⚽]

El segundo tiempo comenzó con la misma intensidad con la que había terminado el primero. El MetLife Stadium vibraba con una energía que parecía no bajar nunca. Los siete tomaron sus asientos en la zona VIP, rodeados de artistas, personal de la FIFA y algunos invitados especiales. Yoongi y Jimin se sentaron juntos de forma natural, como siempre lo hacían cuando podían permitírselo. Sus hombros se rozaban apenas, lo suficiente para sentir la presencia del otro sin llamar la atención.

Yoongi estaba tenso. Muy tenso.

Cada vez que el balón se acercaba al área, su cuerpo se inclinaba hacia adelante y soltaba pequeños bufidos de frustración cuando el tiro salía desviado o el portero lograba atajar. El partido seguía 0-0 y el reloj avanzaba sin piedad. Jimin, a su lado, observaba el juego con interés, pero también aprovechaba para revisar su teléfono. Instagram estaba en llamas. Las stories, los reels y las publicaciones de fans ya inundaban su feed con videos del medio tiempo: Dynamite, los gritos de las ARMYs, los momentos con Madonna, Ronaldinho y Ronaldo. Sonrió al ver algunos edits ya hechos con su nombre y el de Yoongi.

De pronto, sintió la mano de Yoongi en busca de la suya.

Fue un movimiento casi inconsciente. Los dedos del mayor se deslizaron entre los suyos, apretando con fuerza, transmitiendo toda la tensión que acumulaba su cuerpo. Jimin se sorprendió un segundo, girando la cabeza para mirarlo. Yoongi tenía la vista fija en el campo, la mandíbula apretada, completamente absorto en el juego. No parecía haberlo hecho a propósito. Solo... necesitaba anclarse a algo. A él.

Jimin no soltó la mano. Al contrario, la apretó de vuelta, pasando el pulgar por el dorso de la mano de Yoongi en un gesto lento y tranquilizador. Ninguno dijo nada. Nadie a su alrededor pareció notarlo. Pero las cámaras del estadio, siempre atentas a las reacciones de los artistas invitados, los captaron perfectamente. Un plano discreto, pero claro: dos miembros de BTS sentados juntos, una mano entrelazada con la otra, compartiendo la misma tensión del partido. Esa imagen daría la vuelta al mundo en cuestión de horas.

El tiempo siguió corriendo. Los minutos se hicieron eternos. Hasta que, en los últimos instantes del partido, España logró el gol que desató la locura. El estadio explotó. Banderas rojas y amarillas sondearon por todas partes. Fuegos artificiales improvisados iluminaron el cielo de Nueva Jersey. España se coronaba como campeona del Mundo 2026.

Los chicos gritaron, aplaudieron y se abrazaron entre ellos. Incluso Yoongi, que había estado conteniendo la respiración, soltó una risa aliviada y se pasó las manos por la cara. Jimin lo miró con cariño, todavía con sus dedos entrelazados un segundo más antes de soltarlos.

El regreso al hotel fue silencioso y pesado. El cansancio del vuelo, el ensayo, el show y las emociones del partido les cayó encima como una manta gruesa. En el van, Hoseok todavía tenía energía para hablar de los mejores momentos. Jungkook revisaba videos en su teléfono. Jin ya planeaba cómo celebrar.

Al llegar al hotel, se separaron naturalmente.

Hoseok, Jungkook y Jin decidieron quedarse en la habitación de Jin para seguir festejando con comida del servicio a la habitación y algunos juegos de mesa que habían traído. Taehyung y Namjoon se quedaron un rato más en el lobby, buscando mejor señal de Wi-Fi para revisar mensajes y publicaciones.

Yoongi y Jimin, en cambio, subieron directamente a la habitación de Jimin.

Apenas cerró la puerta, el mundo exterior se apagó. Las luces quedaron bajas. Jimin se quitó los zapatos y se dejó caer en la cama con un suspiro largo. Yoongi lo siguió, quitándose la chaqueta y acostándose a su lado. Sin decir nada, se acercaron. Sus labios se encontraron en un beso lento, cansado pero lleno de cariño. No había prisa. Solo la necesidad de tocarse después de un día entero de contención.

-Estuviste increíble hoy -murmuró Yoongi contra su boca, besándolo otra vez-. Ese outfit... te veías tan hermoso bajo las luces. No podía dejar de mirarte.

Jimin sonrió, sonrojado, y escondió la cara en el cuello de su novio.

-Tú también. Siempre brillas más cuando estás emocionado por el fútbol.

Se besaron un rato más. Besos suaves, besos húmedos en el cuello, manos que acariciaban brazos y cintura sin buscar nada más que cercanía. Yoongi le pasó los dedos por el cabello, acomodando mechones. Jimin trazaba patrones invisibles en el pecho de su hyung. Poco a poco, el cansancio ganó. Jimin se acurrucó mejor contra él, la cabeza sobre su pecho, escuchando los latidos constantes. Minutos después, su respiración se volvió profunda y regular. Se había dormido.

Yoongi sonrió con ternura y tomó su teléfono. Quería ver un poco las reacciones en redes antes de dormir también. Instagram y Twitter (X) estaban completamente locos. Videos del show, reacciones de fans, memes del partido. Deslizó el dedo con una sonrisa hasta que una foto en particular le llamó la atención.

Era ellos dos.

La imagen capturada por las cámaras del estadio: él mirando el partido con expresión concentrada, y Jimin a su lado, con la mano entrelazada discretamente. La descripción de la cuenta de fans era peculiar y directa: "Parecen un matrimonio de diez años. El esposo estresado por el partido y su esposa acompañándolo como toda una buena esposa 💍❤️ #Yoonmin".

Los comentarios debajo eran una mezcla de risas, emojis de corazones y teorías:

-"La forma en que Jimin le aprieta la mano... yo quiero eso."

-"Casados confirmed."

-"Yoongi con cara de marido estresado y Jimin siendo la calma personificada."

Yoongi soltó una risa baja, intentando no moverse mucho para no despertar a Jimin. Pero el sonido fue suficiente. Jimin se removió contra su pecho, parpadeando con sueño.

-¿Qué pasa...? -murmuró con voz ronca.

-Nada, amor -respondió Yoongi suavemente, dejando el teléfono a un lado-. Solo cosas de fans.

Lo atrajo más cerca, acomodando mejor la cabeza de Jimin sobre su pecho y besándole la frente. Sus brazos lo rodearon con fuerza, protectores, cálidos. Jimin volvió a cerrar los ojos, confiado, y se durmió otra vez casi de inmediato.

Yoongi se quedó despierto unos minutos más, mirando el techo de la habitación del hotel. La foto seguía en su mente. La descripción. Los comentarios. La forma en que, sin quererlo, habían parecido exactamente lo que eran: una pareja. Once años juntos. Once años de esconderse, de quererse en silencio, de robarse momentos como este.

Tal vez no eran esposos todavía.

Pero quizás, algún día, se atrevería a pedirle a ese bonito chico que dormía sobre su pecho que fuera su esposo. Que llevara un anillo que solo ellos dos supieran. Que compartieran una vida sin tener que soltarse la mano en público.

Sonrió en la oscuridad, besó una vez más el cabello de Jimin y cerró los ojos.

Por ahora, esto era suficiente. Mañana volverían a fingir. Pero esta noche, en una habitación de hotel en Nueva Jersey, después de un Mundial y un show inolvidable, Min Yoongi y Park Jimin solo eran dos personas profundamente enamoradas.

Y eso, por el momento, era más que suficiente.

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