Capítulo 1 - La noche en que desapareció una heredera
Capítulo 1
La noche en que desapareció una heredera
El Valle Carmesí ardía.
Las llamas trepaban por las torres de la fortaleza y convertían la noche en un amanecer rojo. Los rugidos de los lobos llegaban desde las murallas, mezclados con el choque del metal, los gritos de los heridos y el crujido de la madera al derrumbarse.
Alina Valen atravesó el corredor con su hija apretada contra el pecho.
Emma tenía apenas dos años.
No comprendía por qué su madre corría.
No sabía por qué el humo llenaba las habitaciones ni por qué todos los adultos parecían aterrados.
Solo sabía que Selene había entrado en su dormitorio, la había sacado de la cama y la había envuelto en su manta favorita.
—Mamá —murmuró Emma.
—Estoy aquí, mi amor.
Alina la abrazó con más fuerza.
Selene corría a su lado.
Era una omega de veintitrés años, de cabello castaño claro y ojos grises. Había crecido junto a Alina y, desde el nacimiento de Emma, se había convertido en su cuidadora, su protectora y la persona capaz de conseguir que la niña se durmiera incluso durante las noches en las que la criatura de su interior se mostraba inquieta.
Para Emma no era una sirvienta.
Era su amiga.
La mujer que le cantaba, le preparaba pan con miel y le permitía esconderse bajo su falda cuando había demasiadas personas en el salón.
Aquella noche, Selene llevaba un cuchillo sujeto a la cintura y sangre sobre una de las mangas.
—La salida oeste ha caído —dijo—. Los renegados ya están dentro del patio.
—¿Marcus?
—Sigue con Dorian.
Un rugido sacudió los muros.
Emma empezó a llorar.
Selene le acarició el cabello.
—Tranquila, pequeña llama. Tu padre vendrá.
Alina no sabía si aquellas palabras eran ciertas.
Ronan Krell llevaba meses reuniendo manadas renegadas. Al principio habían atacado caminos, puestos aislados y pequeños territorios incapaces de defenderse.
Después comenzaron a buscar linajes antiguos.
Cuando descubrieron que los alfas del Valle Carmesí habían tenido una hija, sus ataques cambiaron.
Ronan no deseaba tierras.
Quería a Emma.
En el linaje de Alina, una vez cada varias generaciones, nacía una mujer destinada a portar a la Loba Rubí. Una criatura capaz de imponerse sobre cualquier licántropo, independientemente de su rango.
Cuando la Loba Rubí ordenaba que se arrodillaran, hasta los alfas obedecían.
Ronan pretendía criar a Emma como un arma.
Utilizar su poder para someter manadas enteras.
La puerta del fondo se abrió con violencia.
Alina se interpuso delante de su hija.
Marcus Valen entró en el corredor.
Llevaba la camisa rasgada, una herida sobre las costillas y sangre oscura cubriéndole las manos. El alfa del Valle Carmesí siempre había parecido indestructible.
Aquella noche, Alina vio miedo en sus ojos.
—La entrada sur ha caído —dijo Marcus—. Dorian está conteniéndolos, pero no resistirá mucho.
Se acercó a Emma y la examinó rápidamente.
—¿Está herida?
—No —respondió Selene—. Conseguí sacarla antes de que entraran en el ala familiar.
Marcus acarició la mejilla de la omega.
—Gracias.
—Me lo agradecerás cuando estemos todos fuera.
Marcus miró hacia el patio.
—No podemos salir todos por el mismo camino.
Alina comprendió lo que estaba pensando.
—No.
—Si desaparecemos juntos, Ronan sabrá que Emma sigue viva.
—No pienso marcharme sin ti.
—Alina…
—No vuelvas a decidir solo qué debe perder esta familia.
Marcus cerró los ojos durante un instante.
La fortaleza volvió a temblar.
—Hay un túnel bajo la capilla —dijo—. Nos llevará hasta el bosque septentrional.
—Entonces iremos juntos.
—Dorian necesita tiempo para evacuar a los supervivientes.
—Y tú necesitas seguir vivo para encontrar a nuestra hija cuando todo esto termine.
Marcus la miró.
En cualquier otra situación habría discutido.
Aquella noche no tenían tiempo.
Asintió.
—Juntos.
Emma estiró los brazos hacia él.
—Papá.
Marcus la tomó.
La sostuvo contra su pecho pese a la sangre que cubría su ropa.
La niña tocó la cicatriz de su mandíbula y después tiró del colgante de rubí que llevaba al cuello.
Marcus arrancó la cadena.
En la piedra estaba grabado el símbolo del Valle Carmesí: una loba rodeada por llamas.
—Esto te pertenece —susurró.
Alina tomó su muñeca.
—No puede llevarlo. Si lo encuentran, sabrán quién es.
Marcus cerró el colgante dentro de su puño.
—Entonces escóndelo. Pero no lo destruyas.
Se lo entregó a Selene.
—Tú la has cuidado desde el día en que nació. Confío en ti.
La omega guardó la joya dentro de una bolsa cosida bajo su vestido.
—Nadie lo encontrará.
Un grupo de guerreros apareció al final del corredor.
El beta Dorian iba delante.
Tenía el cabello cubierto de ceniza y una profunda herida en el hombro.
Junto a él estaba Adrian, su hijo de doce años.
El muchacho sostenía una espada demasiado grande para sus manos.
—El patio ya no puede defenderse —dijo Dorian—. Debéis marcharos.
Marcus negó.
—Vienes con nosotros.
—Alguien tiene que mantenerlos lejos de la capilla.
Adrian miró a su padre.
—Yo me quedo.
Dorian le quitó la espada.
—Tú saldrás con Selene y el grupo del norte.
—No voy a abandonarte.
—No me abandonas. Proteges a quienes no pueden luchar.
El muchacho apretó los dientes.
Dorian dirigió la mirada hacia Selene.
—Llévatelo.
Ella asintió, pero el miedo apareció en sus ojos.
—Nos reuniremos al otro lado del río.
—Al otro lado del río —repitió Dorian.
Ninguno de los dos sabía que aquella promesa no llegaría a cumplirse.
Corrieron hacia la capilla.
Las vidrieras habían estallado y el suelo estaba cubierto de cristales. Marcus apartó el altar con la ayuda de Dorian y dejó al descubierto una escalera estrecha.
Alina descendió primero con Emma.
Marcus la siguió.
Selene se quedó arriba junto a Adrian y los supervivientes.
—Venid —pidió Alina.
Selene miró el segundo acceso situado detrás de la sacristía.
—Si todos seguimos el mismo camino, los llevaré directamente hasta Emma.
—No.
—Yo iré hacia el norte con Adrian. Dejaremos rastros y prendas de la niña. Creerán que la heredera está con nosotros.
Alina subió un escalón.
—No permitiré que te sacrifiques.
—No voy a sacrificarme.
Selene sonrió, aunque tenía lágrimas en los ojos.
—Voy a hacer lo que llevo haciendo desde que Emma nació. Cuidarla.
La niña extendió una mano hacia ella.
—Sene.
La omega se arrodilló y besó sus pequeños dedos.
—Nos veremos pronto, pequeña llama.
Le entregó el colgante a Alina.
—Ahora debe quedarse con su madre.
Alina guardó la joya dentro de su corsé.
—Encuéntranos.
—Lo haré.
Dorian empujó el altar de nuevo.
La última imagen que Alina vio fue Selene tomando de la mano a Adrian mientras los guerreros se preparaban para correr en dirección contraria.
La piedra cerró el paso.
El túnel era bajo, húmedo y oscuro.
Marcus avanzaba delante. Alina caminaba detrás con Emma entre los brazos.
Los rugidos continuaron sobre sus cabezas.
Después llegó una explosión.
La tierra cayó desde el techo.
Emma escondió el rostro contra el cuello de su madre.
—Tengo miedo.
Alina besó su cabello.
—Yo también.
Marcus volvió hacia ellas.
—Llegaremos al bosque. Después cruzaremos la frontera y seguiremos hacia Canadá.
—¿Por qué Canadá?
—Gabriel Ward me debe una deuda.
Alina lo miró.
—¿Confiarías la vida de nuestra hija a otro alfa?
—Confiaría en él antes que en cualquier persona que conozca Ronan.
Llegaron al final del túnel.
La salida estaba oculta bajo las raíces de un árbol caído. Marcus retiró las ramas y comprobó el bosque.
La lluvia caía con fuerza.
No había nadie.
Salieron.
A lo lejos, el Valle Carmesí ardía bajo el cielo rojo.
Alina se volvió hacia las llamas.
—Selene y Adrian deberían estar aquí.
Marcus observó los árboles.
—El grupo del norte habrá tenido que desviarse.
—Prometieron reunirse al otro lado del río.
—Y lo harán.
Esperaron todo el tiempo que pudieron.
Nadie llegó.
Un aullido sonó al sur.
Los perseguidores habían encontrado el túnel.
Marcus tomó una decisión.
—Tenemos que marcharnos.
Alina miró hacia el bosque una última vez.
—Los estamos abandonando.
—Si nos encuentran, todo lo que Dorian y Selene han hecho no habrá servido para nada.
Marcus abrió una mochila escondida bajo unas rocas. Dentro había dinero, documentos y tres frascos.
Arrojó al barro los papeles que llevaban el nombre Valen.
—Desde esta noche seré Daniel Hale.
Entregó un documento a Alina.
—Tú serás Mara.
Ella miró a su hija.
—¿Y Emma?
Marcus acarició su rostro.
—Será una omega que todavía no ha despertado a su loba.
Alina soltó una risa rota.
—La criatura más poderosa de nuestro linaje escondida bajo el rango que todos desprecian.
—Nadie buscará allí a una heredera alfa.
Emma abrió los ojos.
Un brillo rojo atravesó sus iris.
La presencia de su interior se movió.
Marcus y Alina la sintieron.
—Debemos enseñarle a reprimirla —dijo él.
—¿Durante cuánto tiempo?
—Hasta que sea capaz de elegir qué hacer con su poder.
Alina miró hacia las llamas.
—¿Y si algún día quiere regresar?
Marcus tomó la mano de su esposa.
—Entonces volveremos con ella.
Abandonaron el bosque antes del amanecer.
Detrás quedaban su manada, sus nombres y las personas que habían dado la vida para protegerlos.
Durante quince años creyeron que Selene y Adrian habían muerto aquella noche.
Se equivocaban.
El Valle Carmesí tampoco había desaparecido.
Había sido ocupado.
Sometido.
Obligado a esperar.
Y, en algún lugar bajo las ruinas de la antigua fortaleza, una omega continuaba guardando la historia de la niña que un día regresaría para reclamarlo.








