Prólogo: Melancolía desde un futuro hacia el pasado.
—¿Te cortaste el cabello?—lo miró ella intrigada
—¿Te dedicas a notar lo obvio?—respondió el con ironía— ¡No me digas!
Ella rodó los ojos volviendo a dirigir su mirada hacia el mar , donde el sol, en cualquier momento, dejaría de verse atrayendo la noche.
— Maestra Karin... ¿Ya me das mis semillas de lermitáneo?—rogó haciéndole ojitos
—Jamás
—¡¿Pero porque?!
—Porque es droga
—¡No es droga!—reprochó—Además, ya han pasado cinco años. ¡Madura y devuélvemelo!
—No, y deja de llamarme Karin.
—¡Sigues siendo igual de mandona!
—Pues cierra la boca y limítate a obedecer.
—Pero—intento hablar
—Shhh que te calles hombre.
—Y sigues siendo igual de mala—pronunció indignado volteándose para agarrar una lata de gaseosa.
Al abrirla, el siseo del gas escapando fue acompañado por un chorrito que salpicó el rostro de ambos. Stephanie se limpió la mejilla derecha con desagrado, sintiendo la gaseosa pegajosa sobre su piel.
—¡Y tu sigues siendo igual de infantil!—le reprochó.
Ella agarró un puñado de arena y se volteó para tirárselo en toda la cara. Oveth lo esquivó y se la devolvió haciendo lo mismo, la diferencia fue, que a ella si le cayó la arena en toda la cara.
Él no se aguantó las ganas de reír al ver el rostro de Stephanie sacando la lengua como perro por tragarse arena.
Stephanie volteó y lo fulminó con la mirada, pero él solo le sonrió satisfecho sacándole la lengua.
—Sigues siendo idiota.
—Y tú sigues hablándome.
Ambos se quedaron callados sin nada más que decir o agregar. Stephanie solo le limitó a mirarlo de reojo, algo, que Oveth también hacía cuando ella se quedaba mirando fijamente el atardecer.
—Y... dime—retomó la conversación Oveth—¿Quien es...?—Las palabras se le quedaron atrapadas en su garganta, no había algo que les impidiera la salida, solo que, aún le costaba tocar el tema a pesar que ya hubiesen pasado un poco más de cinco años.
Stephanie volteó a verlo, aún seguía considerando que su perfil era una de las cosas más bellas en el. Quizá, aún no perdía la manía de admirarlo desde ese ángulo.
—O más bien dicho... ¿Quien es... ese nuevo alguien?—preguntó con mirándola con amabilidad
—Nadie—contestó de inmediato
Él asintió despacio llevándose la botella de lata a sus labios.
El sol iba desapareciendo poco a poco, como si el mar de la playa se lo tragara, mientras que la radio seguía encendida a un costado en la arena pasando varias canciones que llenaban el silencio entre ambos.
Quizá eso hacía que fuese un silencio cómodo.
“Y antes de despedirnos, con un pedido especial de vosotros...”
La canción arrancó con un par de rasgueos acústicos, lentos y suaves, que se impregnaron en sus oídos durante los primeros quince segundos.
Después, la batería, junto al bajo y la guitarra eléctrica se unieron siguiendo el mismo ritmo que la acústica. Un ritmo lento, pero que al mismo tiempo transmitía paz mezclado con una melancolía que pesaba, y, como si estuviesen conectados, llevó a las mentes de ambos hacia aquel día donde la escucharon por primera vez.
“Look at the stars...”
Ambos voltearon a verse al unísono. Como si fuese su instinto propio que los llamaba hacia el otro, una necesidad inefable de verse a los ojos aunque las palabras sobrasen, aunque la amargura de su garganta les impidiese hablar, un simple gesto, una simple sonrisa o un simple silencio comunicaba todas las palabras que nunca salieron de ellos.
Sus ojos destellaban ese mismo brillo de aquella noche donde sintieron que habían hallado el refugio que tanto habían anhelado, donde, por primera vez, sintieron que ese era el lugar donde pertenecían.
No pronunciaron ninguna palabra, ¿Que necesidad había?
Solo se limitaron a escuchar la canción y recordar, que al menos, fue uno de los tantos momentos donde se sintieron felices.
Quizá ya había llegado el momento de soltarlo, aunque eso significara dejar un refugio el cuál los había acogido cuando se hallaban afligidos.
—¿Te acuerdas?—preguntó él mirando hacia la arena con una leve sonrisa en el rostro
—Si... si me acuerdo.
El sol ya se había ocultado casi por completo en el mar, dejando a simple vista,unos pequeños rayos de sol que luchaban por seguir presentes, hasta que solo quedó, el arrebol de las nubes pintando el cielo aún con la poca iluminación que estos destellaban.








