Prólogo
— ¡Airi-chan! ¡Ya llegamos!
Cuatro niñas se encontraban corriendo colina abajo, para apreciar su nueva casa.
— ¡No corras tan rápido!
Como era de esperarse, una cayó al piso en cuanto su pie chocó con una roca, rodó por el césped de esa pequeña colina.
— ¡Airi!
— ¡Estoy bien, Kami! -la pequeña se levantó y limpió su falda, para luego mirar a su prima mayor, quien la miraba preocupada.
— ¿En serio estás bien?
— ¡Sí, Sayane!
Soltaron una risa y continuaron caminando con más calma.
Estas pequeñas niñas comenzarían una nueva vida, comenzarían a vivir junto a sus padres en un nuevo lugar de Japón.
“Tokyo” era el nombre de la ciudad en la que todos los niños querían vivir, había luces y muchas personas con las cuales socializar.
Seguían caminando, ahora tranquilamente, las casas eran bonitas a los ojos de las pequeñas.
— ¿Es esa? —preguntó la mayor de todas, apuntando a una casa color ladrillo, mirando a los mayores que estaban detrás de ellos.
— Sí, es esa —contestó la única adulta presente en ese momento, la tía de las niñas, dándole la llave a la mayor.
Con una sonrisa, corrió a la puerta de dicha casa, esperando pacientemente para insertar la llave en la cerradura y poder ver el nuevo lugar en el que viviría junto a su familia.
— ¡Vamos, el patio es grande! —la mayor de las pequeñas tomó su balón de volley y corrió a aquel amplio espacio verde rodeado de árboles y más casas.
Su plan era jugar con las menores, ya que ese era uno de sus pasatiempos, les gustaba mucho estar juntas jugando.
— ¡Airi, tú conmigo! ¡Kamimae y Yuri, están juntas!
Las mencionadas asintieron y se acomodaron en sus posiciones, esperando comenzar una tarde de deporte.
— ¡Voy! —la menor sacó el balón, pero en vez de llegar al otro lado de su pequeña cancha, traspasó el muro y llegó al jardín de otra casa— Perdón...
— No te preocupes, vamos a recogerlo
Como las pequeñas personas que son, se tomaron de las manos y juntas cruzaron el muro, encontrando el balón descansando en el césped.
— ¡Es ese! —susurraron emocionadas, mientras avanzaban para recoger el balón, no se dieron cuenta de la presencia de dos niños que también querían dicho objeto.
— Hey, ¿Ustedes son de aquí?
Las niñas voltearon hacia la dirección de la voz, viendo a dos niños de su misma edad, aparentemente.
— Sí...
— ¿Ese balón es suyo? —preguntó el más alto de los niños.
Las niñas se miraron entre asustadas y confundidas, las personas no solían dirigirles la palabra tan fácilmente.
— Sí, es nuestro... ¿Quieren jugar?
El más alto de los niños miró al más bajo, esperando una respuesta, a lo cual, ambos asintieron con sonrisas tímidas.
— Pero primero... —la mayor de las niñas acomodó su cabello para poner un rostro serio— ¿Cómo se llaman?
Los niños se vieron confundidos, eran de pocas palabras, pero les sorprendía que sólo esa niña hablara.
— Soy Kuroo Tetsuro y él es Kozume Kenma -dijo señalándose a él y a su amigo
— Pues, es un gusto —respondió sonriente— Ellas son Mizuno Airi, Kamimae y Yuri —dijo señalando a las niñas que se encontraban detrás de ella, escuchando toda la conversación— Y yo soy Mizuno Sayane
Los niños asintieron, y miraron el balón.
— Entonces... ¿Jugamos?
Las niñas asintieron y caminaron hacia el patio de su casa, seguidas de los niños que miraban todo con algo de temor.
— Entonces, hagamos dos equipos
— ¿Cómo los formamos? ¿Piedra, papel o tijera?
— No, eso es moroso... ¡Mejor con fu-man-chu! —los niños miraban extrañados a las niñas, de pronto habían comenzado a hablar con palabras raras
— ¿De qué hablan?
— ¿No saben qué es eso? —los niños asintieron— Bien... ¡Entonces por tamaño!
Las niñas asintieron y se pusieron en una fila desde la más pequeña hasta la más alta.
Los niños las miraron con más extrañez, sí que eran raras ante sus ojos.
— ¡Vengan! —Sayane tomó de las manos a ambos niños y los formó en sus lugares de altura, quedando Kuroo entre ella y Yuri, y Kozume entre Kamimae y Airi— ¡Bien, equipos de tres!
Y así pasaron una tarde de juegos amistosos, divirtiéndose sólo como sabían los niños de su edad.
El balón rebotaba en los antebrazos de los niños y se escuchaban gritos y risas cuando le caía a uno en la cabeza.
Ahora se encontraban tirados en el césped, sintiendo el viento en sus caritas y disfrutando del sonido de los animales y otros niños que correteaban por ahí.
— ¿Ahora somos amigos?
La pregunta hecha por la menor de las niñas sorprendió a todos, ya que durante la tarde no había soltado más que dos o tres palabras.
Los niños se miraron y asintieron con leves sonrisas, a lo que la niña esbozó una gran sonrisa.
— ¡Yei! —la menor, ante la respuesta de los niños, no pudo contener su emoción, pues no era muy común que haga amigos tan rápido. Los pequeños se vieron felices, sin duda esas niñas eran raras para ellos, pero intentarían llevarse bien con ellas. Después de todo, nunca está demás tener más amigos.








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