Personalizar legibilidad
Aa

Primavera en París

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Jhong viajó a París por amor y encontró una traición. Solo, borracho y perdido bajo la lluvia, se topó con un taxista de ojos tristes que no hablaba su idioma. Una canción, una noche y una torre Eiffel que los vio romperse juntos. No buscaban amor, solo dejar de sentirse solos; pero lo que nació esa primavera en París los perseguiría para siempre. HISTORIA BL ORIGINAL Primavera en París | Jhong x Elior | BL - Mpreg - Drama - Romance lento

Genero:
Romance
Autor/a:
zenithmauthor
Estado:
En proceso
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1.- La primavera murió París

Toute ma vie j’ai attendu

Toda mi vida esperé

Un instant

Un instante

Un signe

Una señal

Un souffle

Un respiro.

Me encontraba en el asiento trasero de un taxi parisino, mientras París me observaba desde la ventana: desconocido, gris y distante. En la radio sonaba una canción en francés que no entendía, pero que, sin saber por qué, comenzaba a envolverme. Intenté preguntarle al conductor quién la interpretaba, pero la única respuesta que obtuve fue el silencio.

Resultaba extraño, tal vez por eso mismo había terminado subiéndome a su taxi, entre la lluvia torrencial de aquella tarde de primavera, ese era el único vehículo libre. Pero, aun con el clima desolador, había algo familiar en aquel chico. Sus rasgos me hicieron pensar, por un instante, que quizá podríamos entendernos.

Me equivoqué.

Ni siquiera recuerdo haber aceptado el viaje, pues apenas le mostré la dirección a la que quería ir, él tomó mi maleta, la lanzó al maletero y se sentó al volante. El motor rugió casi de inmediato. Estoy convencido de que, si no hubiera subido deprisa al coche, simplemente se habría marchado sin mí.

¡Vaya bienvenida, Francia!

Aquel era mi primer día en París y estaba ansioso por reencontrarme con la mujer de mis sueños, aquella con quien llevaba una relación de tres años y cuyo último había sido muy distinto a los anteriores.

Apenas hablábamos y no porque hubiéramos dejado de querernos, sino porque ambos perseguíamos nuestros propios sueños. Ella estaba construyendo su carrera como modelo en París, mientras yo comenzaba a abrirme camino como director gracias a algunos cortometrajes que habían sido bien recibidos en Asia.

Me repetía que solo era una etapa, un tiempo que necesitábamos para crecer por separado antes de volver a encontrarnos. Quizá aquel viaje marcaría un nuevo comienzo para nosotros. Tal vez había llegado el momento de recuperar todo el tiempo perdido o, incluso, de empezar a imaginar un futuro juntos.

Eso creí.

Cuando el taxi por fin se detuvo frente a uno de los hoteles más grandes y lujosos de París, supe que había llegado. Tomé mi maleta del asiento trasero y salí con prisa, no sin antes lanzarle al joven y serio conductor un billete de cincuenta euros, olvidándome por completo de la conversión de la moneda.

El chico, que hasta ese momento parecía no haber reparado demasiado en mi existencia, solo reaccionó cuando prácticamente le di con el dinero en la cara.

Mientras lidiaba con el registro en la recepción, no podía dejar de sonreír. Aquel pequeño taxista ya se había convertido, sin quererlo, en parte de mi primer recuerdo de París. Al parecer, mientras hablaba por teléfono con mi novia, quien me esperaba en el quinto piso del hotel, ni siquiera había escuchado cómo aquel chico me llamaba desde detrás.

Solo cuando levanté la vista alcancé a verlo correr en mi dirección, tan solo para terminar chocando de lleno contra uno de aquellos impecables hombres de uniforme que custodiaban la entrada del hotel. El chico rebotó de una forma tan absurda que, por un instante, tuve que contener la risa. Juraría que una escena así solo podía existir en una película de comedia.

No entendía por qué me seguía, ni qué intentaba decirme, ya que, pensándolo con detenimiento, probablemente le había dado mucho más dinero del que correspondía.

Pero en ese momento nada importaba. Estaba tan emocionado por aquel reencuentro que lo único que sabía era que quería verla. Sin embargo, cuando el ascensor se abrió y me encontré frente a la habitación donde me esperaba, comprendí que aquella no sería la escena con la que había fantaseado durante tanto tiempo. Tampoco serían esas las palabras que esperaba escuchar.

Todo se volvió tan gris como el cielo de aquella tarde. Afuera, volvió a llover, solo que aquella lluvia ya no caía sobre París… caía desde mis propios ojos.

He perdido la cuenta de cuántos tragos llevo, solo sé que ahora hablo sin sentido con desconocidos, algunos intentan entenderme, otros simplemente aprovechan para tocarme y la verdad... ya ni siquiera me importa, solo sigo bebiendo, tratando de aguantar hasta el final de la noche mientras bailo. Esperando que el dolor se vaya.

Ni siquiera recuerdo a qué hora llegué, lo último que tengo claro es haber entrado cuando todavía parecía atardecer, o eso creo... Con el cielo tan nublado, habría sido imposible distinguir la hora.

¿Cómo demonios era posible que mi primer día de primavera en París terminara así?

Los pies empiezan a dolerme, así que me dirijo hasta la barra y pido otro whisky. El lugar es uno de esos bares viejos que parecen sobrevivir únicamente por costumbre, de esos que llevan décadas abiertos y nadie sabe muy bien por qué, aunque, siendo justo... La vista a la torre Eiffel es espectacular.

Sin embargo, ahora nada de eso importa... Desde hoy odio este bar, odio esa maldita torre, odio París.

Mientras espero el siguiente vaso, alcanzo a ver el reloj del hombre sentado junto a mí. La una de la madrugada. Empiezo a reír sin saber exactamente por qué, quizá porque el rubio me sonríe y hasta me guiña un ojo, convencido de que llevo un buen rato mirándolo.

Qué gracioso, pobre imbécil.

De repente su mano se desliza hasta mi muslo y yo me aparto de golpe.

-Hey... tranquilo.

Recién acabo de descubrir que la mujer con la que llevaba tres años de relación me engañaba desde quién sabe cuándo, no, no podría con otra cosa esta noche, un abandono ya es suficiente. Aunque, por despecho uno hace estupideces y el alcohol definitivamente no ayuda.

¡Maldita sea!

Vuelvo a mirarlo, es un hombre atractivo, pero basta detenerme un segundo en su rostro para que todos los recuerdos regresen de golpe.

Aquella primera vez que la vi, con ese cabello rubio danzando mientras caminaba por aquel salón, tan elegante, tan distante, tan imposible, y aquellos ojos azules... tan profundos, aquellos que podían pasar de la indiferencia helada hasta la timidez casi infantil en apenas un instante. Esos mismos ojos que me habían dejado ir con una frialdad absoluta, como si jamás hubiera significado algo para ella.

Trato de ignorar aquel escalofrío que me invade, pero ya no queda nada que fingir, no cuando todo el tiempo junto a ella fue una mentira.

No tengo explicación alguna por la que me encuentro corriendo por las calles vacías de París. Solo sé que, necesito verla, necesito hablar con ella, necesito entender, pero me he perdido.

Su hotel tiene vista a la torre Eiffel, pero...

-¡Demonios!

El alcohol vuelve todo más difícil y yo estoy solo, herido y cansado en un país que no conozco.

Sin nadie, sin rumbo, sin nada.

Termino entrando a un parque cercano a la torre y de pronto el ruido desaparece. Es extraño, casi como si hubiera cruzado la puerta hacia otro mundo. La madrugada es solitaria y no percibo nada, tan solo escucho a las gotas de lluvia que siguen cayendo desde las ramas de los árboles.

Me detengo, los faroles apenas iluminan el camino y yo miro hacia el cielo nocturno sin ver realmente, pues estoy seguro de que está nublado y no se verá ni una mierda. Entonces, una gota cae sobre mi rostro, aquella se siente tan helada que me hace temblar, pero no la aparto de mi piel ya que es la única que ha hecho contacto conmigo.

La douleur m’étouffeEl dolor me sofocaLe souvenir me fait encore souffrirEl recuerdo aún me hace sufrirEt je résisteY yo resisto...

Camino despacio, mirando al pavimento y aunque no quiera recuerdo aquella llamada.

“Nos vemos en París.”

Estaba que no cabía felicidad en mí, pensé que se sentía tan necesitada de verme como yo de ella desde la última vez que la vi en California, pero tal vez ese fue mi error, creer, ser tan estúpidamente ingenuo como para preguntarle si aquel hombre era alguien importante y recibir una sola respuesta.

“Es mi prometido.”

Entonces... ¿Qué fui yo? ¿Qué demonios era yo? Ah, sí... Un idiota, uno muy grande.

Respiro hondo y levanto la vista, es entonces que descubro que estoy justo frente a la torre Eiffel, al final... Solo es una enorme estructura de hierro, aunque, debo admitir que iluminada resulta impresionante.

Supongo que París no podía ser tan terrible, por algo la llaman la ciudad del amor.

Paso por debajo de la torre a paso lento y, por un momento, me siento dentro de una película de ciencia ficción, como si al otro lado me esperara un mundo completamente distinto. Definitivamente creo que veo demasiado cine, aunque... tampoco puedo culparme pues me dedico a hacerlo.

Quizá algún día convierta esta historia en una película, estoy seguro de que tendría uno de esos finales trágicos que nadie quiere ver, pero, siendo sincero... Yo habría preferido vivir el cliché de una historia de amor.

Me encuentro absorto en mis pensamientos sin percibir el tiempo, tan solo me descubro sentado en una banca completamente solo, en eso... Lo veo.

Una camisa blanca, un pantalón oscuro y ningún abrigo.

La tela húmeda se pegaba a su cuerpo como si hubiera permanecido bajo la lluvia durante horas, pero no estaba solo, había otro hombre con él y cuando creyó que nadie los observaba, lo empujó al suelo mientras le gritaba algo en francés que fui incapaz de entender. El muchacho permaneció allí, quieto, escuchándolo, sin defenderse.

Esperé unos segundos, la discusión no parecía pasar de las palabras, por lo que no me preocupe mucho en ayudarlo y, siendo sincero... ¿Cómo intervenir? Cuando a mí también me estaba llevando el demonio.

Sera-ce cette nuit?¿Será esta noche?

Siempre pensé que, tarde o temprano, acabaría encontrándome con turistas fotografiando el paisaje o, incluso, con esos enamorados empedernidos que parecían salir de las películas románticas.

Pourrai-je enfin me libérer de cette douleur?¿Podré por fin librarme de este dolor?

Miré nuevamente al cielo, esta vez con los ojos abiertos. Las nubes comenzaban a dispersarse y, por primera vez desde que había llegado, la luna aparecía con todo su esplendor. Las estrellas brillaban intensamente sobre mí.

Quizá no todo estaba tan jodido.

La lune pourra-t-elle me guider?¿Podrá la luna guiarme?

Volví la mirada hacia el sendero, la discusión había terminado, uno de los hombres ya se alejaba sin volver la vista atrás, él otro... Caminaba despacio hacia mi dirección, tiritando, con el labio partido.

Quelqu’un est-il aussi seul que moi?¿Hay alguien tan solo como yo?

Fue entonces cuando lo reconocí... El chico del taxi.

Me sorprendió no haber reparado antes en él, aquella tarde apenas lo había visto unos segundos entre la lluvia y las prisas, pero ahora, bajo la luz de la luna, parecía otra persona.

Quelqu’un...Alguien...

Su piel clara reflejaba el tono dorado de los faroles y, un instante después, adquiría un matiz azulado cuando atravesaba la luz de la noche. Era curioso, parecía pertenecer más al paisaje que a la ciudad.

Él levantó la mirada a unos pasos de mí, nuestros ojos se encontraron y sonrió, como si me hubiera reconocido desde mucho antes que yo a él. Me avergoncé. Apenas unas horas antes me había perseguido para devolverme el cambio del taxi y yo ni siquiera me había detenido a escucharlo.

Nunca imaginé que volveríamos a encontrarnos.

El chico se acercó lentamente hasta la banca de al lado, se limpió con el dorso de la mano el pequeño hilo de sangre que escapaba de su labio inferior y después volvió a mirarme. Más no dijo nada; simplemente hizo un pequeño gesto con la mano. Me invitaba a sentarme junto a él.

No sé por qué acepté, quizá porque aquella noche ya no me quedaba nada que perder.

Los dos permanecimos en silencio mirando la torre Eiffel y era curioso, yo llevaba horas maldiciéndola y él la contemplaba con una nostalgia imposible de describir.

Entonces habló.

-Fran Pétau- dijo.

Parpadeé confundido.

-¿Eh?

Su voz era suave y melodiosa, sonrió al ver que no capté lo que quería decirme, pero no dijo más, tan solo siguió observando el horizonte.

Tu n’es pas seulNo estás soloJe suis iciEstoy aquíMoi aussi j’attends un signeEsperando una señalPour qu’enfin nos chemins se rejoignent...Para que al fin nuestros caminos se encuentren...

Quise hablar nuevamente, intentando no parecer torpe, pero antes de siquiera alcanzar a pronunciar una palabra, sus labios chocaron con los míos, esparciendo una cálida sensación en mi alma e, inesperadamente, deseo que no sabía que podía sentir.

Entonces, entendí no sólo su idioma corporal que me pedía a gritos por calor, por atención, por todo mi cuerpo. Si no... por algo más.

De repente, sus manos frías buscaron calor debajo de mi ropa y, a pesar de la sorpresa, dejé que lo encontrara, reconociendo que, poco a poco, la soledad se estaba escurriendo ante la calidez compartida. Sin pensar en las consecuencias de aquella decisión, quise deshacer aún más la distancia casi inexistente, cuando escuché un suspiro encantador.

No, definitivamente no iba a tener remordimientos.

¡Oh, no! ¡No me arrepentiría de nada!

Su piel era lisa y suave, su boca sabía a hierro, a café y chocolate, endulzado con mucha, mucha lujuria.

Lo tenía aferrándose a mi cuello mientras yo trataba de fundir mi boca en su hombro. Ambos ansiábamos no estar solos en ese momento... Él realmente lo necesitaba tanto como yo.

Maniobrando sobre aquel solitario sitio, ambos rogamos por más atención con la mirada, sin decir ni una sola palabra. La situación era inesperada, casi irreal; tanto, que en ese momento el tacto era lo único que nos hacía sentir vivos.

Nuestros ojos se cercioraban de no perder de vista cada detalle, las manos no alcanzaban para acaparar toda la piel y los labios... A pesar de todo, la dulzura no nos impedía disfrutar.

Los jadeos se hacían cada vez más intensos, los gemidos sobre la boca no se podían disimular y la explosión de sentirnos en lo más profundo solo nos hacía desear más. No era necesario decir nada, no por el momento, no porque un solo toque decía tanto como una palabra desconocida y cantante.

Él era tan cálido en su interior, en su boca, en su abrazo. Cada vez que nos alejábamos para poder respirar, era consciente de cómo el frío me atacaba, acuchillando cada parte de mi cuerpo. El viento hacía que los árboles se alteraran exigiendo volver a refugiarme bajo su piel y la primavera... Esa era capaz de desangrarse porque yo me aferrara a él.

Realmente desconocía que mi cuerpo pudiera necesitar tanto a alguien.

Lo abracé con fuerza, como si mi vida dependiera de ello y él me correspondió, ofreciéndome nuevamente aquellos labios suaves y dulces; para después, dejarnos ir juntos al cielo, extasiados, perdiéndonos por un momento en nuestro propio calor.

No supe cuánto tiempo permanecimos allí, pero cuando recuperé el aliento, levanté la mirada al cielo, la luna seguía suspendida sobre París, pero algo había cambiado, su luz parecía brillar con más intensidad que nunca, más cercana, como si la ciudad entera hubiera recuperado el color que unas horas antes había perdido.

Entonces, comprendí algo que no esperaba, no había olvidado mi dolor, simplemente había dejado de sentirme completamente solo, sin embargo, aquella certeza duró apenas un instante. El miedo regresó, tan rápido como se había ido, porque entendí que todo había terminado y empecé a temblar por la sola idea de su abandono.

Al percatarse de ello, él alzó la vista hacia la luna también, entonces, el sutil sonido de su voz se introdujo en mis oídos, a la par de cada palabra articulada en ese idioma tan desconocido para mí.

Viens à moiVen a míviens et fais-moi confianceVen y confía en míJe suis iciEstoy aquíÀ t’attendreEsperándoteViens marcher à mes côtés.Ven a caminar a mi lado.

Realmente habló mucho sin decir nada y se sintió bien, jamás una voz me había transmitido tanta calma. Él no intentó explicarse, no preguntó mi nombre, ni quiso saber quién era; simplemente permaneció allí. Me calmó con la expresión de su rostro y besó nuevamente mi boca de manera tierna. En mi interior, le hice una reverencia. No entendía lo que decía, pero le di el significado que yo necesitaba.

Apoyé lentamente la cabeza, el cansancio, el alcohol y la tristeza, todo terminó por vencerme. Me dormí. Cuando abrí los ojos, los rayos del sol golpeaban mi rostro para no dejarme conciliar el sueño más, los pájaros cantaban, la ciudad despertaba, yo seguía allí, pero él no.

Me incorporé sobresaltado, seguía sentado en la banca, mi abrigo cubría mis hombros, la ropa estaba perfectamente acomodada, miré a un lado y luego al otro. Nada. Solo el murmullo lejano de la ciudad, tal vez todo había sido un sueño, pero aun considerando esa opción, solo pude saber que cuando él se fue de mi lado... la primavera murió en París.

¡Cuéntale a zenithmauthor lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

1

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Nuestro Amor

San: Es una novela muy envolvente, en cada capítulo te atrapa más y más esta muy interesante!! Espero terminarla sin ningún inconveniente!!

Leer ahora
Dame Una Oportunidad ~ kookmin

Ana: Me gustó,al principio llore,mil gracias por la historia

Leer ahora
Amor en cláusulas.

Elena: Me s gustado todo

Leer ahora
Odio a mi jefa

Majo Me: Excelente, me enganchó tanto la historia que la terminé en un día. Y la volvería a leer. Cada personaje te deja atrapada, a veces me perdí de la perspectiva del personaje que me tenía que devolver. Jajaja del resto muy bien

Leer ahora
Mi hermosa pesadilla

Diana Rodríguez Hernández: Me gusta mucho la historia

Leer ahora
Marido y mujer, ¡solo en papel!

Claudia: Hgytvbggghhhhhh Hu yhhhhhhyh

Leer ahora
De los negocios al amor

Luisa: Me gusta mucho la historia

Leer ahora
Noah Clark

Arwen: Me encanta esta historia, definitivamente puedes ir de lo más Taboo y prohibido ,hasta lo más romántico y dulce, está novela difiere mucho de las historias tuyas que he leído y me encanta.

Leer ahora
Durmiendo con el Enemigo •°kookmin •°

𝐿𝑒𝑟𝑦𝑚𝑖𝑛𝑗𝑘: Es buena aunq a mi parecer las cosas pasaron rápido y sin tanto desarrollo. Tiene algunos errores de ortografía y gramática pero fuera de eso esta bien.

Leer ahora