Personalizar legibilidad
Aa

All Too Well | KookV

Sinopsis

“Hay amores que terminan, pero nunca dejan de pertenecernos.”

Genero:
Romance
Autor/a:
Arii
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo único

Taehyung

Hay recuerdos que no necesitan ser llamados para volver. A veces basta una fotografía. Una canción. El olor de la lluvia sobre el pavimento. Una fecha. O una prenda que alguna vez me perteneció.

Yo lo sabía mejor que nadie.

La noche antes de la presentación de mi libro, estaba sentado frente a la ventana de mi departamento con el manuscrito abierto sobre las piernas.

Había leído aquellas páginas tantas veces que podría decir que me las sabía de memoria.

Cuatro años habían pasado.

Cuatro años desde que todo había terminado.

Cuatro años desde la última vez que había pronunciado su nombre sin sentir que algo se cerraba lentamente dentro de mi pecho.

Jungkook.

Pasé una página. Después otra. Me detuve en un capítulo que había evitado durante meses.

Tenía veinte años en aquel entonces, la edad suficiente para que mis decisiones sean tomadas conscientes, pero demasiado joven para entender que nada dura para siempre.

Sonreí. No porque fuera gracioso, no, sino porque podía recordar exactamente quién había sido en aquel momento, un chico recién llegado a la ciudad con demasiados sueños e ilusiones.

Recordaba todo perfectamente, como si los sucesos hubieran pasado la noche anterior, recordaba todo, cada palabra, cada frase, cada acción.

Aunque con el paso del tiempo los recuerdos dejaron de doler, seguían en mi mente tatuados, arraigados a mi. Yo había crecido, madurado, seguido con mi vida pero ellos seguían intactos en mi y días como hoy me permitía dejarlos salir y dejarme transportar al pasado, rememorar sensaciones que solo he sentido una vez en mi vida.

Lo recuerdo todo muy bien, tenía veinte años y todavía creía que algunas cosas estaban hechas para durar.

CUATRO AÑOS ANTES

Seúl era demasiado grande.

Durante mis primeras semanas en aquella nueva ciudad siempre tenía la sensación de que todo el mundo sabía exactamente hacia dónde iba menos yo. Me perdía constantemente, llegaba tarde a todos lados, tomaba cafés horribles, aprendía calles, nombres y a vivir solo.

Yo era un chico de campo que llegaba por primera vez a la gran ciudad, todo aquí era nuevo para mi y estaba solo, mis padres y hermanos vivían en Daegu, después de la muerte de mi abuela yo decidí mudarme a Seúl e intentar cumplir mis sueños de estudiar literatura, nunca lo creí posible si soy sincero, mi abuela era dueña de una granja y yo trabajaba con ella, pensé que esa siempre seria mi vida, nunca me espere que en secreto ella estaba ahorrando y después de su muerte llegara a mi un fondo que me costeaba estadía en Seúl por un año.

Y aquí estaba yo intentando sobrevivir mis primeras semanas en la gran ciudad.

Conseguí un trabajo en una librería un mes después de mudarme, en unas de mis salidas a explorar vi el letrero donde buscaban un trabajador de medio tiempo y me presente, la paga era decente y por el momento me venia bien aumentar mis ahorros.

Llevaba dos meses trabajando cuando lo vi por primera vez.

Entró buscando un comic para su sobrino, cuando me habló pidiendo ayuda me puse muy nervioso, las manos y la voz me temblaban.

Era muy guapo, demasiado guapo.

Cabello oscuro, ojos grandes y muy brillantes, una presencia imponente pero con una sonrisa amable. Su brazo derecho estaba cubierto de tatuajes y sus dientes frontales le hacían formar una sonrisa de conejito. Tenía 29 años y era agente inmobiliario.

Llegaba todos los martes por un nuevo comic y se quedaba a hablar conmigo aún después de su compra.

La quinta vez que Jungkook apareció en la librería, yo ya sabía qué iba a buscar incluso antes de que se acercara al mostrador. Dejé el tomo por el que venia encima para que pudiera verlo, su ojos se abrieron cómicamente al ver que había una copia esperando por él.

—La esperanza de encontrar uno había muerto cuando vi el letrero de sold out— dijo en cuanto estuvo lo suficientemente cerca de mi.

—Guardé uno para ti, supuse que vendrías por él hoy.

—Te mereces el cielo— mis mejillas se sonrojaron— Mi sobrino se pondrá muy contento.

—Me alegra poder hacer feliz a un niño.

—Te invito a tomar un café, en agradecimiento.

—No tienes que agradecerme, al final de cuentas es mi trabajo.

—Aún así, guardaste uno especial para mi y yo quiero agradecerte por ello.

—ok, aceptaré.— Su sonrisa se hizo más grande.

—Perfecto. ¿A que hora termina tu turno?

—En media hora.

—Bien, te espero.

Y así fue como, exactamente media hora después, salí de la librería y lo encontré apoyado contra su auto, mirando el teléfono. Cuando levantó la mirada y me vio, sonrió.

—Que bueno que no te arrepentiste de aceptar.— Sonreí.

—Sigo dispuesto a ello.—Me sonrió de vuelta —Tengo curiosidad por conocer al hombre que compra tantos cómics para su sobrino.

Jungkook soltó una carcajada.

—Vamos.

La cafetería estaba a unas cuantas calles de la librería. Era pequeña, tranquila y tenía unas ventanas enormes, por donde entraba la luz de la tarde, nos sentamos junto a una de ellas.

—¿Qué quieres?

—Una malteada de fresa, la verdad no tomo café— Me miró indignado.

—Nunca me habían insultado tanto— me reí de su dramatismo.

—Lo siento— dije todavía riendo

—Tus disculpas no son sinceras— dijo bromeando.

Después de hacer nuestra respectiva orden, empezamos a platicar un poco, durante los primeros minutos hablamos de cosas completamente normales, la librería, el clima, mi carrera, su trabajo, hasta que, poco a poco, la conversación comenzó a sentirse más sencilla, más natural.

Descubrí que Jungkook podía hablar muchísimo cuando encontraba un tema que le interesaba y que se reía de sus propios chistes antes de terminar de contarlos.

—¿Y qué edad tiene tu sobrino? —pregunté de repente.

Él se quedó inmóvil durante un segundo, un poco desconcertado con mi pregunta, lo miré confundido por su reacción.

—¿Mi sobrino?— preguntó.

—Sí, para el que compras comics.— dije algo inseguro.

—Ah... él— dijo algo nervioso y yo lo miré con sospecha.

—Tiene... una edad.— Fruncí el ceño.

—¿Una edad?

—Sí.— Dejó la taza sobre la mesa y me miró con una expresión entre divertida y avergonzada. —No tengo sobrino.

Me quedé en silencio.

—¿Qué?

—Si, no tengo un sobrino, no quiero seguir mintiéndote

—¿Y para quién compras los comics?— Jungkook bajó la mirada hacia la mesa.

—Para mí.— Lo miré durante unos segundos antes de soltar una carcajada.

—¡No puede ser!

—¡Por eso me invente un sobrino!— dijo avergonzado

—Entonces me invitaste por que eres tú el que no tendrá que esperar para leer el tomo que compraste hoy.

—Si, ahora que lo he admitido de verdad muchas gracias, el final me dejó completamente ansioso de mas.— me dijo sonriendo.

—Me alegra haberte hecho feliz— dije sonriendo de vuelta.

Cuando salimos de la cafetería había demasiado frío, lo bueno es que llevaba lo necesario para poder mantenerme calientito hasta llegar a casa, no podía decir lo mismo de mi acompañante, Jungkook solo llevaba un suéter que parecía no hacer mucho para calentarlo con esta temperatura.

—Joder, debí dejar el carro mas cerca— se quejó mientras caminábamos.

Me quité la bufanda que traía puesta y me acerqué a él, dudé un momento pero se la cedí, la prenda no era costosa en dinero pero sentimentalmente lo valía todo, mi abuela me la había regalado, ella la hizo especialmente para mi, era larga y suave de un cálido tono crema atravesado por finas líneas en negro, rojo y mostaza. Los extremos terminaban en largos flecos, recuerdo haberla visto en exhibición una vez que salí con ella pero era demasiado costosa como para incluso contemplar comprarla, una navidad mi abuela me regaló su propia versión del diseño y desde entonces es mi favorita.

—Te la presto, solo cuídala muy bien.— Dije dejándola en sus manos.

—Muchas gracias, prometo cuidarla— dijo mientras se la ponía alrededor del cuello.

Creo que esa fue la ultima vez que me perteneció.

Después de esa salida empezamos a hablar mas, ya no teníamos que esperar a los martes y hablar en la tienda, también lo hacíamos por mensaje, empezamos a tener salidas un poco mas frecuentes y cuando menos lo esperé ya estábamos intentando algo.

La primera vez que nos besamos fue un mes después de nuestra primera salida, Jungkook a pesar de ser un hombre que exudaba confianza por los poros era muy tímido en ese aspecto, fue muy gracioso ver su cara completamente roja después de un arrebato de seguridad de mi parte y robarle un beso, fue solo una leve presión de mis labios con los suyos pero la sensación en mi pecho después de eso fue tan espectacular, la calidez que sentí y las mariposas en mi estomago consolidaron esa escena como lo mejor que he vivido en mi vida, lo recuerdo muy bien.

Su mirada brillosa, sus mejillas rojas y la sonrisa en su rostro siguen grabadas en mi mente.

—Tae, me gustas mucho— me había dicho después de recuperarse de mi acción.

La sonrisa en mi rostro fue tan grande después de escucharlo.

—Tu también me gustas mucho— le dije.

Él sonrió mas divinamente si eso era posible.

—Sal conmigo Tae, vamos intentarlo, sé que puede parecerte apresurado y no quiero parecer intenso, pero enserio quiero intentarlo contigo, joder desde que te vi en la librería por primera vez no he podido sacarte de mi mente.

Mis mejillas dolían de tanto sonreír, Diooos era una felicidad inexplicable la que me abordaba.

—Si — le dije— si quiero salir contigo.

Él tenia razón, estábamos yendo demasiado rápido, pero era algo que los dos queríamos no había razón para seguir esperando, en el momento no había razón para meditarlo solo quedaba sentir la euforia del momento.

Abro los ojos cuando escucho el timbre del departamento, cierro el libro y lo dejo sobre la mesa, son las 9 de la noche, ¿Quién podría ser la persona que vino a esta hora?

Espío por la mirilla, oh es Jimin.

Abro la puerta y él me observa unos momentos, luego sonríe y levanta una botella de vino.

—Como el mejor amigo que soy te traje vino y una hermosa compañía.

—¿Y la hermosa compañía? No la veo — Sonrío burlón

—Que malo eres Taetae, no mereces mi amor.

Suelto una risita y abro mas la puerta para dejarlo pasar.

—¿Cómo te sientes? ¿Estas nervioso por mañana?— dice mientras pasa por mi lado.

—Estoy bien, quizá un poco nervioso.

—El libro ha sido un éxito, tienes mucho talento para la escritura.

—Gracias, aunque este es mas un diario personal que una historia creada.— digo y Jimin chasquea la lengua.

—Ya quisiera yo escribir frases así de hermosas en mi diario— replica.

—¿Quieres pizza? puedo pedir una y acompañarla con el vino— cambio de tema.

—Si quiero, te haré compañía un buen rato, Yoon pasará por mi como las 11:30.

—Entonces mi hermosa compañía solo vino por que su novio no está en casa— lo molesto.

—Por supuesto que no, quiero compartir tiempo con mi mejor amigo antes de su salto al estrellato.

—O querías asegurarte que no esté perdido en mis recuerdos otra vez— digo, aunque mi mirada está en el teléfono mientras pido la pizza puedo sentir su mirada apenada.

—Solo quiero distraerte de tus nervios por la presentación.

—Te lo agradezco, me hace tanto bien que estés aquí— le digo dejando el teléfono de lado.

Él me mira, quizá buscando algo, sé que él sabe que antes que llegara yo andaba perdido en mi mente pero solo sonríe y dice:

—Veamos una peli, tu hermosa compañía quiere ver titanic.— me quejo.

—La hemos visto un millón de veces, por que nos torturas así— él me ignora y lo veo moverse para ponerla.

Unas horas mas tarde, después de mucha pizza y vino, estoy despidiéndome de Jimin.

—Duerme bien, mañana será un día espectacular.— Dice mientras me abraza.

—Tu igual descansa bien mimi, gracias por la compañía.

Me sonríe y lo veo subir al auto de Yoongi quien me saluda antes de arrancar.

Suspiro y regreso al departamento, después de limpiar me preparo para dormir. Ya en la cama permito que mi mente me lleve otra vez a ese mundo de recuerdos.

Descubrí que Jungkook cantaba cuando cocinaba, que odiaba comer solo, que tomaba fotografías de cosas que nadie más encontraba interesantes, que decía que no tenía hambre y terminaba comiéndose la mitad de mi comida.

Descubrí que dormía con una pierna fuera de las cobijas porque decía que tenía calor, aunque en invierno fuera incapaz de admitir que tenía frío. Descubrí que cuando estaba nervioso hablaba demasiado. Que cuando estaba triste hablaba demasiado poco. Descubrí que podía pasar horas mirando el cielo y que tenía una colección absurda de fotografías de atardeceres en su teléfono.

—Son todos diferentes —me dijo una tarde cuando me burlé de él.

—Jungkook, llevas como cincuenta fotos del mismo cielo.

—No es el mismo cielo.

—Es literalmente el mismo cielo.— Me miró con el ceño fruncido antes de quitarme el teléfono de las manos.

—Este tiene una nube.

Solté una carcajada.

—Eres un tonto.

—No entiendes la vibra.— Me empujó suavemente con el hombro y siguió caminando.

Sonreí.

Creo que fue ahí cuando comencé a entender que enamorarme de Jungkook no ocurrió en un momento específico, no hubo una fecha, una canción, un beso que pudiera señalar y decir fue ese día. Fue sucediendo poco a poco, en las cosas pequeñas, en las conversaciones que se alargaban hasta las tres de la mañana, en sus mensajes preguntándome si ya había comido, en las veces que aparecía en la librería con una malteada de fresa para mí aunque yo nunca se lo hubiera pedido, en la manera en que aprendió que odiaba el café, en la forma en que pronunciaba mi nombre, Tae, Taetae, Taehyungie. A veces todavía puedo escucharlo, y quizá eso es lo más extraño de los recuerdos, que algunas personas se van de nuestra vida, pero ciertas versiones de ellas se quedan.

Nuestra relación era perfecta, yo la sentía perfecta, hablábamos mucho y de todos los temas posibles, cuando estábamos juntos nos encerrábamos en nuestra burbuja de amor, no veíamos mas allá del otro o al menos yo no lo hacía.

Jungkook sabia que mi familia no vivía en Seúl así que por el momento conocerlos no seria posible, pero su familia si estaba cerca, él casi no hablaba conmigo de su familia o de sus amigo y compañeros de trabajo, yo nos los conocía quería creer que era por que nuestra relación aun era muy reciente

Pero el tiempo pasó, yo quería conocer esa parte de él, no me quería sentir que era un mundo aparte, un día se lo mencione casualmente aunque no me dio la respuesta que esperaba.

—¿Algún día conoceré a tu familia?

Jungkook, que hasta ese momento estaba concentrado en abrir una botella de cerveza, se quedó quieto. Solo un segundo. Pero lo noté.

—¿A mi familia?

—Sí. —sonreí, intentando que sonara casual—. Llevamos casi medio año juntos y conozco hasta el nombre del maestro que mas odiaste, pero no a tu mamá.

Jungkook soltó una pequeña risa y volvió a concentrarse en la botella.

—No hay mucho que conocer.— Fruncí el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Solo estoy esperando el momento adecuado para que nos reunamos con ellos, mi familia es un poco rara y además quiero seguir teniéndote par mi solamente un poco mas.

Me miró y sonrió, pero había algo extraño en sus ojos. Algo que no conseguí descifrar.

—Ok, solo era una duda no te estoy presionando.

Solo esa vez tuvimos esa conversación, no volví a mencionar ese detalle, tal vez solo quería que lo nuestro se solidificará mas.

Conocí a los padres de Jungkook y a sus amigos en una sola noche, fue durante su cumpleaños numero 30, me invitó a una reunión que le habían organizado.

Su madre era una mujer muy hermosa y amable, me recibió con mucho cariño, su padre era una versión de Jungkook mucho mas adulta, al principio se mostro un poco serio conmigo hasta que Jungkook le dijo que yo sabia mucho de mitología griega y en toda la noche no paramos de hablar.

Él me presentó a sus amigos Namjoon y Seokjin, una pareja a la que conoció en la universidad y la cual forma parte de su pequeño grupo de amigos mas cercanos, y Hoseok quien fue su primer cliente cuando empezó a trabajar y quien le dio muchos problemas pues le costo conseguirle una propiedad que le gustara y que para cuando cerraron el trato se declaro su amigo y a quien tiempo después unió al grupo.

La velada fue increíble, conocí historias de Jungkook cuando estaba en la universidad que sus amigos me contaron, su madre me mostró fotos de él cuando era pequeño incluso me regaló una, todo había sido casi perfecto hasta que escuché una conversación.

Me había levantado de la mesa con destino al baño pero no alcancé a llegar por que olvidé mi bolso y cuando quise regresar por el lo escuché.

—Es un chico encantador si se me permite opinar— su madre dijo— aunque es muy joven aún.

—¿Quiere estudiar no?—Preguntó su padre.

—Si, por eso se mudó a Seúl— respondió Jungkook.

—Ciertamente están en etapas distintas, pero eso no quiere decir que no vaya a funcionar.— Hoseok dijo.

—Taehyung parece un chico inteligente, obviamente puede ser capaz de mantener una relación con Jungkook y cumplir sus metas, la edad no debería significar un problemas, solo tienes que motivarlo y estar para él si te necesita, no te acomplejes por eso.— Era la voz de Seokjin.

—Las inseguridades no le harán bien a tu relación, y si la edad te esta causando problemas habla con Taehyung si para él no está siendo un problema por que tú te matas pensando en eso y no disfrutas el momento.— Namjoon dijo.

—No es que me sienta acomplejado, pero de cierta manera me incomoda que alguien nos vea, que la gente opine a mis espaldas de nuestra relación.— Jungkook respondió

—Es estúpido de tu parte pensar que si estas en publico con el, la gente estará pendiente si es menor que tu y cual es la naturaleza de su relación, un poco egocéntrico de tu parte no crees— Seokjin dijo— Además cuando empezaste a salir con él no significaba un problema por que de pronto ya no quieres ni que te vean en un restaurante con él.

—No me avergüenzo de salir con él y suena horrible que digas que no quiero que me vean con él, es solo que pienso que todo lo que él está viviendo yo ya lo viví, ya estudié, ya hice locuras, no quiero quitarle esa oportunidad de que él pueda vivir sus propias experiencias y en un futuro se arrepienta.

—Estás asumiendo cosas hijo— su padre dijo— pero tienes un poco de razón en tus pensamientos, él apenas está descubriendo que quiere hacer y tu ya estás en tu mejor momento de casarte y formar una familia.

—Si quieres estar con él deja esos pensamientos de lado, pero si en realidad no estas seguro de que funcionaran entonces habla con él y no lo lastimes.

fue lo ultimo que escuché, antes de regresar al baño.

No le dije que escuche, no saque el tema, simplemente hice como si nada hubiera pasado esperando que el quisiera hablarlo conmigo y pudiera calmar sus dudas, pero él no tenia intenciones de hablar conmigo.

Después de esa noche empecé a ser mas consciente de mi entorno y poner mas atención en él y a nuestro alrededor cada que estábamos juntos y fue ahí cuando lo noté.

Jungkook en publico no me tocaba, se pasaba mas tiempo mirando alrededor que a mi, las salidas se limitaban mucho y él solo accedía cuando yo insistía lo suficiente, así que dejé de hacerlo, nos prefería cenando en casa sin poder separarnos que estar en publico y sentir un abismo de distancia, esas fueron las primeras señales.

A mi nunca me había causado un problema la diferencia de edad que existía entre los dos hasta que escuche que a él si. Poco a poco mi mente se fue llenando de inseguridades, me dolía cada vez que ponía distancia entre los dos si estábamos fuera casa, dolía sentir que todo podía terminar en un segundo.

Una tarde mientras estábamos acostados en la cama, tenia mi cabeza en su pecho y él me abrazaba tan fuerte, tan cálido, momentos como esos me hacían sentir que teníamos futuro juntos, me hacían luchar por nosotros.

—Te amo— había dicho de repente— Te amo tanto Tae.

Cerré los ojos y me permití disfrutar de la sensación que aquellas palabras dejaron en mí, él me amaba después de todo, eso era lo único que importaba.

O al menos eso quería creer.

Me acomodé un poco más contra su pecho y sentí sus labios sobre mi cabello.

—¿Por qué estás sonriendo? —preguntó.

—Porque te amo.— Soltó una pequeña risa.

Levanté la cabeza para mirarlo y encontré esa sonrisa que tantas veces había conseguido hacerme olvidar cualquier preocupación.

Lo besé suavemente.

—No quiero que esto termine nunca.

Jungkook dejó de sonreír por un instante, fue apenas un segundo tan breve que pude haberlo imaginado, después volvió a besarme.

—No va a terminar —susurró.

Y yo le creí, joder si le creí.

Es demasiado tarde para estar despierto, pero no puedo dormir. Supongo que los nervios me tienen más alterado de lo que creí.

Me levanto de la cama y me dirijo a la cocina por un vaso de agua. En el camino de regreso a la habitación, veo el libro sobre la mesita del centro, me acerco y lo tomo entre mis manos.

Las líneas de la portada indican cuánto ha sido abierto, es la primera impresión que se hizo, ver materializada mi historia con él me hizo sentir extraño. Durante meses había escrito aquellas páginas intentando ordenar recuerdos que creía tener enterrados, y ahora estaban ahí, impresos, encuadernados, convertidos en algo que cualquiera podía leer.

Han pasado años desde la última vez que lo vi, que hablé con él. Desde la última vez que supe algo de su vida.

Dejo el libro sobre la mesa y me dirijo nuevamente a la habitación.

Abro el closet, hay ropa, cajas viejas y algunas cosas que no he utilizado en años. Me agacho y aparto un par de ellas hasta llegar al fondo. Ahí está la caja, por un momento me quedo mirándola, no la he abierto en mucho tiempo, quizá demasiado, paso los dedos por la tapa antes de sacarla lentamente de su escondite y colocarla sobre la cama.

No necesito abrirla para saber qué hay dentro.

Hay fotografías, entradas de cine, un par de servilletas con fechas escritas, una pulsera que alguna vez me regaló, el boleto de aquella primera película que vimos juntos, una fotografía de nosotros dos que nunca tuve el valor de tirar.

Me siento en el borde de la cama y durante unos segundos simplemente observo la caja, es extraño, pasé años intentando olvidar cómo se sentía quererlo y, sin embargo, aquí está todo guardado, esperándome, como si una parte de mí siempre hubiera sabido que algún día volvería a buscarlo.

Abro la tapa.

Lo primero que encuentro es una fotografía, la tomo entre mis dedos, Jungkook está sonriendo, esa sonrisa Dios. Todavía puedo recordar exactamente cómo se sentía estar frente a ella, paso el pulgar por la fotografía y suelto una pequeña risa.

—Idiota —murmuro.

La dejo a un lado y tomo otra., después otra, hasta que encuentro algo que había olvidado por completo.

Una pequeña hoja doblada varias veces, reconozco mi propia letra antes de siquiera de abrirla, la fecha está escrita en la esquina.

Cuatro años atrás.

"No sé cuánto tiempo puedo seguir sintiendo que tengo que demostrarte que soy suficiente para ti."

La miro durante unos segundos y entonces recuerdo exactamente dónde estaba cuando la escribí. Lo recuerdo muy bien.

—¿Por qué sigues haciendo eso?— Jungkook se queda quieto frente a mí.

—¿Hacer qué?— pregunta confundido.

—Soltar mi mano en publico o cambiar de tema cuando se insinúa hablar de nosotros en el futuro.— Su expresión cambia.

—Tae...

—Dime que pasa, no estas seguro de nosotros, te avergüenzas de estar conmigo o por que siempre tenemos que mantener cero contacto cuando estamos enfrente de otras personas.

—Jamás me avergonzaría estar contigo

—Eso solo responde una de mis preguntas.— suspira un poco frustrado.

—Amor me siento cansado, no te hagas ideas en tu linda cabecita, solo soy yo y mi timidez del contacto en publico.

—No es eso y lo sabes, ¿es mi edad no?— lo veo suspirar y pasar una mano por su cabello.

—De que hablas, por supuesto que no.

—Escuche la conversación con tus amigos el día de tu cumpleaños— lo veo palidecer un poco.

—¿Cuánto escuchaste?

—Lo suficiente.

—Tae...

—Dijiste que te daba miedo que algún día me arrepintiera de estar contigo. Dijiste que no sabías si era justo para mí. —trago saliva—. Dijiste que la gente nos miraba diferente por mi edad.

Jungkook cierra los ojos y respira profundamente antes de acercarse.

—No es porque me avergüence de ti. Nunca ha sido eso.

—Entonces ¿por qué me sueltas la mano?

—Porque no quiero que te miren como si estuvieras haciendo algo malo.

—¿Y por qué debería importarme lo que piensen?

—A mí sí me importa.

—Ese es el problema.— Lo miro fijamente. —Te importa más lo que puedan pensar de nosotros que lo que yo siento cuando haces eso.— Jungkook niega con la cabeza.

—No es así, quiero protegernos de los malos comentarios.— dice en defensa. —A veces pienso que tienen razón.

Siento que el aire abandona mis pulmones.

—¿En qué?— No se si quiero escuchar lo próximo que vaya a decir.

Jungkook levanta los ojos hacia mí.

—En que eres demasiado joven.—No respondo. —Tae...— intenta tocarme

—No.— Retrocedo para alejarme de él. —No me digas que soy demasiado joven, me haces sentir que no soy suficiente para ti, que me ves como un jodido niño que no tiene criterio propio y sabe lo que quiere.

—No estoy diciendo que no seas suficiente amor, eres mas de lo que merezco, estoy diciendo que no sé si esto es lo correcto.

Una risa amarga escapó de mis labios, estaba en mi limite, después de meses de soportar su rechazo a mi tacto en publico, de mis propias inseguridades sobre nuestra relación por la diferencia de edad estaba a punto de explotar.

—¿Después de todo este tiempo?

—No sabes cuántas veces he pensado en esto, quiero que vivas, Tae. Que conozcas gente, que viajes, que estudies, que hagas todo lo que quieras hacer. No quiero que dentro de diez años despiertes un día y pienses que desperdiciaste tu juventud conmigo.

Lo miro sin poder creer lo que estoy escuchando.

—¿Y tú ya decidiste que eso es lo que estoy haciendo?— cada cosa que dice suma una grieta en mi confianza en nosotros.

—No.

—Entonces deja de hablar como si supieras lo que quiero.

—No lo sé, ese es precisamente el problema. No sé lo que vas a querer.— Siento los ojos arder.

—Yo sí sé lo que quiero.

—Ahora.

La palabra cae entre nosotros. Ahora. Como si todo lo que siento por él tuviera fecha de caducidad.

—Ahora te quiero a ti.

—¿Y dentro de cinco años?

No respondo, no porque no tenga respuesta, sino porque me duele que necesite una.

—No puedo prometerte quién voy a ser dentro de cinco años —digo finalmente—. Pero tampoco tú puedes.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué soy yo quien tiene que demostrar que esto va a funcionar?

—No quiero que demuestres nada.

—Eso es exactamente lo que llevo meses haciendo.— Se queda callado. —Intento demostrarte que soy suficientemente maduro, que puedo tener una vida contigo, que no soy un niño, que sé lo que quiero.

—Tae...

—Y mientras yo intento demostrarte que puedo quedarme, tú estás pensando en todas las razones por las que debería irme.— Una lágrima cae por mi mejilla. Jungkook se acerca inmediatamente.

—No quiero que te vayas amor.— Retrocedo antes de que pueda tocarme.

—Pero tampoco quieres que me quede.

—No es así, solo no sé como lidiar con lo que me provoca el juicio silencioso de las personas al vernos juntos.

—Jamás podemos ser completamente felices si sigues pensando en el que dirán, yo te amo joder, y quiero estar contigo, pero ya no quiero una relación de habitación, llena de incertidumbre y en la que solo yo confío.— él me aparta la mirada.

—Tal vez si estuviéramos mas cercanos en edad estaríamos bien—susurra y luego se quede inmóvil asimilando lo que dijo.

Lo miro incrédulo, siento que acaba de apuñalarme el corazón, siento que puedo morir aquí.

Asiento lentamente y me limpio las lágrimas con el dorso de la mano.

—No quiero volver a escuchar que soy demasiado joven, no quiero volver a preguntarme si te da vergüenza que alguien nos vea juntos, no quiero tener que convencerte de que sé lo que quiero.— Tomo aire. —Y sobre todo, no quiero pasar los próximos años esperando a que tú decidas si algún día vas a estar seguro de mí.

Jungkook tiene los ojos llenos de lágrimas.

—Te amo.— dice.

Cierro los ojos, porque esas palabras son precisamente las que más duelen.

—Yo también te amo.— abro los ojos y lo miro una última vez. —Pero creo que ya no es suficiente si piensas que si la diferencia de nuestra edad te resulta un problema.

Y por primera vez desde que lo conocí, ninguno de los dos intenta acercarse al otro.

Abro los ojos.

El techo de mi habitación vuelve a aparecer frente a mí y durante unos segundos me cuesta orientarme, me quedé dormido.

La caja sigue abierta sobre la cama, el papel continúa entre mis dedos, lo doblo lentamente y lo vuelvo a guardar en el mismo lugar de donde lo saqué.

No quiero seguir leyendo, no esta noche. Me quedo sentado en el borde de la cama mientras miro las fotografías esparcidas frente a mí. Cuatro años joder. Cuatro años y todavía puedo recordar exactamente el sonido de su voz aquella noche.

Te amo.

Qué ironía, durante mucho tiempo pensé que esa había sido la última vez que nos dijimos que nos amábamos, quizá por eso terminé escribiendo el libro. No para recuperarlo, ni siquiera para que algún día lo leyera, lo escribí porque necesitaba sacar de mí todas esas cosas que nunca pude decirle después de aquella noche.

Todo lo que pensé, todo lo que sentí, todo lo que perdimos.

Tomo una de las fotografías.

En ella estamos sentados frente al mar, Recuerdo perfectamente aquel día. Hicimos un road trip desde Seúl hasta Busan sin demasiada planificación, solo porque Jungkook había decidido una mañana que necesitaba ver el mar.

Jungkook conducía mientras yo elegía la música y me encargaba de mantenerlo despierto cada vez que empezaba a quejarse de que llevaba demasiado tiempo manejando.

Paramos en una gasolinera, compramos demasiadas cosas para comer y terminamos cantando canciones horribles durante casi todo el camino.

Recuerdo que nos perdimos. Dos veces. La primera porque Jungkook insistió en que conocía el camino y la segunda porque decidió ignorar el GPS, me reí tanto que terminé llorando.

Cuando finalmente llegamos, ya estaba anocheciendo, nos quitamos los zapatos y caminamos hasta la orilla, el agua estaba helada y Jungkook se quejó durante cinco minutos porque yo había insistido en meter los pies aunque después terminó entrando conmigo.

Más tarde nos sentamos frente al mar, todavía con los pantalones húmedos y los pies llenos de arena, fue entonces cuando tomamos aquella fotografía, Jungkook apoyaba un brazo detrás de mí y yo tenía la cabeza sobre su hombro, ninguno de los dos estaba mirando a la cámara estábamos mirando el mar.

Recuerdo haber pensado que no necesitaba nada más, que si mi vida podía quedarse así para siempre, estaría bien.

Paso el pulgar sobre la fotografía.

Qué ingenuo era.

No porque estuviera equivocado al pensar que lo amaba, eso nunca fue un error, lo ingenuo fue creer que amar a alguien era suficiente para asegurarnos un futuro.

Dejo la fotografía sobre la cama y encuentro otra debajo. La reconozco inmediatamente.

Mi cumpleaños número veintiuno.

Mis dedos se quedan quietos sobre el borde de la fotografía, No necesito verla para recordar aquella noche, pero la saco de todos modos y el recuerdo vuelve.

Habían pasado dos semanas desde nuestra discusión y la inminente ruptura.

No había hablado con Jungkook desde entonces. El último mensaje que me envió fue un “Cuídate, te amo” después de haber llegado a mi departamento aquella noche.

Un dolor persistente por su ausencia me seguía desde entonces. Había llorado cada noche desde que terminamos. Lo extrañaba tanto que, durante el día, tenía que mantenerme ocupado para no pensar demasiado en él. Podía cumplir con mis responsabilidades sin que la tristeza por la ruptura me lo impidiera, pero en las noches me permitía sucumbir a ella.

Mi llanto no era desgarrador, era más bien silencioso. Solo lágrimas corriendo por mi mejilla mientras recordaba nuestra última conversación y la forma tan abrupta en la que salí de su casa.

A veces tomaba el teléfono y abría nuestra conversación, no le escribía, solo miraba su nombre, a veces esperaba encontrar un mensaje nuevo que nunca llegaba.

Había días en los que me convencía de que aquello realmente había terminado y otros en los que una pequeña parte de mí se negaba a aceptarlo, porque todavía me había dicho que me amaba.

"Cuídate, te amo."

No sonaba como una despedida o quizá yo solo necesitaba creer que no lo era, tal vez necesitábamos tiempo, tal vez después de unos días, cuando las cosas estuvieran menos tensas, podríamos hablar, tal vez él entendería que yo no quería que nuestra diferencia de edad siguiera siendo un problema entre nosotros y tal vez yo conseguiría hacerle entender que no necesitaba que me protegiera de una vida que yo había elegido compartir con él.

Era una esperanza pequeña, tan pequeña que incluso me daba vergüenza admitir que existía, pero estaba ahí.

Y quizá por eso, cuando llegó mi cumpleaños número veintiuno, una parte de mí todavía esperaba que Jungkook apareciera.

La fiesta la organizó Jimin, quien se había convertido en mi mejor amigo. Lo conocí en la librería unos meses después de haber llegado a Seúl; solía pasar por ahí después de clases y, con el tiempo, nuestras conversaciones dejaron de ser simples charlas entre un cliente y un empleado. Fue de las primeras personas que conocí en la ciudad y, sin darme cuenta, terminó convirtiéndose en mi lugar seguro. Conoció a Jungkook casi al mismo tiempo que yo empezaba a salir con él, así que estuvo presente durante prácticamente toda nuestra relación. Sabía cuándo estaba feliz, cuándo algo me preocupaba y, probablemente, era la única persona que podía darse cuenta de que estaba fingiendo estar bien sin que tuviera que decir una sola palabra.

—Veintiuno solo se cumplen una vez —había dicho mientras colgaba un montón de globos en mi departamento.

—Si, que emoción— dije fingiendo entusiasmo

—Te divertirás, ya veras— dijo intentando convencerme.

Intenté disfrutarlo, de verdad lo intenté.

Había música, comida, bebidas y demasiadas personas para un departamento tan pequeño, todos estaban felices, yo también sonreía, pero cada vez que escuchaba el timbre, miraba hacia la puerta, cada vez que alguien llegaba, mi corazón daba un pequeño salto y cada vez que descubría que no era él, intentaba disimular mi decepción.

—¿Sigues esperando que venga? —preguntó Jimin en algún momento.

Lo miré.

—No.— la mentira salió demasiado rápido.

Jimin me sostuvo la mirada.

—Tae.— Suspiré.

—No sé.— Él se acercó un poco.

—No tienes que fingir conmigo.

Bajé la mirada hacia mi vaso.

—Solo pensé que... quizá.— no terminé la frase, no hacía falta por que Jimin entendió.

—¿Crees que pueden arreglarlo?— me quedé callado durante unos segundos.

—No lo sé.— y esa era la verdad.

No sabía si Jungkook quería volver, no sabía si todavía estaba convencido de que nuestra relación era un error, no sabía si después de estas dos semanas había cambiado de opinión, pero sabía que yo quería intentarlo. Todavía lo amaba y quizá eso era suficiente para mantener una pequeña esperanza.

A las nueve de la noche miré el teléfono, tenía mensajes nuevos pero ninguno era suyo.

A las diez, volví a hacerlo, nada.

A las once, intenté dejarlo sobre la mesa y olvidarme de él, no pude.

Entonces pensé que quizá Jungkook estaba esperando hasta medianoche, quizá quería sorprenderme, quizá aparecería cuando todos se fueran, quizá tocaría la puerta y sonreiría de esa manera que siempre hacía cuando intentaba fingir que no estaba nervioso, quizá me abrazaría y quizá, después de todo, todavía habría una oportunidad para nosotros.

A las doce menos cinco, Jimin apagó la música.

—¡Todos listos!

Alguien comenzó a apagar las luces y la tarta apareció frente a mí, veintiún velas. Todos comenzaron a cantar y yo sonreí mientras miraba las llamas.

Entonces escuché el timbre, mi corazón se detuvo, levanté la mirada hacia la puerta y durante un segundo nadie se movió.

Jimin me miró y yo lo miré a él, sentí que una esperanza que había intentado esconder durante toda la noche volvía a crecer dentro de mi pecho.

Quizá era él, quizá Jungkook había venido, quizá todavía podíamos arreglarlo, quizá todavía éramos nosotros.

Me levanté y caminé directo a la puerta antes de pensar mucho, la esperanza era una perra, te elevaba tan alto que cuando la decepción te sorprendía la caída era tan dolorosa.

Intenté disimular mis ojos llorosos por que detrás de la puerta no estaba el hombre que había esperado toda la noche, en su lugar había un repartidor que me miraba con pena, joder quería desaparecer.

—Buenas noches, pedido a nombre Jay.

—Buenas noches— dije con la voz ahogada— Te equivocaste de departamento.— Justo en ese momento la puerta de enfrente se abrió y mi vecino salió.

—Una disculpa— dijo el repartidor avergonzado, antes de darse la vuelta y acercarse a mi vecino.

Conté hasta tres antes de entrar y dar la cara a mis amigos, mierda me sentía tan estúpido.

—Tae...— inició Jimin.

—Iré por los platos para servir el pastel— dije pasando directamente a la cocina. No esperé a que respondiera.

Abrí uno de los cajones y comencé a sacar platos. Mis manos temblaban tanto que casi dejé caer uno.

—Puedo hacerlo yo —escuché decir a Jimin detrás de mí.

—No, está bien.

—Tae.

—Estoy bien, Jimin.— Lo escuché suspirar, pero no insistió.

Tomé aire y me concentré en cualquier cosa que no fuera la puerta que acababa de cerrar, tratando de no ceder al dolor que sentía en el corazón.

—Podemos dar por terminada la noche si no te sientes bien— Me detuve cuando escuché a Jimin decir.

—Estoy bien solo necesito un momento, no quiero arruinar esto que hicieron por mi— suspiré un poco frustrado.

—Se supone que es divertido cumplir 21 años— me sentí romper.— Tómate el tiempo que necesites— dijo antes de salir.

Miré hacia la sala, la tarta seguía ahí, con las velas encendidas y el número veintiuno escrito en glaseado. Sonreí con tristeza. Suspiré nuevamente, me limpié los ojos, solo tenía que permitirme disfrutar, aunque sea solo un momento.

Regresé a la sala con los platos en las manos y fingí que nada había ocurrido.

Mis amigos comenzaron a cantar otra vez, algunos hicieron bromas y alguien me obligó a ponerme una corona ridícula que decía Birthday Boy.

Me reí, conseguí disfrutar unos minutos, pero mi mente no se apagaba, no conseguía callar mis pensamientos, no lograba mitigar la esperanza que aparecía cada vez que la puerta del departamento se abría.

Jungkook nunca apareció.

A las doce y media miré el teléfono nuevamente.

A las dos, todos se habían ido.

La puerta se cerró detrás del último invitado y el silencio que quedó en el departamento fue casi ensordecedor, me quedé quieto durante unos segundos, mirando el lugar.

Los vasos sobre la mesa, algunos platos a medio terminar, los globos pegados a las paredes y la tarta que apenas habíamos tocado.

Todo seguía exactamente igual, excepto que ahora estaba solo y ya no tenía que fingir.

Sentí un nudo en la garganta.

Tomé mi teléfono, nada, ni una llamada, ni un mensaje, nada de Jungkook.

Lo desbloqueé y abrí nuestra conversación, el último mensaje seguía ahí.

Cuídate, te amo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Entonces por qué no viniste? —susurré.

La voz me salió tan baja que apenas pude escucharme.

Me senté en el sofá y volví a mirar la pantalla, había pasado toda la noche diciéndome que quizá aparecería, que quizá necesitaba tiempo, que quizá todavía me amaba lo suficiente como para querer intentarlo.

Pero el día había terminado y Jungkook no había venido.

Una lágrima cayó sobre la pantalla, después otra, me cubrí la cara con ambas manos y finalmente dejé de contenerme.

Lloré.

Lloré por nuestra última conversación, por la forma en que había salido de su casa sin siquiera despedirme correctamente, por las dos semanas que llevábamos sin hablar y por todas las veces que había tomado el teléfono esperando encontrar su nombre.

Lloré porque lo extrañaba, porque todavía lo amaba, y porque, a pesar de todo, una parte de mí había esperado que esta noche fuera diferente, había esperado que apareciera en algún momento, que se acercara a mí y me dijera que habíamos cometido un error, que todavía quería estar conmigo, que podíamos intentarlo una vez más, pero él nunca llegó.

Y tuve que aceptar que quizá él ya había tomado una decisión, quizá para Jungkook nuestra historia había terminado aquella noche.

Me abracé a mí mismo, intentando encontrar un poco del calor que durante tanto tiempo había encontrado en sus brazos, no funcionó. Nunca había sentido un vacío así.

No sabía cuánto tiempo permanecí así, solo recuerdo que, antes de quedarme dormido en el sofá, miré una última vez la pantalla de mi teléfono. Nada.

Y esa noche me obligué a olvidar cualquier esperanza.

La librería estaba más llena de lo habitual aquella tarde.

Habían colocado varias filas de sillas frente a una pequeña mesa de madera, justo en el mismo rincón donde años atrás Taehyung había pasado tantas horas acomodando libros, atendiendo clientes y leyendo durante sus descansos.

Sobre la mesa había varios ejemplares de su libro, su libro, la historia que durante cuatro años había guardado únicamente para sí mismo.

Taehyung estaba detrás de la pequeña mesa, conversando con el encargado de la librería mientras observaba cómo comenzaban a llegar los primeros asistentes.

Había nervios en sus movimientos.

Se acomodaba constantemente las mangas de la camisa, revisaba por tercera vez que los ejemplares estuvieran en orden y, cada cierto tiempo, miraba hacia la entrada.

Jimin, sentado en una de las primeras filas, lo observaba con una sonrisa.

—Deja de estirarte la ropa, te ves perfecto. —le dijo cuando Taehyung volvió a hacerlo.

—Estoy muy nervioso.

—Respira, todo saldrá bien.

Taehyung soltó una pequeña risa y asintió.

—Después de esto necesitaré una buena botella de vino.— dijo haciendo reír a Jimin.

—Me aseguraré que te esté esperando una.— Taehyung sonrió.

Respiró profundamente, las sillas se fueron ocupando poco a poco hasta llenar el local.

—Buenas noches a todos—dijo Taehyung nervioso —Comencemos.

La presentación consistía en una lectura de algunas partes del libro, una ronda de preguntas de los lectores y, para finalizar, una firma.

Taehyung inició la lectura y, poco a poco, los nervios desaparecieron. Se permitió perderse en las páginas, volver a aquellos momentos sin sentir que tenía que esconderlos y hablar de una historia que durante mucho tiempo había pensado que jamás sería capaz de contar.

Respondió todas las preguntas.

Algunas lo hicieron reír.

Otras lo obligaron a detenerse unos segundos antes de responder.

Cuando terminó la ronda de preguntas, Taehyung pasó a la mesa donde se realizaría la firma, la fila comenzó a formarse, uno tras otro, los lectores se acercaban con sus ejemplares, Taehyung sonreía, agradecía sus palabras y escribía una pequeña dedicatoria en cada libro.

Cuando la última persona se retiró de la mesa, Taehyung dejó el bolígrafo sobre la madera y soltó un suspiro.

—Lo hiciste increíble —dijo Jimin, acercándose. Taehyung sonrió cansado.

—Creo que sobreviví.

—Estoy orgulloso de ti.— Jimin lo abrazó.

Taehyung cerró los ojos unos segundos.

—Gracias por estar aquí. —Jimin lo apretó mas en sus brazos.

—Siempre.

—Buenos es momento de ir por ese vino, me lo merezco.— Dijo Taehyung separándose.

—Yoon viene por nosotros, despídete, te esperaré afuera.

La presentación había sido un éxito.

Taehyung estaba feliz.

Después de meses de trabajo, de noches escribiendo hasta quedarse dormido sobre el escritorio y de tantos recuerdos que había tenido que revivir para terminar el libro, finalmente estaba ahí.

Había salido mejor de lo que imaginó.

Se despidió de los encargados de la librería y agradeció una última vez que le hubieran permitido presentar el libro justo en aquel lugar.

La librería donde todo había comenzado.

Al salir, encontró a Jimin esperándolo afuera, apoyado contra el auto de Yoongi.

Subieron al auto.

Mientras Yoongi encendía el motor, Taehyung miró una última vez la fachada de la librería.

Sonrió.

No sabía por qué, pero sentía que algo dentro de él estaba finalmente en paz, quizá porque había vuelto al lugar donde todo comenzó y, por primera vez, podía mirarlo sin sentir que pertenecía al pasado, el auto se alejó y Taehyung no volvió a mirar atrás.

En medio de la presentación la puerta de la librería volvió a abrirse y un hombre entró, llevaba una gorra oscura y una mascarilla que cubría parte de su rostro. Se detuvo cerca de la entrada y observó el lugar en silencio.

No necesitó buscar demasiado, sus ojos encontraron inmediatamente a Taehyung.

Jungkook había imaginado ese momento demasiadas veces durante los últimos cuatro años, había pensado qué le diría, había imaginado cómo reaccionaría Taehyung al verlo, había incluso considerado darse la vuelta antes de entrar, pero ahora que estaba allí, ninguna de aquellas posibilidades parecía suficiente.

Taehyung estaba sonriendo, una sonrisa diferente a la que recordaba, más adulta, más tranquila.

Jungkook sintió algo apretarse dentro de su pecho.

Había cambiado, por supuesto que había cambiado, cuatro años eran demasiado tiempo.

Jungkook bajó la mirada hacia el libro que sostenía entre las manos, la portada llevaba el nombre de Taehyung, su historia estaba ahí, al alcance de cualquiera y, aun así, Jungkook no sabía si tenía derecho a leerla.

Levantó nuevamente la mirada, Taehyung estaba leyendo un fragmento del libro, Jungkook dio un paso hacia el fondo de la librería, después otro, buscó un lugar desde donde pudiera verlo sin llamar su atención.

No había venido para interrumpirlo, no había venido para arruinar aquel día, solo quería verlo, aunque fuera una última vez.

Taehyung seguía frente al publico, ajeno a su presencia, no sabía que Jungkook estaba allí, no sabía que, al fondo de la librería, el hombre al que había intentado olvidar durante cuatro años lo observaba en silencio, no sabía que, por primera vez desde aquella noche, estaban en el mismo lugar.

Jungkook apretó el libro entre sus manos y salió cuando las preguntas terminaron y todos se levantaron a formarse para la firma.

El aire frío de la noche golpeó su rostro en cuanto puso un pie en la calle, se quedó quieto y respiró profundamente.

Había pasado casi toda la presentación sentado al fondo, escuchando una historia que conocía demasiado bien y, al mismo tiempo, descubriendo partes de ella que nunca había imaginado.

Había escuchado a Taehyung hablar de su primer encuentro, de las noches que pasaron juntos, de la ruptura y había escuchado su propia ausencia convertida en palabras.

Durante cuatro años había intentado convencerse de que había tomado la decisión correcta, se había repetido que Taehyung era demasiado joven, que algún día entendería que lo había hecho por él, que con el tiempo encontraría a alguien más, que alejarse era la única manera de darle la oportunidad de vivir la vida que merecía.

Pero sentado al fondo de aquella librería, escuchándolo hablar de todo lo que habían sido, había comprendido algo que durante años se negó a admitir, también había sido cobardía, había tenido miedo, miedo de lo que otros pudieran pensar, miedo de convertirse en alguien que limitara la vida de Taehyung y, sobre todo, miedo de descubrir que no podía prometerle un para siempre, así que había elegido por los dos y lo había perdido.

Jungkook bajó la mirada.

Una bufanda color crema con finas líneas en negro, rojo y mostaza rodeaba su cuello, era la misma, la misma que Taehyung le había prestado años atrás y que nunca había sido capaz de devolver.

Había pensado hacerlo muchas veces, la había guardado, incluso una vez la había metido en una caja con la intención de enviársela per nunca pudo, porque aquella bufanda era lo último que conservaba de él.

Jungkook llevó una mano hasta la tela.

Todavía podía recordar el día en que Taehyung se la había puesto alrededor del cuello por primera vez, el recuerdo apareció con tanta claridad que tuvo que cerrar los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, miró hacia la librería.

A través del cristal podía ver a Taehyung que seguía firmando libros.

Taehyung sonreía, una sonrisa tranquila, una sonrisa que Jungkook no había visto en mucho tiempo.

Lo observó desde la distancia, no quería acercarse, no después de todo lo que había hecho, no después de cuatro años.

Taehyung parecía estar bien y quizá eso era suficiente, quizá esa era la única cosa que podía llevarse consigo aquella noche.

Jungkook permaneció frente al cristal unos segundos más, luego dio un paso atrás.

La luz de la librería se reflejó sobre el vidrio y por un instante su propio rostro se mezcló con la imagen de Taehyung al otro lado.

Dos personas separadas por un cristal, por cuatro años, por todas las palabras que nunca dijeron, por todas las cosas que pudieron haber sido.

Jungkook bajó la mirada.

Acomodó la bufanda alrededor de su cuello y comenzó a caminar, no miró atrás.

La noche estaba fría y las calles de Seúl estaban casi vacías, caminó solo, con las manos dentro de los bolsillos y la bufanda alrededor de su cuello.

Cada paso lo alejaba un poco más de la librería, de Taehyung, de aquella vida y, aunque había pasado años intentando convencerse de que dejarlo ir había sido lo correcto, aquella noche entendió que algunas decisiones podían ser correctas y aun así doler durante toda una vida.

Siguió caminando.

La bufanda se movía suavemente con el viento y Jungkook desapareció poco a poco entre las luces de la ciudad.

FIN

¡Cuéntale a Arii lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

12

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

9

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

3

Bien escrito

Trama absorbente

1

Trama absorbente

Buenos personajes

1

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Ver 5 comentarios anteriores...
author

Just between us, do you remember it all too well? 😭

un mes
1
author

me encantó 💕
gracias por está historia tan bonita amistad 🥰🤗

un mes
1
author

😭😭

2 días

Otras recomendaciones

Rechazado

Brenda: Es una excelente historia ... Me encanta la forma de narrar y q sea cortae gusta aún más . Me encantaría encontrar más historias

Leer ahora
Amor en cláusulas.

Elena: Me s gustado todo

Leer ahora
Lo Que Nos Separó

jarriagada2501: Me gusta esta historia, es muy triste lo que le hicieron a mi Jikook de separarlos . Pero el amor siempre vence. Y con 2 hermosos . Ojalá su amor en la vida real sea para siempre. Y love Jikook

Leer ahora
Marido y mujer, ¡solo en papel!

Claudia: Hgytvbggghhhhhh Hu yhhhhhhyh

Leer ahora
Una sorpresa para el millonario

Alexandra: Me gusta como desarrolla la trama y me emociona cada capítulo, excelente

Leer ahora
Euphoria

Thv_KimVante: ❤️ muy bien ❤️‍🩹

Leer ahora
La Conquista del Alfa

Mariela: Me gustaría saber cómo continúa !!

Leer ahora
It All Fell Down | KookV

ana: Me encantó muchísimo, cada tanto la releo. 😍🩷 muy entretenida y bien escrita ✨

Leer ahora