How to disappear | JAEDO OS

Sinopsis

la ultima vez que Doyoung vio a su esposo, Jung Jaehyun, después de años de espera

Genero:
Drama
Autor/a:
Milky 🐰
Estado:
Complete
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

único

El sonido de la escoba arrastrándose con el piso reinaba en aquella casa. El escandaloso aire propio de esa época del año azotaba las ventanas una y otra vez, poniendo los nervios de Doyoung de punta. No estaba acostumbrado al ruido. Si había algo que siempre dominó su hogar era el silencio, puro y simple silencio; por lo menos desde que su esposo se fue, había algunas cartas de vez en cuando, regalos de distintas partes del mundo y, claro, la promesa de volver a verse algún día.

Lejos de lo que cualquiera podría llegar a pensar, Doyoung no estaba triste por la partida de su esposo, ese que nunca fue un hombre detallista, ni caballeroso, mucho menos atento, parecía que su única relación con él era algo carnal, por lo que el saber de su partida no lo habría destrozado tanto si tan solo no se hubiera enterado por alguien más.

Aún recuerda bien como fue, como pasaron los días y como su angustía creció hasta que el almirante Kim apareció en su casa, ni siquiera para darle la noticia de parte de su esposo o entregarle alguna explicación si no para comentarle que por el momento se encontraba perdido en acción. Doyoung no lo entendió muy bien, no sabía absolutamente nada sobre conflictos armados, la marina o la guerra, eso hasta que las dichosas cartas comenzaron a llegar, cartas donde su esposo le explicaba más o menos lo que pasaba en su vida, nunca le preguntaba a el que tal estaba pero aún con eso siempre trato de responder, incluso si el parecía ignorar dichas respuestas.

A veces, en la soledad de su casa, le gustaba pensar que Jaehyun estaba ahí. Que aquel silencio no era propio, sino de él. Una elección y no una obligación que le fue impuesta por el ego frágil de un hombre que decía amarlo. Ahora mismo se preguntaba si acaso esa extraña y tétrica fantasía era más tranquilizante que la que había sido su realidad en algún momento, porque el silencio siempre era mejor que los gritos. Jung Jaehyun no era conocido por ser alguien amable; incluso si la verdad era dolorosa, su esposo simplemente asentiría con la cabeza y seguiría con sus cosas. Para Doyoung era un hombre sencillo y honesto; para el resto del mundo era alguien cruel.

Revisó su teléfono por quinta vez en el día. Johnny, su vecino de enfrente, le mandó un mensaje a eso de las cinco y media:

“Acabamos de llegar, me pidió que te avisara que ya va para allá.”

Ya eran pasadas las seis en aquel momento. Ni siquiera sabía por qué limpiaba con tanto esmero. ¿Para quién? ¿Para él? ese del cual justo ahora veía su silueta en el ocaso de otoño que entraba por su ventana, que se acercaba a pasos lentos, pausados, como si no quisiera llegar realmente, era entonces que en su cabeza aquella duda aparecía de nuevo, ¿por que te fuiste así?

No hubo más que una sonrisa. Esa que siempre le terminaba recordando por qué amaba a Jung Jaehyun. Porque encontraba la satisfacción en cada palabra dicha al aire por él, cada queja, cada insulto. Para otro podría ser degradación, pero él lo sentía como una caricia.

Sus manos se apretaron sobre sus hombros, tratando de alejarse lentamente. Y aunque nadie dijo nada, ambos sabían por qué lo hacía. El sonido de su tono de llamada resonó en la habitación. Doyoung chequeó: el nombre “JOHNHY” con letras mayúsculas yacía en la pantalla.

Había conocido a Young Ho el día en que su esposo se había marchado. La vida era demasiado dura para que alguien como él la enfrentara por sí solo, alguien que ante el más mínimo atisbo de nostalgia se derrumbaba completamente. Por eso no fue sorpresa lo rápido que se encariñaron el uno con el otro, y a pesar de que Young Ho (o Johnny, como le dijo que prefería que lo llamaran) también era marino, no podía ser más diferente a Jaehyun, porque, por lo menos, él había vuelto más de una vez a sus brazos. No mentiría, sabía muy bien que lo que hacía estaba mal, jugando con el sentir de alguien tan amable pero con el anhelo de que aquel hombre que tanto amó volviera, por eso, cuando Johnny le dio la noticia de que ahora estaba en el mismo pelotón que su marido, y que este había insistido en visitarlo, los nervios comenzarón a carcomerlo vivo.

—Johnny dijo que querías ir a la playa. —La voz de Jaehyun, vaga, como si no importara realmente lo que estaba diciendo, salió espesa desde su garganta, como un líquido parecido a la miel, difícil de tragar para Doyoung, que al buscar su mirada se encontraba con los ojos dispersos de su esposo, como si aquella foto enmarcada de cuando Doyoung por fin se había recibido de la preparatoria después de innumerables súplicas a sus veinte años fuera, al fin, lo que de verdad importaba.

Sí, claro. Una fachada nada más de su verdadera intención: controlar, supervisar, dominar. Las tres cosas que se repetían en la mente de Jaehyun como un mantra.

Doyoung lo notó la primera vez que lo vio. Aún recuerda cómo era Jaehyun cuando se conocieron: su rostro estaba mucho más limpio, las cicatrices de la guerra eran apenas visibles en un rostro joven y guapo como el de su marido, igual a la casa cuando la compraron. Si lo pensaba, la casa y él eran bastante parecidos. Al inicio sus colores eran vivos y sus silencios placenteros. Sus blancas paredes, que con el pasar del tiempo fueron manchadas por la humedad, se deterioraron casi tanto como aquel corazón que sabe nunca había sido capaz de amarlo. Ojalá su vida siguiera siendo de esa manera. ¿Un engaño? Tal vez, pero uno que se sintiera bien, Jaehyun siempre lo regañaba por pensar así, para el no había nada más valioso que la verdad, decía que la verdad te permite vivir en paz. Suponía entonces no ser merecedor de dicha paz a los ojos de su esposo, pues prefirió dejarlo morir en la incertidumbre

Doyoung respondió con un "mhm" sin darle mucha importancia. Abrió la vieja y chirriante puerta, ayudándolo con sus cosas.

—¿Hablas mucho con él?

lo miró confundido mientras iba a la cocina. Sus manos tocaron sin miedo la cafetera. Ya estaba algo fría. No le quedó de otra más que servir un vaso con agua, a sabiendas del obvio disgusto que le tenía a la misma. Si bien su marido era alguien simple, nunca le gustaron las cosas así, sin sabor, sin olor; lo desesperaban un poco. Él prefería lo amargo, lo picante, algo que lo hiciera batallar. Tal vez por eso había preferido a la guerra antes que a él.

—Con Johnny —dijo, sacándolo de su ensoñación, Doyoung frunció el ceño, ya era raro que Jaehyun quisiera verlo, que fuera era como un sueño hecho realidad pero que mencionara tanto a Johnny pasaba a hacerlo una pesadilla, una sospechosa y tetrica pesadilla de la cual, él ,ahora aún más nervioso, quería despertar.

—No, yo... —Su teléfono vibró en su bolsillo. Una idea vaga de quién podría ser cruzó su mente, por lo que acto seguido solo pudo decir—: Voy al baño.

“¿Por qué no contestas?”

“¿Estás con él, no es así?”

“Yo sí te amo, ¿lo sabes, verdad?”

Un suspiro abandonó los labios de Doyoung al haberse deshecho de aquellos mensajes, sin percatarse de aquel que lo observaba a sus espaldas. Instantáneamente guardó el celular en su bolsillo tratando de salir del baño, siendo aprisionado por el cuerpo ajeno, quien lo tomó de los hombros empujándolo contra la pared, golpeando con fuerza su espalda, sacándole un poco el aire.

—¿Así que esto es lo que haces ahora? ¿Te metes con cualquier imbécil? —rió con sorna mientras volvía a azotar su cuerpo contra la blanca superficie tras de él—. Cuando tú y yo éramos únicos...

—Ah, sí, ¿únicos? ¿Y también fuimos únicos cuando te fuiste —sus ojos llenos de rabia contenida apuntaban inquisidoramente a su esposo, ahora todo estaba claro, la unica razón por la que quiso verlo, por la que quiso supervisarlo más bien, fue porque Johnny dijo su nombre. Conocía perfectamente a su vecino, el jamás diría algo fuera de lugar, seguro bastó con que le preguntara si es que era Jung Jaehyun el esposo de Kim Doyoung como para que la retorcidamente de su marido lo distorcionara, y para su muy mala suerte, esta vez tuvo razón—, cuando tú me abandonaste?

—Jamás te abandoné, seguimos casados —repuso Jaehyun con voz firme, parecida a la que usaba con sus tropas, haciendo incapie en la ultima palabra —. Tuve que irme, pero…

Doyoung lo interrumpió:

—¿Sin despedirte? ¿Sin siquiera dar una señal de vida? —Lo miró estupefacto. Se habían conocido desde hace diez años en los que jamás hubo ni un solo grito. No importaba qué hiciera ni cuán dura fuera la pelea, él jamás le gritaría. Su mente, aún perpleja, apenas pudo comprender aquel desborde de emociones del cual estaba siendo testigo—. Yo jamás quise esto, pero tú desapareciste primero. —El aire salió de su pecho. Sus manos temblaron sutilmente, pero —y en un cambio de aire extraño— se apretaron con fuerza alrededor de su teléfono—. Algo tan vil yo solo pude aprenderlo de ti.

Fueron segundos para que Jaehyun caminara al sofá sin emitir ni el más mínimo de los sonidos.

—Vete.

—Ese imbécil no es mejor que yo —lo tomó por el antebrazo tratando de apegarlo a su cuerpo—, y sabes bien que tú tampoco lo eres.

Como pudo logró zafarse de su agarre. No sabe de dónde sacó la fuerza, tanto física como mental, para empujarlo lejos de él, sintiendo ese gran vacío que hace mucho no sentía, ese del que, en un tiempo en el que, irónicamente, no conocía el verdadero miedo, se refugiaba directamente en los brazos de él, de su amor. Ese el cual, justo en aquel momento, lo mira con sus ojos sin vida provocando sus lágrimas, que comenzaron a salir sin cuidado. No eran el recordatorio de los años que habían compartido, de todas las veces que se habían reído, de las veces que hicieron el amor en aquella cama que hace mucho era demasiado grande para uno solo; más bien eran la prueba del hombre con el cual se había casado, ese por el que hoy mismo no sentía más que odio.

Limpiando sus ojos con el poco coraje que había nacido de dentro suyo, tomó su cartera, su abrigo y, sin cuidado del ruido que pudiera producir, salió por aquella puerta que parecía no haberse usado en años.

Alejándose del que fue su hogar, del que fue su amor, de aquel que ahora yacía solo en aquel lúgubre lugar, aferrándose al recuerdo de su dulce pequeño de ojos oscuros y cabello negro.

Para Doyoung, el recuerdo de Jaehyun terminó de morir ese día junto con la esperanza de alguna vez saber la verdad, de saber por que lo abandonó, que le faltó para ser suficiente y que su esposo se quedara junto a el. Para Jaehyun, Doyoung siempre viviria en el susurro de las que alguna vez fueron sus palabras:

“Siempre estaré a tu lado”.