Personalizar legibilidad
Aa

AMANTE

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Una omega casada no debería de buscar consuelo en los brazos de otro alfa, pero él es su perdición. Todo comienza con una propuesta, una que nadie podría rechazar. —Si mi esposo me es infiel, ¿Por qué yo no puedo aceptar que su jefe sea mi amante?

Genero:
Romance
Autor/a:
SnowPolar_
Estado:
hace un mes
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo1

Capítulo 1:

____________________________


Raffaele Lombardi odiaba las bodas. Las odiaba con la misma intensidad con la que odiaba las mentiras ‘bonitas’, las sonrisas falsas y a los hombres débiles que fingían amar a sus parejas, que claramente no merecían.


Por todas esas razones, que, si bien podrían parecer absurdas, se encontraba de mal humor en la Toscana.


La finca donde se celebraría la ceremonia pertenecía a la familia Moreau. Una familia extranjera que no decidía realmente en Italia, pero que había entregado ese lugar apartado a uno de los hijos inútiles de la familia para mantenerlo alejado de las acciones importantes.


El lugar era demasiado ostentoso. Mármol por todos lados, flores llamativas, decoraciones excesivas. Las personas alrededor fingían una falsa felicidad mientras sostenían copas de champagne.


Todo ridículamente calculado.


—Recuerda sonreír al menos una vez— murmuró Salvatore mientras sonreía a las personas que los veían y saludaban.


Raffaele le lanzó una mirada fría. Estaba más que claro que odiaba estar en ese lugar.


—Preferiría morir ahora mismo antes que permanecer un solo segundo más aquí.


Salvatore soltó una risa baja, completamente divertida.


—Es la boda de uno de tus empleados, no un funeral. Alegra esa cara.


Detrás de ambos se encontraba Gabriele Bellini, el secretario — un omega— de Raffaele. Caminaba detrás suyo mientras revisaba mensajes o aparentaba hacerlo, ya que se reía de la conversación de su jefe con su amigo.


El enorme hombre de cabellos oscuros ignoró a ambos, mientras avanzaba entre los invitados que apartaban la vista en cuanto él los observaba. Era lo más normal, algo cotidiano. Su presencia siempre alteraba los lugares a donde iba.


Casi dos metros de altura, traje oscuro perfectamente ajustado a su cuerpo, tatuajes asomándose apenas por una de sus mangas, esa mirada azulada capaz de helar una habitación entera. Era un hombre imponente, demasiado para cualquier otro hombre o mujer —ya fuera omega, alfa o beta— del lugar.


No necesitaba decir una sola palabra para conseguir intimidar.


Florian Moreau apareció casi inmediatamente frente a él, sonriendo. Siempre demasiado sonriente para gusto de Raffaele.


—Signore Lombardi. Gracias por venir— soltó con esa sonrisa falsa tan evidente para cualquiera.


Raffaele estrechó la mano de aquel alfa por unos cuantos segundos. Incluso le parecía absurdo la cordialidad con la que le hablaba pese a que se notaba que no le agradaba en absoluto.


—Me obligó mi secretario. Sabe muy bien que estoy aquí para cumplir con la etiqueta. Nada más. — fue directo, demasiado brusco.


Florian soltó una risa nerviosa. No podía responder como quería a su jefe, no cuando dependía de mantener un trabajo estable para que su familia confiara en él y así poder volver a París.


—Aun así, es un honor tenerlo aquí.


Raffaele observó el lugar mientras los músicos comenzaban a tomar sus puestos. No lo llamaría interés, pero aún así busco a la pareja de aquel alfa. Se esperaba una omega absurdamente ostentosa, ridícula como aquel alfa frente a él.


—¿Dónde está la novia? — preguntó, más como una formalidad.


Esperaba saludarlos rápido para poder huir de aquel lugar cuanto antes.


—Debe estar terminando de prepararse— soltó con una sonrisa falsa, una que no gustó nada a Raffaele— está nerviosa. Ya sabe cómo son los omegas. Debe estar hermosa para mí.


Se notaba el rechazo hacia su pareja. No por la frase, sino por la forma tan extraña en la que hablaba, como si hablara más de un objeto valioso y no de su futura pareja de por vida.


No comento nada más. Solo tomó una copa y permaneció de pie cerca del jardín donde se realizaría la ceremonia, ignorando conversaciones ajenas mientras los invitados se acercaban para tomar asiento.


Estaba claro que él no quería estar ahí.


Los minutos pasaron y el mismo se obligó a tomar asiento.


La música comenzó a llenar el espacio y al girarse para ver quién sería la desdichada esposa, todo pareció detenerse.


El mundo, que hasta entonces conocía Raffaele, se detuvo, incluso la música dejó de sonar. En ese momento sintió como si nada en el mundo tuviese más importancia que la omega que caminaba con pasos cortos por aquel pasillo improvisado.


Valeria Castro Velasco apareció al final del pasillo acompañada por la música clásica y el viento suave de la toscana que agitaba con suavidad sus cabellos rizados con una gracia casi angelical y única. Llevaba un vestido hermoso, demasiado pesado por lo que notaba por su expresión y el esfuerzo al dar cada paso, el cabello suelto y un ramo de lirios blancos que no parecían ser de su gusto.


No se trataba de un omega exuberante, no era escandalosamente sensual, ni sonreía demasiado. Había algo peligroso.


No sabía si era la forma en que intentaba aparentar tranquilidad mientras sus manos temblaban sobre el ramo. Tal vez sus enormes ojos marrones observando a todos como si quisiera desaparecer o tal vez esa tristeza que parecía esconder bajo una sonrisa forzada.


Raffaele lo reconoció al momento, reconocía la tristeza en cuanto la veía y esa omega caminaba hacía el altar con el corazón roto incluso antes de casarse.


—No me jodas…— murmuró Salvatore al notar la expresión en el rostro de su amigo.


La mandíbula de Raffaele estaba tensa. Sus puños apretados sobre sus piernas. No parecía muy contento de ver a aquella omega caminar hacia aquel alfa,


No apartó la mirada de la omega y cuando la desafortunada miró en su dirección, tan solo por un segundo, sintió un golpe en el pecho como un disparo.


Durante toda la ceremonia, Raffaele no apartó la mirada ni un solo segundo. Notaba la respiración inestable de la omega, sus hombros rígidos, la inseguridad escondida bajo esa máscara de falsa tranquilidad.


También miro a Florian, el novio que ni siquiera parecía prestar atención a la omega. Se limitaba a hacer el idiota con sus amigos a pesar de que se encontraba en plena ceremonia, una clara falta de respeto hacia la pobre mujer que ahora juraba amor eterno.


Raffaele sintió un desprecio inmediato. Algo oscuro comenzó a moverse dentro de él, porque ningún hombre en su sano juicio haría aquello si realmente amara a su pareja.


Lo siguiente fueron las promesas, los aplausos, los anillos.


El alfa no prestó atención en absoluto. Solo la observaba a ella. Cuanto más lo miraba, más enferma se volvía aquella sensación dentro de su pecho.


La ceremonia finalizó y entonces pudo haberse marchado, pero se quedó.


Esperaba poder hablar con ella. Conocer su nombre.


Por suerte o por órdenes del destino, no tardó mucho en ser presentado. Floria llegó hasta él finalmente junto a la joven omega.


—Signore Lombardi— dijo orgulloso— ella es mi mujer, Valeria Castro.


“Mi mujer” repitió el alfa en su cabeza. La palabra le desagrado al momento, como si Florian no mereciera llamar así a aquella mujer que sujetaba su brazo.


Valeria levantó lentamente la mirada y eso fue aún peor. Tener a la omega de cerca solo le hizo darse cuenta de lo hermosamente peligrosa que era. No era perfecta, no era artificial. Era una omega real, como esas de los que ya no se veían. Curvas naturales, sin retoques innecesarios que la hicieran parecer como esas mujeres y hombres artificiales que se veían ahora en todas partes.


Raffaele se maldijo internamente, porque el odiaba las cosas reales. Eran las únicas capaces de romper a las personas, porque lo auténtico era lo más complicado de obtener y por lo tanto lo más doloroso de perder.


—Es un placer— dijo con un tono demasiado suave para su propio gusto.


La joven omega evitaba el contacto visual prolongado con él, mientras que Florian colocaba una mano sobre su cintura y lo pegaba contra él. Valeria se tensaba ante el roce del que ahora era su esposo y eso no pasó desapercibido para el alfa que no podía apartar la vista de cada uno de sus movimientos.


—Felicidades— dijo finalmente.


La voz grave del alfa de ojos helados hizo que Valeria levantara la mirada de nuevo. Ahí ocurrió, ese fue el momento exacto en el que la cordura del alfa se arruinó por completo.


“Esta omega debe ser mía” se dijo mientras mantenía la vista en aquellos ojos. El pensamiento apareció tan rápido y brutal que incluso él se disgustó consigo mismo, porque jamás había pensado robar algo.


Florian siguió hablando de algún negocio que en ese momento poco le importaba.


Raffaele se limitó a grabar en su mente la forma en que la omega jugueteaba nerviosamente con su vestido. El cómo intentaba verse tranquila, como parecía tan fuera del lugar rodeado de personas tan falsas.


—Creo que mi mujercita desearía estar escondida en casa antes que en una fiesta como esta— soltó en un tono burlesco— Siempre ha sido una rata de biblioteca.


Valeria bajo la mirada. Claramente Florian le había llamado “rata” no ratón como debía de ser con la clara intención de ofenderla, de burlarse de ella.


Raffaele sintió ira al oírlo, porque ese alfa acababa de humillar a su pareja disfrazándolo de broma y la pobre omega, que aprecia tan acostumbrada a aquellos tratos, ni siquiera reaccionó.


La copa del Raffaele fue colocada sobre una bandeja sobre una de las mesas, solo para después mirar directamente a Florian a los ojos. Sus ojos azules fríos se toparon con aquella verdosa.


—Creo que debería de aprender que cosas no deben decirse sobre su esposa frente a otros hombres. Como por ejemplo no ofenderla o burlarse.


El silencio se instaló entre ellos. El ambiente se tensó y Florian sonrió incómodo.


Valeria abrió los ojos y se sorprendió mientras que el alfa frente a ellos la veía por unos segundos más. Era una mirada diferente, hipnótica.


Fue en ese momento que Raffaele comprendió algo que se negaba a aceptar. No quería irse, quería quedarse, quería seguir mirándola, escucharla, descubrir porque parecía tan deprimida el día que se supone que debía sacarle una sonrisa. La quería proteger, la quería suya.


Continuará…

Siento la redacción y las faltas ortográficas.

¡Cuéntale a SnowPolar_ lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

3

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

1

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

1

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

1

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

1

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

La favorita de la profesora

Jud: Historia corta con buen desarrollo y ritmo

Leer ahora
Dame Una Oportunidad ~ kookmin

Ana: Me gustó,al principio llore,mil gracias por la historia

Leer ahora
Amor en cláusulas.

Elena: Me s gustado todo

Leer ahora
Odio a mi jefa

Majo Me: Excelente, me enganchó tanto la historia que la terminé en un día. Y la volvería a leer. Cada personaje te deja atrapada, a veces me perdí de la perspectiva del personaje que me tenía que devolver. Jajaja del resto muy bien

Leer ahora
Vuelve a mi

Hildaaaa: Me ha gustado mucho pero creo que se necesitaban más contexto o como capítulos del pasado.

Leer ahora
Lo Que Nos Separó

jarriagada2501: Me gusta esta historia, es muy triste lo que le hicieron a mi Jikook de separarlos . Pero el amor siempre vence. Y con 2 hermosos . Ojalá su amor en la vida real sea para siempre. Y love Jikook

Leer ahora
Mi hermosa pesadilla

Diana Rodríguez Hernández: Me gusta mucho la historia

Leer ahora
Marido y mujer, ¡solo en papel!

Claudia: Hgytvbggghhhhhh Hu yhhhhhhyh

Leer ahora
Noah Clark

Arwen: Me encanta esta historia, definitivamente puedes ir de lo más Taboo y prohibido ,hasta lo más romántico y dulce, está novela difiere mucho de las historias tuyas que he leído y me encanta.

Leer ahora