Capítulo 1
KIKA
—kika estas lista -es lo que me dijo mi representante.
— que si estoy lista?.
Respondí de una manera nerviosa.
Si ,eso dije -me miró con una sonrisa burlona, porque ya sabe lo nerviosa que estoy.
-Nooo- dije en un tono sarcástico pero con una pizca de humor- solo estoy nerviosa. Me sudan las manos,me tiemblan las piernas porque debería...
-ya, tranquila,se que tus nervios están a flor de piel ,pero no es nada del otro mundo .....
— Qué no es nada!!- dije en un tono dramático – sabes a dónde voy ?¿sabes a quienes conoceré?.
-obvió sí , lo sé porque yo soy el que se encarga de esto .....pero vamos no es que te vas a morir o te quedarás paralizada al llegar y ver a todos ¿o si?
—puede ser...
Susurré bajito,más para mí, que para él.
-ok ,mira –me hizo verlo directamente a la cara -se que es un sueño que llevas teniendo durante mucho tiempo ,y que ahora se está convirtiendo en una realidad,una realidad muy buena ....talvez no todo saldrá perfecto ,porque no somos perfectos,ni tu ,ni yo ,ni a las personas que estas a punto de conocer ¿vale? .
Me lo dijo cómo amigo más que cómo un representante estricto en su trabajo .
Mi vida siempre ha sido de disfrutar minuto a minuto los momentos ,me caracterizan por ser alegre ,llena de luz y en pocas palabras soy la sal que le da sabor a la comida.
Talvez este mal que lo diga pero me lo dicen a diario y eso me levanta mi ego y me insita ser así,muy pero muy amorosa con todos,doy mi amistad sin reservas ...y esto es un nuevo reto para mí, porque no lo grito a veces pero ay a alguien en especial que quiero conocer...y estoy muy nerviosa de no agradarles a mis nuevas compañeras o a ella...
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KIKA
Ay, Dios… estoy muy, pero muy nerviosa.
Estoy frente a la entrada de la Ciudad Deportiva y, joder, no sé qué hacer.
Estoy completamente paralizada; siento que mis piernas dejaron de funcionar.
Solté una pequeña risa nerviosa.
—Bueno… que pase lo que tenga que pasar.
Me dije a mí misma antes de cerrar los ojos y entrar—. Aquí vamos.
Lo más “normal” que hice fue la sesión de fotos para redes y oficializar aún más mi fichaje al Barça. Después de pasar tanto tiempo en Benfica, no era algo del otro mundo: papeleo, firmas con el presidente y sonreír a la cámara… algo que se me da bastante bien.
—¿Kika, cierto? —preguntó una persona del cuerpo técnico.
—Sí, soy yo —respondí con una sonrisa nerviosa.
—Es hora de presentarte a tus nuevas compañeras.
Asentí rápidamente mientras intentaba que mi corazón dejara de latir tan fuerte.
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—Bueno chicas… ella es Kika —dijo una de las personas del cuerpo técnico mientras abría la puerta del gimnasio.
Sentí literalmente todas las miradas encima mío.
Dios, tierra trágame ahora mismo.
—Hola… —dije levantando la mano torpemente mientras intentaba sonreír.
—Mírala, está más nerviosa que antes de una final —soltó Mapi entre risas.
Varias comenzaron a reír suavemente y yo solo negué con la cabeza.
—No estoy nerviosa —mentí descaradamente.
Patri arqueó una ceja.
—Claro… y yo soy portera.
Las dos soltaron una carcajada y, sorprendentemente, eso me relajó un poco.
—Ven, te enseñamos dónde dejar tus cosas —dijo Patri acercándose.
Asentí rápido… demasiado rápido.
Di media vuelta y abrí una puerta equivocada.
Silencio.
—Eh… ese es el almacén —dijo alguien al fondo intentando no reírse.
—Perfecto, empezamos bien —murmuré tapándome la cara.
Las risas ahora fueron más fuertes, aunque no se sentían malas… solo genuinas.
—Me cae bien la nueva —dijo Ingrid divertida.
—Es caótica, pero en plan tierno —añadió Mapi.
—Lo escuché —protesté mientras caminaba hacia ellas.
—Y eso que llevas aquí treinta segundos —dijo Patri riéndose.
Negué con la cabeza intentando defenderme, pero en ese momento choqué accidentalmente con una botella y casi la tiré al suelo.
—¡Uy, uy, uy! —gritó Mapi exagerando el drama mientras atrapaba la botella antes de que cayera.
Me quedé congelada unos segundos.
—¿Podemos fingir que eso no pasó?
—No —respondieron varias al mismo tiempo entre risas.
Y por primera vez desde que llegué… sentí que quizá sí podía encajar allí.
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—Vale, oficialmente ya podemos confirmar que la nueva sobrevivió sus primeros diez minutos —dijo Mapi mientras dejaba una toalla sobre su hombro.
—De milagro —añadió Patri—. Casi nos desmonta el gimnasio tirando una botella.
—¡Fue un accidente! —protesté riéndome.
—Claro, tía, claro —respondió Mapi con una sonrisa burlona.
Las demás soltaron pequeñas risas y, poco a poco, la tensión que tenía en el pecho empezó a desaparecer.
Patri se sentó a mi lado en una de las bancas.
—No te rayes tanto, en serio. El primer día todas estamos hechas un lío.
—¿Tú también? —pregunté sorprendida.
Mapi soltó una carcajada.
—Patri el primer entrenamiento casi se pone las botas cambiadas.
—¡MAPIII! —gritó Patri tapándose la cara.
Yo no pude evitar reírme fuerte.
—Eso jamás pasó.
—Pasó —respondieron varias al mismo tiempo.
Sentí cómo el ambiente se volvía mucho más ligero.
—La verdad… pensé que estaría más nerviosa estando aquí —admití mientras jugaba con las mangas de la sudadera—. Pero vosotras hacéis que sea más fácil.
Mapi me miró levantando una ceja.
—Uy, Patri, la nueva ya nos está intentando conquistar emocionalmente.
—No hagas caso, es idiota —dijo Patri empujándola suavemente.
—Eh, la portuguesa tiene buena vibra —comentó Ingrid desde una bicicleta estática—. Es divertida.
—Y habla muchísimo —añadió Mapi.
—Perdón…
—No, no, eso está bien —dijo Patri sonriendo—. Aquí hace falta gente caótica. Mapi sola ya no daba abasto.
—Oye.
Las risas volvieron a llenar el gimnasio.
Por primera vez desde que había llegado a Barcelona, dejé de sentirme “la nueva”.
Y quizá Patri y Mapi no lo sabían todavía… pero estaban haciendo que todo fuese mucho más fácil para mí.
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Las risas seguían llenando el gimnasio mientras Patri y Mapi discutían por quién había hecho más el ridículo en su primer día.
Y por primera vez desde que llegué a Barcelona… me sentía tranquila.
Tal vez sí podía encajar allí.
Me levanté para ir por una botella de agua cuando escuché cómo la puerta del gimnasio se abría detrás de mí.
No le di mucha importancia hasta que el ambiente cambió un poco.
Como si automáticamente todas hubieran notado quién acababa de entrar.
—Ey, capi —saludó alguien.
Mi corazón se detuvo.
No.
No podía ser ella.
Giré lentamente… y ahí estaba.
Alexia Putellas.
La reina.
La mejor jugadora del mundo.
Sentí cómo literalmente mi cerebro dejaba de funcionar mientras ella caminaba tranquilamente hacia donde yo estaba.
Dios mío.
Intenté actuar normal. Lo juro.
Pero lo único que conseguí fue quedarme completamente inmóvil con la botella todavía en la mano.
Alexia se detuvo frente a mí y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Hola… Kika Nazareth, ¿cierto?
Y ahí murió Kika.