Capítulo 1
La nueva casa era grande, silenciosa y demasiado fría para un muchacho de apenas dieciséis años
Park Jimin había aprendido a caminar por aquellos pasillos sin hacer ruido, como si su propia existencia tuviera que permanecer escondida. Había dejado atrás la enorme mansión de su familia, aquella residencia perteneciente a una de las familias más poderosas y respetadas de la ciudad
Una familia que tenía dinero, apellido, prestigio y poder. Pero que nunca había sabido darle paz
Jimin se había marchado porque aquella casa ya no era su hogar, las paredes que alguna vez habían representado seguridad se habían convertido en una prisión. Las voces de sus padres, los comentarios de sus familiares y las miradas de desprecio habían terminado por hacerle comprender que, para ellos, él no era un hijo que necesitaba amor
Era un problema que debía corregirse
Hacía un año había cometido, según ellos, el peor pecado de su vida, se había enamorado y no de cualquiera, se había entregado en cuerpo y alma al hombre que amaba, Jeon Jungkook
Jungkook era un empleado de su padre
Un hombre que, para la familia Park, jamás habría debido levantar los ojos hacia su hijo, pero el amor no había preguntado por apellidos, dinero ni posiciones sociales. Jimin había amado a Jungkook con la inocencia de alguien que todavía creía que el amor podía vencerlo todo
Hasta que sus padres descubrieron la relación y entonces todo cambió
La noticia de que Jimin estaba embarazado cayó sobre la familia como una bomba, su madre había llorado, su padre había gritado y sus familiares habían hablado de vergüenza, deshonra y pecado
Aquello no era el futuro que habían elegido para Park Jimin
Ellos habían imaginado a su hijo vestido con una sotana, siguiendo una vida religiosa, convirtiéndose en sacerdote y llevando el apellido Park con orgullo. No habían imaginado a un muchacho enamorado
Mucho menos a un muchacho que esperaba un hijo del hombre al que ellos consideraban indigno
—¡Te criamos para que fueras alguien importante! —había gritado su padre aquella noche— ¡No para convertirte en una vergüenza!
Jimin jamás olvidaría aquellas palabras, tampoco olvidaría cómo su madre había sido incapaz de abrazarlo, había bajado la mirada hacia el vientre de su hijo y, en lugar de acariciarlo, había retrocedido
Como si aquella pequeña vida fuera una desgracia
Jimin había llorado hasta quedarse sin fuerzas, pero nadie lo había escuchado por eso ahora estaba allí. En una casa nueva lejos de todos, sentado frente a una ventana enorme mientras observaba las luces de la ciudad
Sus manos descansaban sobre su vientre todavía pequeño
—No te preocupes —susurró— Yo voy a cuidarte —una lágrima recorrió su mejilla —Aunque todos estén en contra de nosotros... yo no voy a abandonarte
Jimin cerró los ojos
Lo único que todavía le dolía más que las palabras de su familia era la ausencia de Jungkook. Porque él tampoco estaba allí
Después de que el padre de Jimin descubriera la relación, había despedido a Jungkook inmediatamente. Había utilizado su poder para alejarlo y había dejado claro que, si volvía a acercarse a su hijo, las consecuencias serían mucho peores
Jimin no sabía dónde estaba
No sabía si Jungkook todavía lo amaba, no sabía siquiera si sabía que el bebé seguía creciendo dentro de él pero había una cosa que Jimin sí sabía. No quería regresar
Aquella casa nueva quizá no tenía los lujos de la mansión Park, pero allí nadie le gritaba, nadie le decía que su hijo era una desgracia, nadie le exigía convertirse en alguien que no quería ser. Y, por primera vez, Jimin podía respirar
Se levantó lentamente y caminó hacia una de las habitaciones que había preparado
Era pequeña, pero acogedora, sobre una mesa había algunos juguetes que había comprado en secreto, un pequeño oso de peluche, unas mantas y una fotografía que guardaba cuidadosamente dentro de un cajón
La fotografía de Jungkook, Jimin la sacó y la observó con una sonrisa triste
—Te extraño... —apretó la fotografía contra su pecho —Ojalá estuvieras aquí
Durante unos segundos imaginó cómo sería aquella casa si Jungkook estuviera con él, quizá despertarían juntos, quizá discutirían por cosas pequeñas, quizá Jungkook pondría una mano sobre su vientre y hablaría con el bebé, quizá algún día podrían convertirse en una familia
Jimin sonrió entre lágrimas
Porque, aunque todos hubieran intentado destruir aquel amor, todavía quedaba algo dentro de él que nadie podía quitarle. La esperanza
—Algún día volveremos a encontrarnos —murmuró
No sabía que, mientras él hablaba frente a aquella ventana, en otra parte de la ciudad alguien también sostenía una fotografía
Jungkook y él tampoco había conseguido olvidar, porque algunos amores podían ser prohibidos, podían ser perseguidos, podían ser separados por familias enteras
Pero no podían desaparecer simplemente porque alguien hubiera decidido que jamás debieron existir
(...)
La celda estaba casi a oscuras, su pecado, enamorarse del hijo del hombre más poderoso y con solo dieciocho estaba pagando su amor
Jungkook llevaba horas sentado contra la pared, con la espalda apoyada en el frío concreto y las manos entrelazadas sobre las rodillas. No sabía exactamente cuánto tiempo había pasado desde que lo habían detenido
En aquel lugar, el tiempo parecía haberse detenido
Solo podía escuchar el sonido ocasional de unas puertas metálicas cerrándose, los pasos de los guardias recorriendo el pasillo y alguna voz lejana que se perdía entre aquellas paredes
Hacía apenas unos días tenía un empleo, tenía una vida y tenía a Jimin. Ahora no tenía nada o eso era lo que todos querían hacerle creer. Jungkook bajó la mirada hacia sus manos
Todavía podía recordar la expresión del padre de Jimin cuando lo había enfrentado
—¿Cómo te atreviste a poner los ojos sobre mi hijo?
Jungkook había intentado explicarse, había intentado decir que no había sido un juego. Que amaba a Jimin, que jamás había querido hacerle daño pero para aquel hombre aquello no importaba
Jungkook era solamente un empleado
Alguien que había cometido la osadía de enamorarse de un Park y por eso lo habían despedido y después detenido. La acusación había sido suficiente para convertirlo en un delincuente ante los ojos de aquella familia
Jungkook cerró los ojos
Lo único que podía pensar era en Jimin, en su sonrisa, en sus ojos, en la manera en que solía tomarle la mano cuando estaban solos. En aquella voz dulce que siempre pronunciaba su nombre como si fuera la palabra más importante del mundo
—Jimin...
Su voz salió rota, metió una mano dentro del bolsillo de su pantalón, había algo allí, algo que había conseguido conservar, una fotografía la sacó cuidadosamente
Era una fotografía de Jimin, no era una imagen elegante ni preparada, era simplemente Jimin sonriendo. Su cabello estaba ligeramente desordenado y tenía esa expresión que Jungkook adoraba
Jungkook la sostuvo entre sus dedos
Por primera vez desde que había llegado a aquella celda, su rostro cambió. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios
—Mírate... —pasó suavemente el pulgar por el borde de la fotografía —Siempre tan hermoso —sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas —Perdóname
Jungkook apretó la fotografía contra su pecho, no sabía que Jimin estaba embarazado. No sabía que, mientras él estaba encerrado allí, el muchacho al que amaba llevaba dentro de sí una pequeña vida
Tampoco sabía que Jimin todavía lo amaba
Jungkook pensaba que quizá su familia había conseguido convencerlo de olvidarlo, quizá Jimin lo odiaba, quizá había decidido continuar con la vida que sus padres habían elegido para él
Aquellos pensamientos eran los que más le dolían. Pero aun así, no podía odiarlo
—Si algún día vuelves a verme... —susurró—, no voy a pedirte que me perdones
Una lágrima cayó sobre la fotografía. Jungkook la limpió inmediatamente con la manga
—Solo quiero que seas feliz —miró nuevamente aquella sonrisa —Aunque no sea conmigo
Durante unos segundos se quedó completamente inmóvil. Después dobló la fotografía con mucho cuidado y la guardó dentro de su camisa, cerca de su corazón
No permitiría que nadie se la quitará, era lo único que le quedaba de Jimin, su recuerdo, su sonrisa, su amor y mientras permanecía sentado en aquella celda, Jungkook hizo una promesa silenciosa
Si algún día lograba salir de allí, buscaría a Jimin
No para reclamarle nada, no para obligarlo a volver, solo para saber que estaba bien
Sin imaginar que, en ese mismo momento, Jimin estaba en una casa desconocida, acariciando su vientre y pensando exactamente lo mismo. Pensando en él, amándolo todavía y esperando, en silencio, el día en que sus caminos volvieran a encontrarse








