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Saqueadoras de Tumbas

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Sinopsis

Esta historia se centra en la protagonista Tabiry, una bruja solitaria que luego de que su aquelarre se convirtió en un ambiente corrupto, hostil y lleno de agujeros decide desertar con la ayuda de su mejor amiga, sabiendo que le costaría la vida. Sin embargo, su paz se le es arrebatada bastante rápido cuando se ve forzada a volver ya que hay un misterio que solo ella puede resolver. Actuando sin el tiempo a favor y tratando de ganar la carrera contra la muerte, tendrá que colaborar con una de las personas que más detesta en el mundo para poder arreglar esto, pero es la única manera. Un último trabajo, a cambio de su libertad.

Genero:
Fantasy
Autor/a:
Helen
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1- Un último trabajo

No importa cuántas veces ella haya ido al río a pescar, siempre se resbalaba en las rocas y caía. Pensaba en eso mientras caminaba de vuelta a casa, el sonido del agua en sus zapatos la había irritado tanto que había terminado sacándoselos.

Tampoco importaba cuántas veces llamara a su casa "casa", jamás se sentiría como propia, jamás se sentiría como un hogar. Solamente un refugio a la espera de ser abandonado como muchos otros.

¿Cuánto tiempo había pasado? Era difícil y esencial saberlo para ella, ¿Quizás unos cuantos siglos? Que merodeaba por la zona, claro, el tiempo en el que se había mudado a su nueva "casa" era mucho menor. Solo sabía que habían ocurrido una cantidad absurda de conflictos en ese tiempo, la historia nunca fue muy llamativa para la suficiente cantidad de personas después de todo. Tampoco vivían lo suficiente para recordarla.

Vió personas queriendo como nunca, amantes siendo separados por el paso del tiempo, pero que incluso en su vida efímera habían conseguido más de lo que muchos conseguían en cientos de años de existencia.

Familias crecer y linajes desvanecer, la gente pasaba y se iba como el correr de las estaciones.

Para ella, a estás alturas, todo había perdido cierta importancia, las cosas pierden el sentido y su significado si nunca tienen un fin. Eso es lo único que le da valor natural a las cosas, el ciclo que no encuentra su inmortalidad en el tiempo, si no, en el efecto que sigue teniendo una vez que muere.

Es por eso que el mundo está plagado de ruinas de imperios que juraban ser inmortales.

Ella paró en seco a tan solo un metro de la puerta, estaba bastante segura que había dejado la puerta cerrada antes de irse. Ella caminó silenciosamente hacia esta, entrando a la casa con ambos zapatos en mano bien agarrados en un puño.

Todo estaba en silencio, su gato durmiendo de manera envidiable en una esquina.

-No te preocupes, no entraron moscas, Tabiry- sonó una voz detrás de ella.

Sus zapatos salieron disparados en dirección a la voz, dándose vuelta con agilidad entrenada. Lista para el ataque.

Hasta que la vió, la habitación se quedó en silencio, excepto por el sonido de su gato protestando por ser despertado.

-¿Abar?- dijo con cautela frunciendo el ceño, mientras tanto ella jugaba con uno de los zapatos que le había arrojado.

-Es bueno volver a verte, creí que sería más difícil encontrarte, pero entre nosotras nunca nos perdemos el rastro, ¿Verdad?- Ella dijo caminando despacio por la habitación, con esa calma desesperante.

Ella dejó salir una pequeña risa sin una pizca de humor.

-No puedo decir que es un gusto verte- ella dijo casi en un susurro, pero sabía que la escuchó.

Abar caminó hasta una esquina y acarició una de sus plantas.

-¿No tomas mucho cuidado de ellas, verdad?- dijo en tono aburrido.

Tabiry dejó salir un suspiro largo, era impresionante el dolor de cabeza que le provocaba este tipo de charlas.

-Creo que podemos ahorrarnos esta parte, ¿No te parece?- Abar la miró con seriedad, con esos ojos verdes intensos, casi intoxicantes.

-No es mi intención irrumpir en tu...paz, sabes que nunca lo ha sido- Tabiry no pudo evitar alzar una ceja.

-¿Paz? Eso es mucho más de lo que yo jamás podría aspirar a tener, no contigo aquí- ella inmediatamente dejó salir un bufido después de decir eso-, no con el aquelarre reacio en dejarme en paz.

Abar frunció el ceño y suspiró- Irónico, considerando toda la protección que ese mismo aquelarre te proporcionó durante tantos años.

-Es triste que protección y paz sean cosas distintas, ¿No es así?

-Tu eres muy inteligente, Tabiry- dijo, está vez, usando un tono más autoritario, la clase de tono que ella usaba cuando comandaba, la clase de tono que las madres usaban cuando se estaban quedando sin paciencia-, Siempre supiste cómo funcionan las cosas, te acoplas a las reglas con disciplina por puro instinto ya, y eso no ha cambiado, ni siquiera ahora que te has alejado.

Tabiry guardó silencio, simplemente mirándola, simplemente viendo como el sol hacía brillar esas extensas cicatrices por quemaduras que adornaban su brazo derecho y trepaban como una enredadera hasta su mandíbula.

Ella se frotó el puente de la nariz y sin siquiera mirarla volvió a hablar.

-Dime ya qué quieres- dijo casi en un murmuro. Pudo sentir desde donde estaba que los hombros de Abar se destensaron levemente, solo levemente.

-Vine a lo que temías- dijo de nuevo con esa calma exasperante.

-Eso ya lo sabía- contestó en un tono más alto-, pregunté qué querías, no a qué venías, ¿Porque quieres llevarme de vuelta?

-Vas a odiarme por esto, pero, no se trata de lo que quiero- dijo en un tono muy inusualmente bajo-, Pero no puedo decirte ahora porque no vendrás si lo hago.

Tabiry se la quedó mirando y la miró resignada, ni siquiera tenía la energía para enojarse.

-No viniste sola ¿No es así?- dijo silenciosamente-, están aquí ellas también.

Abar simplemente llevó sus manos detrás de su espalda.

-Preferiría no usar la fuerza- dijo en tono no amenazante, pero sabía que de hecho, era más que una amenaza.

Ella podía luchar, tenía el poder y la fuerza para hacerlo. Pero era más difícil que solo eso, pues a pesar de todo el tiempo que había pasado, todo el disgusto que había juntado, ella jamás se había podido desentenderse por completo de su aquelarre, y la realidad es que eso era algo que solo podría soñar con hacer. No termino de cultivar nunca la semilla del odio.

No lucharía contra su propia gente, no contra ella, una parte de ella quería reírse porque sabía que ellas también contaban con eso.

-Es decepcionante, por un momento creí que solo querías hablar o darme un sermón de cómo las brujas deben permanecer unidas.

-Tabiry- dijo firme, como última advertencia.

Tabiry levantó los brazos en señal de rendición.

-Está bien.

Abar la miró de pies a cabeza por una última vez y suspiró.

-Puedes llevar al gato contigo si quieres.

Las personas que se quedaban estancadas en el tiempo cambiaban mucho más lento que una persona regular, ella lo había visto en incontables ocasiones. Las brujas en particular, no eran inmortales como se creía, pero seguro que vivían más tiempo que la media, y en ciertos casos, vivían cientos de años, pero el carácter de una bruja era bastante más difícil de cambiar sin importar cuanto tiempo pasara.

A veces llegaba por sorpresa ese "don" de la longevidad, pero la mayoría de veces tenía más que ver con ciertas familias. Ella venía de un linaje de brujas muy solemnes y conectadas con los ancestros, la tierra y la vida en general, brujas de las que no se tenía registro de cuánto habían vivido realmente por lo largas que fueron sus vidas, y ella después de todo no fue la excepción.

Un aquelarre no era algo de lo que se podía escapar, mucho menos se podía huir del hecho de haber nacido una bruja. Era por esos dos motivos por los cuales Abar, su antigua mentora, había atravesado un océano para traerla arrastrando de nuevo al aquelarre, por el que había pasado demasiado tiempo oculta sin haber pagado ningún precio por hacerlo...o bueno, exepto por un detalle.

La bienvenida fue de lo más desagradable posible, ya que después de llevarse a su gato en brazos le pusieron una bolsa en la cabeza y no recuerda cómo llegó a la habitación en la que ahora se encontraba. Ahora sabía que, desgraciadamente estaba en un barco, pero no estaba atada a la silla en la que se encontraba, sin embargo lo último que le apetecía era nadar hacia su libertad.

Así que una vez más, le toca soportar las circunstancias.

De repente la puerta se abrió, era nuevamente Abar y otra bruja muy antigua ya, Veda, a la que nunca le cayó en mucha simpatía. Veda se sentó delante de ella y Abar se quedó apoyada contra la pared.

-Lindo verte, Veda- dijo Tabiry en un tono suave pero muy bajo como para ser realmente genuino.

-Antes que nada- dijo Veda en su usual tono severo-, te haré saber que estamos en un barco de unos comerciantes que no están muy al tanto de qué estamos aquí, así que no hagas ningún escándalo, niña.

Tabiry suspiró, era algo desconcertante ser llamada "niña" cuando tenía un poco más de cien años de existencia.

-¿No vinieron en el barco del aquelarre?

-No nos tomaríamos esa molestia por ti, querida.

Tabiry solo se la quedó viendo y subió a su gato en su falda. Abar aclaró su garganta antes de hablar.

-Muy bien, ahora que estamos aquí podemos hablar mejor de porque te trajimos.

-Diría que más bien me secuestraron, dado que estoy aquí en contra de mi voluntad.

-Sin embargo entenderás la necesidad absoluta de que vinieras con nosotras- dijo Abar.

-Por razones que aún estoy ansiosa de saber- Dijo Tabiry ahora con un poco menos de paciencia. Veda río con esa risa espeluznante de ella.

-Siempre tan a disposición y tan entusiasta- dijo Veda entretenida-, Me recuerda a viejos tiempos...¿crees que algo de ese buen rendimiento siga ahí?

-En lo absoluto- respondió Tabiry y le regaló una sonrisa sarcástica-, pero todas estamos acostumbradas a trabajar en circunstancias desfavorables.

Veda dejó salir otra risita.

-Las brujas de ahora son más diplomáticas, son más suaves..- dijo Veda detenidamente-, sin embargo, yo mencioné que estaría encantada de mostrarte lo que le hacíamos a las desertoras en mis tiempos..

-¿En tus tiempos de gloria?- preguntó Tabiry con sarcasmo amargo-, no dudo que hubiera sido entretenido, sin embargo soy una mancha difícil de borrar, y es una lastima que ya nadie esté a la disposición de limpiar tus desastres. Tu y las del círculo nunca se quedaban a secar la sangre, ¿No es así?

Veda se la quedó viendo y luego miró a Abar antes de hablar.

-Ciertamente, es verdad. Y ya que has mencionado al círculo, te contaré lo que hemos decidido- ella volvió a mirar a Tabiry-, decidimos qué te dejaremos en paz.

Tabiry se sorprendió pero no lo demostró, solo alzó una ceja y dejó que Veda continuara.

-Brujas no cazan otras brujas, y si de verdad eres tan miserable con nosotras, te dejaremos ir...y detendremos esa dolorosa maldición. Sin ataduras y sin rencores.

Tabiry se quedó anormalmente quieta cuando ella mencionó la maldición. Cierto, ella se había acostumbrado tanto al dolor incesante en su pierna derecha que ya ni lo sentía, era simplemente su estado normal.

-... entonces está es la parte en la que me dices que precio he de pagar por esa libertad...

Está vez Abar habló.

-Tenemos un último trabajo para ti...Una vez que lo completes, ya no tendrás ningún asunto con nosotras nunca más si así lo deseas.

Tabiry se quedó callada a esperas de que continuara. Veda sonrió cínicamente de nuevo y la miró con esos ojos lechosos.

-¿Recuerdas hace unos años el incidente que sucedió en Marvos? Hace muchos...muchos años atrás.

Tabiry sintió una vena palpitar en su frente y su sangre empezó a burbujear del arrebato furioso que provocó que lo que hizo se atreviera a llamarlo "incidente".

-Deben estar muy necesitadas de verdad, como para correr el riesgo..- Tabiry pausó unos segundo para dejar ir una exhalación-, de siquiera mencionar eso de nuevo.

Tabiry miraba al piso pero inclinó la cabeza levemente para mirarlas con sus ojos negros a través de sus apretados rizos, como una pantera acechando entre el denso follaje.

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