𝟎𝟏
Otra noche.
Otra noche en la que la pantalla de mi laptop era lo único que iluminaba mi habitación a media noche.
Acurrucada en mi cama y con un bote de helado de chocolate a medio terminar sobre las sábanas estaba viendo mi tercera película romántica seguida. La protagonista corría bajo la lluvia hacia el chico que la amaba, él la esperaba como si nunca hubiera dudado de ella, y cuando se besaban... todo parecía tan perfecto que dolía un poco.
Suspiré.
-Que bonito... -murmuré, abrazando más fuerte mi almohada.
Silencio.
Luego, rodé los ojos.
-Sí, claro, Hari. Como si algo así te fuera a pasar.
Me quedé mirando la pantalla apagada unos segundos después de que terminara la película. Había algo en el pecho... como una mezcla de frustración.
-A este paso -dije en voz baja -Mi gran historia de amor será en un asilo.
En mis 22, casi 23 años de vida, nunca he tenido un amor de verdad. Lo más cercano a un “novio” fue cuando tenía 6 años, y ni siquiera cuenta. Ahora, siento que todo se ha vuelto superficial. Muchos hombres ya no quieren conocerte de verdad, solo quieren sexo. No buscan conversaciones profundas, ni hablar de la vida, de metas o de sueños; solo buscan lo inmediato, lo fácil, lo pasajero.
Y yo no quiero eso.
Yo quiero a alguien que se quede, que me escuche, que me entienda y que se interese más allá de lo físico.
Solté una pequeña risa.
Si, siempre me reía de mis desgracias.
-Hari, duerme ya -me decía a mí misma -Mañana es un día importante.
Habrá una exposición de mi pintor favorito en el Ethereal Art Museum, y no puedo llegar tarde.
Apague la laptop, deje el celular a un lado y cerré los ojos para por fin dormir.
• • •
Abrí los ojos de golpe.
La luz entrando por la ventana ya no era suave. Era intensa.
Me incorporé de inmediato.
Mierda.
-No... no, no, no...
Busqué mi celular a tientas.
10:32 a.m.
Mi corazón dió un salto.
-¡¿QUÉ?!
Me levanté de la cama tan rápido que casi me enredo con la sábana.
-¡La exposición!
Treinta minutos.
Tenía solo treinta minutos para llegar al museo.
-Soy una tonta... soy una completa tonta.
Me cambié como pude, con movimientos torpes y apresurados. Ni siquiera estaba segura de si lo que llevaba combinaba. Solo sabía que tenía que salir ya.
Tomé mi bolso, mi celular, mis auriculares y salí corriendo del departamento.
• • •
La calle parecía más caótica cuando iba tarde.
Personas caminando lento. Semáforos eternos. Autos que no dejan pasar.
Yo avanzaba esquivando a las personas, con los auriculares puestos, tratando de no pensar en lo mucho que ya había perdido de la exposición.
Eso me pasa por estar viendo películas tan tarde.
Merecido me lo tenía.
-Genial, Hari -me dije a mi misma -Vas a llegar cuando ya estén cerrando.
Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no lo vi venir.
Un golpe leve.
Mis auriculares salieron volando.
-¡Ay!
Me detuve en seco.
-Lo siento -dijo una voz masculina.
Levanté la mirada.
Un chico.
Cabello oscuro, tatuajes en uno de sus brazos, perforaciones en sus orejas y... expresión ligeramente preocupada.
Se agachó antes que yo y recogió mis auriculares.
-De verdad, perdón. No estaba viendo -dijo mientras me los extendía -¿Funcionan?
Los tomé, todavía un poco desorientada.
-Eh... si, creo que sí.
Los revisé rápidamente, los conecté.
Sonaban.
-Si, funcionan -dije.
Él asintió.
-Bueno.
Y sin más, se fue.
Me quedé un segundo mirando como se alejaba.
-Bueno... -repetí en voz baja
No sé por qué, pero me dió un poco de risa.
Luego recordé.
-¡LA EXPOSICIÓN!
Y volví a correr.
• • •
Llegué al museo casi sin aire.
Entré intentando parecer calmada, como si no acabara de atravesar media ciudad corriendo.
Respiré hondo.
Las paredes estaban llenas de pinturas demasiado hermosas. Luz tenue, personas hablando en voz baja, pasos suaves.
Llegué justo a tiempo.
Me acerqué a una de las obras. Era una de mis favoritas del artista. Me quedé observándola, tratando de recuperar la calma.
Colores profundos. Trazos que parecen decir más que mil palabras.
Era hermoso.
-¿Tú?
La voz me tomó por sorpresa.
Giré la cabeza.
Y lo ví.
El mismo chico.
Él sonrió ligeramente.
-La chica de los auriculares.
Sentí un calor subir por mis mejillas.
-Si, esa misma.
Hubo un pequeño silencio, pero no era incómodo.
-¿Te gusta ver pinturas? -preguntó.
-Sí -respondí casi de inmediato -Es mi pintor favorito.
Sus ojos parecieron iluminarse un poco.
-¿Estudias arte o solo te gusta?
-Estudio -dije, sintiéndome más firme.
-Yo también.
Lo miré con sorpresa.
-¿Enserio?
-Sí
Se acomodo un poco las manos en los bolsillos.
-¿Dónde? si se puede saber -pregunté, curiosa.
El chico dijo el nombre de la universidad.
Y entonces-
-¿¡ENSERIO!? -Exclamé.
Varias personas voltearon a verme.
Mi cara se volvió un incendio, de tanta vergüenza.
-Perdón -murmuré, bajando la cabeza.
Escuché la risa del chico.
Levanté la mirada.
Él estaba sonriendo, claramente divertido.
-Si, enserio -dijo -Voy en último año.
-Yo... penúltimo. -respondí, aún avergonzada.
-Entonces casi somos colegas.
Eso me hizo sonreír.
Y sin darnos cuenta... seguimos caminando por toda la exposición.
Hablamos de las obras, de los colores, de lo que cada uno interpretaba. Era extraño, pero cómodo, como si no fuera la primera vez que hablábamos. De alguna manera me hacía sentir en confianza.
El tiempo pasó sin que lo notara.
Y ambos salimos del museo.
Caminamos unos pasos en silencio.
Luego él habló.
-¿Qué estás escuchando?
Parpadeé.
Señaló mis auriculares.
-Hace rato... en la calle.
-Ah
Los tomé, y sin pensarlo demasiado, se los coloqué.
Le di play a la canción.
Golden Hour de JVKE.
Lo observé mientras escuchaba. Su expresión cambió apenas un poco, como si reconociera algo.
Después de unos segundos, se quitó los auriculares.
-Me gusta -dijo.
-¿Si?
-Si, también me gusta su música.
Eso me hizo sonreír más de lo que debería.
Hubo otro pequeño silencio.
-Oye... -dijo -¿Podemos intercambiar números?
Sentí un pequeño saltó en el pecho.
-Sí -respondí, con una pequeña sonrisa.
Intercambiamos nuestros teléfonos.
-Toda la exposición hablamos y nunca dijimos nuestros nombres -Soltó una pequeña risa. -¿Cómo te llamas?
-Hari -sonreí.
-¿Te agrego así? -asentí. -Agrégame como Jungkook.
Jungkook
Que nombre más único.
-Bueno, nos vemos, tal vez... en la universidad. -dijo el chico pelinegro, despidiéndose.
-Bye -respondí.
Empezó a caminar.
Yo me quedé viéndolo.
Uno, dos, tres pasos
Algo dentro de mí dijo hazlo.
-¡Oye!
Se detuvo.
Volteó.
-¿SÍ?
Tragué saliva.
-¿No vas a invitarme a comer?
Hubo un segundo de silencio.
Luego... sonrió.
Y yo también.
-Porque no, Hari. -volvió a sonreír.
Y no sé por qué, pero en ese momento, algo se sintió diferente.
Como si, tal vez...
Solo tal vez...
Mi historia de amor no iba a empezar en un asilo después de todo, aunque lo acabo de conocer e ilusionarse tan rápido no es bueno
¿Verdad?








