Noche Sangrienta

─No me gusta cómo se está poniendo el clima. ─Las manos comenzaban a temblarle mientras una presión el en pecho le decían que era mejor estar en casa. ─ ¿No crees que es mejor volver?, cariño ya hemos venido aquí y no sucede nada.
La mujer seguía con el vehículo en marcha, no se iría de aquel lugar sin conseguir pruebas, sabía que algo pasaba, presentía que, por primera vez, no la llamarían loca, se volvió hacia su marido con una sonrisa tranquilizadora.
─Está todo bien, no nos pasará nada sabemos que en Lake durante octubre la niebla llega, me he preparado, linternas y baterías es lo que sobra.
─Si tú lo dices, amor. ─Los nervios en su voz eran latentes, pero amaba a su esposa así que no quería arruinarle el momento.
Pero entonces un aullido hizo que los pelos se le erizaran, se tranquilizó pensando que era muy común que lobos estuvieran alrededor, el pueblo era una zona montañosa, común para estos caninos.
—Aquí paramos. —
La niebla cubría los alrededores del bosque, el aire frío calaba en la piel, incluso los búhos dentro del bosque parecían estar en alerta, sus cantos escondían una tensión que el viento revelaba, pero al parecer eso a Meredith poco le importaba su rumbo descuidado irradiaba seguridad en un campo que a Jake le parecía desconocido, y se preguntó cuántas veces su esposa visitaba este lugar antes de conocerse.
—Sabes, algunas parejas tienen su cita de aniversario en restaurantes o en su propia casa, pero ¿en un bosque tratando de cazar una bestia que no sabemos si en realidad existe?
—Está claro que existe, yo lo ví, Jake, con mis propios ojos, esa cosa existe yo sé que existe. —Meredith tomó a su esposo de los hombros y para a Jake le pareció ver otra Mer muy diferente a la que conocía.
—Se que ahora puede sonar extraño e incluso pienses que estoy loca, pero creerme cuando te digo esto, en este pueblo hay algo y es hora de que el mundo lo sepa.
Como si el propio universo la hubiera escuchado, un crujido cerca de del lugar en donde se encontraba lo que hizo que Jake se tensara y Meredith se emocionara, tomó su linterna y alumbró en dirección al sonido, lo que se encontró fue solo un zorro correteando por el lugar.
—Bueno supongo que hay que adentrarnos en el bosque.
La pareja seguía caminando dentro del bosque los cantos de los búhos hacían coro con el canto de otras aves nocturnas, los pasos crujían con cada rama y hoja seca que se encontraba marcando el camino, de pronto un cartel se hizo ver, Jake con su propia linterna lo alumbró, el aviso se sentía como un mal presagio de lo que se podría venir, cosa que a Meredith poco le pareció importarle porque estaba dispuesta a cruzarlo.
—Jake ya hastiado de las circunstancias tomó a su esposa del brazo. —Meredith basta, no importa que tan bien conoces el bosque, o si la bestia que dices conocer se encuentra ahí, hay animales salvajes que pueden atacarnos, ¿qué harías si un oso llega a nosotros?
—Meredith como si de un juguete se tratara sacó un arma que Jake nunca había visto, y se preguntó qué tan bien conocía a su esposa. —¿Estás loca, de dónde sacaste eso?
—Estamos en Cirila, es más fácil conseguir un arma que una casa a buen precio, estamos protegidos, sí, no nos hace falta nada, podemos con todo juntos.
—No, Meredith en esto estás sola, no arriesgaré mi vida por una estúpida prueba de una criatura que ni siquiera existe.
—¡Si que existe!, ¡Yo lo vi! —Meredith se volteó a mirarlo. —Sus ojos rojos calando en lo profundo de mi alma, cuando lo conté me tildaron de loca, todos en este pueblo me miraron como loca. —Ahora los gritos eran el único sonido en lo profundo del bosque, los búhos, las aves corrieron avisando del peligro.
—Eso se acabó, no soy la loca, tengo razón incluso ellos lo saben y se atreven a mentir en propia cara, sabiendo lo que comparten, sabiendo que comparten casa, vida.
—Hay que calmarnos si, volvamos a casa, tomemos nuestras precauciones y regresemos otro día, pero no hoy Meredith, no me gusta cómo se está poniendo la noche, solo vamos a casa.
De pronto, la neblina que parecía arrastrarse por sus pies arrasó como un viento sin control, entre la pareja, se arremolinaba frente a ellos como si de un tornado se tratara, al mismo tiempo un chillido que parecía ser de tres voces se escuchaba por los alrededores, tan lejos pero tan cerca.
—¡Jake, Jake ¿dónde estás?!
—¡Meredith, estoy aquí, Mer por aquí!
El remolino se formaba enfrente de ella, llegando a formar una figura alta, un par de ojos rojos brillaban, lo tenía justo enfrente de él pero la voz de Jake, la tomó por sorpresa, tenía que encontrarlo.
—Ya voy, estoy cerca. —Un par de manos se hicieron notar, de inmediato Meredith las tomó, sintió la calidez de su esposo. —Jake lo vi, te lo juro, lo vi, está aquí.
—Claro que estoy aquí querida Mer.
—Es entonces que Meredith, se da cuenta, las manos ahora cálidas de repente, se sentían frías, tanto que quemaban, las observó, eran las de su esposo, si pero solo la mitad de sus brazos, parecían ser arrancados.
—¡Por dios, por dios, Jake!, Dios mío.
Entonces las soltó y miró hacia arriba, esos mismos ojos que vio cuando era niña estaban observándola, ahora pudo notar su rostro, si es que se le podía llamar rostro, era oscuro, sonó una nube en constante movimiento, sus dientes parecían colgar de la nada, sus cuernos parecían de rama y carne su torso parecido a la de un humano te aclaraba que tal vez se tratara de uno, pero sus piernas te decían lo contrario eran de un ciervo, con pezuñas que lo hacían ver más aterrador, como si tuviera al mismísimo diablo enfrente de ella.
—Ya no me recuerdas Meredith, yo te extrañé muchísimo, te esperé todos estos años, para la gran cena, ¿me acompañas?
El bramido que se escuchó, tan rápido se apagó de manera abrupta, al tiempo que la bestia saciaba su apetito, y el bosque parecía volver a su normalidad, la bestia, crujía a cada paso, sus músculos, cara y brazos cambiaba, ya no solo era una bestia ahora también era un hombre.









