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El eterno sueño de la rosa

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Sinopsis

Un retelling de La bella durmiente donde la distancia, el destino y el tiempo se pondrán en contra de una joven pareja, que intentará mantenerse fuerte con un único motivo: verse por primera y última vez.

Genero:
Drama
Autor/a:
MagicianRam
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

El eterno sueño de la rosa

Hace mucho tiempo, por ahí en los años 50, se conoció la historia de una joven pareja, Briar y Fabián. Ambos se conocieron a través de cartas que escribían desde que eran niños, y con el paso del tiempo esa linda amistad se convirtió en un romance incapaz de esconder. Pero también, se convirtió en una de las pocas razones que tenía la chica para vivir.

Las cartas de Briar siempre llegaban a su buzón los viernes a la una, extrañamente se tardaron un día en esta ocasión. Fabián decide ignorarlo, tomándolo como una simple equivocación y corre hasta su cuarto, emocionado de leer cada palabra que su amada le dedique.

Pero esta vez fue diferente...

En cuanto abre la carta una sensación de malestar invade su cuerpo. Comenzando porque la carta no venía perfumada, cosa extraña ya que todas las cartas venían con aromas a rosas. Pero decide ignorarlo y comenzó a leer.

<<Mi querido Fabián, lamento de todo corazón tener que decirte esto, pero esta será la última carta que te escriba...>>

Le costó entenderla ya que la carta tenía varios errores ortográficos y muchos borrones. Algo que le parece muy triste, ya que en sus primeras cartas Briar tenía una caligrafía bellísima. Pero intentando mantener la calma siguió leyendo.

<< Los doctores dicen que mañana en el ocaso, mi cuerpo y mi cerebro ya no responderán, todos dicen que solo parecerá que me quedé dormida...Pero.. se que solo dicen para hacerme sentir mejor.. Morir en mi cumpleaños, no sé qué habré hecho para merecerme esto...>>

Fabián hace pausas para proseguir, ya que no se lo puede creer. Ya había leído en cartas anteriores que Briar tenía una salud muy delicada, pero llegar a este estado y apenas a los 16, le partía el corazón tener que pensar en lo triste que se sentía. Y como la carta le llegó tarde tendría que afrontar que este sería el último día que sabría de ella.

Pero aún así, con los ojos llenos de lágrimas, se levantó tan rápido como pudo teniendo la dirección del hospital en la carta, salió corriendo hacia su auto y comenzó a conducir. No le importaba manejar toda la noche solo quería cumplir el último deseo que Briar le dejó en la carta.

<<Quiero verte en persona...Al menos por una vez>>

El viaje no fue para nada placentero, ya que estaban a cuatro ciudades de distancia, un enorme diluvio se desató en plena carretera, y Fabián hacía lo imposible por no derrumbarse mientras intentaba evadir todos los autos que casi lo chocan. No era supersticioso, pero sentía que el cielo le estaba dando una señal de que su travesía era inútil.

Y todo se confirmó cuando, por un despiste, mientras conducía cayó en una zanja. Así que para salvar su vida salió del vehículo, y sabiendo que no podía perder tiempo intentando sacarlo, siguió corriendo mientras pedía ayuda. No le importó si pescaba un resfriado.

En el hospital, Briar estaba totalmente deteriorada. Ya había terminado más de una vez con todos los libros. Dejó anotaciones para que sus padres la recordaran al leerlos y llenó varias carpetas con sus antiguos dibujos a los que puso los nombres de a quienes irían dirigidos. Tras todo eso solo mirando algunas fotos de su niñez, cuando todavía poseía ese largo cabello cuál rayo de sol, que ahora en su juventud estaba pálido y quebradizo. No importa cuánto se cuidara, Su cuerpo y mente no eran más que una flor marchita y llena de pesar.

A los pocos minutos, Leah,la madre de Briar se hizo presente. En un intento de ocultar todas las lágrimas que soltó, esbozó una pequeña sonrisa mientras le entregaba una caja con un pastel lleno de fresas. Para después romper el silencio diciendo

-¿Bri? Mira, sé que no es mucho ...-tuvo que hacer una pausa para tragarse las ganas de llorar frente a ella- Pero logre encontrar tu favorito en el cafetín¿Compartimos?

- No tengo hambre...L-Lo siento, yo...- Tras dejar las fotos de lado y a pesar de tener mucho dolor, metió la cabeza entre sus rodillas y comenzó a llorar- Mamá...por favor no dejes que me vaya...quiero quedarme con papá y contigo.. no me quiero morir...

La mujer, completamente shockeada dejó la caja sobre la mesa con manos temblorosas y se abalanzó sobre la cama para envolver a su hija en un abrazo desesperado, apegándose a su pecho como cuando era pequeña.

-No te vas a ir, mi amor... no te vas a ir -susurró con la voz quebrada, besando su cabeza mientras ahogaba sus propias lágrimas-. Tú padre está en la capilla, te prometo que encontraremos una forma, la que sea...¿Segura que no quieres el pastel?

Briar se acerca a la caja y la toma entre sus manos, comenzando a comer el pastel sin muchas ganas.

-E-Esta rico...- Murmura con algo de tristeza

Su madre la separa con sumo cuidado, recostando su cabeza sobre la almohada para que no sienta dolor. Y justo antes de irse para hablar con los doctores la mira por última vez, rezando internamente por cualquier milagro.

Briar, tras comer un par de fresas más y siendo consciente de que no le quedaba mucho tiempo, toma un lápiz y papel que tenía escondidos en su almohada para escribir una última carta a Fabián.

Con 4 horas transcurridas desde que salió y el atardecer cada vez más cerca Fabián de a poco perdía toda esperanza, el frío de la lluvia le calaba hasta los huesos. Su cara empapada de lágrimas y el insoportable dolor en su pecho le impedía avanzar

Se desplomó de rodillas sobre el pavimento mientras sus dientes tiritaban y le rogaba al cielo una última oportunidad. Golpeó el suelo con ambos puños, dejando escapar un grito sofocado que la tormenta devoró al instante.

<< ¡¡Por favor!! ¡¡Esto no es por mí, esto es por ella déjame verla solo una última vez!! ¡¡Ya que te la vas a llevar al menos déjame verla!!>>

Pero no hubo respuesta.. Fueron 10 minutos de puro suplicio en los que pensaba rendirse.

Como si fuera una respuesta a sus plegarias escucha una conversación entre tres hermanas, que parecían tener problemas con su auto. Y viendo que había alguien en una peor situación que él, se levantó del piso y decidió auxiliar.

- Disculpen ¿Necesitan ayuda?

Las tres mujeres se sobresaltan al notar la presencia del joven, pero al verlo con ese aspecto tan demacrado la desconfianza se convirtió inmediatamente en preocupación.

- ¡Dios mío muchacho!-gritó la mayor del grupo- ¡Un minuto más así y te vas a enfermar, toma esto. - le ofrece rápidamente la sombrilla que llevaba mientras apuntaba hacia el motor con su linterna- ¿De verdad nos ayudarías?

- Claro, digo ambos estamos en la misma situación si puedo echar una mano es un placer.- toma el paraguas- Se lo agradezco mucho señora. ¿Qué fue lo que pasó? - pregunta acercándose al capo para ver más a fondo el problema-

-El auto se apagó de repente en medio de la lluvia y no quiere arrancar -añadió la más joven, alzando la voz sobre el ruido del agua-. Sabemos un poco de mecánica pero esto ya se sale de nuestras manos y no tenemos señal para llamar una grúa.

- No se preocupen, puedo intentar arreglarlo y...Dios, que vergüenza pero¿Si logro arreglarlo creen que podrían darme un aventón? Tengo que llegar al hospital y mi auto se cayó en una zanja a pocos kilómetros..

- ¿Al hospital?

- S-si..- tartamudeaba por el enorme frío que sentía - La chica que amo está muy enferma... temo que si no llego a tiempo morirá.. y no podré despedirme.. solamente quiero verla por última vez, no quiero dejarla sola...

Las tres mujeres se reunieron entre sí para tomar una decisión. Mientras Fabián maniobraba con los dedos entumecidos entre la grasa y la lluvia, ajustando la bujía rota y cruzando con precisión los cables del motor, al poco rato cuando el auto por fin encendió La hermana del medio abrió la puerta de atrás.

-¡Súbete muchacho date prisa! - exclamó, mientras le hacía un espacio improvisado moviendo varias bolsas y aditamentos que traía atrás

- ¿E-Es en serio? -pregunta el chico con algo de sorpresa - ¿Pero no tienen una ruta que hacer?

- Descuida hijo -Le responde la mayor instándole a subir-El teatro viene y va, pero lo tuyo parece importante. Además tú lo dijiste, estamos en la misma situación, Sería cruel no ayudarte.

Fabián dudó por un momento, no quería aprovecharse de su amabilidad, pero también era consciente de que no le quedaba tiempo. Así que rápidamente aceptó y se acomodó en asiento, agradeciéndoles una y otra vez mientras dos de las mujeres le ofrecían una manta para que intentara secarse. Siguiendo con su ruta.

En la capilla del hospital el ambiente que se respiraba era pesado, muchos familiares rezaron por la pronta recuperación de sus seres queridos y el aroma de las velas intentaba amainar la tristeza. De todos excepto de Stephan, padre de Briar, quién estaba rezando en el centro del lugar, justo frente a la cruz, esperando que sus plegarias sean escuchadas.

- Stephan..- Leah, intentando mantener el mayor silencio posible para no interrumpir camina hasta su esposo y lo toma de la mano, queriendo transmitirle algo de seguridad- Cielo, tenemos que ir... nos necesita.

- ¡Solo dame un momento más, por favor! - murmura, apoyando su cabeza al espaldar del asiento de enfrente, en un intento de esconder sus lágrimas- Tiene que haber algo por lo que no me he disculpado ¡Alguna cosa mala que haya hecho y ella esté pagando!

-Sabes bien que esto no es tu culpa, de ninguno de los dos

- ¿¡Entonces por qué la tenemos que perder!? ¡Niños más enfermos que ella se han salvado! ¿¡Porque ella no!?

- ¡No lo se! - se aferra a su cuerpo para abrazarlo con fuerza, dejando que coloque su cabeza sobre sus hombros, permitiéndose llorar también, apretando su labio inferior- No lo se, pero de una cosa estoy segura...estoy segura de que nuestra niña no necesita ver nuestro desconsuelo ahora -continuó Leah, con la voz ahogada contra el cuello de su esposo mientras sus lágrimas mojaban la tela de su camisa-. Ella nos necesita enteros, Stephan. Necesita sentir que sus papás están ahí sosteniendo su mano, dándole paz, no viéndonos derrotados por algo que no podemos controlar.

Stephan se separó de la cruz y, tras persignarse por última vez, fue con su esposa a la habitación, donde Briar terminaba de escribir sus últimas cartas mientras guardaba en una caja varias monedas que coleccionaba desde hacía mucho tiempo.

-Mamá... Papá, ¿podrían ayudarme a terminarla? Busqué entre los cojines del sofá la semana pasada... pero no encontré nada.

-Claro, claro, linda -Stephan corrió hacia la camilla y tomó cuidadosamente su mano-. ¿Sabes? Todavía tengo guardada una alcancía de cuando era niño. Con esa seguro llenas hasta tres colecciones.

Briar soltó una risilla sin gracia; quería que sus padres la recordarán feliz en sus últimos momentos. Pero no esperaba que su madre sacara una pequeña cajita.

-Bri, ¿recuerdas cuando fuimos juntas al centro comercial? Te quedaste mirando la joyería por horas. Algo te llamó la atención, ¿no es así?

-Sí... P-pero dijiste que era muy caro... No, no puede ser que tú...

-Abre y verás.

Briar abrió la caja, sorprendida al ver un pequeño anillo de níquel en forma de rosa.

-Pero cómo... Cómo lo...

-Tienes razón, era muy caro, y ninguno de nosotros podía pagarlo aunque quisiera.

-Pero -Stephan intervino con una pequeña sonrisa- tengo la suerte de conocer a una experta en joyería de segunda mano. Tendré que cuidar a su perro por varios meses, pero valió la pena; además, me permitió agregar un detalle especial. Lee la inscripción.

Briar, tras colocarse el anillo, miró la frase grabada bajo la rosa:

"No importa a dónde vayas, nuestro amor siempre se quedará contigo".

Briar comenzó a llorar mientras mantenía su sonrisa. Sin embargo, mientras sus padres la abrazaron para darle un poco de calor, su cuerpo empezó a fallar: sus brazos y piernas se entumecieron, la garganta se le adormeció dificultando cada palabra, y sus ojos se le cerraban gradualmente por mucho que intentara mantenerlos abiertos.

- ¡Mamá...Mamá! ¡Papá! -era lo único que podía decir -

Una alarma comenzó a sonar. Varias enfermeras llegaron corriendo y su médico de cabecera intentó aplicar el mismo tratamiento que había funcionado durante meses, pero su cuerpo ya no respondía. El doctor llevó a los padres fuera de la habitación y les dio la noticia que menos deseaba transmitir: Ya era hora de dejarla ir.

Entraron de nuevo y vieron a su hija en sus últimos momentos; ya no podía abrir los ojos y lo único que salía de su boca era un leve hilo de aliento . El doctor tomó una jeringa y le dijo con voz calmada a la joven:

-Tranquila, Briar. Te prometo que el dolor pasará pronto, ¿sí? Ahora, a la cuenta de tres te quedarás dormida.

Uno...

Briar, con la poca fuerza que le quedaba, apretó las manos de sus padres y levantó la cabeza, abriendo los ojos a la mitad para verlos una última vez.

Dos...

-L-Los... Los a-amo...- susurro, esbozando su última sonrisa.

Tres...

El pinchazo en su antebrazo hizo efecto de inmediato. Como si se tratara de un hechizo, Briar cayó desplomada sobre la camilla. Lo había dado todo de sí, pero al final solo quedó el tallo de una rosa rodeado de pétalos marchitos.

Fabián estaba frente a las puertas del hospital. La lluvia se detuvo hacía rato, pero su aspecto aún era deplorable. Tenía mucho miedo de entrar; el atardecer había pasado y sentía en lo más profundo del pecho que le había fallado.

Pero la mayor de las hermanas tomó la mano del chico, obligándolo a levantar la cabeza.

-Fabián, no te rindas ahora. Deberías sentirte orgulloso: No todos los enamorados hacen lo que tú hiciste. Si cuando entres ella ya no está, estoy segura de que, donde quiera que se encuentre, va a entender todo el sacrificio que hiciste para verla. Eres un buen muchacho.

Como último acto de agradecimiento, las abrazó a las tres con todas sus fuerzas.

-Nunca voy a olvidar esto. Diviértanse en el teatro y, si algún día necesitan ayuda, les prometo que se los compensaré.

-¿Fabián...? -Leah se acercó, viéndolo de arriba abajo-. Sí que has crecido mucho. ¿Cómo están tus padres?

-No se preocupe, señora Rosewood, ellos saben que estoy aquí... ¿Briar...? ¿Ella está...?

Ambos negaron con la cabeza, dejando al chico sin palabras.

-Está bien, señorita -respondió Stephan a la recepcionista para que no se alarmara -. Es un amigo.

Finalmente cruzó el umbral de la habitación. El pitido insistente del monitor y el dulce aroma de las flores envolvían el lugar en silencio. Allí la encontró, descansando plácidamente; con vacilación, Fabián se acercó a la cama mencionando varias veces su nombre, intentando aferrarse al milagro de que pudiera despertar. No le importaba que todo el brillo que tenía en sus fotos de antaño se hubiera desvanecido: para él seguía siendo la persona más linda del mundo y ninguna enfermedad podía arrebatarle eso.

Al darse cuenta de que sus esfuerzos eran en vano, apoyó las manos temblorosas sobre la barandilla, dejando que sus lágrimas cayeran en silencio. Mientras su pecho se contrae impidiendo la respirar

-Lo siento... Lamento no haber llegado, juro que hice todo lo que pude...- cae de rodillas frente a la camilla, ahogando el llanto contra el borde de las sábanas- Como lo siento...

Tras verlo un poco más tranquilo Leah se le acercó y tras ayudarlo a incorporarse le entregó una carta. La última que Briar escribió para él.

" Mi querido Fabián, me siento feliz de decirte que aún tengo algo de fuerza para darte unas últimas palabras...si estás leyendo esto significa que por circunstancias de fuerza mayor no pudiste llegar. Pero quiero que sepas que no te culpo.

Has sido un gran amigo para mí, y cada momento que pasamos en mis sueños fue de los más hermosos que pude experimentar, sólo desearía haber tenido más tiempo, para que pudieras enseñarme a andar en bicicleta sin caer como en nuestra tercera carta.

Ir a la heladería que tanto me recomendaste, aunque aún estoy un poco dudosa del sabor de menta con fruta, sigo pensando que sabe a pasta dental.

Correr bajo la lluvia, al menos una vez sin tener que preocuparme por enfermarme

Pero aún con todo eso, con todo lo que no pude hacer quiero darte las gracias, porque a pesar de todo siempre estuviste ahí, dándome apoyo, escuchándome y haciéndome sentir que lo poco que me queda de vida tiene sentido.

Diles a mis padres que los amo con todo mi corazón, y quiero que vivan su vida al máximo al igual que tú. Que todos son seres maravillosos a los que siempre me alegraré de haber conocido. Y si pudieras hacer una última cosa por mí..."

No pudo terminar de leer. Le entregó la carta a los padres, no queriendo incomodarlos. Pero sabiendo que era el último deseo de su hija decidieron aceptar. Dándole paso

Fabián avanza nuevamente hacia la camilla, tomando sus manos con extrema delicadeza, como si fuera de porcelana, se inclinó sobre ella cerrando los ojos para contener las lágrimas y plantó un dulce y tierno beso. El primero...y el último que le daría en esta vida.

Desde ese día, todos los que la conocieron intentaron honrar la memoria de Briar de la mejor manera: Sus padres mantenían sus cosas favoritas en la habitación como un santuario para recordarla siempre, y a cada lugar al que iban tomaban una fotografía y la colocaban allí, para que de cierta forma ella pudiera sentir que estaba viajando con ellos.

Fabián, por su parte, iba una vez al año a visitar su lápida. Le leía cuentos, le contaba cómo había avanzado el mundo en su ausencia para que no se perdiera de nada y siempre llevaba una semilla de rosa que plantaba y cuidaba con todo el amor del mundo; así, quienes pasaran por allí no verían una tumba triste y fría, sino el hermoso recuerdo de una chica que, por crueldad del destino, tuvo que convertirse...

En una bella durmiente.

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