DESCUBRIENDO COMO AMAR

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Summary

Ivy una influencer atractiva y segura de si misma, se termina encontrando con Liz una arquitecta con un oscuro pasado que nadie conoce. Ivy intentando buscar la fama, conoce a Liz quien comienza a ganar fama rápidamente. Sin pensarlo, sus vidas se mezclan surgiendo sentimientos en ambas, pero sin imaginarlo el pasado de Liz regresa, obligándola a enfrentar todos los traumas del pasado, haciendo que lo que ambas sienten quede en pausa. Dejando a ambas con la duda de si serán capaces de estar juntas.

Status
Complete
Chapters
58
Rating
4.8 5 reviews
Age Rating
18+

Cap 1

La mujer de setenta y seis años yacía en la cama tendida sin poder moverse. Solo se escuchaba el goteo del suero y el sonido del oxígeno al respirar. Fue en ese momento en donde sabía que estaba en sus últimos momentos de vida, cuando supo que tenía que intentar reparar un poco del daño que había hecho.

Toco el botón para pedir la ayuda de una enfermera, que no tardó en llegar. La mujer se dio cuenta, que ser la dueña del hospital en donde estaba internada tenía sus beneficios, lastimosamente, también sabía que a pesar de tener un hospital con grandes equipos y excelentes médicos, estos no le aseguraron regresarle la salud.

La enfermera tras recibir el pedido de la mujer salió a toda prisa para completar su pedido, la mujer esperó pacientemente y cerró los ojos, hasta que sintió como unas manos suaves tomaban la suya.

—Tita, aquí estoy.—Dijo la joven mujer que sostenía la mano de la mujer mayor.

La mujer mayor abrió los ojos y miró a su nieta Natalia. Una mujer joven de veintidós años, delgada, alta, de cabello castaño y largo que le llegaba a la cintura, facciones finas y ojos café claro. Al verla le dedicó una leve sonrisa. Lo que provocó que Natalia besara la frente de su abuela con mucho amor y dulzura.

—Nat, cariño Necesito que me hagas un favor.—Dijo la mujer a través de la mascara de oxigeno.

—Tita.—Quiso rezongar pero la mujer le apretó la mano.

—Quiero que vayas a mi casa y en el estudio donde se encuentra la escultura del cerebro, encontrarás debajo de el una caja fuerte. Ábrela con la combinación 8514. En ella encontrarás varios diarios enumerados. Necesito que los leas todos, uno por uno, sin saltarte uno solo. Cuando termines, vienes a verme, no antes.

—Está bien Tita, lo prometo. Ahora descansa, es de madrugada, necesitas dormir.

La mujer mayor cerró los ojos, solo para que Nat se quedara tranquila y saliera de la habitación pero la realidad es que desde hacía varios días que le costaba mucho conciliar el sueño.

Nat salió de la habitación, sintiéndose un poco extraña pero haría lo que su abuela le había pedido, no era el primer encargo extraño que le hacía y entendía que en esos momentos ella ocupaba sentir que dejaba todo en orden antes de morir.

La mujer una vez que escuchó que Nat salía de la habitación, abrió los ojos y alcanzó con su otra mano el control remoto de la televisión, la encendió y comenzó a pasar los canales, no encontraba algo que realmente le interesara o le llamara la atención. Hasta que encontró la imagen de una persona que desde que la vio, acaparo de inmediato toda su atención.

La entrevista era hacia una arquitecta, que hacía cuatro años había ganado un concurso para poder construir un túnel para el paso de un tren, debajo de una escuela, sin necesidad de interrumpir las actividades normales de la misma. Ahora, cuatro años después, ya que el túnel se había logrado terminar sin ningún incidente y con unas excelentes críticas hacia el diseño, la construcción, la seguridad y el trato al personal, le estaban entrevistando por su excelente trabajo.

La arquitecta, se veía de complexión delgada, con cabello ondulado que le caía a media espalda, facciones finas pero con una expresión sumamente seria y formal. Aunque llevaba unos lentes pequeños y cuadrados, se veía el color café claro de sus ojos y en comparación con todos los hombres que la rodeaban, se veía pequeña, a pesar de estar usando tacones altos. Llevaba un vestido negro que la hacía ver bastante atractiva pero formal, lo que provocaba que la mirada de la mayoría de los presentes se mantuvieran fija en ella.

Los periodistas lanzaban un sinfín de preguntas, la mayoría hacia ella y aunque ella siempre encontraba la mejor manera de contestar, había preguntas que simplemente no quería responder, por lo que siempre encontraba la manera de evadir al entrevistador.

La mujer mayor al verla no pudo evitar sonreír, tenía más de diez años que no la veía y no sabía nada de ella, hasta que comenzó a ganar fama con la construcción del túnel. En ese momento, pensó que traería problemas a la familia pero hasta el momento la arquitecta se había mantenido a raya evitando mencionar nada sobre su vida.

Continuo viendo la entrevista, la mayoría de los periodistas al ser hombres se mostraban fascinados con ella y no les importaba que en ciertas ocasiones ella les diera respuestas vagas o les respondiera otra cosa totalmente diferente pero al ser el turno de una periodista mujer, esta se veía que no dejaría que la arquitecta se saliera con la suya.

La periodista, parecía tener como objetivo tener respuestas más concretas por parte de la arquitecta o de lo contrario lograr desestabilizar la apariencia tranquila de esta. Las preguntas eran concisas y directas, al parecer la periodista había hecho una investigación y había logrado encontrar que la arquitecta no contaba con ningún familiar.

La mujer mayor se agitó en su cama, sabía de antemano que (la arquitecta) si no tenia a su familia al lado, en parte era su culpa pero no dejo de mirar la pantalla, esperando ver cual seria la respuesta de la arquitecta, así que subió el volumen de la televisión y se concentró en ver y escuchar.

—Buenas tardes. Mi nombre es Ingrid y vengo de la revista“Las novedades”. Comenzó la mujer que tenia el cabello rojizo hasta los hombros, de piel blanca y atuendo extravagante color amarillo. Aunque no se podía negar que era bastante atractiva, también era obvio su necesidad de llamar la atención.

—Quisiera preguntarte a ti, Liz. ¿Cómo se siente tener tanto éxito y no tener con quien compartirlo?—Dijo con una mirada fría.

—La construcción del túnel, no lo veo como un éxito. Lo veo como la realización de un trabajo que me gusta.—Respondió tranquilamente la arquitecta de nombre Liz.

—Pero ¿Acaso no es verdad que tu no tienes familia?.—Insistió Ingrid.

—Es cierto.—Contestó fríamente Liz. Aunque por dentro sintió que se le encogía el corazón.

Las personas alrededor de Ingrid solo podían verla de mala manera. Todos los presentes sabían o habían investigado a Liz y sabían que Liz al parecer no tenía ningún familiar pero su destreza, su capacidad y su forma de trabajar, habían hecho que muchos evitarán tocar ese tema, ya que se les hacía bastante delicado.

—Y ¿Qué me puede decir del señor Ricardo? Se sabe que estuvo trabajando para él, antes de ser mayor de edad ¿Acaso él era su proxeneta?.

Toda la sala quedó en silencio al momento que Ingrid lanzó la pregunta, los presentes sabían también que Ricardo era un hombre que tenía un taller mecánico que aún se encontraba en funcionamiento y según las investigaciones de varios, ella había trabajado con él aproximadamente seis años y que poco antes de que ella entrara a la universidad el hombre había muerto de un paro cardíaco. No sin antes dejarle a Liz un auto Shelby Cobra.

—¿Qué te hace pensar que el señor Ricardo era un proxeneta?.—preguntó Liz, con la misma expresión impasible en su rostro, aunque por dentro sentía que la rabia comenzaba a apoderarse de ella.

—¿Acaso no te regalo un Shelby Cobra?.—Se defendió Ingrid de la fría mirada de Liz.

—Solo porque el señor Ricardo, me regaló un auto ¿Eso lo convierte en mi proxeneta? ¿Acaso si mi profesión fuera la prostitución, no hubiera sido mas sencillo seguir trabajando en eso? ¿Qué necesidad hubiera tenido yo de estudiar, si ya tenía una profesión?.—Comenzó a preguntar Liz, con la misma tranquilidad de siempre.

—Es sabido que todos los que trabajan en ese lugar eran hombres y tú la única mujer.—Ataco Ingrid.

—Vienes y aparentas tener una exhaustiva investigación de mi vida. Sabes que al parecer no tengo familia, sabes que trabaje con el señor Ricardo pero lo demás, solo son conjeturas y preguntas capciosas. Si realmente hubieras hecho una buena investigación, sabrás realmente que preguntas deberías de hacer y no solo divagar y calumniar a una persona que ya murió.

—¿Acaso te molesta que pregunte lo que para muchos es obvio?—Siseo Ingrid.

—¿Qué es lo obvio? Para mi, lo obvio es que crecí siendo siempre la mejor de mi clase, que el señor Ricardo me apoyo dándome un trabajo digno, siendo la administradora de su taller (debido a que por su edad, él estaba ya perdiendo la vista) que el auto que me regaló, fue un obsequio de su padre y él me lo obsequio a mi, porque siempre quiso tener hijos y no los tuvo y yo era su orgullo por todas las cosas en las que lo llegue a ayudar, inclusive me mantuve con él hasta que dio el último respiro. Todas las personas que trabajaron y aún trabajan en su taller, fueron los encargados de darme el auto y que a pesar de haber ingresado en la universidad, aun me daba el tiempo de apoyar al taller, que aun en estos momento se encuentra abierto y funcional. Si en verdad hubieras hecho una investigación, no estarías aquí haciendo preguntas sin sentido solo con la finalidad de conseguir algunos lectores.

Todos en la sala guardaban silencio, la voz de Liz, aunque no era fuerte, se mostraba dura y fría con Ingrid, que se había atrevido a cruzar la línea con ella. Ingrid por su parte, que aún se encontraba parada en medio de todos los demás periodistas, se sintió humillada por las palabras de Liz. Ingrid pensó que al hacer las preguntas para conseguir más lectores, ella simplemente no sabría que contestar y ella saldría triunfadora pero no fue así.

—Si tú no eres lo suficientemente buena como periodista lo entiendo pero no vengas a querer colgarte de mi persona o mi trabajo, que como bien sabes no solo fue bueno, también es reconocido. Te pido de favor que si vas a hacerme alguna otra pregunta, sea realmente algo bien fundamentado, no solo preguntas capciosas para una revista de chismes, que solo tiene la intención de aumentar la cantidad de lectores a costa de alguien que si tiene éxito.

La fuerte respuesta de Liz, hizo que todos los periodistas se removieran en sus asientos incómodos, todos sabían de antemano que Liz, se había ganado el apodo de la niña dulce por su forma de trabajar y tratar a las demás personas pero por lo que todos estaban viendo, Liz también sabía defenderse, lo que les dejó claro a todos que deberían de tener cuidado con ella de ahora en adelante.

Ingrid, indignada por la humillación, no tuvo más que sentarse y quedarse callada. En la mesa donde se encontraba Liz, había aproximadamente diez personas (incluida Liz) que se habían involucrado en el proyecto del túnel, por lo que uno de ellos, al notar la fría atmósfera que se había creado dio paso a otros periodistas para que siguieran haciendo preguntas y el evento transcurrió sin más altercados.

La mujer que se encontraba en la cama del hospital, bajo el volumen de la televisión. Aunque siguió viendo la entrevista, sabía que ningún reportero haría otra pregunta incómoda a Liz. La mujer la observaba por la pantalla y se daba cuenta de que a pesar de su baja estatura y la fama de niña dulce, ella ya había aprendido a defenderse. La vio y no pudo evitar notar que nunca subió el tono de su voz, que su mirada a pesar de estar en ese lugar, parecía perdida, quizá triste y lo que más le dolió, fue que a pesar de todos los halagos ni una sola vez la vio sonreír y no pudo evitar recordar aquellos hoyuelos que se le marcaban en las mejillas, cada vez que sonreía pero de eso, hacia más de veinte años.

—Liz... Acaso ¿Podrás perdonarme?.—Hizo la pregunta a la pantalla de la televisión.

Al terminar la entrevista la apago y acomodo su cabeza de lado mientras las lágrimas caían a la almohada, al recordar que si Liz ahora se mostraba como una mujer fría, en parte, era su culpa.