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RUMOR ® • PONDPHUWIN

Sinopsis

Donde Pond rechaza a la prima de Phuwin, Minnie y está decide vengarse esparcimiento el rumor de que es gay por toda la universidad. O donde Phuwin decide ayudarla. Pero ¿Por qué todo es tan confuso?

Estado:
hace un mes
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

®

Marzo en la universidad siempre se sentía como una olla de presión, a la que se sumaban las oleadas de calor asfixiante de Bangkok, las hormonas al límite y los chismes que corrían más rápido que el internet en el campus.

Tres meses, eso era exactamente lo que llevaba el año y, según Minnie Nichanya, estudiante de psicología de primer año, era el tiempo suficiente que necesitaba para decidir que Pond Naravit, el típico rey de hielo de la facultad de ingeniería era el amor de su vida.

No fue una conclusión basada en conversaciones profundas ni en coincidencias del destino, había sido más simple, incluso absurdo. Lo vio el primer día en la cafetería, de pie junto a la máquina de café, con esa cara de pocos amigos y esa facilidad irritante para llamar la atención sin intentarlo. Minnie lo miró como si el resto del mundo se hubiera puesto en pausa, y en su cabeza todo encajó de una forma bastante conveniente. Estaba convencida de que todo había iniciado en ese momento como si el resto del tiempo solo hubiera sido una espera elegante hasta llegar al momento correcto.

—Es ese —señaló un día la castaña, indicando a su primo hacia dónde mirar. Phuwin, estudiante de gastronomía de primer año, con esa belleza suave que hacía que todo el mundo lo notara, aunque él no lo intentara, trataba de no derramar su bebida mientras seguía la dirección con curiosidad.

Y vaya. Era guapo, tenía presencia y estaba buenísimo, sí, pero tampoco era para generar tanto escándalo, se veía como un fuckboy más.

—¿Ese quién? —preguntó Fourth, que recién se unía a la conversación dejando su mochila sobre la mesa.

—Mi novio — Phuwin casi escupe el jugo, tosiendo un poco mientras limpiaba la mesa con una servilleta.

—Ni siquiera sabe que existes. — soltó Fourth con su honestidad habitual. Minnie giró la cabeza con una sonrisa tranquila, de esas que parecen dulces, pero esconden algo más.

—Todavía.

Y así empezó todo, aunque ninguno de los dos tenía claro qué era exactamente, ambos estaban seguros de que no iba a terminar bien.

Después del flechazo unilateral, Minnie paso semanas observando a Pond lo suficiente como para convencerse de que lo conocía; lo veía a la distancia entre clases, en la cafetería, en los pasillos, aprendiendo sus horarios, sabía con quién se sentaba, qué días se quedaba más tiempo en la universidad, incluso qué bebida pedía casi siempre. Cada pequeño gesto de él lo convertía en una señal a su favor; si se reía, era porque tenía buen corazón, si no hablaba mucho, era porque era misterioso, si ignoraba a alguien, era porque no cualquiera merecía su atención.

Phuwin la escuchaba con paciencia, prácticamente conociendo de memoria la información que su prima repetía como un disco rayado. No era algo que le importara demasiado, pero tampoco quería que se sintiera mal, ya tenía suficiente con la franqueza cortante de Fourth.

Uno de tantos días, mientras Pond estaba sentado con sus amigos riéndose de algo que nadie más entendía, Minnie apenas había probado su comida porque estaba demasiado ocupada mirándolo fijamente como si eso fuera completamente normal.

Phuwin solo había levantado la vista una vez y luego volvió a comer tranquilo, sabía que la chica no iba a parar hasta convertir eso en un evento importante para la vida de todos.

—Te juro que es él — dijo por tercera vez esa semana, como si fuera un descubrimiento científico — Es demasiado perfecto.

— Tiene cara de que te va a ignorar — respondió Fourth sin levantar la voz, pero con la sinceridad de alguien que no iba a endulzar nada. Sin embargo, la peli castaña no escuchaba opiniones que no coincidieran con la película que ya había rodado en su mente.

—Esa camisa negra —decía Minnie, apoyando la barbilla en la mesa—. Le queda demasiado bien el negro.

—El negro le queda bien a todo el mundo —Respondía Fourth sin levantar la vista de su comida.

—No a todo el mundo le queda así. — Sentenció ella. Phuwin solo sonreía mas no intervenía, simplemente se dedicaba a observar y escuchar el intercambio de sus amigos.

—¿Ya hablaron? — Volvió a atacar Fourth; Minnie suspiro, como si la pregunta fuera irrelevante.

—No todavía. — Fourth levantaba la mirada entonces, con una expresión que ya se estaba volviendo habitual.

—Llevas semanas diciendo eso.

—Porque estoy esperando el momento perfecto. — Y ahí estaba el problema. Minnie no se cuestionaba si Pond pudiera no estar interesado. En su cabeza, la historia ya tenía un final decidido solo faltaba llegar a él.

Esa misma tarde, mientras caminaban hacia la salida, el calor parecía haberles bajado las defensas. Phuwin, que siempre intentaba ser el puente entre la fantasía de su prima y la realidad, dijo en voz baja.

—¿Y si no le gustas? — Minnie se detuvo, no parecía molesta, más bien sorprendida, como si esa posibilidad no hubiera pasado por su mente.

—Le voy a gustar. — Lo dijo como un hecho irrefutable. Fourth soltó una risa corta.

—Eso no funciona así, la vida no es un drama de televisión — Minnie lo ignoró por completo y volvió a caminar con esa seguridad que la definía, dejando a los otros dos atrás.

Phuwin llegó a casa y lo primero que vio fue a su hermano mayor, Gemini, sentado en la sala con dos computadoras abiertas y un café que parecía llevar ahí horas.

—Llegas tarde —dijo Gemini sin despegar la vista de la pantalla, sus dedos moviéndose rápido sobre el teclado.

—Me quedé con Minnie y Fourth —respondió Phuwin dejando sus cosas—, Minnie está obsesionada con un chico de ingeniería mecánica.

Gemini finalmente levantó la mirada, ajustándose el cuello de la camisa. Tenía esa expresión de hermano mayor protector mezclada con el estrés de quien lleva tres días sin dormir bien.

—Minnie siempre está obsesionada con algo. Solo asegúrate de que no te arrastre a sus dramas, Phuwin. Tú eres demasiado blando para sus locuras y esa gente de ingeniería suele ser problemática.

—Es solo un flechazo, Gem, no va a pasar nada —dijo Phuwin con una sonrisa, intentando calmarlo.

—Eso espero. No quiero tener limpiar algún desastre que ella provoque —respondió Gemini volviendo a sus gráficos, aunque por dentro sintió una punzada de duda. Conocía a su prima y sabía que su terquedad era un arma de doble filo.

———®———

Un miércoles por la tarde, la pequeña chica apareció frente a ellos con una sonrisa demasiado casual.

—Este viernes —dijo sin contexto, como si el mundo girara alrededor de su calendario. Phuwin frunció el ceño.

—¿Qué pasa el viernes?

— Me voy a declarar. —el silencio que siguió fue breve, pero suficiente para que Fourth y Phuwin intercambiaran una mirada de "estamos perdidos".

—¿Declararte o lanzarte al vacío sin paracaídas? — Pregunto el pelinegro.

—No es lo mismo — Respondió Minnie sin perder la calma.

Phuwin la observó unos segundos, tratando de medir qué tan en serio iba todo esto, aunque la respuesta era bastante obvia.

—¿Estás segura? — preguntó — Ni siquiera sabes si le gustas.

—Ya te dije que si le voy a gustar — respondió ella con total naturalidad, como si fuera una consecuencia lógica — Solo necesita darse cuenta.

— Eso suena peligrosamente cercano a la negación. — murmuró Fourth. Minnie lo ignoró y se inclinó hacia su primo, bajando un poco la voz.

— Va a ser perfecto, ya verás. — Phuwin sintió una ligera incomodidad instalándose en su pecho. Conocía ese brillo en los ojos de Minnie; no era de ilusión, era de expectativa, y cuando algo no salía como ella esperaba, el mundo solía arder un poquito.

Los días siguientes se sintieron distintos. Nichanya estaba más concentrada en elegir con cuidado qué ponerse, qué decir, incluso cómo caminar, que en sus clases de introducción a la psicología.

Phuwin la ayudaba sin darse cuenta, opinaba sobre ropa, escuchaba ensayos de posibles confesiones, incluso acompañaba a Minnie a "casualmente" coincidir con Pond en ciertos lugares.

Fourth, en cambio, se mantenía un poco más al margen, aunque aún asi terminaba siendo arrastrado a todo aquel disparate, todo era como una película mala cuyo final ya conocía.

—Esto va a salir mal —dijo un jueves, mientras Minnie ajustaba detalles frente al espejo del baño.

—No —respondió ella, sin dudar.

—No lo conoces.

—¿Puedes dejar de ser negativo por cinco minutos? —Minnie suspiró, claramente harta.

Fourth levantó las manos en señal de rendición y Phuwin, apoyado contra la pared, no dijo nada, solo la miró con una mezcla de preocupación y curiosidad por lo que estaba a punto de desatarse.

El viernes llegó con una calma engañosa. El campus se sumía en su bullicio habitual; para algunos el último día para darse un respiro, para otros un día para enfiestarse y para otros pocos su último día de tranquilidad, aunque no lo supieran.

La cafetería estaba llena, como si todo el mundo hubiera decidido coincidir en el mismo lugar al mismo tiempo. Minnie parecía tranquila, tal vez demasiado.

Phuwin y Fourth estaban sentados observando desde una distancia prudente, casi ocultándose del foco del espectáculo que estaba próximo a comenzar.

Pond se encontraba ahí, en su mesa de siempre, sentado con sus amigos. Se reía de algo que Dunk decía mientras Santa participaba con entusiasmo, Joong revisaba su teléfono y Perth estaba apoyado contra la mesa, escuchando sin intervenir.

—Todavía puedes arrepentirte — Murmuró Fourth, mirando a Minnie

— Cállate, esto ya está decidido.

Y antes de que alguien pudiera detenerla, Minnie empezó a caminar directo hacia él, como si cada paso estuviera ensayado. El ruido de la cafetería siguió igual, nadie prestaba atención, nadie sabía que en unos segundos alguien iba a arruinarse el día.

Minnie se detuvo frente a la mesa. Pond levantó la mirada cuando notó la presencia frente a él, mirándola ligeramente confundido, con esos ojos que no revelaban absolutamente nada.

—Hola —dijo ella, con una sonrisa impecable.

—Hola. — Respondió él con voz plana — ¿Necesitas algo? — Nichanya respiró hondo y sonrió, como si todo fuera exactamente como lo había imaginado.

— Sí. Tengo algo que decirte. — No dudó y continuo — Me gustas. — Así, sin más, sin adornos, porque en su cabeza eso era suficiente.

La mesa quedó en un silencio sepulcral. Los amigos de Pond intercambiaron miradas rápidas, pero el protagonista de la escena no reaccionó.

— Lo he pensado desde hace tiempo — continuó ella, porque el silencio la empujó a llenar el espacio — y creo que podríamos intentar salir.

Pond la miró un momento más, con una calma que empezó a sentirse demasiado fría para el calor que hacía afuera.

—No estoy interesado — dijo finalmente. Era una respuesta clara y cerrada.

Minnie parpadeó, como si no hubiera escuchado bien.

— ¿Qué? ¿Por qué? — chilló, perdiendo un poco la compostura.

—Porque no. No quiero salir contigo.

—Ni siquiera lo intentas — Murmuró ella con la voz temblorosa.

—No quiero intentarlo. —Y eso fue todo.

Algo en la cara de Minnie cambió apenas un segundo, lo suficiente para que alguien que la conociera lo notara, ese pequeño quiebre que no combinaba con la imagen que ella siempre intentaba mantener.

— Ah... Está bien.

Pero no estaba bien.

Se dio la vuelta y caminó de regreso con pasos firmes. Cuando llegó a la mesa, dejó el bolso con más fuerza de la necesaria y soltó una risa que no tenía nada de gracia.

— Qué pena — Murmuró, como si estuviera contando un chiste privado. Phuwin frunció ligeramente el ceño.

— Minnie... — Ella lo miró y no habia nada reflejado en sus ojos, era simplemente frio, algo que no prometía nada bueno.

— Esto no se queda así — dijo en voz baja, pero firme. Fourth suspiró, porque ya sabía lo que venía.

— No hagas nada estúpido. — Minnie sonrió, pero no era una sonrisa amable.

Y en ese momento, lo que había empezado como una simple confesión fallida dejó de ser algo pequeño, porque Minnie no era el tipo de persona que aceptaba perder, no cuando sentía que su orgullo estaba en juego y definitivamente no cuando ya tenía una idea perversa formándose en su cabeza.

———®———

Capítulos
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Bien escrito

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