Sex Toys
Antes de comenzar, aclaro que esta historia es un one-shot (capítulo único) que incluye un extra especial al final. La trama concluye de manera definitiva con estas dos únicas partes.
Advertencia de contenido: Este one-shot contiene escenas explícitas, lenguaje fuerte, crossdressing (uso de ropa femenina en hombres), toy play (uso de juguetes sexuales) y temáticas que podrían resultar incómodas para algunos lectores. Si alguno de estos elementos no es de tu agrado, te invito cordialmente a no continuar con la lectura. Se recomienda discreción.
Los eventos y situaciones narrados son completamente ficticios, y no deben confundirse con la vida real de las personas en quienes se inspiran los personajes.
Por favor, evita spoilers y comentarios malintencionados que puedan arruinar la experiencia a otros. Si notas algún error o deseas dejar una observación constructiva, los comentarios están abiertos.
¡Disfruta la lectura!
Jisung estaba recostado de espaldas sobre el sofá, jugando con el borde de un cojín, mientras Minho permanecía de pie frente a él, con los brazos cruzados y visiblemente irritado por la conversación.
⸺ ¿Qué, si son mejores? ⸺ repitió Jisung con una risa sarcástica ⸺ ¡Claro que lo son! Un dildo es mejor porque puedes elegir tamaño y grosor, vienen en muchas texturas, vibran... y, oh, adivina... duran más. Estoy completamente seguro de que nadie, ni siquiera tú, podría superar a uno de mis juguetes.
El comentario tensó a Minho por completo. Su mandíbula se apretó y su ego, notoriamente del tamaño de un continente, se sintió personalmente atacado.
⸺ ¿Qué dijiste? ⸺ siseó Minho, dando un paso al frente. Su voz era baja, pero cargada de indignación ⸺ Por supuesto que puedo superar a tus juguetes. No tienes ni idea de lo que estás diciendo.
Jisung se incorporó, ladeando la cabeza con burla.
⸺ Oh, ¿en serio? Lo dudo ⸺ respondió con una sonrisa descarada, apoyando los codos en las rodillas ⸺ Quizá lo que tienes ahí abajo ni siquiera se acerca al tamaño o la sensación que me da mi colección. Son de alta gama, ¿sabes?
Eso fue la gota que colmó la paciencia de Minho. Jisung podía ser un idiota con frecuencia, pero justo ahora no iba a permitir que cuestionara su habilidad o, peor aún, su tamaño. No, definitivamente no iba a dejarlo pasar.
Soltó una risa baja, sin rastro de diversión, y antes de que Jisung pudiera reaccionar, se inclinó y lo tomó firmemente del brazo.
⸺ Bien. Vamos a comprobarlo ⸺ espetó, tirando de él con brusquedad para que se levantara del sofá.
⸺ ¿Qué? ¿A dónde me llevas? ⸺ protestó Jisung, sorprendido por la repentina acción.
Minho no respondió. Simplemente lo arrastró por el pasillo hasta la puerta de su habitación. Al entrar, empujó a Jisung, quien cayó de espaldas sobre el colchón con un pequeño rebote. Sin soltar el pomo, cerró la puerta con un sonoro clic.
Jisung lo miró desde la cama, sorprendido, mientras su pulso se aceleraba.
⸺ ¿Qué demonios estás haciendo?
Minho lo observó desde arriba, con aire de superioridad. Un brillo de desafío puro y orgullo herido relucía en sus ojos.
⸺ Vas a retractarte, Han Jisung. Voy a demostrarte que definitivamente soy mejor que esas cosas de plástico.
Jisung alzó la vista de golpe, incrédulo.
⸺ ¿Disculpa? ¡No puedes obligarme a hacer algo así! ¡Tenemos un límite, Minho, somos amigos!
⸺ Cállate ⸺ gruñó Minho, en un tono que no admitía réplicas.
Avanzó hacia la cama y, antes de que Jisung pudiera decir otra palabra, su cuerpo ya lo estaba inmovilizando; su boca cayó sobre la del menor con una ferocidad que no le dio tiempo a protestar. El beso era dominación pura, una demostración de poder, un reto no verbal que prometía superar cualquier cosa que Jisung hubiera experimentado antes.
Minho lo empujó de nuevo contra los almohadones, rompiendo el beso para descender por su mandíbula y cuello, mordiendo la clavícula a través de la fina tela de su camiseta.
⸺ La ropa. Fuera. Ahora ⸺ ordenó, su voz ronca contra la piel de Jisung.
Desafiante, Jisung le mantuvo la mirada mientras se quitaba la camiseta, su pecho subiendo y bajando con respiraciones agitadas. Minho respondió desabrochando su propio pantalón y bajándolo junto con su ropa interior hasta sus caderas.
Y entonces, los ojos de Jisung se abrieron aún más. Un destello de shock genuino, mezclado con un hambre voraz, le cruzó el rostro.
Era... voluminoso. Impresionantemente largo y grueso, con una pesadez prometedora que hacía que incluso los juguetes más atrevidos que tenía parecieran, de pronto, exactamente eso: simples juguetes.
⸺ ¿Qué pasa, Jisung? ¿Te gusta lo que ves? ⸺ preguntó Minho con arrogancia, notando la mirada fija del menor en su entrepierna.
⸺ El tamaño no lo es todo ⸺ replicó Jisung, intentando que su voz sonara segura, aunque claramente no lo estaba.
⸺ Probablemente no ⸺ concedió Minho, subiendo de nuevo a la cama. Una mano desabrochó el pantalón de Jisung y lo bajó sin esfuerzo ⸺ La técnica lo es.
Minho no perdió tiempo y comenzó a tocarlo, preparando su entrada con una seguridad que descolocó a Jisung. Sus manos exploraron hasta encontrar ese punto que él siempre había estimulado solo. Arqueó la espalda; gemidos comenzaron a escapar de sus labios. Minho lo silenció con otro beso, más profundo y sucio, mientras sus dedos seguían moviéndose dentro de él.
Tomó el lubricante de la mesita de noche y lo abrió con rapidez, antes de volver a tocar ese punto que hizo que Jisung viera estrellas.
⸺ Dijiste que tus juguetes vibraban ⸺ susurró Minho contra su oído, mientras sus dedos aún se movían dentro de él ⸺ Bueno, yo voy a hacer temblar todo tu cuerpo.
Jisung no pudo responder. Solo jadeó, sus uñas clavándose en la espalda desnuda de Minho.
Cuando la punta de Minho, enorme y abrasadora, lo reemplazó, Jisung gritó. No era dolor, sino rendición ante una sensación demasiado intensa, demasiado real. Minho se hundió en él con empujes largos e implacables, llenándolo de una manera que ningún objeto inanimado podría. El calor, los latidos, la tensión de sus músculos contra los suyos... todo era abrumador.
⸺ Dime ahora, Jisung ⸺ jadeó Minho, moviéndose con embestidas profundas y fuertes que hacían chirriar la cama. Cada estocada rozaba el punto dulce de Jisung, haciéndolo delirar ⸺ ¿Qué prefieres? ¿Esas cosas de plástico? ⸺ una embestida más intensa ⸺ ¿O esto?
Jisung estaba más allá de cualquier pensamiento coherente. El mundo se reducía al peso de Minho sobre él, al lugar donde sus cuerpos se fundían, a la guerra sensual de sus miradas fijas la una en la otra. Pero su orgullo todavía no se rendía.
⸺ Mis juguetes todavía... son mejores ⸺ logró gemir, desafiante.
Minho sonrió. Una sonrisa feroz y peligrosa se dibujó en su rostro. En un movimiento rápido, colocó una almohada bajo la espalda baja de Jisung, cambiando el ángulo y haciendo que las embestidas fueran aún más profundas.
Fue demasiado. Cada argumento, cada burla, cada insinuación sobre la superioridad de sus juguetes de plástico y silicona se desintegró bajo las manos y el cuerpo de Minho. Era demasiado bueno, demasiado intenso. No duró mucho más. Jisung se vino, sacudido por espasmos violentos, arqueando su cuerpo bajo Minho.
Minho lo siguió poco después, con un gruñido y una sonrisa que claramente decía “victoria”, hundiéndose en Jisung hasta el fondo y quedándose allí, mientras lo llenaba con su propia ola de calor.
El silencio que siguió solo fue roto por la respiración agitada de ambos. Minho se desplomó a un lado, evitando aplastarlo, pero manteniendo un brazo posesivo sobre el pecho de Jisung. Este, con los ojos fijos en el techo, sentía cada uno de sus músculos temblorosos. El olor a sexo y a Minho lo envolvía. Su orgullo herido, pero no destrozado, volvió a salir.
⸺ Mis juguetes pueden durar más tiempo haciéndolo ⸺ murmuró, con la voz ronca.
Minho giró la cabeza para mirarlo; una sonrisa lenta y divertida curvó sus labios.
⸺ Mira qué interesante, resulta que yo tengo un modo extra y se llama “repetición”.
Y Jisung, a pesar de todo, rio también: derrotado, satisfecho y terriblemente curioso por lo que “repetición” implicaría. Sus juguetes, por ahora, podían esperar.
A la mañana siguiente, ninguno dijo nada al respecto, ninguno tocó el tema. Ni siquiera un indicio de querer hablar de lo que había pasado.
Como si aquella noche hubiera sido solo eso, algo de una noche.
Como si sus cuerpos y mentes no tuvieran memoria.
Sin embargo, catorce días después, el recuerdo de lo que había pasado comenzaba a ser insoportable.
Dos semanas.
DOS SEMANAS.
Dos malditas semanas desde aquel encuentro, y todo había seguido supuestamente “normal”.
Pero no lo era. Nada lo era.
Jisung estaba molesto, irritado y, sobre todo, frustrado sexualmente. Minho, sin saberlo, lo había dejado en una especie de abstinencia involuntaria.
Antes disfrutaba de sus juguetes con la facilidad de siempre. Era su rutina: se daba placer diario, sin complicaciones. Pero ahora nada parecía ser suficiente. Ningún tamaño, ningún ritmo, ningún tipo de vibración. Todo se sentía... insuficiente.
Odiaba admitirlo incluso en su cabeza, pero necesitaba a Minho.
Sin embargo, se negaba a pedírselo. No porque no pudiera. Podía y sin problemas. Tenía la boca, el descaro y el atrevimiento suficiente para decirle de frente que quería que lo follara. Lo que no podía hacer era aceptar lo que eso implicaba: que Minho había sido, por mucho, mejor que todos sus juguetes juntos.
Minho tampoco estaba mucho mejor.
Para él, el sexo siempre había sido una forma eficiente de liberar estrés. Simple. Funcional. Una noche, sin nombres, sin consecuencias. Llegar, follar, irse.
Y eso había sido así siempre, al menos hasta que lo hizo con Jisung.
No importaba con quién estuviera, ni cuán dispuesto pareciera el otro cuerpo. Su mente traicionera volvía una y otra vez a Jisung. A su cuerpo. A su voz. A la mirada desafiante que le daba.
Era absurdo e irritante.
Y lo peor era que, si era honesto consigo mismo, Jisung había sido el único que había podido seguirle el ritmo sin problema. Sin quejarse. Sin agotarse. Tres veces. En una sola noche.
Era la maldita lotería.
Pero pedir repetir no era una opción. ¿Qué le diría? ¿Qué no podía hacerlo con nadie más sin pensar en él? No, definitivamente no. Su orgullo no lo permitiría.
Lo más ridículo de todo era que ambos lo sabían.
Minho notaba que Jisung ya no pasaba tanto tiempo encerrado en su habitación. Jisung notaba que Minho comenzó a volver temprano cada vez que salía.
Ambos fingían no ver nada. Ambos esperaban que el otro cediera primero.
El problema de esperar era que necesitabas paciencia, mucha paciencia, y al parecer a ambos comenzaba a acabárseles.
Era domingo. Jisung llegó al departamento con una bolsa rosa brillante en la mano.
Minho estaba sentado en el sofá, revisando su celular sin mucho interés, cuando levantó la vista y reconoció la bolsa de inmediato.
⸺ ¿Otro juguete? ⸺ dijo, alzando una ceja ⸺ ¿Los que tienes ya no son suficientes?
Jisung sonrió, divertido, dejando la bolsa sobre la mesa sin abrirla.
⸺ Siempre hay espacio para uno más ⸺ respondió ⸺ Me sorprende que lo sepas, considerando que hoy deberías estar... ocupado.
Minho lo miró con calma, pero había algo tenso en su postura.
⸺ ¿Y tú? ⸺ replicó ⸺ ¿Compraste uno nuevo porque los otros ya no te satisfacen?
Jisung rio suavemente, inclinándose apenas hacia él.
⸺ ¿No vas a salir a follar hoy?
El silencio que siguió fue denso.
Minho dejó el celular a un lado y se reclinó en el sofá, observándolo con una sonrisa lenta, peligrosa.
⸺ Curioso que te importe ⸺ dijo ⸺ Pensé que estabas muy ocupado con... tus cosas.
⸺ Lo estoy ⸺ respondió Jisung, cruzándose de brazos ⸺ Solo me sorprende verte en casa un domingo, considerando que follar suele ser tu pasatiempo favorito.
Sus miradas chocaron. Ninguno se apartó.
⸺ ¿Y funciona? ⸺ preguntó Minho finalmente ⸺ ¿Te compraste algo que valga la pena?
⸺ No es asunto tuyo.
⸺ Entonces no estás seguro, ¿verdad?
Jisung dudó un segundo. Solo uno. Luego pasó un dedo por la cinta de la bolsa, lento, sin abrirla.
⸺ No, no lo estoy. Y por eso voy a ir a comprobarlo. ¿Quieres ver?
Minho no respondió. Se levantó del sofá. Acortó la distancia. Cerca. Demasiado cerca.
⸺ No juegues ⸺ advirtió en voz baja.
⸺ Tú empezaste ⸺ replicó Jisung, sin apartar la mirada.
El aire se volvió espeso. Ninguno se movió. Ninguno dio el paso final. Pero ambos sabían exactamente qué estaba pasando.
Finalmente, Minho dio un paso atrás, negándose a ceder.
⸺ Buenas noches, Jisung.
⸺ Buenas noches, Minho.
Minho se encerró en su habitación con el cuerpo tenso y la cabeza ocupada por alguien que no debería estar ahí. Apoyó la espalda contra la puerta cerrada y respiró hondo, como si así pudiera expulsarlo de su mente. No funcionó.
Al otro lado del pasillo, Jisung hizo lo mismo. Cerró la puerta de su habitación y apoyó la frente contra la madera durante un segundo, con el corazón martilleándole las costillas. Entre sus manos, la bolsa rosa parecía burlarse de él.
Con dedos temblorosos, sacó la caja y reveló su nueva adquisición: un dildo de silicona de doble densidad, diseñado para ser lo más realista posible. Era el más grande que había comprado jamás, elegido meticulosamente porque, en su mente nublada por la frustración, las dimensiones le recordaban demasiado a lo que había visto entre las piernas de Minho. Y porque, en ese momento, necesitaba creer que algo podía llenarlo como Minho lo había hecho.
Se desvistió rápido, arrojando la ropa al suelo. Necesitaba eso. Necesitaba que el vacío en su pecho y un poco más abajo desapareciera.
Se acomodó en la cama, preparándose con una urgencia que rozaba la desesperación. Pero cuando comenzó a usarlo, la decepción lo golpeó como un balde de agua fría. Estaba frío. Inerte. Por más que vibrara o tuviera la textura “perfecta”, no tenía el peso, el calor ni la agresividad de Minho.
⸺ Maldita sea... ⸺ gruñó Jisung, cerrando los ojos con fuerza.
Empezó a moverse con más intensidad sobre el juguete, forzándose a sentir algo. Sus manos recorrieron su propio pecho, pellizcando sus pezones, mientras su mente traicionera comenzaba a proyectar la imagen de Minho sobre él.
⸺ Minho... ah, joder, Minho... ⸺ el nombre escapó de sus labios en un gemido entrecortado, una confesión involuntaria de su derrota.
En el pasillo, Minho se detuvo en seco de camino al baño. Los gemidos de Jisung no eran algo nuevo para él, pero escuchar su propio nombre pronunciado con tanta necesidad lo dejó anclado al suelo. Su pulso se aceleró al instante. El orgullo luchó contra el deseo durante tres segundos exactos. El deseo ganó por goleada.
Caminó hasta la puerta de Jisung y apoyó la mano en el pomo. Giró despacio. La puerta se abrió.
Jisung estaba de espaldas, arqueado sobre la cama, moviéndose deliberadamente sobre el juguete nuevo, completamente entregado a la fantasía. Estaba tan sumergido en su propio delirio que no oyó el leve crujido de la puerta al abrirse, ni los pasos silenciosos de Minho sobre la alfombra.
Minho se quedó en el marco de la puerta, observando la escena. Ver a Jisung usando ese trozo de silicona mientras decía su nombre fue el detonante final. Su paciencia se evaporó.
Se acercó a la cama y, sin previo aviso, rodeó la cintura de Jisung con un brazo firme, mientras que con la otra mano le arrancó el juguete del interior con un movimiento brusco.
⸺ ¡Ah! ⸺ Jisung soltó un grito de sobresalto, girando la cabeza con los ojos desorbitados ⸺ ¿Min-Minho?
⸺ Dijiste que eran mejores, ¿no? ⸺ siseó Minho cerca de su oído, su voz baja, grave y cargada de puro deseo ⸺ Entonces, ¿por qué estás aquí gimiendo mi nombre como un desquiciado mientras usas esa basura?
Jisung intentó responder, pero Minho no le dio tiempo. En un movimiento fluido, se deshizo de su pantalón de dormir, revelando que estaba tan listo como él.
⸺ Te voy a quitar esa costumbre de buscar reemplazos ⸺ sentenció.
Se colocó detrás de Jisung, sujetándole las caderas con una fuerza que dejaría marcas. Sin más preámbulos, se hundió en él de una sola estocada profunda, llenándolo por completo.
Jisung echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido desgarrador que llenó la habitación. El shock inicial se disolvió en un segundo cuando el calor real y la presión abrumadora de Minho lo invadieron. Cada embestida era un recordatorio de que ningún juguete podía replicar lo que Minho lo hacía sentir. Jisung quedó completamente desarmado, con las manos temblorosas y la frente apoyada contra la almohada, perdiendo la batalla por mantener su ego intacto.
⸺ Dilo, Jisung ⸺ ordenó Minho, con la voz ronca y autoritaria, tirándole del cabello para obligarlo a arquear la espalda ⸺ Di que soy mejor que todos esos malditos pedazos de plástico que tienes guardados.
Jisung soltó un sollozo que fue mitad placer y mitad rendición. Sentía a Minho en lo más profundo, reclamando cada rincón de su cuerpo de una forma que lo hacía temblar, y su orgullo finalmente se hizo añicos.
⸺ ¡Eres mejor! ⸺ gritó, con la voz quebrada por un orgasmo inminente ⸺ ¡Maldita sea, Minho! ¡Eres mil veces mejor que todos mis juguetes juntos!
Minho sonrió, satisfecho con la confesión, y aceleró hasta que ambos alcanzaron el límite en un estallido de calor que los dejó sin aliento, colapsando uno sobre el otro entre las sábanas revueltas y el dildo nuevo, olvidado en algún rincón del suelo.
Pasaron unos minutos de silencio pesado, interrumpido solo por sus respiraciones agitadas. Pero no duró mucho. En cuanto Jisung recuperó un poco de aire, se giró bruscamente y empujó el hombro de Minho, visiblemente molesto.
⸺ ¡Te odio! ⸺ espetó, señalándolo con el dedo ⸺ ¡Mira lo que hiciste! ¡Arruinaste oficialmente toda mi colección! Gasté una fortuna en ese dildo rosa y ahora es basura porque mi cerebro solo quiere... esto. ¡Lo arruinaste todo!
Minho, muy lejos de disculparse, se sentó en la cama, igual de indignado.
⸺ ¿Ah, sí? ¿Crees que eres el único afectado? ⸺ replicó, pasándose una mano por el cabello revuelto ⸺ ¡Yo tampoco he podido follar tranquilo en dos semanas! Cada vez que intentaba algo con alguien, tu estúpida cara desafiante se me metía en la cabeza y tenía que irme a casa. ¡Me lanzaste una especie de maldición!
⸺ ¡Es tu culpa! ⸺ gritó Jisung, lanzándole una almohada ⸺ ¡Si no me hubieras follado esa primera noche, yo seguiría feliz con mi rutina y tú estarías por ahí desestresándote con cualquier desconocido! ¡Rompiste el equilibrio de nuestra amistad con tu maldito ego!
⸺ ¡Tú empezaste! ⸺ rugió Minho, devolviéndole la almohada ⸺ ¡Si no hubieras dicho que esas cosas de plástico eran mejores que yo, no me habría visto obligado a demostrarte la verdad! ¡No es mi culpa que tus juguetes sean mediocres comparados conmigo!
⸺ ¡No es mi culpa que te lo hayas tomado personal! ⸺ Jisung se cruzó de brazos, sentado desnudo frente a él, con los labios fruncidos en un puchero de rabia pura ⸺ Pero ahora tienes un problema, Lee Minho. Me dejaste inservible para mis juguetes. Me echaste a perder. Así que ahora... ahora tienes que hacerte responsable.
Minho lo miró fijamente, procesando lo que Jisung acababa de soltar. Una sonrisa lenta y arrogante, la misma de siempre, empezó a dibujarse en su rostro.
⸺ ¿Hacerme responsable? ⸺ repitió con burla ⸺ ¿Me estás diciendo que ahora tengo que reemplazar toda tu colección de plástico porque ya no puedes vivir sin mi tamaño?
Jisung se puso rojo hasta las orejas, pero no apartó la mirada.
⸺ Básicamente, sí. Arruinaste mi vida sexual, así que ahora tienes que arreglarla. Además, tú también me necesitas, y lo sabes. Me parece bastante razonable.
Minho soltó una carcajada corta y seca. Se acercó hasta que sus rodillas se tocaron y lo tomó de la nuca, acercando su rostro al suyo con esa chispa de posesividad que ya ninguno fingía ignorar.
⸺ Bien. Sí. Es razonable ⸺ admitió ⸺ Está bien, Jisung. Me haré responsable ⸺ susurró contra sus labios ⸺ Pero si voy a ser tu juguete oficial, prepárate. Porque, a diferencia de tus juguetitos, yo no tengo botón de apagado.
Jisung sonrió con descaro y pasó los brazos por el cuello de Minho, aceptando por fin que el orgullo quizá podía quedarse muy fuera de todo eso.
⸺ Mejor para mí.
Gracias por leer. Lamento si hay faltas de ortografía o errores gramaticales.