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SOLO UNA VUELTA MÁS

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Sinopsis

Dan tiene treinta años y una vida que parece tejida punto por punto. Entre ovillos, agujas y la pequeña vida que construyó con sus propias manos, ha aprendido que algunas cosas requieren paciencia: los proyectos, los sueños y también el amor. Ansel, en cambio, siente que su vida se ha deshilachado. Con veintidós años, arrastra errores, pérdidas y la incómoda sensación de haber quedado atrás mientras todos los demás avanzan. Cuando una oportunidad inesperada lo lleva a cruzarse con Dan, descubre algo que no sabía que necesitaba: la posibilidad de empezar de nuevo. Lo que comienza como una amistad sincera pronto se convierte en un refugio compartido, en tardes tranquilas entre conversaciones, risas y proyectos inacabados. Pero enamorarse nunca es tan sencillo. Mientras ambos intentan enfrentar sus propios miedos y las huellas de su pasado, deberán decidir si vale la pena arriesgar su amistad por un amor. Porque, al igual que en el tejido, algunas piezas no salen bien al primer intento. A veces hay que deshacer, volver atrás y dar una vuelta más para descubrir que el resultado final puede ser mucho más hermoso de lo que imaginábamos. Una historia sobre las segundas oportunidades, el amor que llega cuando menos se espera y el valor de volver a intentarlo.

Genero:
Romance
Autor/a:
Paturris
Estado:
En proceso
Capítulos:
9
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

PUNTO CADENA

-1…2…3…4, aumento 1…2…3…4, aumento, 1…2…

-Bebé

-3…4… Aumento, 1…

-¡Dan!

-2…3…4, aumento, 1…

-¿Aló?¡¿Oye?!

-2...3…4

-¡DANTE!

Ay no, perdí la cuenta… otra vez

-Otra vez… –Cerré los ojos– Ahora tengo que empezar de nuevo la hilera –Dije ansioso. Me cubrí la cara con ambas manos– ¿Qué pasa Blanca? estaba terminando por fin la última vuelta de aumentos para poder ce…

-¡Eso dijiste hace 3 vueltas atrás! –Me interrumpió su voz grave de inmediato– Tengo hambre y estoy aburrida, ¡Salgamos por ahí a pasear!

-Uyy que pereza –Entorné los ojos y tiré la cabeza hacia atrás.

-Dale, vamos, hace tiempo que Layla te quiere conocer –Hizo una pausa y suspiró– No puede ser que llevemos 5 años de novios y aun no te conosca, cree que eres un invento mío, que descarada, solo porque ahora tiene novio quiere una cita doble, pero salir conmigo a solas antes, nada de nada, no veo cual es el interés ahora…

Layla… Como odiaba a esa “amiga”. Diría que era más como una némesis, Blanca a veces me contaba de su época de escuela, Layla siempre compitió constantemente con ella.

Mi novia nunca fue de una familia acomodada, es más, venía de una muy humilde de los barrios más alejados del centro de la ciudad. Estudió becada gracias a su excelencia académica en una institución de gran renombre y luego al pasar a la universidad, corrió la misma suerte. Por un lado teníamos a Blanca una persona inteligente, con disciplina, con talento innato y por el otro a Layla, que nació en cuna de oro, con todos los recursos y todo al alcance de la mano. A pesar de tener todas las comodidades, nunca le bastó, siempre quiso ser la número uno en todo, pero Blanca siempre le ganó en calificaciones, oportunidades, contactos y concursos universitarios.

-¡Dan! – Interrumpió mi hilo de pensamiento.

-Blanca, sabes que ella no es una buena persona, no tiene más que hablar que cosas desagradables de mi ¡Y ni me conoce! –Voltee los ojos.

Y era cierto, no me conoce, en una ocasión falté a una fiesta a la que nos invitaron a mi y Blanca e inmediatamente empezó a decir cosas como, “Seguramente se esconde por alguna razón”, “Tendrá otra novia?” “¿Le gusta tejer? mmm… curioso, ¿Eso no lo hacen sólo las chicas?” Obviamente, esto me lo comentó mi novia tiempo después.

-Déjala, sólo lo hizo para provocarte y así no ausentarte de nuevo. Vamos, no te lo tomes tan en serio, cuando la conozcas vas a ver que es un encanto.

Sin dejar que pudiese responder, se levantó del sillón de nuestro apartamento y fue a alistarse, mientras yo, deshacía la vuelta de mi tejido por donde había perdido la cuenta y me levanté para poder vestirme de forma más acorde a la futura ocasión. Aún seguía en pijama.

Qué más da, mientras antes empecemos, antes terminaremos.

Cuando entré a la habitación vi a Blanca usando un conjunto Café, falda corta de cotelé, una blusa ceñida al cuerpo, un collar, botas largas y un gorrito estilo francés, esos colores neutros, quedaban muy bien con su pelo largo ondulado color marrón. A mi lado ella se veía de muy baja estatura y yo no era precisamente la persona más alta.

-Eso te queda muy bien “pitufina” —La abracé por la espalda

-¡A veces se me olvida lo caballero que eres! —Me ignoró

-Oye… –Comencé a besar su cuello– …no te parece mejor ¿Comer otra cosita?¿Ir a otro lado? –Mis besos subían por su costado hasta la mandíbula.

-Dan… mmm, ¿En serio? ¿Justo ahora? –Empezó a tensar su cuerpo, se estaba entregando completamente a mi.

-Tengo unas cosas por aquí que te podrían gustar más. –Empezaba a manosearla por su cadera, apegándose a mi.

-¿Qué cosas? —Me preguntó siguiéndome el juego ya muy nerviosa, empezó a morderse el labio inferior.

-Esto… –Le pegué a mi para que sintiera toda mi entrepierna.

-¿En serio estás dispuesto a usar toda tu baraja de cartas con tal de no ir? ¡No voy a caer! –Sonrojó

-¡Oh vamos! –Me agarré la cabeza– Es que realmente no quiero ir…

-Hombre, no te tomas nada enserio, de verdad, ya vístete, llegaremos tarde, no quiero que después se hable a nuestras espaldas de que somos unos impuntuales.

Vaya amiga

No quise molestar más y empecé a arreglarme, peiné mi pelo castaño con las manos, que por cierto siempre lo llevaba alborotado, me puse un outfit a juego con su vestimenta, una Camisa café oscuro, Jeans, Vans y mi Totebag con bordado “Sashiko” donde cargo siempre mi tejido.

Una vez saliendo del apartamento ya listos, nos dirigimos a tomar el metro. Apenas abordamos el vagón inicié mi ritual: Encontrar un asiento, cruzar mi pierna derecha por sobre la izquierda y sacar mi tejido para entrar en mi mundo. Blanca a mi lado hablaba sin parar.

Si soy honesto, puedo concentrarme más en las conversaciones cuanto tejo, pero cuando hablaba Blanca dejaba de escuchar un poco. Sé que eso está muy mal, pero todas sus conversaciones se basan en hablar mal de la gente. Así que finalmente, yo siempre iba concentrado en el tejido.

1…2…3…4, aumento, 1…2…3…4, aumento.

Una vuelta más…

Cada vez que terminaba una vuelta anotaba el procedimiento en una libreta y si no la llevaba conmigo, en las notas del teléfono. Porque mi trabajo dependía de armar, desarmar y volver a tejer. Cada vuelta, cada punto, cada nudo debía anotarlo.

Recorrimos al menos 6 estaciones de metro hasta nuestro destino.

-Dan ya es nuestra parada, vamos. –Hizo el amago de levantarse

Apenas reaccioné y me ubiqué marqué el final de la vuelta del amigurumi y guardé el tejido. Al levantarme de mi asiento ví alrededor mío la gente que me observaba como un bicho raro ¿Tan difícil es para la gente ver a un hombre tejer?

Respiré hondo y no me calenté la cabeza a pesar de las miradas juzgonas –que ya estaba acostumbrado la verdad– y bajé del metro agarrando la mano de mi novia.

Luego de un rato caminando llegamos a la esperada cita. La cafetería parecía muy minimalista y llena de plantas, se podría decir que todo era muy “pinterest”, lo primero que se me vino a la mente fue, tejer aquí sólo, sin interrupciones, sería genial.

Hasta que un grito chillón me sacó de mi mundo, era Layla, una chica muy rubia casi platinada de cabello muy largo, delgada pero con mejillas redondas.

¡Amigaaa! –Se abalanzó sobre Blanca ignorando completamente que yo estaba con ella de la mano. La solté casi a la fuerza.

-¡Layla! Llegaste más temprano, y eso que aún faltan 15 minutos para reunirnos ¿Cómo estás? Tanto tiempo, te creció mucho el cabello.

-Yo súper bien y se ve que tú también, ya quería verte. –Se alejó un poco para mirarla de pies a cabeza– Con ese atuendo pareces como una viejita tierna ¡Amoooo! —Gritó nuevamente con su voz aguda.

Ay no… ¿En serio?

Ya partimos mal, la chica había ignorado el hecho de que estaba al lado de mi novia, no me había saludado y además empezaba con sus comentarios pasivo-agresivos.

-Eh, ¿Gracias? Jaja –Blanca fingió una risa muy forzada y me miró de reojo, obvio yo no oculté nada y enarqué una ceja.

-¿Y tu novio? –Preguntó Blanca cambiando el tema rápidamente un poco nerviosa.

-Ah, ese tipo –Dijo con los ojos en blanco– Debe estar por llegar, que impuntual, en fin, hombres… –En ese momento se dio cuenta de mí existencia y se giró hacia mí lentamente, mirándome, nuevamente de pies a cabeza– ¡Tú debes ser Dani!

-Dan, mucho gusto.

O mejor dicho, mal gusto.

-Aaa si Dan, Dani, lo mismo, tú eres el novio de esta chiquilla –Movía su mano frente a su cara restándole importancia.

-Si, soy su novio y…¿Tú eres? Blanca nunca habló de ti –Respondí molesto.

-¡JAJA Dan es tan gracioso cuando quiere! –Me dio un codazo. Sonreí falsamente. Bueno todos nosotros. Esto parecía el circo del cinismo.

-En fin, ¿nos sentamos? —Dijo Layla, avanzando dentro del local a saltitos y sentándose en una mesa esquinada.

Noté que era una cafetería muy conocida, ya que había mucha gente y los precios también eran un poco elevados, pero…

¡¿Cuánto cuesta un expresso?!

Mis ojos se abrieron al ver el listado de precios, obviamente Blanca lo notó.

-Eh… ¿Qué pedirás amor? –Preguntó con un tono forzadamente dulce.

-Blanca, ¿Sabes lo que cuesta este café? Con esto podría perfectamente comprarme, eh, 1…2…3, ¡3 madejas de un buen hilo! –Dije atónito contando con mis dedos y leyendo el resto del menú.

-Es que… esta es una cafetería de especialidad amor, por eso los precios son un poquito más altos. –Se veía que me estaba regañando con la mirada, como cuando una madre fulmina con los ojos a un niño que se está portando mal en público.

-¿Especialidad? ¿Qué es eso? ¿Los granos son especiales?! ¡Me imagino que los granos los cultivó y tostó el mismísimo Juan Valdez! –Dije con ironía esperando a que riera, pero no fue así. Por lo general eso era lo que nos había unido a mí y a Blanca, el sarcasmo, los chistes un poco subiditos de tono, el humor negro y más cosas, pero esta vez no fue el caso, no elegí bien el escenario de mis payasadas.

-Ay no te pongas así y elige de una vez, si el problema es el dinero, lo pago yo –Dijo nerviosa y con mirada asesina, esto era serio. Fin a mi stand up forzoso por el momento.

-No amor, no es eso, es que…–Me tuve que callar de inmediato, pues había notado que ahora todos en la tienda estaban en silencio y mirando en una dirección.

A la tienda había entrado un tipo.

¿Por qué todos callaron?

Porque era un chico fuera de este mundo, no exageraba, parecía… ¿Un ángel? ¡Es un chico muy perfecto! Un poco más alto que yo, debía rondar los 1.90 cm, muy bien vestido, muy limpio y… ¿Guapo? Si, se podría decir que si. Parecía una celebridad, la gente babeaba por él, incluso Blanca quedó con la boca abierta, que por cierto no me molestó, yo no era del tipo celoso, además era inevitable quedar así, no se veía todos los días a alguien como él, yo apenas me pasaba las manos por encima para poder salir medianamente decente y se notaba que él se levantaba al menos 2 horas antes de salir solo para prepararse a él mismo.

-¡Aquí cariño! – Gritó Layla, levantando la mano y señalando nuestra mesa.

Blanca y yo nos quedamos mirando sorprendidos, enarcando una ceja y verificando si realmente era a “ese chico” al que llamaba y si no había nadie detrás. Resultó que, efectivamente, llamaba al chico guapo.

-Hola a todos, disculpen la tardanza, aún no me ubico bien por estos lados –Se sentó al lado de Layla dándonos una sonrisa muy encantadora. ¿Encantadora? Eeh, diría que era más como una sonrisa cariñosa, eeh ¡no! ¡Familiar! Si si, ¡Familiar!

-No te preocupes, fuiste puntual, nosotros nos adelantamos, un gusto conocerte al fin, yo soy Blanca, amiga de Layla. Somos amigas desde la escuela, por fin te conocemos, siempre me habla de ti –Blanca siempre fue muy amable– por cierto, él es mi novio Dante pero le decimos Dan. Me señaló.

Su pelo… ¿Se podía tener un pelo tan oscuro? Seguro se lo retocaba… ¿No? Su piel también era muy blanca y su quijada muy marcada, dientes como perlas… me pregunto si…

-¡Dan! – Blanca interrumpiendo mis pensamientos de nuevo, me devolvió al mundo.

-Disculpa, soy un poco distraído, Me llamo Dante pero me dicen Dan un gusto –Los 3 me miraron perplejos y se rieron al mismo tiempo.

-¿Dije algo malo? – Enarqué una ceja a la defensiva.

De pronto el chico guap… el chico me dirigió la palabra.

-Es que Blanca ya te había presentado, se ve que vives en tu mundillo jajaja

Estiró su mano para saludarme. Al estrecharla con la de él, me di cuenta que era más grande que la mía, una mano delgada, fina y firme. No sé por qué, pero me puse muy nervioso al escuchar su risa.

Si tuviera que compararlo con una persona, no podría. No conozco ninguna que se le parezca. Ni en lo más mínimo. Sería mejor compararlo con una pintura, diría que es como el “Ángel caído” de Miguel Ángel, pero con un cabello oscuro azabache.

-Un gusto, mi nombre es Ansel –Respondió risueño con mi mano aún estrechada con la de él.

¿Ángel? ¿Escuché mal?

Ansel.

Nunca lo había escuchado.

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