Epilogo
Un abrazo de oso.
No era cualquier abrazo.
Era el tuyo.
El que mi corazón todavía busca en medio del caos.
Grande, cálido, inevitable…
como ese beso que me diste una vez
y que nunca se fue del todo.
Éramos eso.
Un secreto en medio del ruido.
Dos personas que se encontraban sin saber por qué.
Pero la ciudad…
la ciudad se llevo todo.
Se llevo las promesas,
los caminos que no elegimos y las palabras que nunca llegamos a decir.
Y ahora queda esto:
Un abrazo donde ya no quedan brazos.
Un amor que aprendió a quedarse solo.
Y yo…








