Cap 1 | Buenos Aires
1988
Nunca imaginé que una cámara me llevaría tan lejos.
Tenía 22 años cuando, con solo una pequeña maleta y mi cámara colgada al cuello, viajé hasta Buenos Aires, Argentina, dejando atrás mi querido México.
Una propuesta laboral casi irreal había llegado hasta la puerta de mi casa, y no podía desaprovecharla. Me despedí de mi abuelita y emprendí el viaje entre las nubes hasta aterrizar en el aeropuerto, donde ya me esperaba mi hermano mayor.
—Pau!— Exclamó —Tanto tiempo, como estuvo el viaje?-
-Pesadísimo!! la espalda me va a matar-
-Bueno ya pasó, bienvenida a Buenos Aires-
Daniel me llevó hasta el departamento donde me hospedaría durante un tiempo. Vivía solo desde hacía algunos años, así que había insistido en que me quedara con él mientras me acostumbraba a la ciudad.
No veía a mi hermano desde hacía mucho tiempo, pero, curiosamente, nada entre nosotros se sentía extraño. Como si los años solo hubieran sido una pausa.
Nuestra madre también vivía en Buenos Aires, aunque nuestras vidas habían tomado caminos muy distintos desde que mis padres se separaron. Quizá algún día la buscaría. Pero ese día no era una de mis prioridades.
A la mañana siguiente me desperté antes de que sonara el despertador. Apenas había dormido de los nervios.
Después de desayunar, Daniel, mi hermano me llevó hasta el estudio fotográfico.
Al cruzar la puerta del estudio sentí que había entrado en otro mundo.
Había reflectores enormes iluminando distintos escenarios, cámaras de todos los tamaños, cables recorriendo el suelo y fondos de colores que colgaban desde el techo. Personas caminaban de un lado a otro cargando equipo, mientras el sonido de los obturadores y las conversaciones llenaban el lugar.
Era un caos...
Pero era el tipo de caos en el que siempre había soñado trabajar.
-¿Sos la chica nueva? -preguntó una voz a mis espaldas.
Me di la vuelta, era una mujer de cabello corto y naranjoso, llevaba una boina que la hacía ver chistosa
-Si- respondí un poco insegura -vengo desde México
-Ah, claro, sos vos. Vení, seguime.
La mujer caminó entre los enormes reflectores y los cables que cubrían el suelo. Yo no sabía hacia dónde mirar primero. Había cámaras de todos los tamaños, asistentes corriendo de un lado a otro y paredes repletas de fotografías de artistas que reconocía desde niña.
Me detuve frente a una en particular.
Era una fotografía en blanco y negro. La iluminación era perfecta. No parecía una fotografía... parecía una pintura.
-¿Quién tomó esta? -pregunté sin poder apartar la vista.
-¿Esa? -La mujer sonrió. -La tomó él.
Escuché el sonido de una cámara cerrándose detrás de mí.
-¿Me buscabas?
Al girarme encontré a un hombre de unos veintitantos años, con una cámara colgada del cuello y las mangas de la camisa remangadas. Parecía haber llegado con prisas, pero aun así sonreía.
-Justo a vos. Ella es Paulette Díaz, la fotógrafa que viene de México.
Él extendió la mano.
-Mucho gusto. Soy Alejandro
Correspondí el saludo.
-Un gusto.
La mujer dio un par de palmadas.
-Perfecto. A partir de hoy vas a trabajar con ella. Quiero que le enseñes cómo nos manejamos acá.
Él soltó una pequeña risa.
-¿Así que ahora soy profesor?
-No exageres. Solo procurá que no salga corriendo el primer día.
No pude evitar reír.
La mujer se alejó con rapidez para atender a otra persona, dejándome sola frente al enorme retrato.
-Es increíble... -murmuré casi sin darme cuenta-. Entonces tu la tomaste?
-Así es.
Me giré y encontré al mismo hombre que había visto unos minutos antes, con una cámara descansando sobre su hombro y una sonrisa discreta.
-Me encantó tu fotografía, Alejandro. Parece... casi irreal.
Él observó la imagen unos segundos antes de responder.
-Gracias. Supongo que después de tantos años detrás de una cámara, uno aprende que la belleza está en todos lados. Solo hay que saber encontrar el momento justo para capturarla.
No supe qué contestar. Volví a mirar la fotografía, intentando descubrir qué era lo que la hacía tan especial.
Alejandro dio un par de palmadas suaves.
-Bueno... ya habrá tiempo para hablar de fotos. Vení, te voy a mostrar el estudio.
Comenzamos a caminar entre los distintos escenarios. A un lado había un enorme ciclorama blanco iluminado por reflectores; del otro, un cuarto repleto de cámaras, objetivos y carretes perfectamente acomodados en estanterías. Más adelante se encontraba la sala de revelado, donde un tenue resplandor rojo escapaba por la puerta entreabierta.
-Acá hacemos prácticamente todo -explicó mientras avanzábamos-. Sesiones fotográficas, portadas de discos, videoclips, publicidad... Nunca sabés qué artista va a cruzar esa puerta.
Asentí maravillada. Apenas llevaba unos minutos ahí y ya sentía que aquel lugar tenía algo especial.
Estábamos por terminar el recorrido cuando vimos a la mujer de la boina acercarse a toda prisa. Llevaba una carpeta entre los brazos y una enorme sonrisa en el rostro.
-¡Alejandro! -exclamó, apenas recuperando el aliento-. ¡Acabamos de cerrar el contrato!
Él frunció ligeramente el ceño.
-¿Qué contrato?
-¡El de Soda Stereo! Mañana vienen los chicos para empezar con la sesión.
Por un instante, el estudio pareció quedarse en silencio.
Alejandro soltó una pequeña sonrisa y desvió la mirada hacia mí.
-Bueno, Pau... parece que tu capacitación empieza antes de lo esperado.
Lo miré sin entender del todo.
-¿Soda Stereo?
-Mañana los vas a conocer.
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helouuuuu me presentó ante mis lectores, soy chocomilk y estoy muy emocionada por continuar esta historia
me gustaría aclarar que no quiero faltarle el respeto a la memoria de Gustavo ni a su familia, es solo un fanfic random que se me ocurrió, bueno sin más que decir.. continuemosss :>









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