𝗰𝗼𝗹𝗶𝗹𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗶𝗴𝗮𝗿𝗿𝗶𝗹𝗹𝗼★.¡𝟬𝟬!
El venezolano miraba fijamente hacía el salvadoreño. Tenía que bajar levemente su mirada al ser Salvador un country de estatura pequeña, apenas midiendo 1.60. La mirada alegre y complejamente cálida de el guanaco se desviaban ahora de los ojos cansados de el tricolor.
— ¿Y bien? — Preguntó, ya cansado de que no pronunciarán ni una palabra — ¿Para que me llamaste? —
El Salvador, bajó la mirada con la mejillas a medio sonrojar, como que el motivo de llamar al venezolano fuera tonto y fue más un impulso estúpido que siguió, que algo que realmente valga la pena.
— Primero q-que nada-. . . No te vayas a reír — Exigió a duras penas el salvadoreño, su amigo sudamericano podía ser un poco cruel bromeando con él, cosa que ha sido motivo de varias peleas amistosas — Y pues-. . . Es un favor —
— Pero que clase de favor-. . . Para que me llamarás de noche — Dijo con un tonó coqueto, y juguetón mientras recibía un pequeño puñetazo en el hombro por el salvadoreño, que sinceramente era como sentir cosquillas, cuando no era enserio.
— Pues, estoy a sus servicios — Dijo graciosamente mientras hacía una reverencia, en forma de chiste, que sorprendentemente Salvador no siguió.
— B-bueno es que. . .-Eh querido probar cosas nuevas — El tono de el salvadoreño está noche era tímido, algo que sinceramente ponía tensa la atmosfera. Venezuela se impacientaba mientras El Salvador solo decía cosas sin sentido, ignorando el punto de aquel llamado.
— Hey-. . . Para que no sea directo es algo serio. Ya, directo al grano, ¿Qué pasa? — Habló, directo, interrumpiendo las tantas cosas que decía el guanaco.
— . . .- Quiero que me enseñes a fumar —
Tal como el salvadoreño menciono, saco un paquete de cigarrillos de el bolsillo de su abrigo, mirando con una mirada de suplica al tricolor, quería que pasará de todo, incluso que se negase pero realmente no quería ser la burla de el venezolano durante un mes, o quizá más.
— Pff-. . .JAsJA-. . .AJHSAHSJAHS- — Una fuerte carcajada le siguió a la petición de el guanaco, ni siquiera el propio Venezuela sabía de que se reía. Si de lo tonto de la propuesta o de que el mismo, Salvador le pidiera algo como eso.
Conocía a El Salvador, desde el tiempo suficiente para saber que era malo pidiendo favores, en especial de cosas riesgosas. Más si se trata de apuestas, pensaba que si pudo surfear durante una tormenta, fumar era una cosa que hacía desde pequeño.
Era una completa mezcla de lo más raro y tierno del mundo.
— ¿Ya terminaste? — Dijo pronunciando las palabras con cierto asco, su peor miedo se cumplió.
— ha-jAjahAJA-. . . Si. . .creo — Limpiándose un ligero rastro de unas lágrimas en sus ojos, mientras tocía de la forma más falsa, para seguir ocultando algunas risas más.
— ¿¡Como que crees, maje!? —
El Salvador hablaba con una mirada furiosa, con un pequeño sonroso en las mejillas. Aclarándose la garganta, y dirigiéndose otra vez al venezolano, habló:
— ¿Y bien? —
Venezuela se recostó en la motocicleta a sus espaldas, de su propiedad por cierto, mirando a los ojos a el salvadoreño, de l forma más tiernamente patética, pidiéndole unas lecciones de como fumar.
— Fumar mata — Pronunció, Venezuela. De forma hipócrita.
— Vos lo haces siempre, por eso te lo pedí. Además fumas hace años, y seguís vivo maje — Habló con la confianza de dejar a el venezolano a sin fundamentos.
— A duras penas-. . Pero igual, soy como una cucaracha, no me muero me multiplico — Dijo con un tono amenazante y bromista, El Salvador envidiaba esa carisma.
— ¡Bueno pues!-. . . ¿Si, si o no? —
— Pues. . .- No pierdo nada, supongo —
De los labios de el bicolor salió un ligero “yeeii” de celebración, como la festejada de un niño pequeño, un acto tonto que solo le dio ternura a Venezuela, esa enano de apenas 1.60, buscando ayuda en el para, disque aprender a fumar.
— Súbase, pues-. . — Dijo el venezolano, poniéndose su casco y dando dirección a la parte trasera de su moto, con la mirada.
Una mirada cálida, directa e hipnótica. De un color azul con destellos dorados, muy envidiados al ser únicos.
El Salvador al inició dudo en subirlo, mirándolo fijamente, sabía que el sudamericano podía ser un poco alocado por conducir, además que cuando consiguió esa motocicleta ni siquiera tenía licencia.
— Ya se que soy muy guapo, pero disimule más, Salvador. . .- — Habló, agregando un risa maliciosa al final de su frase menos egocéntrica.
— Hay, quisieras —
Dijo con un gesto burlón, sacando un poco su lengua, poniéndose el casco que su amigo le pasó y subiéndose con cuidado a la motocicleta aferrándose a su amigo. El salvadoreño rodeo el torso de el venezolano con algo de fuerza, sutil, aunque eso basto para escuchar un quejido un poco bajo, pero lo suficiente para llegar a escucharlo por ello Salvador relajo más su agarre y no hubo más rastro de conversación.
El clima era deseado. Pero una tortura para el salvadoreño, una parte aislada en lo alto, desde ese lugar se apreciaba una iluminada ciudad que a pesar de ser tan noche, parecía muy deslumbrante.
— ¿Por que me trajiste aquí? — Preguntó curioso, Salvador, parecía una montaña.
— Para estar solitos — Dijo, alzando sus dos cejas al mismo tiempo coquetamente.
— . . .-. . — Salvador solo dio una cara incrédula, las bromas de el venezolano sonaban más enserio, debería empezar a rezar(?.
— Es broma- ¿Por que tan serio? — Sonrió, mientras dejaba los cascos de ambos en la motocicleta, ya parqueada a sus espaldas.
Salvador seguía pensando que está extraña salida de amigos, era como dijo, extraña. Era infantil de su parte pedir que le enseñe a fumar, y más infantil que el contrario halla aceptado.
— . . .- Tus bromas me dan miedo — Confesó, de forma seca.
— Eso me hiere-. . — Dijo, melodramático, tacándose con su mano derecha el lado de su corazón — Pero así te quiero piojoso —
Venezuela gentilmente tomo de las axilas al salvadoreño, mientras lo sentaba en la baranda de de aquel lugar. Para que quedarán considerablemente a una altura donde el venezolano no le doliera el cuello de tanto ver hacía abajo.
— Mucho “Bla bla bla”- A lo que vinimos — Dijo actuando como alguien serio, aunque se sentía como un estudiante a punto de hacer un examen donde no estudio en lo más mínimo.
— Te veo bien emocionado. Bien, ¿Trajiste encendedor? — Preguntó, el sudamericano al ver que si tenía una cajetilla de cigarros, pudo haber comprado uno.
El Salvador ni lento ni perezoso, saco un encendedor de su otro bolsillo en su abrigo, uno con un diseño de muchos gatos, de forma probablemente adorable.
— ¿Te gusta?- Es muy obvio, tengo un gran gusto artístico — Agregó en un comentario para nada necesario, pero muy estilo Salvador.
— No voy a empezar a discutir eso con vos-. . . — El sudamericano sacó un cigarrillo de el bolsillo de su chaqueta, mientras se lo mostró a el salvadoreño — Esto, honestamente, no tiene la gran ciencia. Simplemente lo sujetas de está forma —
Dijo mientras sostenía aquello entre sus dedos, índice y medio.— Con tu otra mano, tomas el encendedor y enciendes está punta — Mientras señala, la punta de el cigarro donde irá la llama.
— Después, solo lo acercas lo inhala y los exhalas — Tal como menciono, se lo acercó a los labios para dar una calada profunda y sacar aquel humo como una nube tenue que se desvaneció en el aire.
El Salvador miraba atento a su amigo, con un poco de nerviosismo estaba decidido a imitar tenía tanta confianza que podía asegurar que le saldría a la primera.
— Si te da miedo-. . .-Te juro que no me voy a reír — Habló con una sinceridad casi creíble, incluso con una mano en su corazón y la otra alzada como si de un juramento fuese.
— No hagas promesas falsas-. . . — Dijo de forma sería, si algo no podía cumplir el tricolor era no reírse de alguien más.
Venezuela solo dio una cara de indignación, mientras el guanaco prosiguió a seguir los pasos de en venezolano, tomando el cigarrillo con nerviosismo prosiguiendo un poco torpe pero aun con confianza en su interior. Luego de encenderlo, prosiguió a acercarlo entre sus labios, las instrucciones de el venezolano parecían haber sido claras sin embargo al momento de inhalar aquel humo terminó tosiendo involuntariamente mientras sus mejillas se ponían rojizas y alejaba aquella cosa de su boca.
— cof-. . cof. . .- Guacala!! — Habló de forma molesta y avergonzada. Mientras su amigo se acercaba a auxiliarlo con unas cuantas palmaditas en la espalda.
— Pff- Tranquilo-. . . jaja- No te vas a morir por eso, creo —
El bicolor inmediatamente después de hacerle una mala cara a el cigarro loa aventó, cosa que le dio gracia a venezolano pero inmediatamente lo aplastó con su bota para apagarlo. Mientras seguía dando unas cuantas palmadas en la espalda de su amigo y evitando reír para desatar la irá de el salvadoreño.
— ¿Quieres agua?-. . .¿Te sentís bien? — Preguntaba, atentamente.
— No-. . cof- Ya estoy bien —
— Mmh- Bueno. Puedes volver a intentarlo si queré-. . . —
— No, gracias —
El tono de el centroamericano fue serio, interrumpiendo de paso a el venezolano.
— Bien- En ese caso. . .¿Voy a dejarte a tu casa? — Preguntó el tricolor al recibir una respuesta tan inmediata.
— Pues, si- Ya que me trajiste a este cerro sin saber si se me aparecía la siguanaba. . . —
Habló, con un toque humorístico amenizando el ambiente. Cosa que el tricolor siguió en broma.
— Pero- ¿Cuál miedo?, Si aquí tienes una puesto y fuerte hombre para defenderte — Habló mientras mostraba sus brazos como si tuviera grandes músculos.
— El viento te arrastra maje-. . . — Dijo con una media sonrisa.
— Hieres mi corazoncito de pollo —
Con un toque de aquella carisma, y un humor tonto. Compartiendo la misma neurona aquellos amigos reían de un chiste bobo mientras el otro lo seguía, con insultos inofensivos como los amigos de confianza que eran.
La noche perseveraba en ser infinita, mientras ambos amigos deseaban que así fuese. Una colina abandonaba, con la vista perfecta y el ambiente decadente de un humor bobo.
Una conversación y una amistad que seguía ardiendo como un encendido cigarrillo.





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