Prólogo
10 años atrás
Estaba ansiosa por terminar la carrera, ya sólo me faltaban tres años. Era feliz con mi carrera, tenía una hermosa familia, buenos amigos y un increíble novio, ¿que más podía pedir? Todo marchaba a la perfección. Diego y yo llevábamos ya tres años de noviazgo y no podía ser más feliz, era claro que en cuanto ambos termináramos la carrera daríamos el siguiente paso en nuestra relación y nos casaríamos.
Mis tiempos libres los pasaba con Diego o con mis amigos, los cuales llevaba años de conocer y sin importar que cada uno hubiera tomado un rumbo diferente seguíamos en contacto, así que a veces salíamos a comer algo para ponernos al día. Hoy había quedado con Fernando uno de mis mejores amigos, de los pocos con los que aún seguía en un contacto constante desde que salimos de la preparatoria, porque, aunque todos seguíamos siendo amigos no nos veíamos tan seguido, y con Fernando eso no era así, de cualquier manera, si no podíamos vernos siempre estábamos en contacto; así que ese día quedamos para comer.
–¿Cómo va todo en la escuela? - pregunta después de darle un trago a su café.
–Muy bien, algo cansado, pero nada que no pueda manejar, ¿qué tal tú?
–Lo mismo, ya sabes, universidad. - ambos asentimos, aunque a los dos nos apasionaban nuestras carreras a veces resultaba agotador.
–Y, ¿cómo va todo con tu novio? - preguntó sacándome de mis pensamientos, era una pregunta que últimamente me hacía con mucha frecuencia.
–Muy bien, ¿Tú qué tal? ¿Cuándo piensas conseguirte una novia? - puso los ojos en blanco con una media sonrisa.
–Si claro, ya me conoces. - los dos reímos.
–Enserio, ¿por qué no has tenido novia? - pregunte intrigada porque desde que lo conocía no había sabido de ninguna novia, a excepción de una vez que me dijo que una compañera de clase le gustaba, pero sólo fue eso.
–Claro que he tenido, sólo que no ha sido nada lo suficientemente serio. - dijo algo molesto mientras se concentraba nuevamente en el plato que tenía frente a él.
–Así que tengo que esperar a que sea lo suficientemente serio como para que me presentes alguna de tus novias. - la verdad estaba algo ofendida, después de todo, él había conocido a todos mis novios, desde el primero hasta el idiota que más ame y me rompió el corazón, y claro hasta Diego; la calma después de la tempestad.
–Supongo, dicen que lo bueno se hace esperar.
–Genial. - dije fingiendo entusiasmo. –Espero que no tenga que esperar mucho.
–No lo sé. ¿Tú cuanto llevas con Diego?
–Tres años, casi cuatro. - contesté feliz. Presumir mi relación que había sobrevivido a la preparatoria era algo que me encantaba.
–Vaya, sí que es bastante, ¿crees que sea serio?
No podía creer que me estuviera preguntando eso, sentí como mi boca se abrió, sintiéndome completamente ofendida por su pregunta.
–Claro que sí, es obvio.
–¿Enserio? ¿Obvio? Bueno no lo sé, eso dijiste la última vez y ya vez como termino.
Dejo esas últimas palabras en el aire y pude sentir como un pequeño dolor se clavaba en mi pecho, sin importar el tiempo que pasará era un recuerdo que seguía guardado en el fondo de mi ser. Siempre que lo recordaba a él, todo lo que vivimos, como rompió mi corazón y todo lo que me costo superarlo, dolía como la primera vez; había conseguido superarlo y salir adelante, pero aún así, él había sido el amor de mi vida.
–Eso era muy diferente, era una niña enamorada de la idea del amor, y él... bueno él era un idiota.
–Si de eso no queda duda, entonces si esto es tan serio, ¿piensan casarse? - percibía algo en su voz, pero no podía decir con exactitud que era.
–Si. No ahora claro, cuando ambos terminemos la carrera.
–¿Y qué tal si eso no pasa?
–Bueno honestamente dudo que no pase, pero si eso llegara a suceder no sería el fin del mundo, digo el mundo es muy grande, no termina con una ruptura amorosa. - si ahora sabía eso, pero hace unos años no parecía así.
–Pero ¿te quieres casar algún día no?
Asentí algo confundida por su pregunta, era claro que me quería casar, no es que me considerará una romántica empedernida, pero él me conocía de bastante tiempo como para saber que creía en el amor y soñaba con compartir mi vida con alguien y formar una familia.
–Bueno y que, si eso nunca pasa, que por algo terminas con Diego y no vuelves a encontrar a alguien. - estaba bastante confundida respecto a todo lo que me estaba diciendo, en realidad no podía contestar nada, así que sólo lo observe fijamente mientras espere a que continuara, no sabía a donde iba con todo esto. –¿Renunciarías a la idea de casarte?
–No claro que no... digo no es como si me fuera a casar ya, apenas tengo veinte.
–¿Y cuál es tu límite?
–¿Mi límite?
–Si, hasta que edad piensas esperar para casarte.
No es algo que hubiera pensado antes, siempre supuse que algún día encontraría al hombre adecuado y me casaría con él después de haber terminado mi carrera.
–Bueno, no lo sé, quizás a los treinta. - dije algo dudosa, por que de verdad no tenía idea, pero siempre imagine que a esa edad ya estaría casada.
–Ok y si eso no llega a pasar, cumples los treinta y sigues soltera, ¿Qué harás?
–¿Cómo que, que haré? No es como si fuera a salir desesperada a casarme con el primer desconocido que encuentre.
–Con un desconocido no. Podrías casarte conmigo.
Lo dijo así sin más. Sentí como me quedaba boquiabierta, no podía creer que me hubiera dicho aquello, ¿casarme con él? Era como un hermano para mi, además yo estaba segura de que en unos cuantos años me casaría con Diego, mucho antes de acercarme a los treinta.
–¿Te has vuelto loco? Si tú y yo somos amigos, no nos casaremos sólo por que cumpla treinta y siga soltera, suponiendo que fuera así.
–Pero tú ya lo has dicho, nunca me has conocido una novia por lo que no es tan fácil que yo encuentre a la mujer indicada para formalizar hasta el punto de llegar al matrimonio, y tú quieres casarte, formar una familia y todo eso, yo también quiero eso algún día, así que, ¿por que no?- lo veía atónita, me parecía tan irreal lo que estaba escuchando.–Después de todo tú estas segura de que terminarás casándote con Diego, así que si no es así y llegamos a los treinta solteros, que mejor que casarnos con alguien que conocemos y nos conoce muy bien.
–Creo que hay muchas razones por las que eso no sería buena idea.
–Yo no lo creo así, somos amigos desde hace ya varios años, nos divertimos juntos, confiamos en el otro, nos conocemos muy bien. No tendríamos que pasar el resto de nuestra vida solos o con algún desconocido, vamos, ¿Que tienes que perder?
Dude por algunos segundos por que era algo sorprendente que mi amigo me estuviera diciendo todo eso, nunca lo había visto como algo más y estaba segura de que eso nunca cambiaría, pero después de todo tenía razón yo estaba muy segura de que terminaría casándome con Diego, además seguramente Fernando sólo me estaba fastidiando, le encantaba hacerme esa clase de bromas, y éramos sólo amigos, así que tenía razón, no había ningún peligro y sólo por eso acepte.
–Está bien, si llegamos a los treinta y ninguno se ha casado, nos casaremos.
Sonrió triunfante y yo le respondí con una sonrisa, sabiendo que eso nunca pasaría, yo tenía mi futuro asegurado al lado de Diego.
–Es una promesa.







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