Prólogo
Se me escapa la vida pensando en ella. Cada gesto, cada sonrisa... incluso antes de que lo note, ya me pertenece.
Isabella Montclair no tiene idea de lo que significa para mí. Pero yo la veo. La observo desde sombras, entre risas ajenas y pasos que no alcanzan a rozarla.
He aprendido a esperar, a medir cada movimiento. Cada persona que se acerca es un obstáculo que debo disolver; cada instante que no me pertenece es un instante robado. El aire a su alrededor vibra, y yo estoy allí, siempre, sin que lo sepa, controlando la distancia perfecta, los silencios, los reflejos que la mantienen segura.
Ella reirá, amará, vivirá... ajena a que alguien la sigue, invisible, presente en cada sombra que roza su mundo. Y yo estaré allí, siempre, asegurándome de que nadie ni nada la aleje de mí.
Será mía. Algún día será solo mía, aunque tenga que borrar a todos los que se crucen en su camino. Cada oscuridad, cada susurro del viento, cada latido de su corazón... me pertenece. Y no me detendré hasta reclamarlo todo.
Y cuando llegue el momento, Isabella ni siquiera sabrá que la he estado mirando. Solo sentirá mi presencia. Y entonces... será demasiado tarde.








